La universidad y el bien común ecológico*

* Dictado en el Seminario de supervisión y fiscalización ambiental.

Para entender el rol de la universidad debemos entender que está es una de las cinco comunidades intermedias que actúan en la sociedad. A estas se les llama así porque se coloca entre la persona y el estado, es importante hacer esta distinción para poder entender que existe una coordinación y no una separación entre la búsqueda del bien personal y el bien común, o dicho en otras palabras el bien de la comunidad.

En ese sentido nos preguntamos al igual que Bertrand Rusell sobre ¿Cómo podemos combinar el grado de iniciativa individual necesario para el progreso con el grado de cohesión social indispensable para sobrevivir? Se tiene que tener una lealtad en la comunidad para poder fomentar el progreso social, sin embargo, esa lealtad no debe ser basada en el miedo, una lealtad basada en el miedo excluye las comunidades intermedias y desconoce la libertad humana de organizar su propia vida, y según la teoría política de Hobbes nos permitirá tener un Estado Leviatán tan poderoso que garantizará toda “la libertad” del ser humano que “sea permitida” o mejor dicho “aceptada por el poder estatal, pero nos encontramos en este momento con la intención de reconocer esa libertad humana y preguntarnos sobre la labor de la persona humana siendo libre y no egoísta, ni quedando oculta en una oscura masa social. 

La persona oculta en la masa social ve decrecer su libertad ante un estado todopoderoso, bien señala Hannah Arendt que el peor mal es la indiferencia ante la realidad social, lo que ella suele denominar como “la banalidad del mal”. Mientras que las personas egoístas ven como en su individualismo solo se basan en un interés egoísta, tal como expone Ayn Rand, en su libro titulado la virtud del egoísmo, sin embargo, a pesar que esto nos lleve a pensar en Adam Smith debemos recordar que el interés personal de Smith no es una actitud egoísta.   

Smith nos llama a prestar atención a la posición de la tercera persona, bajo un criterio moral denominado simpatía, por el cual se pone uno en lugar de otro actuando en sociedad como si estuviéramos supervisados por un espectador imparcial. Aristóteles nos indicará que todos buscamos la felicidad, que la pregunta no trata sobre por qué buscamos la felicidad, sino que el ser humano la busca y debemos responder a qué es la felicidad, pero que esa es una respuesta personal que solo se da por cada uno de nosotros al final de nuestros días al ver una vida ordenada.

Regresando al tema de las comunidades intermedias, debemos señalar que estas son uniones de personas basadas en la benevolencia, y que se constituyen como realidades intermedias entre el estado-gobierno y la persona como sujeto individual. Pertenecen al ámbito general de la sociedad civil, y constituyen el modo adecuado de fomentar la convivencia social. Las otras formas de relaciones interpersonales son la justicia y el odio. Estas comunidades intermedias son: la familia, los vecinos, la escuela, la universidad y la empresa.

Podemos decir que en la familia se encuentra caracterizado de manera notoria esa benevolencia que la conforma y engloba a los hijos, a quienes se les educa para la convivencia social; la benevolencia que radica en la comunidad de vecinos es la búsqueda de un bien común, de una verdad común a la comunidad a la que pertenecen, un primer llamado a lo que será la búsqueda del bien común de la sociedad en general; en la escuela se inicia el descubrimiento de la benevolencia en la amistad, el cual también se inicia en la comunidad de vecinos, pero esta se ve acompañada con un acercamiento inicial del amor a la verdad que debe guiar la actuación del ser humano y nos forma para elegir una vida en sociedad, y con ello una carrera.

Por lo que nos vamos a la universidad con un profundo amor a la verdad que en la labor del estudiante y del profesor se debe ir incrementando teniendo como base una visión unificadora de la realidad, no pretendiendo que la única realidad que existe es mi carrera o que todo puede ser explicado a partir de la misma, dado que todo debe ser explicado a partir de la persona humana, que se caracteriza por su amor a la verdad y con ello la constante búsqueda de comprensión global e integra de la realidad; por último, cuando salimos de la universidad nos enfrentamos a un trabajo que puede desarrollarse en una empresa o quizás logremos formar nuestra propia empresa y a partir del amor a las verdades prácticas podremos obtener una serie de ganancias que benefician al dueño de la empresa (utilidades), a los trabajadores (sueldo) y a la población de la comunidad donde se ubica la empresa en general (responsabilidad social, pero ante todo el impacto de la empresa en la sociedad).

La universidad, creo necesario que, al tratarse de una comunidad intermedia, las partes en el extremo son el estado y la persona humana, sobre la actuación de la primera parte ya se nos ha hablado en el presente seminario. Ahora procurare comentar unas notas sobre la persona humana, para obtener una noción de la misma.

Se hace necesario responder a la pregunta ¿Qué es la persona humana? No se puede dar una definición exacta de la persona, dado que no se puede limitar clara y distintamente su ser personal. Pero, si podemos realizar un alcance de la misma a partir de la elaboración de una noción que brote de la experiencia personal humana. En ese sentido, a partir del elemento experiencial común a todas las personas y de la reflexión del mismo, es que la persona se descubre como un ser pensante, lo que podemos recordar en Descartes cuando afirma “cogito, ergo sum” o “pienso, luego existo”.

Y así sus reflexiones sean correctas o no, puede concluir que es y que existe, por lo que afirmamos que la persona es un ente real que se relaciona con su mundo, y que al examinarse a sí misma, nota sus múltiples dimensiones armónicas entre sí, por lo que se le califica como “una realidad compleja”.

La primera dimensión que la persona identifica es la individual, dónde reconoce una intimidad en la que forma sus convicciones que regirán su acción. La segunda es la social, en la cual se relaciona con otras personas. Y a partir de la cual formará las llamadas comunidades intermedias. Luego, al observar la corrupción, deterioro, de lo sensible descubre su dimensión material que le exige un cuidado para poder preservarse. Finalmente, distingue en sí una inmaterialidad que determina su corporalidad, y que sin ella se producirá la muerte, descubre su dimensión espiritual, y si tienen problema con este término podríamos llamarle “intimidad y conciencia”.

De las dimensiones de la persona humana se desprenden una serie de exigencias y necesidades, que debe satisfacer para desarrollarse. Por ello, se comprende que no somos perfectos, pero, a partir de la constante búsqueda de bienes entendemos que no deseamos quedarnos con esa imperfección, por lo que la noción de persona humana sería la siguiente: Una realidad compleja e imperfecta que tiende a la perfección. La perfección humana es lo que solemos llamar felicidad. Y como el ser humano no es un ser aislado, esa felicidad se encuentra en sociedad.

La noción alcanzada, concordando con Robert Spaemann, nos hace entender que el término “persona” no otorga unos atributos especiales, sino que reconoce en los seres humanos unas determinadas características que los diferencian de los otros seres. Dicho de otro modo, el ser persona es un reconocimiento de una realidad ontológica, no es un acto constitutivo acerca de la persona. Y a partir de la noción propuesta se afirma que la naturaleza humana es teleológica, es decir, persigue una finalidad la cual es perfeccionarse.

En ese sentido, puede afirmarse que la exigencia de auto-perfección y la consecuente necesidad de respeto que les es exigible a los demás constituyen lo que llamamos dignidad. La que obliga a todos, como lo diría Kant, a tratar a cada persona como fin en sí mismo, y no como medios para alcanzar nuestros propios fines. La dignidad es el fundamento de la persona que le permite -y le exige- seguir perfeccionándose a través de la obtención de bienes que satisfagan sus exigencias y necesidades. La vida es digna no sólo cuando existe la posibilidad potencial de alcanzar bienes que podrían perfeccionar al ser humano, sino cuando se alcanzan realmente, y está dignidad es igual para todos.

Por lo que puede afirmarse que la persona es una realidad absoluta no condicionada, es decir, es libre para vivir dignamente, para intentar alcanzar la felicidad, lo que tiene que ver con la formulación de un proyecto vital, el cual debe vivirse dignamente, para esto se necesita un ambiente necesario para el mismo. Cómo lo indica el fundamento 24 de la Sentencia del Tribunal Constitucional Peruano N.º 02016-2004-AA/TC, al indicar que: “conseguir bienestar y un nivel de vida digno, es un deber conjunto, tanto de la sociedad como del propio individuo y el Estado, pero no exclusivamente de éste”.

Asimismo, observamos que la persona se desenvuelve históricamente, es decir, vive instalada en un espacio y tiempo determinado, en el cual busca perfeccionarse y exige el respeto de una determinada comunidad, con la que colabora para alcanzar el bien común. Es en el mundo donde la persona despliega su vida permitiéndole obtener bienes que perfeccionen su existencia, siendo capaz de relatar su vida de manera biográfica, es decir, explicándose por sus acciones. Esto es posible solo si se habita el mundo, el hombre es el único que habita, el único habitante, dado que es capaz de observarlo, comprenderlo y modificarlo en base a sus exigencias y necesidades, sin perder su sentido.

La instalación espacio-temporal, es decir, la conciencia que se habita un lugar y tiempo determinado en la que se actúa teniendo como fundamento la propia dignidad es lo que se denomina historicidad de la persona humana, en la que no se considera al ser humano como un ser abstracto sino como un ser concreto que se relaciona de manera efectiva con su entorno –sin abusar del mismo-, y que también busca superar el tiempo para formarse una identidad, para permanecer a través del tiempo y proyectarse al futuro con un proyecto vital personal y creativo.

La persona tiene que ser cuidadosa en su búsqueda de la felicidad; procurando mantener una armonía con el mundo del cual formamos parte, y del que muchas veces nos hemos visto equivocadamente como extraños a él. En ese sentido, surgen las virtudes como puntos medios prudenciales del actuar humano; por lo que es posible afirmar que el ritmo y la medida constituyen la ley de las cosas humanas y naturales. Por eso la persona, en su búsqueda de la felicidad, siempre deberá alcanzar una correcta medida en su actuar.

La corporalidad pone de manifiesto que la persona es un ser limitado, que se verá afectado por el dolor, la enfermedad, y la muerte. La muerte es el mayor de todos los males naturales, y en él culminan en última instancia todos los demás, porque es la privación del bien que hace posible los demás bienes: la vida y el ser. De todas las desgracias humanas, la muerte es la mayor de ellas. El estado defiende la vida humana, lo que se indica en la Constitución Peruana, y en el fundamento 60 de la Sentencia del Tribunal Constitucional Peruano N.º 7339-2006-PA/TC: “La Constitución Política de 1993 ha determinado que la defensa de la persona humana y el respeto a su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado; la persona está consagrada como un valor superior, y el Estado está obligado a protegerla. El cumplimiento de este valor supremo supone la vigencia irrestricta del derecho a la vida, pues este derecho constituye su proyección; resulta el de mayor connotación y se erige en el presupuesto ontológico para el goce de los demás derechos, ya que el ejercicio de cualquier derecho, prerrogativa, facultad o poder no tiene sentido o deviene inútil ante la inexistencia de vida física de un titular”.

Asimismo, en el fundamento 59 de la misma sentencia se afirma que: “La noción de Estado social y democrático de derecho concreta los postulados que tienden a asegurar el mínimo de posibilidades que tornan digna la vida. Ya no puede entenderse la vida, entonces, tan solo como un límite al ejercicio del poder, sino fundamentalmente como un objetivo que guía la actuación positiva del Estado, el cual ahora está comprometido a cumplir el encargo social de garantizar, entre otros, el derecho a la vida y a la seguridad”. Pero recordemos, como se dijo anteriormente, no se trata una tarea exclusiva del Estado, sino que el ser humano, por medio de las comunidades intermedias debe procurar ese cuidado ambiental para garantizar una vida digna de todos los ciudadanos.

Un paso previo para la consecución de esa felicidad es el bienestar. Joseph Pieper nos dice que vivimos en una sociedad “laboriocéntrica”, es decir, centrada en el trabajo. En los modernos, y especialmente a partir de Adam Smith y también de Karl Marx, hasta propuestas recientes como la de Hannah Arendt, el trabajo se entiende como una categoría económica y material, que carece de las notas humanas de libertad y conocimiento. La división del trabajo en la “Riqueza de las naciones” evita la responsabilidad holística de cada especialista y de las tareas que parecen fuera de su ámbito, como es el caso del cuidado ambiental. Solemos pensar que no es nuestra responsabilidad, que estamos muy ocupados en nuestras tareas diarias, que, si son nuestras, pero nos equivocamos, el cuidado de nuestro ambiente es tarea de todos, no bloqueemos nuestra visión holística de la realidad, y debemos asumir la responsabilidad del cuidado de nuestro ambiente, y evitar o solucionar cualquier contaminación.

Primero vive, y luego has filosofía. Para poderse dedicar a la actividad contemplativa el hombre tiene que tener asegurada la satisfacción de sus necesidades básicas. Y así contribuir directamente a un objetivo cultural: hacer posible que existan vidas plenamente humanas cuya libertad no es absoluta, sino dependiente de lo corporal, de los trabajos que lo sustentan, y de un ambiente que garantice una vida digna.

Los modernos, guiados por René Descartes, propusieron cambiar la “filosofía que acusaban de especulativa” que se enseñaba en las escuelas por otra “radicalmente práctica”, por medio de la cual podríamos hacernos dueños y propietarios de la naturaleza. Luego el trabajo tendría la concepción de transformador del mundo, pero bajo una concepción negativa. Marx nos dice que la única, verdadera y propia identidad del hombre es entender que la esencia del hombre es el trabajo. El hombre no puede existir sino trabajando.

Ningún trabajador tiene posibilidades de entender su tarea como un medio para ser más hombre ni para adquirir más dignidad. Por lo que no se preocuparía por un ambiente saludable ni digno para la vida humana. Lo lógico sería eliminar el propio trabajo, porque el trabajo se entendería como una carga de la cual no hay escapatoria y que retiene al hombre como en una cárcel y le impide perfeccionarse, ser más hombre y alcanzar la felicidad, o perfección.

El trabajo es un camino de perfeccionamiento, el cual lo logra a partir de la satisfacción de sus necesidades. El hombre se encuentra llamado a la felicidad y el trabajo como toda actividad humana debe ordenarse a un triple fin: a la subsistencia humana, al perfeccionamiento del hombre y a modificar sin dañar y cuidando la naturaleza. El trabajo es un acto poíetico, es decir creador, innovador, un acto por el cual el hombre expresa su propia intimidad para ayudar en la captación de bienes que le permitan satisfacer sus necesidades, y en esa captación se produce una modificación del mundo, la cual debe darse sin perder la actitud benevolente, es decir, sin perder el sentido de la realidad.

Sería un grave desconocimiento de la realidad humana creer que la economía únicamente existe para satisfacer la necesidad de subsistir. Hay una natural inclinación humana a buscar algo más que lo estrictamente indispensable para vivir, esto es porque el hombre tiene necesidades que van más allá de lo puramente orgánico. A ese “algo más” podemos llamarle bienestar. Mayor bienestar no implica necesariamente una situación más placentera. Podemos definirla como “un modo más humano de vivir”, en lo referente a las condiciones materiales de ese vivir. “Bienestar” y “malestar” significan, en primer lugar, “estar bien” y “estar mal” respecto de esas condicione, estar materialmente bien o materialmente mal.

El bienestar es algo más que la simple plenitud gozosa de la vida biológica. Es una condición imprescindible de la felicidad: la humanización de las condiciones materiales del propio vivir, de un modo tal que entonces puedan satisfacerse otras necesidades, igualmente humanas y quizás aún más importante. El bienestar es el disfrute de unas condiciones materiales que faciliten las actividades humanas propias de la vida buena. La inclinación al bienestar es radicalmente social: necesita de los demás.

La libertad sitúa al hombre suficientemente por encima de la materia como para que el bienestar cambie según las épocas, las situaciones, los lugares, las costumbres y las personas. Lo decisivo es que al hombre no le basta simplemente con vivir: “necesita estar bien”, y tiende a ello como medio para poder desarrollar su espíritu, su cultura, su inventiva, sus relaciones interpersonales, o también su ambición, y sus deseos de poder y de placer.

El hombre tiene la tendencia a plasmar su espíritu en el ámbito material en el que vive por medio de la cultura. Esto explica la inclinación al lujo: el hombre “ha aspirado siempre a ser lujoso en la satisfacción de sus necesidades naturales”. El lujo es algo específicamente humano, pero se puede usar el bien o mal, con exceso, defecto o justa moderación. Lo que no es propiamente humano y lo que no debe permitirse son situaciones de contaminación ambiental absurdos, añado este termino porque toda actividad humana ocasionará cierta contaminación ambiental, pero allí se tendrá que hacer una valoración exacta sobre los bienes que se obtienen y la irreparabilidad del daño ocasionado, recordemos que somos un país cuyos ingresos se basan en gran parte en la explotación minera y de hidrocarburos.

Las actividades económicas no solo llevan una correcta y útil administración de los recursos escasos. La economía, como técnica, no solo se ordena al logro de un bien humano diferente y más alto que ella misma: la consecución del bienestar. Si el bienestar es el motor y la finalidad de la economía, ésta deja de ser sólo una técnica de disposición acerca de los medios y la adquisición de bienes materiales, y se convierte más bien en una actividad que hace posible el bienestar, y por tanto la vida buena: el fin de la economía está más allá de ella. Así se puede entender porque Amartya Sen afirma que la economía originariamente era una rama de la ética, siendo que ambas buscan responder ¿Cómo vivir bien?

La actividad económica consiste en un determinado saber práctico-técnico, siendo lo especifico y esencial de esta, el consistir en una disposición acerca de los medios o recursos, capaz de satisfacer nuestras necesidades. Los recursos siempre son escasos. El ser humano, a diferencia de los otros animales, es radical y naturalmente pobre.

Debemos saber diferenciar la actividad económica y la actividad teórica de los economistas, basada en el estudio del comportamiento de los agentes económicos y en los resultados surgidos de él. La verdadera y primera economía es la que hace cada persona privada, cada agente económico. Sólo más tarde, tras una reflexión profesionalizada, aparecerá la ciencia correspondiente, con sus múltiples ramas, y sus leyes respectivas.

La actividad económica es aquella parte de la actividad humana que se ocupa de la satisfacción de múltiples necesidades jerarquizadas, mediante el uso de bienes escasos, útiles y regulables, susceptibles de usos alternativos, bajo el principio de mínimo esfuerzo o máximo rendimiento.

El trabajo humano multiplica los recursos. La economía no es por tanto únicamente una técnica para administrar la escasez eligiendo entre usos alternativos, sino también “el estudio de la forma en que la sociedad  decide qué se va a producir, cómo y para quién. A nosotros nos interesa hacer énfasis en ese cómo, para evitar contaminación ambiental de cualquier tipo.

En la universidad ante todo se rinde honor a la verdad en torno a la convivencia entre profesores y alumnos, buscar la verdad es actuar en libertad. Para poder buscar la verdad de manera adecuada se usarán las herramientas obtenidas en los colegios, pero si en los colegios no se han obtenido las herramientas adecuadas entonces será dificultoso el camino de la búsqueda de la verdad, y en algunos casos nos llevará a pensar que queremos que las cosas sean más prácticas, pero quizás debamos pensar que si queríamos realidades más prácticas nuestro lugar no era la universidad.

Los lazos de unidad deben ser fuertes entre personas que buscan la verdad, una verdad acerca de toda la realidad (sensible y no sensible), es por ello que no debe caerse en el error de abandonar la unidad del saber concentrándonos solo en nuestra especialidad, sino poco nos quedaría de libertad, sino que seriamos esclavos de una solo visión del mundo. Asimismo, si las estructuras recibidas en el colegio no nos han sido útiles entonces tampoco podemos actuar con total libertad en la universidad porque no podremos comprender porque se busca la verdad ni como buscarla, de manera consciente deberíamos ponernos a formas esas herramientas para poder actuar en libertad en la búsqueda de la verdad, sino no podríamos hacerlo y acabaríamos la carrera de una manera técnica, memorista, poco reconfortante para la vida plena, si es que realmente se consigue acabar la carrera.

En la universidad se promueve el trabajo en común, y no solo en solitario, recordemos que vivimos en comunidad, se busca el bien común respecto de unas notas, pero sobre-todo respecto del conocimiento. Las notas son un reflejo de lo que conocemos, pero pueden obtenerse buenas notas aún sin conocer, eso es demasiado pobre para el ser humano, la nota no es lo esencial, porque lo realmente importante en el mundo no solo es el diploma que puede servir de puerta de acceso sino como te desenvuelves en el área donde planeas trabajar, sin olvidarte que tu carrera no es el prisma con el que debes juzgar la realidad.

Esta búsqueda de la verdad debe favorecer la confianza, de tal manera que, si los integrantes de una universidad no quieren vivir una vida ética, están de más en la universidad. La búsqueda de la verdad es lo primero, luego está la docencia, cabe la universidad sin alumnos, pero no cabe sin profesores que investiguen, en los inicios las universidades se conformaban ante todo de investigadores de la verdad, porque es la verdad la que debe orientar toda actuación de las personas en la universidad, la universidad está hecha por investigadores, están llamados a investigar y descubrir y compartir la verdad de su carrera y de la realidad en general.

En esa búsqueda de la verdad, debemos tener en cuenta que la relación del hombre con el medio en el que vive está esencialmente condicionada por este carácter productor o técnico del tener corporal humano. El hombre modifica el medio al introducir entre él y a naturaleza un conjunto de instrumentos que le pertenecen.

Los griegos definían la casa como el conjunto de todos los instrumentos que el hombre tiene para satisfacer sus necesidades. La casa es por así decirlo el lugar donde se guardan los instrumentos. Y otro carácter decisivo de los instrumentos es que unos remiten a otros, no se pueden considerar aisladamente. Nuestra casa es Piura, la ciudad donde vivimos.

El hombre vive rodeado de los instrumentos que ha fabricado. Un instrumento abre posibilidades de crear otros nuevos, y estos no serían posibles sin el primero. Una parte no pequeña de la historia de la humanidad es el descubrimiento y aprovechamiento de las posibilidades que ofrecen los inventos técnicos ideados por el hombre. De este modo, el proceso de crecimiento de la técnica se ha ido haciendo cada vez más autónomo, pues para crear los nuevos instrumentos se parte de los ya existentes.

El conjunto de seres naturales y artificiales en medio de los cuales nos encontramos viviendo es nuestro “mundo”. El ser humano necesita modificar el medio en el que vive para poder sobrevivir, o simplemente, para estar cómodo. Lo importante es advertir que la persona humana no se adapta al medio más que en una medida pequeña; más bien adapta el medio a él, modificándolo mediante la técnica, según sus necesidades.

Habitar quiere decir estar en un sitio teniéndolo. Los animales no habitan el mundo, el único que habita el mundo es el hombre, y lo habita en la medida en que establece en las cosas referencias a su cuerpo, según las cuales el cuerpo las tiene. Todo habitar es tener, y si el hombre habita es porque es un habiente. Habitar es observar, comprender, y modificar la realidad que nos rodea convirtiéndola en mi mundo, distinguiéndola del misterio. Mi mundo, mi casa, mi tierra, mi ciudad no puede estar sucia.

Dos cosas son importantes establecer en este momento. Lo primero es que se habita allí donde se tiene el plexo de instrumentos que satisfacen las necesidades; y lo segundo es que se habita en un lugar o paraje que ha sido modificado por la presencia del hombre y donde está “depositado” el plexo o conjunto de instrumentos que uno tiene como propios. Todo instrumento es algo útil, no debemos soportar la contaminación y los residuos en cuantos son inútiles no son instrumentos sino un daño a la dignidad humana.

El desmesurado crecimiento de la técnica ha preocupado intensamente al hombre del siglo XX. Es una crisis que afecta a la naturaleza y al hombre:

  1. La amenaza de una técnica desmesurada e independiente de su creador ha sido experimentada intensamente por el hombre.
  2. Esto es cuando la técnica en sí misma pierde su sentido, púes, el hombre deja de tenerla y pasa a ser tenido por ella: es para él una prisión.
  3. No todo lo que rodea al hombre son instrumentos técnicos. La Naturaleza es el conjunto de seres naturales que pueblan la Tierra: el ecosistema, del cual el hombre, y su técnica, forman parte.
  4. El segundo gran error de la técnica y de la mentalidad economicista de los últimos siglos, corregido parcialmente en los últimos años, ha sido la de ser desconsiderados con la naturaleza, hasta dañarla.
  5. El hombre le ha considerado solo como un medio exclusivo a su servicio, un medio para la producción industrial y económica. Las reivindicaciones ecologistas son justas en cuanto exigen al hombre que cambie de actitud.
  6. No se trata de condenar la técnica, sino de reconocer que los seres naturales tienen unos fines y una armonía que hay que respetar.
  7. Se debe respetar el dinamismo intrínseco, es decir, las tendencias e inclinaciones, de los seres naturales, y usar los instrumentos técnicos sin perjudicar el ecosistema, agotar los recursos y estropear la vida. Esta es la actitud verdaderamente ecológica, una actitud benevolente ante la naturaleza, es decir, se debe saber reconocerla y respetarla.

La tecnocracia al poder de una técnica que aprisiona al hombre, por un lado, y a la actitud prepotente de usar de ella “contra” la Naturaleza, por otro. Es un término que significa mando de la técnica, la técnica como fuerza dominadora. En el primer sentido, la tecnocracia es un funcionamiento autónomo del plexo de instrumentos, que no reconoce a la persona singular.

Y en el segundo sentido, es un uso desconsiderado o excesivo de la técnica por parte de la voluntad de poder, uno de los usos de la voluntad, que se vuelve excesivo al desconectarse de los restantes. La tecnocracia es el lado sombrío de la técnica, su rebelión respecto de su dueño, o el abuso de ella. Se trata de dar una prioridad a resultados diferentes a los del capitalismo salvaje, pensar con categorías diferentes a las de la razón instrumental y adoptar actitudes menos basadas en el individualismo interesado.

Quizá una de las ideas más básicas de los valores ecologistas sea la de recuperar el ritmo natural, lo cual quiere decir, ponerse en armonía con la naturaleza. La vida humana para ser verdaderamente humana no debe estar en armonía solo consigo mismo, sino también con el hábitat natural. Y esto se consigue sincronizando los ritmos humanos con los de la naturaleza.

Cuando falta esa sincronía (que significa simultaneidad, acompasamiento), aparecen dos patologías del ritmo natural y de la armonía con la naturaleza:

  1. La prisa, es un fenómeno exclusivamente humano, producido por la aceleración y el aumento de velocidad derivado de la tecnología.
  2. El ruido, que solo el hombre es capaz de hacer, y es por lo tanto algo artificial, producido por la técnica. El silencio de la Naturaleza, por el contrario, está lleno únicamente de sonidos armónicos con el silencio mismo.

El hombre se ha visto demasiado tiempo a sí mismo como un ser separado y extraño al mundo natural, hasta llegar a ignorar lo que eso implica. La ecología presenta una fuerte y atrayente verdad: habitamos en la Naturaleza; somos parte de ella, aunque de una manera muy peculiar.

La benevolencia es la actitud que se debe tener ante la naturaleza y los seres vivos. Usamos el término benevolencia para indicar una actitud habitual, y en concreto, la más digna del hombre: la actitud moral. ¿Qué es benevolencia? Es prestar asentimiento a lo real, decirle a la Naturaleza: ¡sé tú misma!

La benevolencia es prestar asentimiento. Esto significa que uno presta ayuda a los seres para que alcancen su fin: “queremos que todos ellos sean como son”. La benevolencia es prestar ayuda a lo real, es decirle que es bueno que exista tal cual es, y es necesario corregir los errores o contaminación que se den en la realidad, esto es para que llegue a ser en su plenitud.

Lo importante de la benevolencia es:

  1. Que con ella nosotros respetamos y reconocemos el valor de lo real en sí mismo, en especial de los seres vivos.
  2. Que les prestamos nuestra ayuda para que alcancen su plenitud, es decir, colaboramos en su desarrollo.
  3. Que buscamos la armonía de esos seres, que se consigue cuando alcanzan su plenitud final y la perfección que los hace bellos.
  4. Por eso, apartamos los obstáculos que les amenazan, ser benevolentes quiere decir que me importa que los seres vivos alcancen su plenitud.
  5. La benevolencia se dirige especialmente hacia las personas, en quienes reconocemos un tú como nosotros. Nuestra benevolencia hacia el tú humano nos lleva a decirle: ¡sé tú mismo!, y a prestarle nuestra ayuda en la medida en que podamos, para que alcance los bienes de que es capaz y de los que quizá carece, por encontrarse sumido en la miseria. La contaminación ambiental solo genera miseria, debemos ser instituciones alertas y opuestas a la miseria.

Parafraseando a Kant, el imperativo de la benevolencia dice así: “obra de tal modo que no consideres nada en el mundo meramente como medio, sino siempre al mismo tiempo como fin”.

El ecologismo es auténtico en la medida en que adopta esta actitud y aplica este imperativo a todos los seres, también a las personas: la benevolencia trasciende el ámbito de la ecología, porque se aplica también al mundo humano.

La benevolencia es la actitud más digna del hombre porque le lleva a colaborar con lo real. Es una actitud afirmativa. Mediante la benevolencia, entendida como aquí lo hacemos, el hombre no solamente se perfecciona a sí mismo, sino que también se convierte en un perfeccionador de la naturaleza. La benevolencia no es un acto aislado, sino una actitud y una convicción, es decir, el hábito del carácter, de la inteligencia, de la conducta: es un modo de comportarse. Otorgarle a lo real nuestro asentimiento hace el mundo más bello y más perfecto, y hace al hombre más humano.

Prestar asentimiento a lo real significa que conocemos y aceptamos las cosas como son. Verlas en su verdadero sentido es verlas en relación con lo que son cuando son plenamente. El sentido de las cosas es el cumplimiento de lo que son, de lo que pueden llegar a ser de modo natural. El hombre es capaz de ver el sentido de las cosas, es decir, su teleología.

El hombre también puede dar sentido a las palabras, a los instrumentos que maneja, e incluso a los seres naturales. Este dar sentido a las cosas es una capacidad humana extraordinaria, nacida de su inteligencia y de su libertad: consiste en poner las cosas en relación con su fin. Por lo tanto, eliminar y evitar la contaminación, debido a que no tiene un fin, no perfecciona ni al mundo, ni a los animales, ni a los seres humanos.

El hombre se ha visto demasiado tiempo a sí mismo como un ser separado y extraño al mundo natural, hasta llegar a ignorar lo que eso implica. La ecología presenta una fuerte y atrayente verdad: habitamos en la Naturaleza; somos parte de ella, aunque de una manera muy peculiar. La benevolencia es la actitud que se debe tener ante la naturaleza y los seres vivos. Benevolencia es prestar asentimiento a lo real, decirle a la Naturaleza: ¡sé tú misma!

La universidad no solo busca la verdad teórica sino también práctica, no solo le interesa saber que hacer sino como hacerlo, y en ese sentido la universidad tiene que enseñar la verdad teórica para poder ponerla en ejercicio para poder actuar con ética y conocimiento en la sociedad ayudando mediante campañas, cursos una mejora de la calidad ambiental que todos los piuranos necesitamos para vivir mejor.

La universidad debe estar comprometida no solo con formar buenos profesionales, sino también buenas personas y ciudadanos, así como con transformar el mundo, el ambiente que le rodea haciéndolo más digno, y en ese sentido debe evitarse la contaminación ambiental y debemos cuidar de nuestro mundo. La universidad debe ayudar a mejorar la calidad de vida no solo con los profesionales que salen de la misma, sino también mejorar la calidad de vida de su entorno, de su ciudad, comprometiéndose con el futuro del país.

La naturaleza pasa la factura de lo que recibe diariamente, nos pide que la cuidemos. No cerremos nuestros sentidos, estemos atentos a su petición de cuidado, y desde nuestras instituciones, desde nuestro lugar en el mundo debemos cuidarla, porque si no, no tendremos un hogar donde vivir.

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Superando el concepto clásico de División del Trabajo

Superando el concepto clásico de División del Trabajo

Reseña del libro “Más allá de la división del trabajo”

Leonel Córdova

GONZÁLEZ, Agustín [Ed.]. Más allá de la división del trabajo. [1era ed.]. Pamplona: EUNSA, 2007. 300p. ISBN: 9788431324698.

Agustín Gonzáles Enciso es catedrático de Historia Moderna y de Historia Económica en la Universidad de Navarra y, actualmente es subdirector del Instituto Empresa y Humanismo. En este libro reúne los trabajos que son fruto del proyecto de investigación llevado a cabo por el Seminario de Investigación del Instituto de Empresa y Humanismo, titulado “La moderna división del trabajo”, orientado a proponer reflexiones interdisciplinarias sobre la división del trabajo en sus relaciones con el uso del tiempo y la búsqueda de la eficacia individual y social. Es decir, busca profundizar en las consecuencias que sobre las personas y organizaciones puede tener un concepto demasiado funcional y rígido, y si estas tareas sociales, que son ineludibles, tienen un contenido más allá de lo funcional.

El concepto de “división del trabajo” existe desde hace mucho tiempo, pero empieza a usarse con Adam Smith, vinculado a una visión materialista refiriéndose ante todo a la división de las tareas materiales a realizar en un proceso productivo. En este libro, no solo se pretende repasar el concepto, sino obtener una visión más compleja de la realidad donde la multiplicidad de aspectos nos permita superar un concepto limitado de la división del trabajo.

Es una pregunta válida, si es que finalmente la división del trabajo no termina repartiendo a las personas en roles, alejándolas de la perspectiva del sentido de la vida, de la visión global y condenándolas a un individualismo. Por ello, deben buscarse vías de solución a las consecuencias negativas de una mala comprensión de la división del trabajo, y así, poder entenderlo de una manera menos mecanicista y más humanizadora. En ese sentido, “la división del trabajo se nos muestra, pues, como necesaria. Es impensable una sociedad si no se ha producido en ella un reparto de funciones, nadie es capaz de hacerlo todo” (Gonzáles, 2007, p.13). Pero lo que debía ser la asignación de una función social que permita interactuar al ser humano termina generando una sociedad individualista en la que el individuo considerado de forma aislada no puede satisfacer sus demandas personales.

Las consecuencias económicas de la división del trabajo son en realidad “poco” en comparación con los efectos morales que produce. Lo positivo es que la división del trabajo se sustenta en la naturaleza social del ser humano cuyas tareas están repartidas desde el propio seno familiar en modo natural. Lo que permitirá el crecimiento de la solidaridad y el desarrollo de la personalidad, esto es porque se crean lazos entre los individuos, y porque la persona en la labor asignada encuentra un camino para desarrollarse. Entre lo negativo, está la especialización que lleva a un individualismo que termina en una incomprensión social que genera opresión y revoluciones cíclicas porque el ser humano deja de ser capaz de comprender al otro. En ese sentido, el ser humano se vuelve irresponsable, debido a que desde su esfera mínima no se puede manejar el conjunto, y en el ámbito social, aunque nadie haya querido los efectos que se viven, todos los han producido, y esto genera una sensación de anonimato (Gonzáles, 2007, p.16).

Esto nos lleva al inmovilismo, pues cada cual con sus roles sociales rígidos no pretenderá cambiar lo global, y se termina generando un conservadurismo social en donde la decisión se ha dejado en las manos de los políticos, especialmente del gobierno controlado por “partidos” y mediatizados por los medios de comunicación. La consecuencia es una fuerte sensación de desamparo y manipulación que lleva a pensar que el avance material se ha pagado con un alto precio moral (Gonzáles, 2007, p.16), y se hace necesario el buscar un nuevo elemento integrador que una la sociedad y haga retroceder al individualismo.

La teoría de la división del trabajo de Adam Smith no se refiere a la integración y coordinación de las relaciones sociales, sino más bien al aspecto mecánico de separación de fuerzas naturales, siendo que la teoría de Smith no ayuda a dar sentido o racionalidad a las conductas individuales en el seno de la sociedad, sino lo que hace es anular la subjetividad del individuo mediante su aislamiento en lugar de su integración social (Gonzáles, 2007, p.17).

El trabajo es “riqueza económica solamente si se organiza al modo humano; es decir, respetando los aspectos esenciales de la antropología humana. Es desde el estudio de las raíces antropológicas del trabajo humano como se puede ofrecer una visión más profunda del mismo y como, a la vez, se puede descubrir la auténtica riqueza” (Gonzáles, 2007, p.21). No se puede separar la riqueza económica de la humanidad de la persona, por lo que resulta necesario que la acción humana, y con ello el trabajo, se oriente al servicio de las personas.

PARTE PRIMERA

Comenzando con Adam Smith: La división del trabajo y sus límites

Adam Smith se da cuenta que el excedente generado por la división del trabajo, no se liga a la propiedad de la tierra, sino a la propiedad del dinero. El mismo que se concibe no como símbolo de integración social, sino como expresión ultima de la labor, del individualismo que aprovecha la riqueza que brota de la tierra. Asimismo, se plantea que la finalidad de la Economía Política de Smith era dar solución al problema de los pobres, y por ello busca maneras de cómo obtener o ganar riquezas. Se ve al individuo como productivo por sí mismo, es decir, en primer lugar, que se permite su propia subsistencia, y, en segundo lugar, que produce más que lo que necesita para la misma. En el primer supuesto se vive en un estado de naturaleza en el cual el individuo puede permanecer aislado, en el segundo, se entiende al individuo como integrado en una sociedad.

Se considera al trabajo como una secuencia de tareas, donde desparece la singularidad y se observa un conjunto de actividades impersonales que pueden ser realizadas por una fuerza impersonal, como lo es la labor; y en ese sentido, lejos de aumentar la labor, Smith terminaría desapareciéndola, por medio de máquinas movidas con energías no humanas. Así, resulta necesario que se vaya imponiendo la especialización flexible como una nueva forma de ver la división del trabajo.

Esto es porque la mano que era un órgano no especializado que denotaba inteligencia con la división del trabajo se especializa. Pero, aun así, poco a poco el ser humano se va viendo reemplazado por la máquina. Y con ese aumento considerable de producción, aumenta también el trueque y el comercio, esto debido a que se intercambia lo que se sobreabunda, de esta manera el hombre fiel a su naturaleza se hace comerciante. Por lo que debe tenerse claro que la división del trabajo no acaba en la producción sino en el comercio y consumo. Y una vez cubiertas las necesidades básicas, uno puede comerciar y consumir otras que no son tan básicas, tantas como el ingenio humano, por lo que pueden ser infinitas.

Cuando el trabajo no está abierto a la trascendencia solo se busca la obtención de capital y no construir sociedades. El hombre es visto solo como un ejecutor y no diseñador de su trabajo, de esta forma el ejecutor no puede interferir o superar el diseño; la consecuencia de la especialización está en que el ser humano no logra ejercitar su inteligencia; y es el Estado el que debe preocuparse por la educación de los ciudadanos. Si la técnica favorece el trabajo, entonces vale preguntarse qué hacer con el tiempo libre, pero Smith no favorece al ocio, y en ese sentido, los trabajos serán tan constantes y severos, lo que dejará poco tiempo para pensar o hacer alguna otra cosa. Pero, cuando la gran mayoría deja de trabajar no se dedica al ocio sino a la diversión y entretenimiento. El hombre se encuentra tan desarraigado en su trabajo que no participa en la elaboración del argumento de su propia vida, y esto es preocupante.

Se nos indica que ante la crisis del modelo fordista surge una alternativa que es la llamada especialización flexible. Y este sistema se apoya en cuatro pilares (Martín, 2007, p.61): 1. El retorno a la producción artesanal por medio del ordenador; 2. La organización de la producción debe ser lo suficientemente flexible para poder enfrentar la variabilidad de la demanda; 3. Las relaciones laborales se fundamentan en la cooperación en lugar del conflicto, lo que favorece la introducción de flexibilidades; y 4. Las relaciones inter-empresariales dejan de estar caracterizadas por el principio de control y pasan a regirse por la cooperación, que descansa en el principio de confianza.

El afirmar que la especialización flexible se basa en la colaboración de todos los actores en el proceso productivo, plantea, cuando menos, algunos problemas de comprensión. Se afirma que la especialización flexible no solo se basa en la colaboración sino también la genera. Pero, las relaciones sociales dentro de la empresa pueden producir colaboración y conflicto simultáneamente (Martín, 2007, p.65). No obstante, estos conflictos suelen paliarse mediante incentivos económicos que acompañen los cambios, o por el efecto gratificante de la responsabilidad y de la eventual participación en las decisiones (Martín, 2007, p.65). Además, la mayoría de estos conflictos discurren a través de relaciones informales y no son sindicalizados. Y, asimismo, se pone de relieve por la especialización flexible la importancia de la formación continua, que poco a poco aproximaran las tareas de diseño y las de ejecución. No debe olvidarse que es crucial la colaboración y entendimiento de los empresarios que forman parte de una misma red o unidad geográfica, siendo que debe existir una comunicación fluida entre ellos que permita consolidar la estructura de grupo y su funcionamiento, y así, poder alcanzar mejores resultados económicos.

PARTE SEGUNDA

Política, sociedad, trabajo. Las dimensiones personales de la división del trabajo

Para comprender la división del trabajo se debe entender las dimensiones personales de la misma, por lo que resulta necesario conocer el concepto de trabajo. En ese sentido, se puede hablar de trabajo en sentido estricto y en sentido amplio; en el primero se refiere a toda acción humana consciente que se realiza para alcanzar un fin aún no poseído, y en el segundo, a la acción humana realizada desde un fin ya poseído. Además, debe tenerse en cuenta que, de acuerdo a la realidad, las diferencias entre trabajo físico e intelectual van desapareciendo. “Todo trabajo humano, si es verdaderamente humano, por muy físico y material que sea, implica uso de la inteligencia y de la voluntad” (Alvira, 2007, p.72). En cuanto más físico sea el trabajo menos humano es, y por ello, resulta paradójico que en la sociedad del conocimiento en la que debería desaparecer el esclavo por naturaleza, que solo hace trabajo físico, somos capaces de percibir una sociedad llena de esclavitud (Alvira, 2007, p.73).

Actualmente, “no son pocos los que no tienen verdadero amor por su trabajo o profesión, lo cual significa, sin lugar a dudas, que no la conocen bien, pues solo se conoce bien lo que de verdad se ama. Sin amor a la propia tarea, esta se convierte en un peso continuo en el que el aprendizaje es escaso y lento”. El tema del trabajo es económico en el sentido antiguo de la economía, pero no en el moderno. El sentido antiguo es la familia; pero el moderno no tiene en cuenta la casa, sino que es individualista, y por lo tanto, tiene una visión superficial del trabajo que no va dirigido a la casa ni a la comunidad política. La dimensión económica del ser humano solo tiene sentido si hay con quien compartir.

El trabajo no se divide sino solo las tareas. No fue el trabajo industrial lo que produjo una “división”, sino que fue el espíritu individualista con el que se desarrolló la industria el que convirtió la “división del trabajo” en un problema económico que se transformó en político.  Si nos damos cuenta, realmente la sociedad no ha cambiado, en la democracia siguen existiendo los mismos estamentos que en el Antiguo Régimen. Han cambiado los matices, las formas externas, pero en lo esencial no ha cambiado nada. Sigue habiendo estamentos, vasallaje, y casi siempre los mismos apellidos en escena (Alvira, 2007, pp.76-77).

Durkheim nos planteará que la división del trabajo tiene un valor civilizatorio en cuanto su carácter de ley moral, la cual crea instituciones con condiciones estructurales de acuerdo al espíritu del individualismo moral de la modernidad. Se observa que la solución a la crisis de la sociedad no está en normas técnicas sino en reglas morales, las cuales se deben construir. Y, asimismo, se debe construir un organismo cuya función especial sería la de conservar la unidad de las funciones, este organismo es el Estado.

La conciencia colectiva disminuye a medida que el trabajo se divide, lo cual es un fenómeno normal. Lo colectivo ha perdido terreno y no podrá recuperarlo. La división del trabajo empequeñece al hombre reduciéndola al papel de la máquina, que no observa finalidad en lo que se le exige, y solo las llevaría a cabo por rutina. Pero, la “división del trabajo supone que el trabajador, bien lejos de quedar “curvado” sobre su tarea, no pierda de vista a sus colaboradores, actué sobre ellos y reciba su acción” (Múgica, 2007, p.95).

No es posible hablar de división del trabajo sin intercambio, cuya forma jurídica es el contrato. El equilibrio de voluntades que constata y consagra el contrato es una consecuencia y una forma diferente del equilibrio entre las cosas. Una regla de equidad es que todo intercambio en el que el precio de un objeto no guarde relación con lo que ha costado hacerlo y los servicios que presta, es un intercambio injusto. Si esto es así, el contrato no es plenamente consentido más que si los servicios intercambiados tienen un valor social equivalente. El principio que debe regir la igualdad es este: “la distribución de las cosas entre los individuos no puede ser justa más que en la medida en que está hecha proporcionalmente al mérito de cada uno. La propiedad de los particulares debe ser la contrapartida de los servicios sociales que presta” (Múgica, 2007, p.103).

El nuevo título de propiedad es el mérito: el reconocimiento efectivo de la capacidad y aptitudes para la función que uno ejerce. La mayor flexibilidad organizadora es afín al cambio social. La economía política ha partido de una suposición falsa: que la acción social es contraria a la libertad, al contrario, lejos de ser antagonistas, debe entenderse que toda libertad parte de una reglamentación, en ese sentido, la libertad es resultado de la acción social. Y, en consecuencia, la tarea de las sociedades avanzadas es crear condiciones progresivas de equidad, la que facilita el libre despliegue de la totalidad de fuerzas socialmente útiles. No estamos, sino ante una mezcla de liberalismo y socialismo que tienen como punto de partida el individualismo moral (Múgica, 2007, p.111).

Nos señalan que, “Durkheim percibe con claridad que el problema radica no solo en que el hombre moderno ligue su existencia al carácter efímero y caprichoso del deseo, sino, lo que es más importante, en que dicha existencia, atravesada por una temporalidad de vértigo, se oriente toda ella a un futuro sin término. Vivir en la perpetua impaciencia, en el continuo desasosiego, en el vértigo de la insatisfacción, siempre deseante de la novedad, fatiga y, a la larga, provoca un desencanto con las cosas y el mundo como totalidad, pues ese mundo se experimenta como lo carente de significación, de relevancia personal, ya que no hay vínculos que lo liguen al propio vivir” (Múgica, 2007, pp.129-130). 

“El hombre es un ser constitutivamente en relación con otros, de manera que su conducta y su misma estructura psíquica o afectiva no es desvinculable de su condición social” (García, 2007, p.95). En ese sentido, se va desarrollando un progresivo aumento de las auto-coacciones, por medio de las cuales las personas generan hábitos para su desarrollo en la sociedad. El ser humano será a su vez un ser-para-sí-mismo, y de manera simultánea se nos mostrará como un ser-para-la-sociedad (García, 2007, p.144). La vida individual ha nacido desde la vida colectiva, no se ha dado al revés, no es que a partir del individuo se forma la sociedad, sino que el individuo poco a poco ha ido obteniendo una mayor relevancia. Y debido al tema de la división del trabajo y a la diferenciación social que genera, el individuo ha ido intensificando sus deseos de felicidad, y como consecuencia de su difícil acceso individual se han ido incrementando los casos de suicidio en la sociedad individual y patológica en la que vivimos. Además, se ha llegado a creer que la sociedad humana en cuanto más civilizada ofrece un mayor ámbito para la individualidad (García, 2007, p.162).

Adicionalmente, se puede hablar de una antigua y una moderna división del trabajo; lo que pone de manifiesto que no estamos ante algo estable y acabado sino ante algo que cambia junto a la propia historia del ser humano (Falgueras, 2007, p.165). Lo principal no es la división sino el trabajo, por lo que se entiende que lo que cambia a lo largo de la historia es el trabajo y su forma de ser concebido. El trabajo no solo puede ser entendido como la elaboración de producto físicos, esta no es su característica principal, sino que del mismo se derive el sustento del sujeto que lo realiza; y además, el trabajo no tiene por qué estar asociado al sufrimiento sino que debe asociarse al disfrute (Falgueras, 2007, pp.173-174). El trabajo debe garantizarnos el doble bienestar de permitirnos ganar el sustento y divertirnos en la acción de trabajar, y no debe verse reducido a una visión errónea de generación de riqueza, entendida esta, solo como la acumulación de bienes materiales, es decir, se alcanza un bienestar material.

Para Adam Smith la riqueza es producida como fruto del trabajo, a partir, de los productos físicos resultantes del mismo (Falgueras, 2007, p.177). Es de esta manera que se entiende a los bienes físicos como medios para obtener la riqueza. Para Smith solo será considerado un trabajo verdadero el que consiste en la producción de un bien físico, y el mismo trabajo es visto como un medio que nunca puede ser un fin, y esto termina despojando al trabajo de toda su posible dignidad (Falgueras, 2007, pp.178-181).

La visión smithiana del trabajo posee dos características que perviven en el modelo renta-ocio: Primero, los trabajadores valoran positivamente el tiempo de ocio y negativamente el tiempo de trabajo; segundo, la función del trabajo es la de ser solo un medio para adquirir bienes de consumo, una acción no deseada que solo se realizaría para obtener los ingresos necesarios para el consumo. No obstante, queda la interrogante de cómo poder motivar al trabajador para que aproveche el tiempo que debe dedicar al trabajo, debido a que posee una inclinación natural a no trabajar; es decir, se pasa de la aversión al trabajo a la aversión al esfuerzo. La máquina nos lleva a pensar que la división del trabajo se da por ella, y el trabajador solo es su apéndice. En ese sentido, el trabajo es una actividad penosa y no deseada que solo se entiende como un medio de acumulación de riqueza y consumo, siendo la riqueza el fin último del consumo, debido a que se trata de una mera acumulación de bienes (Falgueras, 2007, p.198).

En consecuencia, se intentará comprender la organización desde una perspectiva aristotélica. En ese sentido, se entiende al gobierno corporativo como la relación entre los accionistas, los directivos y los miembros del consejo de administración en la medida en que determine la dirección y la actividad de las empresas. Y así el gobierno corporativo puede entenderse como  el modo en que el poder y la autoridad se ejercen dentro de una empresa. El poder significa la capacidad de efectuar un cambio, mientras que la autoridad se refiere a la validez del motivo del cambio. El gobierno corporativo quiere decir gobernar adecuadamente la empresa como una institución social.

Se puede encontrar similitudes entre el estado y la empresa en cuanto ambas son instituciones sociales. En general, las personas se dividen en el estado entre ciudadanos y no-ciudadanos, mientras que en la empresa, se dividen en accionistas y no-accionistas. Un ciudadano es el que participa en la administración de justicia y en los cargos; la ciudadanía implica una jerarquía, que unos manden y otros obedezcan, lo cual es necesario. Se puede realizar una analogía con los accionistas como ciudadanos, y también otra, como los “stakeholder”, es decir, cualquier individuo o grupo que puede afectar o afectarse por la organización, pero el único grupo de “stakeholder” que cumple con los criterios de “ciudadanía corporativa” es el de directivos-accionistas (Sison, 2007, p.201).

La analogía se sigue en que el estado y la empresa necesitan un gobierno, la diferencia está en que el estado es soberano, y el gobierno corporativo no lo es. Hay dos regímenes uno que mira por el bien de los gobernantes, o despótico, y el otro que mira por el bien de los gobernados que es un gobierno libre o constitucional. Este segundo es un régimen verdadero, y entre los que pueden darse tenemos la monarquía, la aristocracia y los regímenes constitucionales. Entre los regímenes perversos están las tiranías, las oligarquías y las democracias. Y estos tipos de gobiernos pueden darse en las diferentes empresas.

Una tercera parte de la analogía se encuentra en la finalidad que tiene el estado y que tienen las empresas. El primero tiene una finalidad política que les permitirá a las personas alcanzar su pleno desarrollo o perfección de la vida humana. En cambio, la empresa es una sociedad artificial porque no surge de la naturaleza humana, y es imperfecta porque no es autosuficiente, sino que es una asociación intermedia entre la familia y el estado. No obstante, los fines económicos que buscan las empresas son medios para el fin político que buscan los estados. El objetivo de la economía es proporcionar las condiciones materiales para la vida buena, que es el objetivo de la política. La economía moderna simboliza el triunfo de la crematística no-natural que no tiene reparo alguno en la obtención de bienes materiales, sobre el fin político, y la sustitución del estado por el mercado como contexto del florecimiento humano (Sison, 2007, pp.210-215).

PARTE TERCERA

Trabajo, empleo y uso del tiempo: Algunos problemas actuales

El sistema económico pide a todos que hagan un esfuerzo para triunfar en el camino de su vida, aun sabiendo, que uno de cada 100 o 20 lo logrará y el resto son perdedores que deben entender que de una forma u otra se han beneficiado con el esfuerzo de todos los demás. La igualdad de condiciones de la democracia puede llevar al espejismo de la “igualdad extrema” y, en ese caso, “quieren la igualdad en la libertad, pero si no pueden obtenerla, la quieren aunque sea en la esclavitud. Hay que tener cuidado del hombre de la masa, cuyo modo de ser es la inercia, que no quiere dar razones ni quiere tener razón porque defiende el derecho a no tener razón (García-Durán, 2007, pp.225-229).  

Se plantea que las sociedades más avanzadas no se han transformado en ociosas, sino en más productivas. El problema es que los niveles de bienestar personal y colectivo no son una referencia fija e inmutable, sino que evolucionan, crecen (Martínez-Val, 2007, p.244). No obstante, en ciertos países para que ese futuro exista se necesita que haya población, pero recurrir a la inmigración como aporte poblacional es una práctica tan antinatural que resulta inaceptable desde el punto de vista humano (Martínez-Val, 2007, pp.252-254).

Una de las novedades más recientes es la incorporación masiva de la mujer al mundo del trabajo. Y las naturales diferencias que pueden darse entre el hombre y la mujer se han interpretado bajo el prisma de dominación, y que por lo tanto, en nuestras sociedades democráticas e igualitarias, debe desaparecer. Pero, debe valorarse que no todas las diferencias entre hombres y mujeres son intrínsecamente negativas, ni deben ser interpretadas como una relación dominante-dominado.

CONCLUSIONES

La “división del trabajo” no es una idea novedosa de Adam Smith, sino que es una idea tan antigua en cuanto entendida como natural división de roles en la sociedad, lo que sucede con Smith es que le da un nuevo sentido materialista y funcional a la división de los roles sociales. Y, en ese sentido, la división del trabajo genera un aislamiento que sitúa a la persona en un cómodo individualismo que lo coloca incómodamente como irresponsable ante la sociedad.

Si se valora correctamente la división del trabajo, se puede repensar que hacer con la organización estatal-empresarial, el uso del tiempo libre y el desarrollo de las personas. Esto es solo si se entiende a los roles asignados como elementos constituyentes de algo superior y podemos observar la vida con un sentido de globalidad, por lo que debe superarse la visión del trabajo como tareas intrascendentes, debido a que eso termina aislando a los seres humanos en una esfera privada de la que es difícil salir para relacionarse con las demás personas.

Si el trabajo no está abierto a la trascendencia solo se busca la obtención de capital y no construir sociedades. El trabajo debe garantizarnos el doble bienestar de permitirnos ganar el sustento y divertirnos en la acción de trabajar, y no debe verse reducido a una visión errónea de generación de riqueza, entendida esta, solo como la acumulación de bienes materiales, es decir, se alcanza un bienestar material. Y no dejar que el ser humano en búsqueda de igualdad termine perdiendo su libertad en medio de la masa que solo se dedica al consumo.

¿Y QUÉ HACER CON LOS ANIMALES?

¿Y QUÉ HACER CON LOS ANIMALES?

Reseña del libro “Liberación Animal” de Peter Singer

Edwin Leonel Córdova Reto

SINGER, Peter. Liberación Animal. [2d. ed.]. [Trad. por MONLOIÍO, Celia]. Madrid: Editorial Trotta, S.A., 1999. 334p. ISBN: 84-8164-262-2.

La primera edición de este libro publicada en 1975 intento ser un cambio de época, y así mismo, coloco a su autor en la primera plana mundial. El tema central de este libro, enfocado en un principio utilitarista es evitar el dolor en cualquier especie que pueda sentirlo, que no seria otra cosa que evitar el especismo o discriminación a los seres que pertenecen a diferentes especies.

De esta manera, aceptamos la premisa, y nos unimos a la cruzada iniciada por Peter Singer para evitar toda crueldad injustificada, no solo contra los animales, sino también contra todos los seres, pero no necesariamente compartimos los argumentos que expone en el Libro, los cuales expondremos en el presente escrito.

Peter Singer, en este libro, se une a la tradición utilitarista en la que pretende disminuir el sufrimiento en lo mayor posible, y aumentar la felicidad y bienestar. Y este principio no puede ser aplicado discriminatoriamente, en lo que el autor nos dirá que no podemos caer en la discriminación por razón de especie, es decir, en el especismo. Y si bien hay una jerarquía entre los animales debido a sus relaciones sociales y capacidad para sentir el dolor. Además, plantea que es posible una desigualdad ante la muerte, pero no es posible en seres sensibles una desigualdad ante el sufrimiento, por lo que se les debe tratar igual a todos los seres que sufren.

En ese sentido, el limitado entendimiento no hace que el dolor tenga menos importancia. Por lo que se debe evitar en lo posible todo tipo de sufrimiento y miseria animal; y en por ello, debe tratarse a los animales no como medios para alcanzar fines, sino como seres independientes y sensibles. Singer nos dice expresamente que no intentará apelar a las emociones del lector, aunque con el capitulo de las investigaciones a los animales parece que eso intenta, en cambio, argumenta que su libro se apoyará en la razón.

De esta forma el especismo, no es más que una discriminación arbitraria y no racional por las que se niega a extender el principio de igualdad a otras especies. Pero, es muy difícil cambiar los hábitos de comportamiento, alimentación, pensamiento y lenguaje que se han arraigado en el ser humano. Y no debemos olvidarnos de que el ser humano también es un animal, y que para hablar de los otros animales se usará el termino de animales no humanos.

Resalta Singer que la Liberación Animal no se trata de venganza con los que hacen sufrir a los animales. No podemos rebajarnos al nivel de los que hacen sufrir a los animales. Si bien entiendo al ser humano como jerárquicamente superior, comprendo la importancia de esta idea, debido a que no se puede pretender solucionar los problemas incrementando las penas o pidiendo penas que agravian la dignidad o privan de la vida a los acusados, esto es porque la mejor manera de curar una sociedad es educar a las personas para que cambien de hábitos. El ser humano no puede rebajarse para atacar a otros seres humanos, sin importar los motivos, debido a que se configura según como actúa, y esto será determinante al buscar su perfeccionamiento. En ese sentido, Singer nos señala que Liberación Animal reclama un compromiso ético superior, es decir, podríamos entenderlo como otra forma de alcanzar la perfección humana y animal.

Igualdad no es igualitarismo, esta idea parece tenerla clara Singer cuando afirma que la diferencia entre seres puede dar origen a derechos diferentes, es decir, no reclama los mismos bienes para todos los animales -incluido el ser humano- sino que reclama los bienes necesarios según las particulares diferencias que tengan los animales, y en ese sentido reclama un bien común para todos, que es evitar el sufrimiento de los seres que pueden sentirlo. Es por ello, que podemos decir, que en lugar de buscar diferencias debemos buscar lo común entre todos los animales, lo que seria una forma de reconocimiento, reconocer en el animal algo común que es la capacidad de sentir el sufrimiento y por ello la necesidad de evitarlo. Sin embargo, la igualdad en el autor no es la afirmación de un hecho, sino solo una idea o norma moral que nos dice que debemos considerar por igual los intereses de todos.

Por ello, si un ser sufre no hay justificación moral alguna para negarse para tener en cuenta este sufrimiento. Y se vulnera el principio de igualdad cuando en un conflicto se prefiere a la propia especie. Nos plantea además que el principal interés del animal es desarrollarse sin sufrir, y que el sufrimiento de otros solo podemos inferirlo, a partir, de indicaciones externas de los demás, y que los mismos signos de dolor que tiene el ser humano se logran evidenciar en otras especies. El dolor, en sí mismo no es malo, de manera general aumenta las posibilidades de la especie. Por ello, sino niego el dolor que observo en los seres humanos, el cual no siento yo sino ellos, tampoco podría negar el dolor que observo en los otros animales bajo la premiso que no lo siento, esto se vuelve más complejo si este dolor les causa la muerte.

Asimismo, al ser un pensador utilitarista, nos pone un ejemplo práctico en el que desconoce la naturaleza de las cosas, o por lo menos la naturaleza humana, debido a que equipara a los mamíferos superiores no humanos con humanos mentalmente disminuidos o con bebes, de lo que podría concluirse en dos sentidos: o el animal “inteligente” tiene los mismos derechos que el humano “disminuido”, o, el humano “disminuido” no tiene ningún derecho que pueda reconocérsele así como tratamos a los estos animales.

Por otro lado, la gente tiende a preocuparse por lo animales que tiene más cerca, pero la preocupación de Liberación Animal es una preocupación de los animales en general, no de los animales que son nuestras mascotas. A muchos animales los usan como sujetos de prueba en experimentos, y se nos hace la pregunta válida sobre si queremos que nuestros impuestos tengan esa finalidad, lo mismo que se plantea sobre los impuestos dirigidos a el tema de conflictos armados, una objeción de conciencia que puede ser válida plantear, pero en algunos países de difícil discernimiento de los montos exactos destinados a tales temas. Lo que quiero indicar, es que para lograr un cambio político fiscal de destino de los impuestos no basta la individualidad, y por ello es coherente el objetivo de iniciar un movimiento de Liberación Animal, que es lo que plantea Peter Singer en su libro.

También nos plantea que no se puede negar un mundo configurado de tal modo, pero si puede darse un proceso paulatino de cambio no por violencia sino por educación, dando a conocer la realidad y alternativas, que es lo que el autor se plantea en su libro. Y en base a un principio utilitarista, podríamos concluir que, en Singer, a pesar de todo podría justificarse tratamientos en animales, en general, su de esto se evita un sufrimiento a los humanos o a los animales no humanos, lo que se encargará de matizar al exponer la existencia de alternativas para la experimentación que no haga sufrir a nadie. Adicionalmente, lo que Peter Singer nos termina indicando es que ninguno de los experimentos realizados con animales ha logrado éxito rotundo en el beneficio de los seres humanos, y que, por el contrario, solo sirven para gastar dinero, hacer sufrir a los animales, y mantener la vida de unos científicos que se niegan a aceptar esa realidad fundamentados en su propia conveniencia.

Singer intenta desvelar el misterio de las granjas actuales donde los animales no viven idílicamente en libertad, sino que son explotados y torturados para obtener sus beneficios o productos, hasta que resulta necesario el producto final que nos brindan, que no es otra cosa que su propia vida, es decir, su carne, la cual aún sangrienta llega a nuestra mesa y debemos congelar antes de que se pudra. Intenta, una evocación emocional sobre el consumo de animales muertos, para fortalecer su posición pretendidamente racional de evitar su sufrimiento, debido a que se puede vivir sin consumir productos animales obteniendo todo lo necesario de las plantas.

Debo resaltar que, a pesar de no estar de acuerdo con las conclusiones de Peter Singer, si apoyo la necesidad de evitar el tratamiento hostil y químico que reciben los animales en la granja, el mismo que lleva a los animales a comportamientos agresivos, torturas y estrés. En mi caso, es porque la crianza de esos animales en tales condiciones genera un producto dañino para el consumo humano, lo que se corrobora en los informes de salud que no aconsejan comer carnes ni pollo debido a enfermedades que pueden ocasionarse, pero históricamente el consumo de estos animales cuando son criados de una manera más natural resulta ser más beneficioso. Y una segunda razón es la configuración humana, si aceptamos ese tipo de trato no natural en los animales estamos dando espacio a la configuración violenta y cruel del ser humano. No es lo mismo ser parte del ecosistema consumiendo carne que desconfigura la naturaleza derramando sangre animal y vendiendo productos no tan sanos que dañan al ser humano por dinero.

Este trato a los animales es un fruto liberal-capitalista-industrializada. Así, el gran problema es que ningún sector de explotación animal ha quedado a salvo de las incursiones de la tecnología y las pasiones de intensificar la producción, lo que aumenta de forma desmedida el sufrimiento animal, aunque igual, hay prácticas tradicionales que también dejan mucho que desear, pero por lo menos se humaniza más esta realidad. Existen ciertas libertades básicas de los animales que deben ser respetadas, las cuales son: darse la vuelta, acicalarse, levantarse, tumbarse, estirar sus miembros libremente.

Peter Singer, utiliza otro criterio emocional cuando nos dice que si tuviéramos que dar muerte a un animal para nuestro consumo todos nos volveríamos vegetarianos. Y nos dice que preferimos ocultar que el animal que comemos murió con dolor, para de esa forma no cambiar nuestros hábitos, y así desconocemos lo que ocurre en los mataderos. Nadie dirá que el animal no sufre, pero a mi consideración creo que si cada ser humano tuviera que matar al animal que va a consumir el consumo desconsiderado de carne disminuiría, y así el ser humano tomara conciencia de que el sufrimiento animal en todo ese proceso puede ser evitado teniendo una pequeña granja animal que nos pueda surtir lo básico sin darles un estilo de vida hostil a los animales, algo muy similar de lo que hacen los vegetarianos con sus huertas. Y no lo señalo desde una perspectiva abstracta, sino desde la realidad de haber tenido a cargo el cuidado de una mini-granja de animales que me permitió entender al ser humano como parte de un sistema ecológico, y, por lo tanto, parte de la naturaleza y en ese sentido debe ser respetuoso con la misma, consumir lo suficiente sin abusar de la misma.

Me uno a la postura de liberación animal “evitemos la crueldad, tanto como sea posible”. En ese sentido, apoyo que la crianza de animales a gran escala solo los observa como producto que permitirá obtener riquezas, y es por ello por lo que el sufrimiento de los animales no es algo que pretenda evitarse. Singer plantea que se vegetariano no es algo simbólico, sino que es una forma de evitar el sufrimiento animal. En ese camino para evitar el sufrimiento animal nos recomienda empezar usando los productos de los animales sin ocasionar su sufrimiento, pero para ser sincero esto solo es posible en una mini-granja destinada al propio consumo, no a gran escala.

En el camino vegetariano, nos recomienda descender al consumo de otros tipos de animales, especialmente marinos que no pueden sentir el dolor, o que no tienen desarrollado un sistema social o cerebral que le permita establecer relaciones, como son los pescados y otros productos marinos. Sin embargo, sigue condenando la pesca a gran escala o comercial; en este apartado es necesario apoyarlo por la devastación de los sistemas marinos que esta produce. La dieta vegetariana animal incluye productos animales, de aquí solo queda pasar a ser vegano, y si bien se puede vivir sin consumir productos animales, resulta conocimientos básicos para consumir los vegetales necesarios que nos permitan consumir lo que los productos animales nos proporcionan, así como que se necesita desarrollar la creatividad para encontrar nuevas recetas que reemplacen los tradicionales platos que hemos consumido desde siempre.

A mi parecer, el ser consumidor de carnes, vegetariano o vegano es una decisión humana. Pero, sea cual sea esa decisión debemos unirnos para evitar el sufrimiento animal excesivo e injustificado, debido a que como “pastores de la creación” debemos evitar un uso abusivo de esos recursos que no solo los daña a ellos sino también a nosotros medicamente y formalmente, debido a que nuestras potencias se actualizan aceptando el dolor y sufrimiento como medios para obtener lo que deseamos, y nos convertiremos en seres violentos para una sociedad que necesita seres reflexivos y pensantes para encontrar soluciones a la multiplicidad de problemas.

Se pregunta Singer si realmente la carne es necesaria, la verdad es que un producto cuando puede ser reemplazado por otro, no lo hace innecesario solo sustituible, en ese sentido, el ser humano puede elegir los productos que desea consumir sin privarse de su puesto dominante de la cadena alimenticia, pero al igual que todos los seres animales, no deben abusar de su alimento sino solo consumir lo necesario. Si aceptamos que los seres humanos somos animales, aceptemos también nuestra naturaleza de omnívoros, debido a que, si queremos evitar el sufrimiento en general, deberíamos cambiar la naturaleza carnívora de ciertos animales, el propio Peter Singer esta en contra de ello, lo que manifiesta una contradicción abierta al querer pretender que el ser humano no consuma carnes al igual que otros productos animales. Me uno a disminuir el sufrimiento animal, pero no me uno a desconocer la naturaleza humana, y solo queda en la racionalidad y libertad humana elegir su dieta alimenticia. El consumo de animales por parte de carnívoros y por parte del ser humano es algo natural, que no debe desconocerse.

Singer casi al final de su libro señala que “la crueldad de los animales acaba generando crueldad con los humanos”, esto es por que somos seres con una naturaleza perfectible, pero los caminos de perfección se lo damos nosotros con nuestras acciones, es decir, lo inmanente del conocimiento hace que nuestras acciones actualicen constantemente nuestro ser y siempre vamos variando y configurándonos según como actuemos, es por ello que debemos evitar el sufrimiento animal “no justificado”, pero al mismo tiempo no podemos sentirnos fuera de la naturaleza y debemos ocupar nuestro lugar como omnívoros, y que sea la decisión humana la que elija la dieta humana. Por lo que varios de los caminos que propone Singer son realmente utilizables, como el dejar de consumir diferentes productos y denunciar los abusos que se comenten con los animales, pero entendamos que el consumo de estos es algo natural en el ser humano cuando también es natural la crianza y el cuidado de estos.

Apoyamos la idea de que la liberación animal exige un altruismo mayor por parte de los seres humanos, debido a que son incapaces de exigir su propia liberación. Singer afirma que es necesaria una respuesta individual ante esta realidad, pero afirmamos que desde el individualismo no se alcanza mayores logros, por lo que, si bien resulta necesario una respuesta personal, esta debe tener una relevancia social, porque solo desde una actuación social conjunta en vista al bien común podríamos cambiar con tiempo y educación la actual realidad.

¿Es posible conocer la verdad?

¿Es posible conocer la verdad?

Edwin Leonel Córdova Reto

  1. INTRODUCCIÓN

La cuestión del conocimiento humano es tan radical como la pregunta acerca de la persona, y si bien es estudiada por una rama de la filosofía, la teoría del conocimiento se encuentra profundamente relacionada con el estatuto antropológico del ser humano. Esto es así, debido a que en cierta forma el conocimiento intelectual que se desarrolla en el ser humano es el horizonte que transforma a unos homínidos antropoides en individuos del género homo que a través de una serie de cambios evolutivos en miles de años llegarían a transformarse en homo sapiens, es decir, en seres como nosotros.

El estatuto antropológico del conocimiento humano nos muestra que nuestro actuar se realiza en libertad debido a que se toma una elección, pero para tomar esa elección no puede elegirse entre la nada, sino que una elección se toma a partir de opciones, las que pueden ser captadas en algunos supuestos mediante el conocimiento sensible. No obstante, para que el actuar humano sea libre es necesario no solo conocer sensiblemente las opciones, que en muchos casos no tienen una realidad material que pueda ser conocida por los sentidos; en cambio, una decisión realmente libre nos permite comprender la realidad, es decir, la intervención de la inteligencia es decisiva al momento de comprender las opciones y tomar decisiones, o, dicho de otro modo, es decisiva, al momento de conocer la realidad y convertirla en su mundo.

En base a estas premisas para que un ser humano sea realmente libre resulta necesario que pueda comprender las opciones que encuentra en la realidad, una realidad que la apropia y la convierte en su mundo cuando la comprende y la posee. Es decir, sin este conocimiento el ser humano sería incapaz de actuar, y en consecuencia sin ser capaz de actualizarse, es decir, desarrollar sus potencias, no podrá nunca alcanzar la perfección como persona. En ese sentido, resulta de especial importancia la capacidad del ser humano de conocer las cosas como son, de conocer su mundo, de conocer la verdad, porque solo conociéndola se es capaz de ser libre y perfeccionarse.

Ahora, si el fundamento teológico-antropológico del ser humano es alcanzar la perfección mediante los actos propios de nuestra especie, y que estos actos para poder ser ejecutados, primero deben ser elegidos a partir de una comprensión de la realidad que previamente necesita conocerse, a la cual llamamos verdad, no obstante, no podemos adoptar el punto de partida que realmente el ser humano puede perfeccionarse sino podemos explicar primero que el ser humano puede elegir libremente porque conoce la realidad, la verdad, es decir, el punto de partida que necesitamos explicar es si realmente el ser humano puede conocer la verdad, porque sin ser capaz de conocer la verdad el ser humano jamás sería capaz de poder comprender su mundo para elegir opciones y pueda realizar actos que le permitan perfeccionarse.

La acción del ser humano dependerá del conocimiento que se pueda alcanzar de la verdad, dado que si la verdad no puede ser alcanzada, el ser humano no puede quedarse sin actuar, sin elegir y sin intentar perfeccionarse. Por lo que deberá reemplazar la verdad creando un sistema que le permita interactuar con el mundo que se apropia subjetivamente, despojándole de la objetividad que tendría el conocimiento humano según lo visto en los párrafos anteriores. Es decir, no se apropiará del mundo y por ello la actuación que realice será en orden del interés y la necesidad de no dejarse abatir en un sinsentido y caer en un escepticismo que en la forma más radical lo exiliaría de la acción humana llevándolo a una inoperancia similar a la muerte.

En ese sentido, intentemos ponernos ante un hecho indiscutible para nosotros que hayamos asumido toda nuestra vida como verdaderos, y pensemos también por qué lo concebimos como verdadero, es decir, como adquirimos la certeza respecto de estos hechos, si esta proviene de los sentidos, me es dada por alguien más, o si por el contrario la he poseído siempre en mí. No podemos estar seguro de ningún conocimiento, sino conseguimos alcanzar primero a explicar como el ser humano puede conocer la verdad. Por lo que no nos quedaría otra cosa que la duda, pero no estamos ante una duda ni como punto de partida, ni como método, sino que la consideramos como alternativa cruel a la imposibilidad humana de verificar el conocimiento de la verdad.

Por lo que la intención del presente trabajo es poder contribuir a demostrar que la verdad puede ser conocida por el ser humano, y a través de ella podamos alcanzar la perfección que consideramos debida a nosotros en cuanto nos entendemos diferentes de los seres inertes, de las plantas, de los animales y de los sistemas computarizados con inteligencia artificial que debe ser controlada para evitar sorpresas posteriores que arruinen nuestro mundo tal como lo comprendemos. Para ello, buscaremos saber qué es conocer y qué es la verdad, dado que la primera nos lleva a la segunda, y si bien la segunda podría tener una realidad independiente de nuestra propia existencia, es mediante el conocimiento que somos capaces de alcanzarla y de esta manera lograr poseerla.

Pero, en ese camino analizaremos los elementos que intervienen en el conocimiento, las clases de conocimiento existentes, las posturas filosóficas sobre el conocimiento, las posturas ante la verdad; y poder concluir si realmente la verdad es alcanzable o si debemos, como dije anteriormente, aceptar la crueldad de jamás tener un mundo propio, y que para no caer en la inacción de la muerte debamos reemplazar la verdad solo para seguir viviendo, si es que se le puede llamar vida a existir en un mundo reconociendo que no somos capaces de buscar la propia perfección.

  1. ¿QUÉ ES EL CONOCIMIENTO?

El conocimiento humano es el proceso relacional que nos permite alcanzar la verdad. Pero, ante la disyuntiva de poder conocer la verdad, tendríamos que quedarnos con esta definición de una manera parcial, es decir, el conocimiento es un proceso relacional que conecta a la persona humana, el sujeto cognoscente, con lo que será conocido, el objeto conocido.

La persona humana es el sujeto cognoscente, esto quiere decir que es quien establece una relación con la realidad, en otras palabras, es la persona humana la que conoce, y cuya intención es apropiarse mental o intelectualmente de un objeto que antes no conocía. Y es por uno de los extremos de la relación del conocimiento humano, el sujeto, que podemos afirmar que el conocimiento humano es subjetivo. Pero esta subjetividad no afirma un escepticismo respecto a la posibilidad de conocer la verdad, sino solo la naturaleza subjetiva del conocimiento.

El objeto del conocimiento no es lo real, sino solo lo real en cuanto conocido por el sujeto que inicia la relación llamada conocimiento humano. En ese sentido podemos decir que en el objeto conocido descansa una pasividad, mientras que en el sujeto cognoscente se muestra la parte activa de la relación denominada conocimiento.

El conocimiento es el proceso de apropiación intelectual por parte del sujeto del objeto. Es por este proceso por el cual el mundo no nos resulta completamente ajeno y extraño (Llano, 2015, pág. 17). Sino que la cosa conocida nos resulta al mismo tiempo, distante y cercana, la distancia es por la no posesión material de los objetos conocidos, pero la presencia es porque lo conocido es por una persona es suyo, la posesión no es material sino de la forma; nuestros sentidos conocen las formas accidentales que no constituye la interna naturaleza de una cosa, sino propiedades que determinan a una realidad de una manera u otra; pero nuestra inteligencia abstrae de la realidad lo esencial y lo posee formulando posteriormente conceptos (Llano, 2015, págs. 18-19).

El conocimiento humano tiene una triple naturaleza, es inmanente, intencional e inmaterial. La inmanencia del conocimiento pone de manifiesto la interiorización del objeto conocido, es decir, se da una permanencia de lo que se conoce en el sujeto, no se trata de una sola relación que se da en un momento y termina, es decir, no estamos ante una actos transeúntes, es decir, cuyo resultado de la acción no recaen en el sujeto, por el contrario el conocimiento humano es un proceso/acto inmanente, es decir, que el resultado del proceso permanece en el sujeto, y no solo los guardo tipo una biblioteca guarda a los libros, sino que el proceso del conocimiento cambia al sujeto para siempre, le hace posible elegir, actuar, perfeccionarse.

El conocimiento humano también se denomina intencional debido a que es el ser humano el que muestra una apertura hacia el objeto conocido, el objeto conocido no forma parte del mundo del ser humano como sujeto cognoscente, si el ser humano no se dirige a conocer al objeto. Por lo que puede afirmarse que el mundo del ser humano se conforma por los objetos conocidos y no por la realidad en general, sin embargo, si el ser humano quiere profundizar en la verdad o en la realidad, deberá ampliar su mundo, es decir, deberá dirigirse a poseer comprensivamente más de la realidad (Selles, 1997, pág. 12).

La inmaterialidad del conocimiento humano se evidencia en que la posesión del objeto no es poseer la materia de lo conocido sino la forma, es decir, se posee todas las cualidades o rasgos esenciales, sin necesidad de hacerlo físicamente en el interior de nosotros. En el conocimiento humano se posee inmaterialmente lo que hace que algo sea lo que es y no otra cosa diferente, siendo que de esta manera el sujeto cognoscente se apodera del objeto conocido, es decir, convierte parte de la realidad en su mundo, lo incorpora a su acción, dado que mediante esta posesión nos permite orientar, decidir y actuar en la búsqueda de nuestro desarrollo teleológico que nos llevará a la perfección.

El conocimiento humano puede clasificarse en dos tipos, el primero es el conocimiento sensible y el segundo es el conocimiento intelectual, ambos de la misma importancia, aunque el segundo es propio del nivel de vida intelectivo. 

CONOCIMIENTO SENSIBLE

El conocimiento humano sensible es muy similar al tipo de conocimiento que poseen los animales. No obstante, el conocimiento sensible en el ser humano es diferente al conocimiento que se da en el nivel de vida sensitivo, esto es porque el conocimiento sensible del ser humano está impregnado de racionalidad.

El conocimiento humano es la relación entre el sujeto que conoce y la realidad que es conocida. Lo propio del conocimiento es la permanencia del sujeto y el respeto de la alteridad de lo conocido, en ese sentido, es preciso que haya un punto de encuentro entre la realidad y el sujeto que conoce, y ese punto de encuentro son los sentidos, que se clasifican en externos e internos, siendo que los primeros captan lo exterior y los segundos trabajan con las sensaciones captadas por los primeros (Garcia, 2010, págs. 53-58).

De los sentidos externos tenemos que son facultades que pasan a acto en presencia de estímulos de la realidad (Castillo, 2000, pág. 103), los cuales son captados a través de las sensaciones. Los sentidos externos se conforman por una base material y una base espiritual, los sentidos no pueden reducirse a su soporte orgánico que son los órganos, debido a que esos órganos funcionan como tal en base al alma que les permite seguir con vida, recordemos que un ojo separado de su cuerpo no ve. Si la base material está en perfectas condiciones necesitara mantenerse como parte de la unidad del ser viviente para poder seguir captando las sensaciones correspondientes a cada sentido. Un órgano solo capta un tipo de sensación, y son las sensaciones en conjunto las que le permiten, al ser unificadas, al ser humano captar las percepciones (Castillo, 2000, pág. 104).

En cambio, los sentidos internos se encargan de trabajar con las sensaciones que han sido captadas por los sentidos externos. Las sensaciones se reciben de modo disperso, son captadas en base a cada sentido; y el sujeto cognoscente busca unificar las sensaciones convirtiéndolas en percepción, por medio del sentido interno, llamado sentido común. La percepción no es algo fugaz, sino que permanece en el sujeto cognoscente por lo que es necesario que exista un sentido interno que apoye la conservación de la información. Este segundo sentido interno se denomina fantasía o imaginación, la misma que puede ser definida como la facultad que tiene por objeto el volver a considerar o hacer presente de nuevo algo que estuvo presente en los sentidos externos, además de reconstruir percepciones presentes con pasadas y combinar imágenes para obtener nuevas síntesis sensoriales; para asegurarse la conservación de dichas imágenes son guardadas en la memoria, la que se encarga de recordar lo que debe recordarse y olvidar lo que debe ser olvidado (Garcia, 2010, págs. 59-63).

Por último, en los sentidos internos tenemos la estimativa en el caso de los animales que se constituye como una respuesta instintiva, y también tenemos la cogitativa en que no solo se observa lo conveniente o inconveniente de una determinada realidad para responder ante ello, sino que la racionalidad está involucrada, y es en esta parte en que la voluntad humana ayuda a gobernar políticamente las tendencias sensibles y la afectividad humana. Si la cogitativa no participa ejerciendo el control político racional el ser humano puede alterar la valoración de lo útil y lo nocivo, dado que el ser humano no está programado instintivamente, sino que en este momento entra en participación la inteligencia, voluntad y libertad humana (Castillo, 2000, págs. 128-130).

CONOCIMIENTO INTELECTUAL

No hay nada en la inteligencia que no haya pasado primero por los sentidos. Además, no hay nada en los sentidos cuyo origen no sea la realidad. El ser humano a partir de la abstracción puede captar lo común y lo esencial de lo real, y formularse conceptos. Sin embargo, debemos dejar claro que la realidad se encuentra en los conceptos que usa el ser humano, pero no se limita en ellos. El concepto surge a partir de la multiplicidad de experiencias reducidas a una sola noción (Garcia, 2010, pág. 82).

¿Qué guarda el concepto de la realidad? El concepto guarda la esencia de la realidad misma; en cambio los sentidos no logran llegar a una unificación de la pluralidad, sino que se concentran en lo individual y accidental por lo que puede definirse a los sentidos como un nivel de conocimiento inferior respecto de la inteligencia, pero no menos importante, dado que no habría nada con lo que la inteligencia pueda trabajar sino hubiera sido captada primeramente por lo sentidos, ahora si los sentidos nos engañan, realmente la inteligencia trabaja con una percepción defectuosa de la que los sentidos son capaces, o no trabaja en ningún modo con los sentidos y el conocimiento es producto de la inteligencia encerrada en el interior del propio sujeto.

Pero, sin importar lo anterior, ¿qué es lo qué se hace una vez que se tiene conceptos y se quiere seguir en el camino de autodeterminación para poder alcanzar la capacidad de elección y acción necesaria en el ser humano? Se empieza a trabajar con los conceptos relacionándolos entre sí, dando lugar a lo que comúnmente se llama juicio, que es una posición crítica relacional de lo que las cosas son, o por lo menos del que podemos alcanzar a decir que son las cosas. Dos conceptos válidos, darán lugar a una relación o juicio válido acerca de lo real y nos permitirá una mayor adquisición comprensiva de la misma convirtiéndola en nuestro mundo. El juicio se establece a partir del verbo “es”, haciendo referencia a que todo juicio es explicativo, debido a que pretende decirnos lo que las cosas son, dado que la verdad que alcanza el ser humano tiene que ver con el juicio que se establece, es decir, si se logra realmente poseer la realidad convirtiéndola en su mundo a través de decirnos lo que las cosas son en si mismas. Debemos tener en cuenta que el juicio no es una mera asociación de conceptos, sino que es una afirmación o negación de algo real y por lo tanto supone un regreso a la realidad para poderla comprender y convertirla de esta manera en nuestro mundo (Garcia, 2010, pág. 82).

La verdad brotara de la adecuación de la afirmación mental se encontrará en la adecuación de la relación mental creada por el verbo ser, y la particular realización de esa relación en la realidad, es decir, si la relación creada por el verbo ser, no se cumple en la realidad ese juicio sería falso, pero si se cumple entonces ese juicio será verdadero (Castillo, 2000, pág. 223). No obstante, el ser humano no se queda solo con los juicios formulados relacionando conceptos, sino que sigue relacionando conceptos y juicios hasta poder formar un mensaje o discurso racional que pueda compartir con el mundo que le ha poseído que ha convertido en suyo y que sea un punto de partida para poder seguir aumentando su posesión de lo real, y así seguir enriqueciendo su mundo y encontrar una mayor libertad en la comprensión que le permitirá el desarrollo humano a partir del conocimiento de la verdad que se encuentra escondida en la realidad y que uno posee o conoce al convertir la realidad silogísticamente en nuestro mundo a partir de una posesión inmanente, intencional e inmaterial del mismo (Garcia, 2010, pág. 83).

  1. ¿SE PUEDE CONOCER LA VERDAD?

Hemos seguido hasta el momento como sería el desarrollo cognoscitivo del ser humano según la teoría clásica. No obstante, esa teoría entrará en crisis y muchos creerán que partir de la postura que nuestros sentidos no nos engañan en un realismo ingenuo y dogmático. Y que será necesaria una continua comprobación de las cosas, pero si tomamos esto como punto de partida que en principio parece tan razonable necesitaremos luego una comprobación de la comprobación y tendremos que para anular esa serie infinita se pondrán arbitrariamente unos principios que no necesitan demostración, los cuales demuestran las debilidades de la posición moderna, porque así como se asumen esos principios, bien podría asumirse el principio realista que los sentidos no nos engañan.

DEFINICIÓN DE LA VERDAD

Al reconocer que la verdad se encuentra relacionada con el verbo ser, podemos entender a la verdad en relación con lo real, al ente en si mismo que puede ser conocido, en ese sentido podemos decir que la “verdad es”, lo que nos muestra una separación de lo que nosotros queremos que sea con nuestra subjetividad, dado que la verdad tiene una entidad separada del subjetivismo.

Ese “ser” de la verdad se pone de manifiesto cuando se comprende que lo que pasa por el plano mental, es decir, del pensamiento, se corresponde con lo que sucede en el plano ontológico, de la realidad, ya que si no hay una correspondencia no se podría decir que estamos en la posesión de la verdad. Asimismo, debe aclararse que el plano preferencial es el ontológico, debido a que el ser humano no puede variar al ente a partir de lo que conciba mentalmente, dicho de otro modo, el ser humano descubre lo que las cosas son, no las determina mentalmente, la verdad se encuentra a partir de la realidad comprendida y apropiada del mundo, no se forma el mundo desnaturalizando mentalmente la realidad (Llano, 2015, págs. 130-132).

El problema de la verdad del conocimiento se puede ver desde tres niveles (Llano, 2011, págs. 42-50), el primer nivel es el de la verdad lógica, la cual tiene que ver con los razonamientos válidos que realiza el ser humano pudiendo acercarse comprensivamente a lo real para apropiárselo y así ampliar el mundo poseído por la persona.

Dicho de otro modo, la verdad lógica consiste en la adecuación de nuestro entendimiento con las cosas para lograr reflejar lo que las cosas son o hacen (Llano, 2015, pág. 134). En ese sentido, el pensamiento humano deberá reflejar fielmente las cosas para que haya verdad, sino nos encontramos ante la falsedad.  La falsedad es diferente a la mentira, pues la mentira es cuando no hay conformidad entre lo que se dice con lo que se piensa. Puede que lo real sea diferente a lo que pienso, pero si al decirlo estoy seguro de ello no se da una mentira sino se da la falsedad, en cambio si afirmo un juicio con el pensamiento y la convicción de que la realidad no se corresponde al mismo, estaré en el plano de la falsedad moral, que es lo que llamamos mentira.

Un segundo nivel es el de la verdad epistemológica, que es la que hemos venido hablando, la cual se descubre por la relación del intelecto del sujeto a la realidad. En la verdad lógica tenemos razonamientos validos que nos llevan a una conclusión, en la epistemológica tenemos la real vinculación del plano mental y del plano ontológico, los cuales son dependientes entre sí, siendo que el plano ontológico tiene prioridad.

Esta relación de la verdad como vinculado a dos planos nos muestra que el plano de la realidad es el prioritario, dado que lo que se apropia una persona en el plano del pensamiento y que convierte en parte de su mundo no puede haberse generado de la nada, sino que tiene su origen en algo, y este algo es lo real, donde las cosas son, y el pensamiento solo tiene a las cosas que son en cuanto conocidas. En ese sentido descubrimos una prioridad ontológica que ha sido dejada de la lado en la época moderna, la cual es que el pensamiento humano depende de la realidad y debe trabajar regresando a la realidad sabiendo que debe respetar lo que las cosas son, no porque sea una obligación sino porque no le queda de otra, una cosa es la creación artificial que puede darse en la realidad a partir de lo pensado, otra muy diferente es la mutación de lo natural que pretende dar el hombre moderno y postmoderno de la realidad a partir de lo pensado, cambiando la naturaleza de la realidad, pretendiendo crear el mundo humano como brote de lo pensado reemplazando el origen de nuestro mundo que es la apropiación y captación comprensiva de la realidad. El ser humano en su soberbia se ha constituido en un dios que pretende crear a partir de su mente en lugar de comprender lo real.

El comprender que la realidad en sí es algo distinto de la apariencia subjetiva que podamos tener de ella nos pone frente a un tercer nivel que es el de la verdad ontológica, es decir, la realidad en el plano de su propia entidad. Esta verdad ontológica es la adecuación que tienen las cosas con el entendimiento. Esto es que todo ser es verdadero ontológicamente, porque todo ser es lo que es, es decir no depende de los otros seres, a excepción de Dios que los crea. Dicho de otro modo, la realidad entitativa de los seres en el plano teórico solo dependería de Dios, que sería quien les da su estatuto ontológico, pero no de la persona, quien no les da ese estatuto, sino que solo hace un reconocimiento de lo que las cosas con en si mimas en cuanto que son.

Por lo tanto, la verdad es una de las propiedades trascendentes de los entes que no puede faltarle a ninguna realidad que es factible de ser conocida, es decir, todas las realidades, dado que el ser humano puede apropiarse la realidad estableciéndola como su mundo. Todas las cosas son verdaderas en dos sentidos, en cuanto creadas como tal, pero en un sentido humano en cuanto la capacidad de ser conocidas tal como son, y ese ser de las cosas no es determinable por el ser humano, por lo que el alcance de la verdad, y por medio de ella la perfección humana requiere un despojo de la soberbia subjetiva intelectual que nos lleva a no respetar la naturaleza de lo real, y por lo tanto tener un acercamiento humilde ante la verdad que debe ser descubierta y que se plantea como un misterio en la realidad, un misterio que al ir siendo comprendido forma parte del mundo ser humano que lo ha logrado conocer.

La inteligencia, que es la comprensión del mundo en cuanto elige el objeto que quiere conocer, se dirige a él y lo lee comprensivamente; no siempre se encuentra en total seguridad respecto a los juicios que formula, por lo que podemos encontrarnos con diferentes estados de la mente humana respecto a la verdad que el ser humano pretende conocer para convertirla en su mundo.

No existe una falsedad ontológica, dado que en el plano de lo real los seres siempre seguirán siendo lo que son, pero si puede existir una falsedad lógica o error, el cual consiste en la no adecuación de nuestros juicios con el comportamiento de lo real.  Las causas del error pueden ser psicológicas, lógicas y morales (Llano, 2011, pág. 65).

Sin embargo, el error, no es ignorancia, debido a que esta es la ausencia de un conocimiento debido, el error no expresa lo que hay en la realidad, la ignorancia no supone juicio alguno al respecto. Debe aclararse que solo somos ignorantes de los juicios debidos que debemos poseer en cuanto personas, y en cuanto la determina actividad a la que nos dedicamos, nadie puede pretender que el ser humano posea todos los conocimientos del mundo, ni todos los referidos a su carrera, por lo que nadie puede ser llamado ignorante en base a la ausencia del conocimiento especializado de una determinada carrera.

Ahora, si nos encontramos ante dos juicios antagónicos, por los cuales hemos suspendido la aportación de una afirmación dado que ambos aparecen contrapuestos para la inteligencia y esta vacila entre ambas nos encontramos ante lo que se denomina, la duda (Llano, 2011, pág. 58). Se pueden distinguir dos tipos, la primera es una duda negativa, en que no se tiene razones para apoyar a ninguno de los juicios antagónicos que se presentan, y la segunda es la duda positiva, que es cuando se tiene argumentos convincentes para apoyar a uno y otro juicio antagónico entre los que se encuentra el ser humano intentando apropiarse la realidad, la verdad para abarcarla en su mundo.

Sin embargo, cuando ante varias afirmaciones contrapuestas si aceptamos una de ellas, pero no con una firmeza total, sino de manera débil y fundada en razones subjetivas nos encontramos ante la opinión, que se distingue de la duda en que la mente no se ha quedado derivando entre las opciones presentadas, sino que ha decidido afirmarse en una de ellas, aunque sin las razones objetivas suficientes (Llano, 2011, pág. 60).

La opinión se distingue de la fe o creencia en que esta última si tiene razones suficientes, las cuales se basan en una autoridad indiscutible, es decir, en la confianza ante que no soy engañado, por lo tanto la fe o creencia no se forma por juicios opinativos de naturaleza subjetiva, lo que se evidencia por ejemplo al momento de objetar en conciencia, dado que no se objeta por lo que subjetivamente se cree respecto a una creencia sino por lo que objetivamente determinado culto defiende como creencia colectiva y fundante de la misma. La fe o creencia nos da una absoluta certeza, sin renunciar por ello sino teniendo fundamento en la evidencia (Llano, 2011, pág. 63).

La certeza es el estado de la mente en que existe una seguridad de la posesión de la verdad, siendo que este asentimiento se funda en la evidencia, quedándonos sin el temor de estar errando en la captación del objeto conocido. Debe distinguirse la certeza de la evidencia, la evidencia es la causa de la certeza (Llano, 2011, pág. 51).

Pero no todos afirman que pueda llegarse a tal certeza, sino que muchas veces al punto que se llega es a una resignación respecto a la verdad, y en otros casos, se parte que la certeza que puede alcanzar el ser humano no tiene una vinculación que parte de lo real, pasando por los sentidos y siendo comprendido por la inteligencia, sino que o bien enfatizan uno de estos elementos o los transforman para intentar hacerlos viables en un sistema creado, produciendo la confusión entre el plano mental y ontológico.

OPOSICIONES A LA TEORIA EXPUESTA

Recorreremos brevemente corrientes opuestas a la teoría expuesta, primero por corrientes transversalmente históricas, como son el escepticismo, relativismo y agnosticismo; para luego centrarnos en las corrientes modernas que terminan fundando una teoría de conocimiento en que el ser humano se encuentra alejado de lo real, por lo que su inteligencia no se apropiará nunca del mundo, y por lo tanto solo caerá en un subjetivismo, o idealismo respecto a lo real como modo de abandonar el sinsentido, pero sin encontrar un verdadero sentido de perfección sino solo de supervivencia en un mundo caótico que se nos presente como incomprensible en si mismo.

El agnosticismo es una postura que piensa que el conocimiento de las cosas no es tan profundo como se plantea y por lo tanto el ser humano no puede formularse afirmaciones, no niega que exista la verdad, sino que no cree que el ser humano pueda llegar a conocerla de un modo pleno.

En cambio, el escepticismo nos plantea ya una posición en que se duda de la real posesión del objeto conocido, rechazando la existencia de la verdad absoluta, y aunque esta existiese no habría manera real de poder conocerla (Llano, 2011, pág. 71).

El escéptico puede adoptar esta forma de pensar como un punto de partida para originar el conocimiento a partir de dudar metódicamente de todo, lo que se llamara escepticismo metódico, pero también puedo constituir un escepticismo sistemático, en que la duda realmente se vuelve el sistema de la existencia humana, la cual provocaría la suspensión del juicio dado que nunca podremos saber si el objeto pensado es igual que el objeto conocido de la realidad.

Sin embargo, si nada puede afirmarse tampoco podría afirmarse el escepticismo, dado que también deberíamos dudar del mismo, haciendo imposible una vida de esa manera que aleja al ser humano de la capacidad de actuar, elegir y perfeccionarse, asimismo, es anecdótico decir que quien acepta la duda como sistema, ya está respaldando una verdad, es decir, la verdad de la propia duda (Llano, 2011, pág. 75).

Por otro lado, existe el relativismo, en el cual hay personas que no se oponen a la verdad de modo absoluto, y reclaman la posibilidad de la existencia de una verdad en base a una época, lugar o circunstancias determinadas, por lo que la verdad relativa significa que la verdad de un juicio dependerá de condiciones o circunstancias en las que ha sido formulado (Selles, 1997, pág. 221).

El desconocimiento de la objetividad nos lleva a pensar que las personas que defienden esta postura solo se quedan subjetivamente en el interior del sujeto sin establecer relación con el objeto conocido que da objetividad al conocimiento, produciendo un alejamiento de la realidad, no pudiendo apropiarse del mundo y generando un individualismo que desencadena la soledad de la sociedad actual.

En las corrientes modernas se acepta que el conocimiento es posible, pero se cuestiona cual es el origen del mismo. Es por ello por lo que surge el racionalismo que nos dice que los únicos juicios validos son los que se fundan en la razón humana, habiendo un desprecio radical a lo que los sentidos aportan (Llano, 2015, pág. 221). En ese sentido para que la razón humana pueda generar conocimiento es necesario que no sea un espacio en blanco, sino que posea unas ideas innatas no adquiridas por la experiencia y que se constituyen como el soporte lógico de todo conocimiento.

Por lo tanto, en base a esta postura no habría una apropiación del mundo dado que el ser humano no recurriría a lo que se encuentra externo a él y la única realidad importante no sería la que los sentidos pueden captar sino la que las ideas innatas producen produciendo un desencuentro con lo real.

En oposición al racionalismo surge el empirismo el cual niega todo tipo de verdades anteriores al conocimiento, y respalda la experiencia como medio de adquirir datos válidos, pero desconfían de la razón al momento de ordenar dichos datos (Llano, 2015, pág. 245). La mente como página en blanco solo es una especie de archivador de lo que la experiencia va recibiendo, y todo conocimiento o afirmación debe ser respaldado por los sentidos, por la experiencia, lo única que hace la mente es generalizar, no universalizar lo que sucede en la realidad, por lo que tampoco hay una apropiación  del mundo, debido a que se niega que se produzca una comprensión del mismo, el ser humano está llamado a solo interactuar con los sentidos respecto a lo que estos captan y basados solo en el conocimiento sensible, terminará actuando en base a lo que se le presenta como conveniente o inconveniente, es decir, solo en base al interés.

Kant será quien nos proporcione el criticismo, el cual pretende ser una superación de las dos corrientes de pensamientos anteriores (Llano, 2011, págs. 15-18). El criticismo niega la posibilidad de conocer el mundo tal como es, sino solo lo podemos conocer tal como se presenta ante nosotros, es decir, todo conocimiento para ser válido debe ser captado por los sentidos, de los cuales vienen desorganizados. Por lo que deben ser organizados y comprendidos por unas estructuras a priori, es decir, formas que están en nosotros mismos y que el sujeto cognoscente aporta, siendo que la relación sujeto cognoscente y objeto conocido se realiza por intermedio de estas estructuras a priori.

Lo que determinara que no llega al sujeto cognoscente lo que el objeto conocido es, sino que solo llega lo que las estructuras a priori pueden captar de la sensibilidad del objeto conocido, en ese sentido se afirma que solo conocemos la realidad tal como se presenta ante nosotros, pero no tal cual es; produciéndose una conexión distante entre la persona y su realidad, y al momento de conformar el mundo deberá resignarse en que el mundo no refleja lo real, y que la verdad solo sería lo que es aceptado por las estructuras a priori, es decir, la verdad dependería del sujeto, aunque de una manera “objetiva” que son las estructuras a priori y las sensaciones posibles de ser comprendidas. Lo que nos lleva a un oscurecimiento del misterio del mundo, oscurecimiento que al no haber manera de ser iluminado no nos tendría que preocupar más, y solo deberíamos actuar en base a lo que es posible de iluminar o conocer gracias a las estructuras a priori.

  1. CONCLUSIONES

Hemos recorrido un camino apresurado, breve, de la filosofía del conocimiento solo con la atención de centrarnos en la posibilidad del conocimiento de la verdad. Y nos encontramos finalmente ante negar la posibilidad del conocimiento de la verdad o ante la posibilidad de afirmarla.

Las posturas que la niegan no solo imposibilitan el conocimiento sino que imposibilitan el desarrollo de la vida humana condenando al ser humano a vivir sin sentido, no obstante, nos libramos de esta condena en la especial contradicción interna de estas posturas, dado que si nada puede ser afirmado, o todo es relativo también lo serán las propias formulaciones teóricas al respecto, debido a que no se pueden reclamar como verdaderas al haber negado la verdad, en ese sentido, no podrán afirmarse esas teorías, y también solo se pueden entender bajo determinadas circunstancias, en otras palabras, solo determinadas circunstancias llevan a las personas a actuar de esa manera, aunque no siempre se podrán validar esas teorías debido a que son contradictorias en si mismas.

Ahora, respecto a las que afirman que si existe posibilidad de conocimiento debemos confrontar un realismo ontológico, y un realismo critico o criticismo kantiano. Primero recordemos que para los racionalistas modernos es imposible el conocimiento certero que parta de los sentidos, por lo que para ello el conocimiento parte de verdades a priori. En cambio, para sus opositores, los empiristas, no se puede confiar en una razón que parta de verdades a priori, por lo que solo queda confiar en los sentidos, sin embargo, esa confianza renovada en los sentidos se alcanza a partir de una pérdida de confianza en la razón. Kant pretende conciliar ambas posturas, debido a que tiene claro que el esquema del conocimiento debe vincular tanto el elemento sensible y el elemento racional; mediante unas categorías a priori que se encuentran vacías de contenido, pero que ordenan lo real, o mejor dicho que ordenan lo captado mediante los sentidos siempre y cuando las categorías a priori puedan captar realmente la realidad.

Es decir, la realidad en si misma solo es captada en base a lo que se presenta ante las categorías a priori, es decir solo se conoce el fenómeno, pero no el noúmeno, o realidad en si. El conocimiento de la verdad en Kant será solo en conocimiento de lo fenoménico, lo único captable por las estructuras a priori, ignorando la realidad en si misma, sin embargo, el poseer unas estructuras a priori, viene a ser la misma aplicación que ya había aplicado Descartes al decir, no me engañan los sentidos porque Dios es bueno, es decir, recurrir al cajón de sastre filosófico para poder sustentar un sistema.

En concordancia a Kant comprendemos que los sentidos no nos engañan. Pero al ser materiales y por ellos potenciales y limitados, por lo que el conocimiento humano se despliega a partir de la adquisición sensorial que se pueda tener capacidad de realizar, lo que nos implica que conocemos el mundo y nos lo apropiamos pasando por el tamiz de los sentidos que captan todo lo que están programados para poder captar, la apropiación intelectual no es meramente pasiva, por lo que será la inteligencia la encargada de desvelar el misterio del mundo que los sentidos no captan y será la misma inteligencia la que proporcione al ser humano la capacidad de fortalecer los sentidos para descubrir en mayor medida el misterio de lo real y ampliar el mundo poseído. Teniendo cuidado de ser reemplazado por la tecnología, y poner barreras a la perfección humana.

Ahora, el ser humano no solo conoce sensiblemente, sino que conoce la realidad primero por los sentidos, y luego intelectualmente, es la inteligencia humana la que le permite al ser humano conocer el mundo. En ese sentido, la limitación sensorial del ser humano le permite construir un mundo válido, verdadero, pero no completo y es tarea de la inteligencia humana el completar/desarrollar el conocimiento hasta que pueda haber una comprensión mayor de la realidad que le permita captar el mundo.

La verdad es un alcance personal relativo, absoluto, subjetivo, objetivo, y en si misma una construcción social por medio de un dialogo, la verdad no es consenso, sino se encuentra en una estructura donal de las relaciones humanas. La verdad es relativa, no aceptando el supuesto del relativismo sino en cuanto entra en relación con un sujeto, por lo que puede afirmarse que la verdad es subjetiva, pero al ser una relación la verdad no depende del sujeto solamente, sino que también depende del objeto conocido, en ese sentido la verdad es objetiva, pero al ser objetiva. No obstante, muchos pretenden imponer lo conocido objetivamente o subjetivamente a los demás, y se ha dado por llamar a la verdad absoluta cayendo en una intolerancia y violencia para quien no conoce como yo conozco la verdad, por lo que debemos decir que en ese sentido la verdad no es absoluta, pero puede entenderse como absoluta cuando se entiende como libre, la verdad es algo con lo que se entra en relación, una relación que no la determina sino que la descubre, por lo tanto la verdad es absoluta en cuanto libre a la espera de ser descubierta, y es esa realidad descubierta la que una vez poseída comprensivamente por el ser humano se constituye en su mundo.

Ahora, el mundo construido dependerá de la comprensión de la inteligencia, pero la comprensión de la inteligencia dependerá de lo que los sentidos captan, y lo que los sentidos captan dependerán de la capacidad de captación de los sentidos, por lo que puede afirmarse que el mundo que construimos no es un reflejo fiel de la realidad en cuanto tal, pero no es una falsificación de ella, sino que es un reflejo fiel a lo que mis sentidos pueden conocer de la realidad. Esto se debe a que el ser humano es limitado, no puede conocer toda la verdad, y la que conoce no la puede captar en su totalidad, pero no conoce mal, sino que solo conoce incompleto, y es la inteligencia humana la que construye el mundo en base a datos objetivos conocidos, el conocimiento de la verdad es personal y limitado.

Pero el ser humano no vive aislado, sino que vive en sociedad, y esto ayuda a remediar lo personal y limitado, es decir, al conocer una parte de la verdad, dada la extensión de la misma, lo que nos quiere decir, que otras personas han alcanzado un conocimiento similar al mío, pero no el mismo, dado que se pueden haber centrado en una parte diferente de la realidad de la que yo me he percatado, y si se ha fijado en la misma parte que yo los datos objetivos que todos podemos conocer los ha comprendido subjetivamente mediante su mente, por lo que de un dialogo donal la vida en sociedad puede permitir que compartiendo lo conocido se enriquezca -perfeccione- nuestro mundo.

No estamos en frente a un consenso, no es llegar a acuerdos que permitan vivir en paz, sino que estamos enfrente de la posibilidad de una construcción objetiva de la verdad, un descubrimiento social de la misma al compartir el alcance personal, el dialogo es necesario no para llegar a un acuerdo, sino para descubrir lo que la comprensión de otros han captado acerca de lo que puede ser conocido de la realidad, descubrir si alguno a logrado crear algo que nos acerca más a la realidad (tecnología que nos permite comprender fortalecer los sentidos), y así de manera social alcanzar la verdad para un perfeccionamiento común.

Porque si bien el acercamiento a la verdad es personal y consiste en el descubrimiento de una realidad en si, la verdad tiene naturaleza social y puede construida por las personas, entendiendo lo que decíamos al inicio de esta investigación, la construcción no dependerá de lo que subjetivamente mantenga cada uno, sino de la relación personal que cada uno dona en el dialogo social de una verdad conocida objetivamente.

  1. BIBLIOGRAFÍA

Castillo, G. (2000). Hacia el conocimiento de uno mismo. Piura.

Garcia, J. (2010). Antropología filosófica. Una introducción a la filosofía del hombre.    (5 ed.). Navarra, España: EUNSA.

Llano, A. (2011). Gnoseología (7 ed.). Navarra, España: EUNSA.

Llano, A. (2015). Teoría del conocimiento. Madrid, España: Biblioteca de autores cristianos.

Selles, J. F. (1997). Curso breve de teoría del conocimiento.

Breve comentario del “Discurso en el Politeama” de Manuel Gonzales Prada

Breve comentario del “Discurso en el Politeama” de Manuel Gonzales Prada

INTRODUCCIÓN

El presente trabajo es para abordar de manera breve el pensamiento de uno de los intelectuales peruanos más ilustres que ha dado nuestro país, como es el caso de Manuel Gonzales Prada, y al mismo tiempo poder hacer un corto comentario respecto de su discurso de inicio en la vida política, como lo es el discurso en el Politeama, en el cual ya muestra su estilo característico, que es el confrontacional de protesta reclamando por un Perú que no se da.

Manuel Gonzáles Prada es ante todo un reaccionario, en el sentido no de oponerse a la innovación, sino de actuar en reacción por la acción de otro. Y su reacción fue violenta por la descomposición y postración nacional, por la corrupción y la podré del país[1]. Y por esto, por la fuerza de su pensamiento, nos encontramos ante “el más egregio pensador progresista peruano de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, [él cual] tiene un lugar prominente en la historia literaria latinoamericana. Sus escritos nutrieron e inspiraron a varias generaciones de sus discípulos deseosos de democratizar y modernizar el Perú”[2].

En ese sentido, resulta necesario estudiar a Manuel Gonzáles Prada, debido a que serán sus discípulos quienes constituyan el Perú que nos toca vivir actualmente, por lo que resulta necesario estudiar la labor del maestro y cuales han sido sus aportes. De esta manera, debemos tener claro que Gonzales Prada es un “[a]utor, venerado y temido en el Perú, pero casi desconocido en el ámbito latinoamericano a pesar de la recepción que llegó a tener en el primer tercio del siglo XX. A partir de 1918, fecha de su muerte, se convirtió en un ícono laico, […] un honor que margina a la vez que deifica”[3].

Y debido a ese desconocimiento en que se va profundizando su figura, previo a la tarea que nos ocupa que es comentar brevemente el “Discurso en el Politeama”, por medio del cual, según algunos estudiosos de su pensamiento, nuestro autor inicia su actividad de pensador político en el Perú; debemos repasar de manera corta, pero precisa su contexto, su vida y su pensamiento, para ubicarnos en el autor que estudiamos, así como para ubicarnos luego en el texto analizado que será el punto de partida y germen de su pensamiento que resulta ser muy variado, y por lo tanto difícil de clasificar. 

En ese sentido, sin decir más, los dejamos, primero con las cuestiones previas que nos servirán de ubicación en el autor para luego pasar a comentar el “Discurso en el Politeama”, esperando que la lectura del presente documento contribuya pequeña pero significativamente para ayudar a conocer nuestra realidad nacional, a partir de sus pensadores.

Piura, 12 de septiembre de 2017

CUESTIONES PREVIAS

Contexto histórico

Nuestro país ha tenido problemas institucionales aún antes de alcanzar la independencia, y si vale exagerar, desde antes de la conquista. Ya el Incanato era una subyugación de culturas por parte de los Incas, culturas que vieron su oportunidad de oro para independizarse cuando llegaron los españoles.

Desde la corona española se plantearon una serie de medidas de protección del nativo americano que debía cuidarse hasta que sea un súbdito más del reino español. No obstante, una realidad diferente se dio en la Metrópoli y otra muy diferente en el virreinato, donde un grupo de poder subyugo a los demás. Se había reemplazado a los Incas, primero por los españoles conquistadores y luego por los españoles americanos o criollos.

Será ya en la independencia americana, que le toco independizarse al Perú, y su independencia no fue producto de los peruanos, sino de corrientes libertadoras que llegaron desde Argentina y Venezuela, produciéndose con ello una ruptura en la identidad del país, especialmente, para varios españoles americanos que no deseaban la independencia. Pero, a partir de la misma se encuentran en una nueva situación, ya no tendrá que responder el criollo ante la corona española, sino que ahora estará a cargo del nuevo país, debido a que se concibe como la clase dirigente que buscará conducirnos al progreso.

Pero, no hubo progreso, ni hubo estructuras políticas sólidas. Debido que, al verse libres de la corona española, y al no haber deseado inicialmente la independencia, ahora se encuentran con el botín destapado y todos queriendo poseerlo, es decir, se iniciaran una serie de luchas de caudillos por ostentar el poder, retrasando con ello el progreso del Perú, y manteniendo a las clases sociales bajas en igual o peor condición, dada que la independencia fue hecha por extranjeros favoreciendo la burguesía peruana conformado por varios criollos.

Sin embargo, el país se recuperará y tendrá la ilusión de crecimiento en base a recursos que la naturaleza había depositado en nuestro territorio, estamos hablando del guano y posteriormente del salitre. Y será gracias al guano, recurso bastante apreciado en otros países que se “propiciará el nacimiento del primer partido político, en el sentido estricto del término, y que fue el Partido Civil, [el mismo que] se forma con lo más graneado de la oligarquía limeña”[4]. El exitoso negocio del guano enriqueció a comerciantes peruanos de una manera espectacular, “formando una nueva elite adinerada que emparentada en ventajosos e interesados matrimonios y enlaces con las antiguas y señoriales familias capitalinas, formarían la llamada oligarquía nacional”[5].

Pero, será en el gobierno del presidente Balta, que, debido a una aguda crisis fiscal originada por la deuda externa, que el recién nombrado Ministro de Hacienda, Nicolás de Piérola firmará el contrato Dreyfus, permitiendo que la firma francesa reemplace a los empresarios peruanos que explotaban este recurso. Por lo que, “[e]l escandalo no se hizo esperar y los consignatarios [nacionales] como reacción apasionada y a la vez de cálculo, terminarían por formar un partido político que los represente: el cual toma por nombre Partido Civil, mostrándose dicha agrupación entonces, como un claro y notorio defensor de los intereses de la mayoría de la alta clase limeña. Su líder natural, candidato en las siguientes elecciones y luego elegido presidente del Perú en 1872, Don Manuel Pardo y Lavalle, era un rico consignatario de guano, el más importante.[6]

Al entrarse en una crisis del guano, se buscan nuevos recursos que explotar, y se encuentra el salitre del sur que no estaba siendo aprovechado, lo que unido a un pacto secreto de mutua protección firmado con el vecino país de Bolivia, y los desencuentros producidos con Chile, nos llevará inexorablemente a una catástrofe nacional, llamada la Guerra del Pacífica, que si bien da lugar a demostrar la línea de héroes que tienen el Perú, será una guerra que se pierda con nefastas consecuencias. Recordemos que Bolivia, quien nos metió en el conflicto se retira pronto de la guerra dejando a Perú enfrentarse a Chile, y si bien se guardaba un optimismo fundado en el pasado se comprobaría con dolor que no se había sabido fortalecer nuestro ejército, no habiendo aprovechado la “prosperidad falaz” que nos garantizó el guano.

La guerra del pacifico, encontró en el Perú un país débil, dividido que no había mejorado sus infraestructuras evitando con ello su desarrollo. Y será la perdida de esta guerra, la destrucción del país, la continua lucha por el poder que recae en pocos y que no permiten crecer al Perú, caldo de cultivo del cual emergerá la figura de Manuel Gonzales Prada e iniciará el desarrollo de su pensamiento a partir del “discurso en el Politeama”.

Biografía

Manuel Gonzales Prada nació en Lima el 05 de enero de 1844, siendo sus padres Don Francisco González de Prada y Marrón de Lombera (1815-1863) y Josefa (Pepa) de Ulloa y Rodríguez de la Rosa (1820-1887), ambos de destacadas familias aristocráticas y religiosas; lo que para algunos será el primer detonante, quizás por una mala relación con los mismos, de su problema existencial que terminará haciéndolo acercar al obrero y alejarse de la aristocracia, lo que significativamente hace al renunciar al “de” de su apellido; y también terminara alejándose de la religión y hablando abiertamente contra la misma[7].

Desde joven se inició en la literatura, escribiendo poemas de influencia romántica, pero pronto pasaría al modernismo. Logrará ser admitido “como socio de la Sección Artes y Letras del Círculo Literario, presidido por Francisco García Calderón[8]“, futuro presidente del Perú; siendo luego crítico con el mismo.

En el ámbito del romance, “Manuel se enamoró de Verónica Calvet de Bolívar, de unos veinticinco años de edad, cuando don Manuel frisaba los treinta. De sus vínculos amorosos nació Mercedes, en 1878. ¿Por qué no se casaron? Tal vez porque el año anterior Manuel había conocido a Adriana de Vernehuil y Conches, agraciada adolescente francesa, con quien se casaría en 1887”[9].

Ante la guerra del pacifico, Manuel Gonzales Prada decidió defender su país y unirse a la resistencia, por lo que “en 1880, cuando los chilenos triunfantes se acercaban a Lima, don Manuel combatió defendiendo el cerro del Pino (a unos dos kilómetros al sur de Lima), vecino a Chorrillos, donde los invasores dos días antes habían prendido fuego a la ciudad. Después de cumplir el deber de defender a la patria, el entristecido Manuel se encerró en la casa materna durante la mayor parte del cuatrienio de la ocupación de Lima. La catástrofe nacional fue definitoria para González Prada y su generación. La estela de pesimismo y revanchismo frustrado lo afectaron profundamente”[10].

Será en 1884, cuando Chile se retira de Lima, que surge de su retiro voluntario para combatir el desbarajuste moral y a los responsables que nos habían llevado a la derrota, siendo este el punto de partida del pensamiento político en Gonzales Prada. Y será en este período donde se inicia por parte de este pensador el uso de su literatura como medio de protesta para acusar las deficiencias y errores cometidos por quienes ostentaban el poder para enriquecerse a si mismos, perjudicando a todo un país, especialmente a los más necesitados que no habían podido fugar del enfrentamiento.

En 1885 entra al Ateneo, nuevo nombre del Club Literario, pero será decepcionado por el conocido conservadurismo de dicha agrupación. Debido a esto, fundará e integrará el Círculo Literario, siendo posteriormente su presidente, considerando a este grupo como “el partido radical de nuestra literatura”[11]. Y será para fiestas patrias de 1888, cuando, “el ecuatoriano Miguel Urbina, con voz límpida, leyó en el Teatro Politeama de Lima la famosa disertación de González Prada, Discurso en el Politeama. Las felicitaciones por tan polémica pieza de oratoria, especialmente procedentes de provincias, fueron difundidas por Abelardo Gamarra en La Integridad, para disgusto de los periódicos gubernamentales, que lo atacaban, condenaban y apoyaban su excomunión”[12].

“En mayo de 1891 González Prada, Germán Leguía Martínez, Víctor Maúrtua, Luis Ulloa, Carlos Rey de Castro, el trujillano Wenceslao Cuadra y cuadros del Círculo Literario fundaron la Unión Nacional, cuya “Declaración de principios”, redactada por don Manuel y publicada el 16 de mayo de 1891 en La Integridad, expresa objetivos reformistas para establecer un gobierno parlamentario dedicado a un programa de reformas sociales y medidas en defensa del indígena. Poco después, el nuevo partido político lo nombró su presidente”[13]. No obstante, sumido en un pesimismo, por la pérdida de dos hijos con su esposa decidirá viajar a Francia dónde el contacto con los intelectuales europeos moldeará su pensamiento. Es preciso señalar, que en Francia nacerá su hijo Alfredo (1891), y que de esa ciudad también verá la luz “Pájinas Libres” (1894).

Luego de Francia inicia un recorrido por Europa que terminará con dos años por España, luego de los cuales, regresa al Perú el 2 de mayo de 1898, volviendo a combatir la corrupción y mal gobierno que ostentaba nuestra patria. Pero, como muestra del anarquismo creciente en su persona, rechazará ser candidato presidencial por su partido, ni acepta ser candidato a la vicepresidencia.

En cambio, publicará en 1901 “Minúsculas”, en 1908 “Horas de Lucha”, en 1909 “Presbiterianas”, y en 1911 “Exóticas”. Y en 1912 acepta ser director de la biblioteca nacional, lo cual reanimará los conflictos contra los escritores conservadores, que lo llamaron “convenido por el poder”, a los cuales responderá con un balance de la biblioteca en el que se muestra varias críticas a las gestiones anteriores que califica de desastrosas[14].

Para “Manuel, 1918 fue un año de hondas preocupaciones, como lo revelaron los escritos inéditos que arrumaba en su escritorio de casa mientras desempeñaba la dirección de la Biblioteca Nacional. Presintiendo la aproximación de la muerte, escribió composiciones contra las crueldades encontradas en la vida. Murió de un infarto cardiaco a las 12:40 de la tarde del 22 de julio de 1918. Así partió el maestro, dejando su obra inconclusa. Por suerte, había plantado semillas cuyos frutos cosecharían sus numerosos discípulos”[15].

Luego de su muerte se han publicado varias obras póstumas entra las que encontramos “Libertarias (1938), Baladas peruanas (1939), Letrillas (1975) y Cantos de otro siglo (1878), o que permanecen inéditos en la Biblioteca Nacional del Perú”[16]. Y “[e]ntre las obras publicadas por su hijo Alfredo, destaca Nuevas pájinas libres, impresa en Santiago de Chile en 1937, con una “Advertencia del editor”. Dividida igualmente en cinco partes, la obra contiene quince ensayos y seis prólogos a diferentes libros de escritores amigos. La calidad estética del gran escritor se confirma en esta publicación”[17].

El pensamiento

Manuel Gonzales Prada es recordado por expresiones lapidarias en frases famosas, como: “Los viejos a la tumba los jóvenes a la obra” (Discurso en el Politeama), “rompamos ese pacto infame y tácito de hablar a media voz” (Discurso del Teatro Olimpo), “el Perú es un órgano enfermo, donde se aplica el dedo brota la pus” (Propaganda y ataque), “En el Perú, los militares piensan que el último galón de su carrera es ser Presidente de la República” (Horas de Lucha), “no forman el Perú, las agrupaciones de criollos y extranjeros que habitan la faja de tierra situada entre el Pacífico y los andes; la nación está formada por la muchedumbre de indios discriminados en la banda oriental de la cordillera” (Horas de Lucha).[18]

Las ideas que influyen en el pensamiento de Manuel Gonzales Prada no son tan fáciles de ubicar. En sus escritos él se declara un “libre pensador”, al mismo tiempo que aparecen muestras de un profundo radicalismo que busca la revolución. Posteriormente, se concebirá como un anarquista por lo que ubicarlo en un espectro ideológico es una tarea muy ardua[19].

Hasta llegado 1860, el panorama en el tema de las ideas y la filosofía en el Perú era copado por un eclecticismo dentro de un pensamiento escolástico, que a definición de Gonzales Prada se encontraba ajeno por completo al progreso del conocimiento moderno”[20]. Si bien a partir de 1860, el positivismo empieza sus andanzas en las universidades, será Manuel Gonzales Prada el mayor exponente de un “positivismo no universitario”, sin que esta visión signifique una mirada peyorativa ni discriminadora. Esto es porque “[l]os estrechos límites sociales en que se movían los intelectuales hispanoamericanos jugaron un papel decisivo tanto en los motivos y asuntos tratados en sus obras como en los medios –prensa, principalmente- ante un público por construir[21].

Durante su instancia en París, asiste asiduamente a las clases de Ernest Renan y Louis-Nicolas Ménard en el Collège de France, y a las salas de lectura de la Biblioteca Nacional. Allá hizo pesquisas sobre métrica, rítmica. Además, leyó tanto las obras de antropólogos sociales (Le Bon, Gumplowicz y Tarde), como de los anarquistas Bakunin y Kropotkin. En La Sorbona, escuchó las charlas del egiptólogo Henri Maspero (1846-1916) y concurrió a charlas sobre literatura china. Se matriculó como alumno libre de esa venerable institución de alta cultura, alternando su asistencia con visitas a los museos y concurrencia a la Comédie Française y a la ópera[22]. En los museos que frecuentaba se encontraba el Museo del Louvre y asistía a diversos auditorios donde se pronunciaban conferencias sobre el positivismo de Comte. Estuvo presente en los sepelios de varias personalidades de renombre internacional: Renan, Maupassant, Leconte de Lisle y Louis Pasteur. En los funerales de Maupassant escuchó a Émile Zola su apología al amigo y correligionario de la escuela realista. Y concurrió a representaciones de obras teatrales clásicas y se entusiasmó con las conferencias sobre positivismo.[23]

Por lo que podemos ubicar a González Prada como un intelectual del ochocientos que abraza el positivismo de la ciencia, sobre todo aquel proveniente de Augusto Comte, que renuncia a toda explicación trascendente y metafísica del universo para atenerse exclusivamente al conocimiento de los hechos a través de la observación y de la experiencia[24].

Un positivista que pasara a ser radical, cuando vea que el positivismo por si solo no puede implantarse y dar respuestas a las realidades del país, cuando descubra que el positivismo se une más a las personas que mantienen el poder, y queda lejos del pueblo que necesita el cambio. Y en ese sentido, el González Prada radical solo fue una simple etapa en su marcha al anarquismo[25].

Un anarquismo del que da señales claras cuando renuncia a ser candidato a la presidencia del Perú. Y que sigue mostrando al censurar la organización política y social del país. Un anarquismo que reclama igualdad, y que inicia su búsqueda en la defensa de los derechos de los indios maltratados. Un anarquismo que en muchos casos se tiñe de tintes de socialismo, y que por lo general es herético[26].

Un anarquismo que desarrollará el individualismo presente en él. Y que será el paradigma que supere un positivismo estático. Estableciendo en el proceso la base de una ontología individualista, basada en el orden individual en vez del colectivo, para preparar el camino hacia una etapa anarquista”[27].

Es necesario tener en cuenta que el recorrido que hace Gonzales Prada es sui generis, dado que si bien, “[e]s evidente que el énfasis de los radicales peruanos estuvo más bien en la reordenación y casi se podría decir que en la refundación del Perú político y social desde sus cimientos al nivel de un ideal que nunca se alcanzó de acuerdo con sus expectativas. Los radicales peruanos tuvieron una orientación hacia los temas del trabajo y los grupos artesanales. Pero, los radicales no llegaron a ser, sin embargo, anarquistas o socialistas (democráticos o marxistas)”[28].

La anarquía de Gonzales Prada busca desligar al individuo de la Iglesia, y del estado, siendo su única meta que el sujeto sea capaz de crear su destino. Manuel, “[s]e pone al lado de la plebe porque se ha frustrado con la corrupción de la oligarquía, [y aquí encontramos] […] su fuerza motriz […]: la protesta”[29]. Será por esto, que reclame originalidad en la soledad del individuo, que no solo se extienda al ámbito político, moral, sino también en el ámbito literario.

Por lo que será en base a este anarquismo e individualismo, que logrará crear una literatura nacional moderna, y propondrá modificar tanto la ortografía como el contenido cognoscitivo del castellano[30]. Siguiendo a Andrés Bello y Domingo Faustino Sarmiento, en el “Discurso en el Ateneo” y “Notas sobre el idioma”, don Manuel discrepó de la ortografía oficial y propuso el uso del apóstrofe, las contracciones clásicas del, della y desa, el uso de la vocal i en vez de la conjunción y, la sustitución de la g por la j delante de las vocales e e i, etc. y otras reformas. [31]  

De “Pájinas libres”, Unamuno dirá: “Es […] de los muy pocos libros latinoamericanos, que he leído más de una vez; y […] de los cuales tengo un recuerdo vivo”.[32] En este libro, González Prada resalta “como idealista imaginativo, apóstol perfeccionista, predicador ético y sembrador de ideas. Su inclaudicable oposición a los déspotas le hizo a veces excederse en la denuncia, no obstante, su permanente esfuerzo para afirmar y negar respaldándose en la verdad […][33].

Después de retornar de Europa, se acercó al proletariado y publicó ensayos progresistas, convirtiéndose en el más importante pensador radical hispanoamericano. En 1908, publicó “Horas de lucha”, su segundo libro en prosa sobre la realidad nacional, donde destacan “Los partidos y la Unión Nacional”, “Nuestro periodismo”, “Nuestros conservadores”, “Nuestros liberales”. “Nuestros magistrados”, “Nuestros legisladores”, “Nuestra aristocracia” y otros ensayos que radiografían la sociedad peruana, y con metáforas cargadas de ironía y sarcasmo, critica implacablemente las instituciones del país[34].

COMENTARIO AL DISCURSO EN EL POLITEAMA

Este discurso inicia la vida política de Manuel Gonzales Prada, y es recordado a través de generaciones como un llamado constante a la juventud. Y en el que se muestran los primeros esbozos de las corrientes filosóficas que ya están de boga por el viejo mundo y que nuestro autor adoptará en su totalidad cuando haga su estancia en Francia y posterior recorrido por Europa.

Si existe una expresión que vuelve a menudo bajo la pluma de González Prada, de hecho, es la fórmula “ciencia positiva”, porque buscará reconstruir el país conforme a un plan matemático[35]. Lo que entra en relación con esa fe ciega en el progreso indefinido de la humanidad que caracteriza a la ilustración, y sobre todo al final del siglo XIX. “El cientificismo de González Prada tiene sus raíces profundas que lo convierten en una figura representativa del siglo XIX y en el continuador, a principios del siguiente de varias generaciones de […] progresistas, herederos ellos mismos de las Luces y de la Revolución Francesa”.[36]

En este Discurso convoca de manera directa a la ciudadanía a luchar por un cambio social contra los males que aquejaban a la sociedad peruana y se habían incrementado luego de la tragedia de la derrota en la reciente guerra. Desplaza toda su artillería contra la vieja herencia colonial española a la cual trata de manera feroz y la acusa de ser el origen de todos los males de la nación. Agrega que su innegable representante es la oligarquía limeña que condensa en ella la responsabilidad de un país sumido en la miseria, el prejuicio y la desolación.

 “El organizador de la velada en que se leyó este discurso fue el profesor de música José Benigno Ugarte, director del Colegio de Lima y representante de los Colegios particulares de la capital peruana para dicha organización. Debe llamarse la atención sobre la época y las circunstancias en que fue pronunciado el discurso. Su objeto fue iniciar la colecta nacional para reunir un millón de soles que el Perú debía pagar a Chile en el caso de que el Plebiscito a realizarse, para determinar la suerte definitiva de las provincias de Tacna y Arica-entregadas por diez años a Chile- favoreciera al Perú. Esto fue establecido por el Tratado de Ancón del 20 de octubre de 1883. A la velada asistieron el presidente de la República y sus ministros. Manuel González Prada emblema del revanchismo fue invitado a hablar; él redacto el discurso y lo hizo leer por un joven estudiante, él concurrió de incognito”[37].

Gonzales Prada insiste en un llamado generacional, donde las nuevas generaciones alzaran la mirada y con el dedo señalando juzgaran los fracasos de los mayores que ostentaban el poder. Busca el pensador joven que salga acusador y lleno de energía para cambiar una realidad, censura a los viejos a quien les acusa de una actuación irresponsable que nos ha llevado a una guerra civil de medio siglo, a la quiebra fraudulenta y a una mutilación del territorio[38].

Loa actores que han llevado la vida política del país se les acusa de despilfarro irresponsable, y de mediocres. Nos dice que la ocasión, el reunir el dinero es la intención de los niños de rescatar con el oro lo que sus padres, nuestros padres, no han sabido proteger con el hierro, con las armas. Aclama una y otra vez que los mayores deben temblar ante las acusaciones históricas que les plantearan los jóvenes que no reciben un país rico, sino un país en crisis por su responsabilidad, por sus peleas, por sus ambiciones puestas por encima de la realidad nacional. Los verdaderos enemigos no han sido los chilenos invasores, sino nuestra ignorancia, nuestro espíritu de servidumbre, nuestro país feudal y caudillista, y por lo mismo dividido en sectores, personas que no se reconocen como parte del Perú.

Nos dirá, que “aunque sea duro y hasta cruel repetirlo aquí, no imaginéis señores que el espíritu de servidumbre sea peculiar a sólo el indio de la puna, también los mestizos de la costa recordamos tener en nuestras venas sangre de los súbditos de Felipe II mezclada con sangre de los súbditos de Huayna Cápac. Nuestra columna vertebral tiende a inclinarse”[39].

Acusa a los que han ostentado el poder de haber convertido al país en un lugar dirigido por aficionados, en un país retrogrado, retrasado, en un país de ignorantes. Y acá nos muestra Gonzales Prada la Solución, el darle lugar a una nueva ciencia, y dejar de lado esa ciencia momificada que socaba nuestras universidades, nos está hablando que dejemos los estadios teológicos y filosóficos para llegar a un estadio científico, al positivismo de Comte.

. Niega la existencia de un verdadero partido liberal y de un verdadero partido conservador. Solo muestra tres grandes divisiones en el país: los gobiernistas, los conspiradores y los indiferentes por egoísmo, imbecilidad o desengaño. Pero, si damos lugar a esa Ciencia nueva, a la nueva diosa, nos hará libres, hombres fuertes. Manuel nos muestra un pensamiento positivista que rescata esa fe en el progreso indefinido, visión ilustrada que promete escatologías secularizadas, es decir, la salvación ya no en el más allá sino en la tierra misma.

Luego hará una descripción de la realidad nacional, tan certera como extraña hasta ese momento, nos dirá que “[n]o forman el verdadero Perú las agrupaciones de criollos y extranjeros que habitan la faja de tierra situada entre el Pacífico y los andes; la nación está formada por la muchedumbre de indios diseminadas en la banda oriental de la cordillera”[40]. Y de esa manera extiende el proceso de independencia, que hasta ese momento solo se había concebido para burguesía acomodada, mientras que el indio y las clases pobres habían seguido viviendo como si nada hubiera cambiado. El Perú se extiende y se abren caminos ignorados.

Gonzales Prada muestra su pesimismo respecto a la generación actual de gobernantes, es por ello por lo que hace un llamado a una nueva generación que se encargue del país. En ese sentido nos dirá: “que vengan arboles nuevos a dar flores nuevas y frutas nuevas. ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!”[41].

Nos pide que no nos silenciemos, que nuestro odio justo ante las personas que han arruinado el país se pronuncie que los despierte de su corrupción, que como hombres libres actuemos mostrando el camino que se debe seguir. Nos reconoce como un país rico, pero cuya riqueza principal seria la acción libre del hombre, obviamente guiada por una nueva ciencia, la ciencia positiva. Somos mejor que el gobierno, somo el pueblo que camina, que no se encorva, que no es siervo, en ese sentido nos afirma: “[l]a historia de muchos gobiernos del Perú cabe en tres palabras: imbecilidad en acción; pero la vida de todo el pueblo se resume en otras tres: versatilidad en movimiento”[42].

Tenemos todos los peruanos sentimientos que nos pueden permitir recuperar lo grandioso de nuestro país, que son capaces de regenerarnos y salvarnos, estos serían el amor a la patria y el odio a Chile[43]. Un discurso confrontacional, entendido en el contexto de la Guerra, de un Chile que había destruido el Perú, de un gobierno que el pueblo siente como responsable, y en ese sentido sienten que los gobernantes no aman al país que les toca gobernar, un creciente llamado de atención que hace que cada joven se levante para trabajar, eso si, conjuntamente, no por un interés personal, sino por el interés de la sociedad.

Un llamado que sigue estando vigente en la actualidad, pero no de forma tan radical, no con los tintes anarquistas respecto al gobierno, pero sigue siendo un llamado a que cada generación se preocupe por su país, ame a su país, y que ya no sean los puntos de partida el odio a otro país, que no se pierda el tiempo en ello, sino que nos concentremos en nosotros. Ni una ciencia positiva, que se mostró como un fracaso a lo largo de la historia, pero que, si sea nuestra tarea, identificar las necesidades concretas del país y de los peruanos y buscar satisfacerlas para alcanzar un bien común que se asocie del bien personal de cada ciudadano.

CONCLUSIONES

  1. El aporte de Manuel Gonzales Prada consiste en innovar en el ambiente cultural-político limeño que no se había movido desde la independencia. Y no solo lo logra en el plano de las letras, debido a que su radicalismo quiere cambiar la sociedad peruana que aún conserva tintes coloniales. En ese sentido, se constituye como el primer gran modernizador del Perú, que intenta corregir los males de la sociedad desde sus raíces.
  2. Manuel Gonzales Prada pertenece a un período eclético en el que encuentra diversas influencias: romanticismo, positivismo, anarquismo, entre otros. Por esto se puede describir como eclético, si entendemos al modernismo como una realidad eclética, entonces también lo podemos describir y clasificar como un pensador modernista.
  3. La crítica de Manuel Gonzales Prada responsabiliza a tres actores de la política nacional: a) La Oligarquía Nacional. b) La alta jerarquía del Ejército Peruano y c) La Iglesia Católica. Y por ello, someterá a estas tres instituciones, que vienen a conforman una especie de “antiguo régimen” en su mentalidad a una furibunda critica, en el marco de un despiadado análisis de la realidad nacional post guerra del pacifico.
  4. Manuel González Prada estuvo convencido de encontrarse en el umbral de una gran transformación histórica nacional, en el inicio de la revolución, en la cual lo viejo y lo nuevo colisionan en circunstancias en que las glorias del pasado sirven de lanzas para forjar el futuro. En esta coyuntura, entiende al escrito como un medio de propaganda y ataque.
  5. Manuel González Prada también marcó profundamente la política peruana. Su pensamiento ha influido en la redacción de programas para modernizar y democratizar el país. Su aversión a las limitaciones y prejuicios sociales, al colonialismo estético y a la sociedad retrógrada lo empujó a producir una literatura política sobre los males del país y la transformación social. Su defensa de los desamparados del mundo le ganó adeptos y admiradores en muchas partes.
  6. Manuel González Prada intentó ser a la vez ecuménico y local. Se esforzó por interpretar al peruano y lo peruano como parte de su esfuerzo de identificación continental. Su espíritu innovador no se riñe ni con el clasicismo ni con la erudición internacional. Eso sí, adapta siempre las ideas foráneas, clásicas o modernas, a la realidad americana. Del liberalismo positivista evolucionó al anarquismo. De la literatura objetiva y social, impregnada de cientificismo y regida por el ideario del progreso, llegó a la literatura de propaganda y ataque a favor de la creación de una sociedad ácrata. Constituyéndose por su innovadora literatura política, tan rica en ideas, en un adelantado del pensamiento contestatario, un “precursor del nuevo Perú”.
  7. El Discurso en el Politeama se constituye como el punto de partida de Manuel Gonzales Prada, donde ataca el pasado identificándolo con los estadios religiosos y filosóficos, proponiendo que los “viejos” y lo “viejo” del lugar a los “jóvenes” y a lo “nuevo”, una nueva ciencia que encuentre las respuestas que el Perú necesita para el progreso. Y guarda, un voluntarismo creciente en ese positivismo, que luego derivará en escritos posteriores en radicalismo para convertirse en anarquismo, la voluntad individual de llamar a todos para cambiar en base a la ciencia, a pesar que un país no desarrollado no podría recibirla con los brazos abiertos. Y se adelanta en su vida, al pesimismo post guerra mundial, que nos enseña que la ciencia no es la solución; derivando primero por lo radical para volverse luego el anarquista que conocemos.

BIBLIOGRAFÍA

Alarco, Luis F. Pensadores Peruanos 7. Santa Rosa, 1952.

Cateriano, Pedro, ed. Veinte peruanos del siglo XX: Manuel González Prada, Francisco García Calderón, Víctor Andrés Belaunde, José de la Riva-Agüero y Osma, César Vallejo, Honorio Delgado, José Luis Bustamante y Rivero, Pedro G. Beltrán, José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre, Raúl Porras Barrenechea, Luis Alberto Sánchez, Jorge Basadre, José María Arguedas, Fernando Belaunde Terry, Luis Bedoya Reyes, Fernando de Szyszlo, Blanca Varela, Luis Banchero Rossi, Mario Vargas Llosa. 1ª ed., 1ª reimp. Lima: Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, 2009.

González Prada, Manuel, and David Sobrevilla. Manuel González Prada: ¡los jóvenes a la obra! textos esenciales. 1. ed. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2009.

Leguía, Jorge G. Hombres e Ideas en el Perú. Lima: Asociación Cultural de Integración, 1989.

Olivari Ortega, Walter R. Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis. Bogotá; [TESIS] (accessed 2015).

Sánchez, Luis A. Elogio de don Manuel González Prada: Mito y realidad de González Prada. Serie obras escogidas. Jesús Maria: Universidad Inca Garcilaso de la Vega Fondo Editorial, 2016.

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[1] Luis A. Sánchez, Elogio de don Manuel González Prada: Mito y realidad de González Prada, Serie obras escogidas (Jesús Maria: Universidad Inca Garcilaso de la Vega Fondo Editorial, 2016), 14

[2] Pedro Cateriano, ed., Veinte peruanos del siglo XX: Manuel González Prada, Francisco García Calderón, Víctor Andrés Belaunde, José de la Riva-Agüero y Osma, César Vallejo, Honorio Delgado, José Luis Bustamante y Rivero, Pedro G. Beltrán, José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre, Raúl Porras Barrenechea, Luis Alberto Sánchez, Jorge Basadre, José María Arguedas, Fernando Belaunde Terry, Luis Bedoya Reyes, Fernando de Szyszlo, Blanca Varela, Luis Banchero Rossi, Mario Vargas Llosa, 1ª ed., 1ª reimp (Lima: Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, 2009), 15

[3] Walter R. Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis (Bogotá); [TESIS] (accessed 2015), 6

[4] Ibid., 13

[5] Ibid., 14

[6] Ibid.

[7] Luis F. Alarco, Pensadores Peruanos 7 (Santa Rosa, 1952). 53

[8] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 17–18

[9] Ibid., 18

[10] Ibid., 18–19

[11] Ibid., 19

[12] Ibid., 20

[13] Ibid., 20–21

[14] Manuel González Prada and David Sobrevilla, Manuel González Prada: ¡los jóvenes a la obra! textos esenciales, 1. ed. (Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2009). 106

[15] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 26

[16] Ibid., 27

[17] Ibid., 32

[18] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 7

[19] Ibid.

[20] Ibid., 18

[21] Ibid., 19

[22] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 21

[23] Ibid., 22

[24] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 73

[25] Ibid., 77

[26] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 23–24

[27] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 83

[28] Ibid., 77

[29] Ibid., 87

[30] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 28–29

[31] Ibid., 31–32

[32] Ibid., 29

[33] Ibid., 31

[34] Ibid., 29

[35] Jorge G. Leguía, Hombres e Ideas en el Perú (Lima: Asociación Cultural de Integración, 1989)

[36] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 21

[37] Ibid., 32–33

[38] González Prada and Sobrevilla, Manuel González Prada. 238

[39] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis. 33

[40] González Prada and Sobrevilla, Manuel González Prada. 239-240

[41] Ibid. 240

[42] Ibid. 241

[43] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 32–35

El ser humano en el mito griego

El ser humano en el mito griego

Edwin Leonel Córdova Reto

El ser humano se asombra de la realidad que observa y formula unas interrogantes, las que inicialmente son respondidas mediante mitos. Por lo que se realizará un breve recorrido a través de los mitos griegos, que son el inicio de la civilización occidental, en los que reside una noción pre-filosófica del ser humano. No esperamos encontrar una definición completa de la persona en los mitos griegos, pero si unos indicios que nos permitan captar esa noción y cuestionarnos sobre su actualidad.

La realidad de la persona es experiencial  (WOJTYLA, 2014, págs. 39-41), por ello, conoce diferentes realidades y se pregunta por ellas y por su propio ser personal. Y es a partir de ese elemento experiencial y de la reflexión del mismo, que el ser humano se auto-descubre como un ser pensante (DESCARTES, 1987, pág. 25), y da una serie de respuestas al mundo que experimenta, las primeras son respuestas míticas, y luego se da el paso del mito al logos (razón), lo que dio nacimiento a la filosofía.

No debe pensarse que la explicación mitológica era irracional. No se puede pretender creer que, de un momento a otro, griegos irracionales abrazaron la razón, esto es porque el mito en sí mismo es racional e intenta justificar la realidad. Por ello, primero debemos tener en cuenta que las tierras griegas sufrieron una serie de invasiones que derivaron en el cambio del contexto religioso primitivo, es decir, la antigua religión fue reemplazada por los dioses olímpicos. No me refiero a las guerras mitológicas que los mismos dioses olímpicos llevaron a cabo, sino del cambio de toda una concepción de la realidad, dado que se pasó de un estado dionisiaco a un estado olímpico dirigido por Zeus.

Esto es importante debido a que es el pensamiento religioso-mitológico el que identifica al pueblo griego, y de esta manera se sienten pertenecientes a un mismo espacio y tiempo, es decir, a una misma comunidad (SPAEMANN, 2000, pág. 228) que se ve fundamentada y representada por medio de su mitología. Y así como la persona humana se explica por sus acciones (WOJTYLA, 2014, pág. 42), los griegos se explicarán como comunidad por las acciones de sus dioses y héroes.

El dios primitivo de los territorios griegos era Dionisio, representante de la exuberancia y de la embriaguez, a quien se ofrecían sacrificios humanos. Este dios fue incorporado al panteón de los dioses griegos luego de las conquistas, quedando bajo el dominio de Zeus, como su hijo, lo que significaba un cambio en el orden del mundo, lo que incluía la erradicación de los sacrificios humanos. Pero, debe señalarse que la religión dionisiaca sobrevive y se supera a si misma intelectualizándose, convirtiéndose en el Orfismo, al cual llega Pitágoras quien propone un sistema filosófico-religioso en el cual el alma es más importante, y al morir la persona esta se transmigra a otro cuerpo.

Esto influirá a Platón, quien nos dirá que el cuerpo es la cárcel del alma  (PLATÓN, pág. 64c.), y que el alma tiene que purificarse para poder alcanzar el mundo de las ideas, por lo que de ser necesario se transmigrara hasta alcanzar la debida purificación. Pero el alma humana no puede hacerlo sola, necesita apoyo para realizar esa elevación, lo que significa que el ser humano debe encontrar un sentido para su vida que le permita alcanzar la perfección que buscan. Lo que es un gran aporte, que luego será superado por Aristóteles y desarrollado de modo pleno por la filosofía cristiana, en la que el cuerpo también tendrá un valor en el perfeccionamiento humano.

Por lo que en este largo camino del pensamiento no podemos ignorar el sendero iniciado por los mitos, los cuales en un inicio fueron utilizados para justificar diferentes tipos de hechos, incluyendo en ellos las acciones políticas, por ejemplo, si se quería mostrar un especial linaje para ocupar determinado cargo se explicaba que la familia provenía de un ascendiente divino. Asimismo, los Dorios justifican la invasión de los pueblos Aqueos, dado que se creían descendientes de Heracles, quien hubiera sido el legítimo rey de los territorios aqueos si no hubiera intervenido Hera, quien deseaba vengarse de la infidelidad de Zeus con la mortal Alcmena, lo que los justificaba como herederos de Heracles para ocupar dichos territorios.

Heracles dará sentido a su vida en cuanto acepta las tareas, las supera y tiene un propósito que alcanzar, es decir, su divinidad en el Olimpo. Heracles asumió sus doce tareas y acepto participar en la gigantomaquia, lo que nos muestra la obediencia que debe tener todo ser a la ley natural, a un orden en el mundo dado por Zeus. Un orden o ley natural que Antígona citará cuando pretenda enterrar el cuerpo de su hermano, y que Santo Tomás, a partir de la definición de ley (“una ordenación de la razón, en vista del bien común y promulgada por el que tiene al cuidado la comunidad” (TOMÁS DE AQUINO, Suma Teologica, 1485, págs. I-II, q.91, a.4.)) nos dirá que la ley natural consiste en un conjunto de prescripciones inscritas en la razón de toda persona humana que ordena hacer el bien y evitar el mal, para de esa manera alcanzar la perfección.

Cuando se da el paso del mito al logos surgen los primeros filósofos, a los que se les denomina naturalistas, dado que intentan encontrar un argé que explique el origen de todo lo real, y van poniendo sus razonamientos en elementos de la naturaleza que los entienden como los primeros principios y también en realidades indeterminadas, como el ápeiron. De igual manera, el mito griego explica que en el origen del mundo a partir de una realidad indeterminada que no tiene origen, el Caos. Luego, y de ningún padre o madre, nace la Gea, la madre tierra, y pone un poco de orden en el caos original. Posteriormente nace en las profundidades de la tierra el Tártaro, una deidad sin padres que puede ser entendido como el infierno. Finalmente aparece Eros que representa la generación, y que no debe ser confundido con el eros-cupido hijo de Afrodita y Ares.

Así se entiende que el mundo va adquiriendo un sentido, y de Gea, la gran madre, aparece pontos (los grandes mares) y Urano (el cielo), lo que no deja de ser una gran intuición en el mito griego, dado que los estudios sobre el origen del universo en sus teorías más aceptadas derivan todo a partir de un primera realidad que explosiono (La teoría del Big Bang), y que luego a través de una serie de procesos aparecieron los planetas entre los que se encuentra la Tierra (Gea), en la cual con el pasar de millones de años se desarrolló una atmosfera que apoyaba a la tierra en la historia del origen de la vida, el mismo que se produjo en los grandes mares que rodeaban la tierra primigenia, una sola masa de tierra a la que se acostumbra llamar Pangea.

La tierra por sí misma no era estable para originar la vida, lo que de cierta manera se entiende al señalarse que en el mito Gea tiene unos hijos llamados ciclopes y hecatonquiros, los cuales son encerrados por Urano, quien se ha puesto en la supremacía de las deidades y tiene una serie de hijos con Gea que van adquiriendo un mayor orden, es decir, se convierten en las fuerzas naturales, que en si misma son irracionales, en el sentido, que aún no son personificaciones, es decir, no son como las personas, y que serán reemplazados por los Dioses olímpicos que significan el triunfo de la persona, debido a que son personificaciones potenciadas de los seres humanos, con sus defectos y virtudes, pero sobretodo con un orden en el mundo, el cual lo brindaba Zeus.

Resulta interesante que de las guerras generacionales se note como el mundo se va ordenando poco a poco, el mundo se va convirtiendo en un lugar más humano donde la persona humana se desarrollara. En la primera guerra Urano a encerrado a los hijos deformes de Gea y evita que nazcan los Titanes, es decir, hay una serie de fuerzas encerradas en la tierra, que cuando logran liberarse cambiaran la configuración de Urano. Esto debido a que Cronos, con apoyo de Gea, castra a Urano, los cuales caen en la superficie del Mar originando a la diosa Afrodita, la urania. La belleza celestial a la que todos aspiran, y que permanece incólume, casta. A diferencia de la hija de Zeus, la afrodita Pandemia, que tuvo una vida promiscua, y que cuya elección como la más bella da inicio al fin de la era mitológica, la última gran guerra de los héroes, la guerra de Troya.

Regresando a las guerras generacionales notamos que la primera guerra ayudo a la configuración del mundo liberando unas fuerzas incontrolables en las que aún no era posible la vida humana. Pero, la segunda guerra generacional, configura definitivamente el mundo y en ese nuevo orden aparece el ser humano. La segunda guerra, la llamada titanomaquia, enfrenta a las fuerzas irracionales (los titanes) al nuevo orden (los dioses olímpicos) que habían sido tragados por Cronos, a excepción de Zeus que había sido salvado por su madre y que vence a su padre liberando a sus hermanos, en esta guerra se da un exterminio de lo irracional y el mundo queda configurado para la vida con una nueva atmosfera, dado que el cielo ha variado y ahora Urano necesita ser sostenido por Atlas como castigo por apoyar en la guerra.

Pero, esa configuración se completa con la otra gran guerra, la gigantomaquia en la que el mundo termina por ordenarse, dado que los gigantes, recién creados por Gea, se enfrentan por el poder ante los Dioses, en los cuales se lanzan pedazos de tierra que originarían las islas, y si recordamos que Grecia se caracteriza por ser un conjunto de islas, entendemos que no solo se puede entender la explicación de la deriva continental dejando de lado a la gran masa de tierra llamada Pangea. Sino que los griegos especialmente quieren señalar la importancia de su territorio donde se desarrollará la historia de la Grecia clásica, y en donde se originará el pensamiento occidental.

Para entender el sentido del hombre griego en la mitología hemos repasado la recreación del mundo, según la mitología griega. No obstante, hasta lo relatado, el hombre griego histórico aún no ha nacido. No podemos pedir una conexión histórica, es decir, un relato perfectamente cronológico dentro del mito griego, y muchas veces los relatos se entrecruzan y nos parecen que se contradicen bajo una concepción histórica que no conserva el mito griego cuyo tiempo es circular.

Es importante señalar que pueden señalarse hasta cinco edades o generaciones de hombres, la primera es la de los hombres de oro, mortales pero similares a los dioses que se convirtieron en daimones, seres espirituales de naturaleza intermedia que comunican a los dioses y a los mortales; posteriormente aparece la edad de plata que ya no son similares a los dioses, se ha empobrecido el ser humano y abandono el culto de los dioses, terminan después de muertos en la isla de los bienaventurados ocupando un rango inferior. Una tercera clase es la de los hombres de bronce, en ellas se da un aumento de la violencia, y terminan exterminándose a sí mismos.

Luego viene la raza de los semidioses o héroes, esta generación era justa y virtuosa, y perecen en su mayoría en las guerras de Tebas y Troya, quienes viven ahora en la isla de los bienaventurados. La guerra de Troya es la última gran guerra de los héroes, y la puerta de inicio a la Historia, dado que a partir de allí surge la generación de los hombres de hierro, nuestra generación. La cual será destruida cuando se degenere perdiendo el honor, el amor y la justicia quedando el ser humano aislado, sufriendo.

El ser humano recibe de Prometeo el fuego sagrado que se lo robo a Zeus, a partir de ese acto el ser humano es capaz de forjar herramientas en base al conocimiento iluminado, las cuales las uso para la guerra (hombres de bronce). Zeus molesto con el robo, y con el uso que le daban a la inteligencia recibida decidió castigar tanto al titán como al ser humano, por lo cual condeno al primero a un castigo de tiempo circular en la que encadenado un ave devoraba sus vísceras, mientras se recuperaba por las noches, y a los seres humanos les mando un diluvio que los extermino, excepto a Filemón y Baucis quienes fueron salvados por acoger a Zeus y Hermes, lo que nos muestra una característica de los griegos, la cual era acoger al extraño -porque podría ser un dios-.

Al mismo tiempo, mando a Pandora, quien se casó con Epimeteo (hermano de Prometeo), y desobedeciendo las indicaciones de este Titán, que no era tan listo como su hermano, abrió la vasija que le habían encomendado a su cuidado (la caja de Pandora), liberando con ello todos los males posibles. Pero, Deucalión (hijo de Prometeo) y Pirra (hija de Epimeteo), que se sentían solos en la tierra luego del gran diluvio pidieron consejo al oráculo, quien les indico que debían arrojar los huesos de su madre a sus espaldas, siendo que de las piedras arrojadas por Deucalión nacieron los varones y de las piedras arrojadas por Pirra nacieron las mujeres que forman el inicio de la generación actual.

El mito ha intentado explicar: la generación de seres humanos; como llega la inteligencia a nosotros, la que ha permanecido a pesar de haber llegado a una raza anterior de hombres; los castigos que recibimos, es decir, la debilidad y flaqueza de los seres humanos, los limites que nos agobian a todos, es decir, nos muestra que los seres humanos son limitados, y a pesar de esas limitaciones sigue buscando un sentido a su vida para superarse a sí mismo, es decir, para perfeccionarse o como diríamos con otros términos, alcanzar la felicidad. Y sobre este camino a la felicidad, es decir, sobre nuestro futuro más allá de este mundo, podemos encontrar tres mitos bastante interesantes como lo son: el de Heracles, el de Orfeo y Eurídice, y el de Eros y Psique.

En el mito de Heracles, al quien ya hemos mencionado, hijo de Zeus y de la mortal Almecna, odiado por Hera -y debido a ella se cambia el nombre de Alceo por el que lo haría famoso, el cual significa “siervo de Hera”- es el héroe griego por excelencia, el bisnieto de Perseo, un destinado a ser rey cuyo destino se le vuelve adverso y tiene que cumplir una serie de pruebas (doce tareas) para purificarse, el mismo que participo de varias guerras entre hombres, y sobretodo en la Gigantomaquia donde fue decisivo para terminar la guerra a favor de Zeus. Además, libero de las cadenas de Prometeo con el permiso de Zeus, lo que simboliza un perdón a Prometeo y también a la humanidad que había sido beneficiada con el fuego sagrado robado por nuestro benefactor. Y a su muerte es convertido en dios, siendo aceptado en el Olimpo, y casándose con una diosa. La metáfora del mito nos muestra como debe ser el ciudadano griego para divinizar su alma: servir a los dioses, obedecer a las leyes divinas y humanas, resarcir sus “pecados”.

La persona busca su felicidad de manera libre y la encuentra finalmente en Dios (REALE, 1984, pág. 150), que satisface todas nuestras exigencias y necesidades, es decir, plenifica toda nuestra vida. Esa búsqueda de la felicidad se pone de manifiesto al momento de elaborar un proyecto vital, y al destinarse al ser amado. A diferencia del mito griego, no estamos atados al destino, el ser humano tiene la capacidad de elegir, de autodeterminarse (BURGOS, 2011, págs. 132-134), hacia unos fines que han sido previamente vistos como verdaderos y buenos por nuestra inteligencia y voluntad, la naturaleza humana es libre (SELLÉS, 2006, págs. 541-546).

En el segundo mito nos encontramos a Orfeo, un músico talentoso, pero humano. Él se había casado o comprometido con la bella ninfa Eurídice. Pero un día Eurídice es mordida por una serpiente y muere. Orfeo no acepta ese suceso, lo cual puede ser visto como la peor de las cobardías en comparación a Aquiles que si muere por encontrarse con su amigo-primo Patroclo. Orfeo encanta con su música a Caronte y a Cerbero, emociona al mismo Hades, quien le permite sacar a Eurídice del infierno siempre y cuando no voltee a verla. Pero la impaciencia de Orfeo hace que faltándole un poco para salir del infierno voltee y pierda a Eurídice para siempre; el mensaje de este mito es que la muerte es insuperable para el ser humano. El ser humano se encuentra irremediablemente perdido a terminar muerto y a no poder hacer nada para divinizarse, los límites del hombre siguen al hombre hasta su muerte, porque más allá de la muerte no hay nada para el ser humano.

Pero, en la muerte no muere ni el cuerpo del hombre ni su alma por separados, sino que muere el hombre en sí mismo, es decir, la persona en su totalidad (YEPES, 1996, pág. 471). La muerte no es otra cosa que la separación del alma y del cuerpo, es decir, la separación de la materia y de su principio vital, que convierte el cuerpo en un cadáver. La muerte nos permite observar, que por muy unitario que sea el hombre, la unión alma-cuerpo no es suficientemente fuerte; si lo fuera, el hombre no moriría. Es precisa alguna debilitación para que pueda acontecer la muerte, pues en otro caso, siendo el alma inmortal el transito seria eterno (GARCÍA, 2011, págs. 244-245).

Asimismo, si nada contra la naturaleza puede ser perpetuo. Se puede concluir que el alma no estará separada del cuerpo por siempre. Por otra parte, como ella es inmortal, es preciso que de nuevo se una al cuerpo, lo cual es resucitar. La inmortalidad de las almas exige la futura resurrección de los cuerpos (GARCÍA, 2011, págs. 248-254). Se opone al mito de Eurídice en que no hay nada más allá de la muerte. Se concibe a la muerte como un trance, un momento en que el alma se separa del cuerpo, pero la persona no es su alma, es decir, no se dirige a un mundo suprasensible, sino que espera unirse a su cuerpo.

Pero, el ser humano sin ser un semidios podrá superar a la muerte, eso nos lo brinda el mito de Eros y Psique. En el cual Afrodita celosa de la belleza de Psique manda a su hijo Eros para que la mate. Pero Eros se enamora y la visita continuamente en la oscuridad, Psique agobiada por la preocupación al no conocer el rostro de su amante sigue los consejos de sus amistades y enciende una lámpara con cuyo aceite quema a Eros, el cual regresa al Olimpo. Esta situación es aprovechada por la diosa Afrodita para mandar a Psique al hades (inframundo). Al enterarse Eros, pide permiso a Zeus para rescatar a Psique del hades, lo cual consigue hacer y la lleva consigo al Olimpo junto a su madre.

En el mito vemos que el amor (Eros) es el único capaz de rescatar el alma humana (Psique) de cualquier caída, de las más oscuras profundidades, y llevarla a lo más alto posible, es decir, rescatar el alma y llevarla a lo divino junto a la belleza (Afrodita), que también puede ser entendida como bondad, verdad, es decir, alcanza lo divino. Este rescate del alma, lleva al ser humano a la inmortalidad, no es un camino que el ser humano pueda seguir solo, este darle sentido a la vida este cuidar el alma y dirigirla a su perfección es el camino que todo ser humano debe recorrer, un camino que no puede recorrerse solo dado que el ser humano es relacional, es decir, necesita del amor para vincularse a otros, entre ellos a Dios, en quien reside el bien supremo, la felicidad.

Psique sube en su totalidad, no como espíritu, porque si entendemos que vivirá con Eros en el Olimpo debemos entender que tiene un cuerpo, que va unido junto a su alma a la salvación, si bien esa es una intuición que no puede derivarse en estricto del mito, aunque debemos recordar que el alma es la forma del cuerpo (Aristóteles, pág. 412 a20.), y la forma no se entiende estando sola sino que necesita estar dando estructura a una realidad, estar formando un cuerpo. Por lo que debe entenderse que Eros no salvo solo el alma de Psique sino junto a su cuerpo, a toda su persona.

La corporalidad manifiesta lo limitado que es el ser humano, y siendo que el alma por sí sola no es la persona y el cuerpo por sí solo no es la persona, dado que ambos se encuentran intrínsecamente unidos en la vida, también compartirán un mismo destino en la muerte (MARTÍ, 2014, págs. 189-195). No se trata de dos mitades irreconciliables (YEPES, 1996, pág. 33), al contrario, esa felicidad se disfruta en cuerpo-alma al frente de la belleza divina, lo que es parte del proyecto vital en el cual debemos dotar a nuestra vida de sentido, llevándonos a una felicidad trascendente (YEPES, 1996, pág. 87).

De los tres mitos debemos destacar que la ley natural universal dada por el orden divino, por Zeus, debe ser siempre respetada. Es por eso que Heracles que obtiene el permiso para liberar a Prometeo y Eros que obtuvo el permiso para rescatar a Psique pudieron lograr su hazaña. Mientras que Orfeo no obtuvo ese permiso, quiso por su propia voluntad y por sus propios medios ir en contra de la ley natural. Si a eso le sumamos que desobedeció el mandato del dios Hades, al voltear a ver a Eurídice antes de lo permitido.

El amor permite relacionar a las personas, y para que esa relación se desarrolle con éxito se debe tener una idea de quien es cada uno, es decir, el ser humano debe conocerse a uno mismo para poder “dar” algo a los demás. Son las relaciones interpersonales el verdadero escenario de la existencia humana y por eso constituye quizá uno de los núcleos centrales del estudio antropológico (YEPES, 1996, pág. 183). La libertad significa apertura hacia los demás; de los cuales también se espera una respuesta (SELLÉS, 2006, págs. 613-619). Por ello, si no hubiese otro alguien que nos reconociera, nos escuchara y aceptara el don que ofrecemos la vida sería un fracaso (YEPES, 1996, págs. 81-84).

Si las relaciones interpersonales son de odio buscan destruir a las otras personas, si son de justicia buscan otorgarle lo que le corresponde, pero sin son de amor se busca por medio de la benevolencia reconocer el sentido del otro y apoyarlo en su perfección, esto se dirige especialmente a la persona humana teniendo en cuenta su dignidad. Y siendo que el amor no se da sin la belleza, es en este descubrir el sentido de las otras personas que se les observa como bellas y de nuestra interrelación con ellas queremos trascender a lo divino (MARTÍNEZ, 1996, pág. 129), impulsados por el amor de paso en paso hasta conocer la belleza en sí (ÁLVAREZ, 2006, págs. 21-22).

El amor benevolente se dirige a descubrir el sentido del ser amado y buscar su perfección. La benevolencia va dirigida a todo lo existente, y constituye el modo de amar más idóneo con el que se ama a las personas (GARCÍA, 2011, pág. 176). El amor benevolente tiene su origen en el descubrir el sentido de la propia vida y desear perfeccionarse; por ello, se puede afirmar que el amor humano inicia en el amor hacia uno mismo, dado que nadie da lo que no tiene, sino se ama a sí mismo no podrá amar a otra persona. Esto es porque el amarse a uno mismo es amar al ser que nos dio la vida (Juan Pablo II, pág. Numeral 16), a nuestros padres (piedad), a nuestros amigos y a Dios.

Los griegos han comprendido que el ser humano tiene una naturaleza particular, y desde sus propios mitos han descubierto su ser racional, las limitaciones de los hombres, la inmortalidad del alma, y en ese sentido se han cuestionado sobre si hay algo después de la muerte. Somos seres que pretendemos entender y descubrir un orden en el cosmos, la verdadera justicia que, si bien es entendida por Ulpiano como “darle a cada quien lo que le corresponde”, los griegos la entienden en un sentido cósmico, un orden universal que debe respetarse, y que si se respeta nos acercará a alcanzar la perfección.

Los mitos griegos cumplen la finalidad de su sociedad, es decir, dar unas tenencias éticas a los ciudadanos de las polis. Las personas buscan ser mejores, por ello, están los mitos, son explicaciones metafóricas no solo de las cosas sino de las decisiones que deben orientar la vida del griego, las que deben ser dirigidas a la verdad y al bien para evitar la irracionalidad de una vida guiada por la justicia cósmica dada por los dioses. Sin estas primeras explicaciones de la realidad, las explicaciones filosóficas, las leyes políticas y el desarrollo de las ciencias hubiera sido difícil. El mundo de los mitos nos guarda en sus historias el modelo del hombre griego, el modelo ético a seguir, y los errores que deben evitarse, siendo prevenidos de volar muy cerca al sol porque podríamos quemarnos.

El gran tema de la filosofía de la persona es el amar, la iniciativa para alcanzar a Dios no es humana, sino que es divina. Somos felices porque somos amados, el ser personal se abre a otros seres, y siempre se debe ser fiel a nuestra condición de personas. Es el individualismo moderno el que nos ha llevado a huir del amor, el hombre solo se centra en si mismo hasta desaparecer, al igual que Narciso que contemplándose a sí mismo, sin ser capaz de relacionarse ni de amar a los demás abandona su condición de humano. El ser humano esta irremediablemente lanzado a los demás, dado que su libertad siempre está dirigida a su perfección, y la perfección humana no es individual, sino que es una comunión entre personas.

El mito no debe ignorarse sino rescatarse como un medio adicional que nos permita encontrar el verdadero sentido de la vida humana a partir de un conocimiento de lo qué es la persona y de las relaciones que establece a lo largo de su vida, las cuales deben estar guiadas por el amor, se podrá tomar esperanzadamente una mano que nos libere de esa naturaleza caída, no perfecta, pero deseosa de perfeccionarse, y podremos alcanzar la felicidad en cada peldaño de la escalera de la vida humana y en cada una de nuestras dimensiones, dado que para alcanzar dicha felicidad, no debemos nunca de renunciar a la tarea de buscar la verdad, es decir, de buscar saber lo que las cosas son, lo que es la persona humana, en qué consiste y cómo alcanza su felicidad o perfección.

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NOCIONES PACÍFICAS PARA UNA ANTROPOLOGÍA PERSONAL

NOCIONES PACÍFICAS PARA UNA ANTROPOLOGÍA PERSONAL

El amor como vínculo de la perfección de la naturaleza humana

Edwin Leonel Córdova Reto

INTRODUCCIÓN

Un error pequeño en el principio se hace grande al final[1]. Por ello, para evitar errores en torno a la persona se hace necesario responder a la pregunta ¿Qué es la persona humana? Pero, no todos abarcan este tema de manera decidida y personal, al contrario, muchos aceptan una respuesta que previamente ha sido elaborada –y adoptada- en virtud de unos particulares intereses y circunstancias. Esto muestra a la humanidad como extraviada y dominada por el egoísmo y el miedo; sin dar espacio al amor que nos brinda una vida con esperanza, necesaria en un mundo que ha dejado de buscar su sentido.

Por ello, se hace necesario descubrir cuál es la naturaleza o esencia humana, y al mismo tiempo se nos hace urgente preguntarnos qué función tiene el amor en la búsqueda personal de la felicidad, si realmente nos guía a una vida plena y nos aleja de proyectos vitales mediocres, carentes de imaginación y desesperanzados del mundo. En consecuencia, el presente escrito no pretende dar respuestas definitivas, sino trazar unos lineamientos generales que nos permitan obtener una noción de la persona que haga posible formular una respuesta personal sobre el sentido de la vida y la felicidad.

¿QUÉ ES LA PERSONA HUMANA?

No se puede dar una definición exacta de la persona, dado que no se puede limitar clara y distintamente su ser personal. Pero, si podemos realizar un alcance de la misma a partir de la elaboración de una noción que brote de la experiencia personal de los seres humanos. En ese sentido, a partir del elemento experiencial común a todas las personas[2] y de la reflexión del mismo, es que la persona se descubre como un ser pensante[3], y así sus reflexiones sean correctas o no, puede concluir que es y que existe, por lo que afirmamos que la persona es un ente real que se relaciona con su mundo, y que al examinarse a sí misma, nota sus múltiples dimensiones armónicas entre sí, por lo que se le califica como “una realidad compleja”.

La primera dimensión que la persona identifica es la individual, dónde reconoce una intimidad en la que forma sus convicciones que regirán su acción. La segunda es la social, en la cual se relaciona con otras personas. Luego, al observar la corrupción de lo sensible descubre su dimensión material que le exige un cuidado para poder preservarse. Finalmente, distingue en sí una inmaterialidad que determina su corporalidad, y que sin ella se producirá la muerte, descubre su dimensión espiritual.

De las dimensiones de la persona humana se desprenden una serie de exigencias y necesidades, que debe satisfacer para desarrollarse. Por ello, se comprende que no somos perfectos, pero, a partir de la constante búsqueda de bienes entendemos que no deseamos quedarnos con esa imperfección, por lo que la noción de persona humana sería la siguiente: Una realidad compleja e imperfecta que tiende a la perfección[4].

La noción alcanzada nos hace entender que el término “persona” no otorga unos atributos especiales, sino que reconoce en los seres humanos unas determinadas características que los diferencian de los otros seres. Dicho de otro modo, el ser persona es un reconocimiento de una realidad ontológica, no es un acto constitutivo acerca de la persona humana[5]. Y es a partir de la noción propuesta se afirma que la naturaleza humana es teleológica, es decir, persigue una finalidad la cual es perfeccionarse a sí misma.

En ese sentido, puede afirmarse que la exigencia de auto-perfección y la consecuente necesidad de respeto que les es exigible a los demás constituyen lo que llamamos dignidad. La que obliga a todos a tratar a cada persona como fin en sí mismo, y no como medios para alcanzar nuestros propios fines. La dignidad es el fundamento de la persona que le permite -y le exige- seguir perfeccionándose a través de la obtención de bienes que satisfagan sus exigencias y necesidades. La vida es digna no sólo cuando existe la posibilidad potencial de alcanzar bienes que podrían perfeccionar al ser humano, sino cuando se alcanzan realmente, y está dignidad es igual para todos.

Por lo que puede afirmarse que la persona humana es una realidad absoluta no condicionada, es decir, es libre para vivir dignamente, para intentar alcanzar la felicidad, lo que tiene que ver con la formulación de un proyecto vital, y la constante relación con las demás personas en las que se pone de manifiesto el amor por medio de las relaciones familiares, las amicales y el amor eros que forma una familia.

Asimismo, observamos que la persona se desenvuelve históricamente, es decir, vive instalada en un espacio y tiempo determinado, en el cual busca perfeccionarse y exige el respeto de una determinada comunidad[6], con la que colabora para alcanzar el bien común. Es en el mundo donde la persona despliega su vida permitiéndole obtener bienes que perfeccionen su existencia, siendo capaz de relatar su vida de manera biográfica, es decir, explicándose por sus acciones[7]. Esto es posible solo si se habita el mundo, el hombre es el único ente que habita, el único habitante, dado que es capaz de observarlo, comprenderlo y modificarlo en base a sus exigencias y necesidades, sin perder su sentido.

La instalación espacio-temporal, es decir, la conciencia que se habita un lugar y tiempo determinado en la que se actúa teniendo como fundamento la propia dignidad es lo que se denomina historicidad de la persona humana, en la que no se considera al ser humano como un ser abstracto sino como un ser concreto que se relaciona de manera efectiva con su entorno –sin abusar del mismo-, y que también busca superar el tiempo para formarse una identidad, para permanecer a través del tiempo y proyectarse al futuro con un proyecto vital personal y creativo[8]. Asimismo, se puede afirmar que en esa búsqueda histórica y biográfica de la felicidad el ser humano actúa en cuerpo y alma.

Por lo que se hace necesario saber qué son el cuerpo y el alma, y cómo se relacionan entre sí. El alma es la forma del cuerpo[9], lo que pone de manifiesto que el cuerpo y el alma se relacionan, y en consecuencia, debe evitarse todo tipo de dualismo, el cual es una visión errónea, que lo que hace es mostrarnos a la persona escindida en dos mitades irreconciliables[10]. La persona humana es un cuerpo animado, en el cual el alma y la materia son ambos importantes; siendo que la primera le da estructura a la materia transformándola en cuerpo; y nos da la capacidad de actuar en el mundo, es decir,  nos otorga la razón, la que puede entenderse como la posesión espiritual de la inteligencia, la voluntad y la libertad que direccionan el perfeccionamiento humano por medio del conocer la verdad, quererla como un bien y auto-determinarse a fines, respectivamente.

Actualmente, se vive en un dualismo que acertadamente indica que al morir el alma se separa del cuerpo[11], pero, se equivoca al considerar que el alma se salva trascendiendo lo sensible, abandonando al cuerpo para siempre. El alma y el cuerpo no son elementos pre-existentes, sino que el cuerpo sin el alma no es tal cuerpo, porque no llega a constituirse y estar formalmente organizado como tal. Todo lo que pasa al alma le pasa al cuerpo, ambos caminan siempre juntos porque son una sola “cosa”: la persona[12].

Por ello, la persona humana tiene que ser cuidadosa en su búsqueda de la felicidad; procurando mantener una armonía con el mundo del cual formamos parte, y del que muchas veces nos hemos visto equivocadamente como extraños a él. En ese sentido, surgen las virtudes como puntos medios prudenciales del actuar humano; por lo que es posible afirmar que el ritmo y la medida constituyen la ley de las cosas humanas y naturales. Por eso la persona, en su búsqueda de la felicidad, siempre deberá alcanzar una correcta medida en su actuar, y de esta manera podrá contemplar, el bien incondicionado, el que dirige todas nuestras acciones y colma todos nuestros deseos, es decir, Dios.

La corporalidad pone de manifiesto que la persona es un ser limitado, que se verá afectado por el dolor, la enfermedad, y la muerte. Y siendo que el alma por sí sola no es la persona y el cuerpo por sí solo no es la persona, dado que ambos se encuentran intrínsecamente unidos en la vida, también compartirán un mismo destino en la muerte[13]. La muerte es el mayor de todos los males naturales, y en él culminan en última instancia todos los demás, porque es la privación del bien que hace posible los demás bienes: la vida y el ser. De todas las desgracias humanas, la muerte es la mayor de ellas[14].

En la muerte no muere ni el cuerpo del hombre ni su alma por separados, sino que muere el hombre en sí mismo, es decir, la persona en su totalidad[15]. La muerte no es otra cosa que la separación del alma y del cuerpo, es decir, la separación de la materia y de su principio vital, que convierte el cuerpo en un cadáver. La muerte nos permite observar, que por muy unitario que sea el hombre, la unión alma-cuerpo no es suficientemente estrecha o fuerte; si lo fuera, el hombre no moriría. Es precisa alguna debilitación de la unión entre el alma y el cuerpo para que pueda acontecer la muerte, pues en otro caso, siendo el alma inmortal el transito seria eterno[16].

La búsqueda de la felicidad sería una mentira si todo termina con la muerte, para que la felicidad sea verdad necesita apoyarse en la esperanza de una inmortalidad posterior a la muerte. El alma es inmortal, no obstante, la supervivencia del alma es incompleta e imperfecta, es decir, es antinatural para el alma estar sin el cuerpo; esto no quiere decir que el alma se reencarne en otro cuerpo dado que solo es forma de un determinado cuerpo, los demás cuerpos ya tienen su forma que los hace ser lo que son, esto es porque no existe cuerpo sin alma. Asimismo, si nada contra la naturaleza puede ser perpetuo. Se puede concluir que el alma no estará separada del cuerpo por siempre. Por otra parte, como ella es inmortal, es preciso que de nuevo se una al cuerpo, lo cual es resucitar. La inmortalidad de las almas exige la futura resurrección de los cuerpos[17].

LIBERTAD Y LEY NATURAL

La persona busca su felicidad de manera libre y la encuentra finalmente en Dios[18], que satisface todas nuestras exigencias y necesidades, es decir, plenifica toda nuestra vida. Esa búsqueda de la felicidad se pone de manifiesto al momento de elaborar un proyecto vital, y al destinarse al ser amado. Y debido a que esas acciones son libres, resulta necesario saber qué es la libertad, y que medida tiene al momento de ejercerse.

La libertad no solo debe entenderse como la capacidad de elegir, sino que ante todo es la capacidad de auto-determinación[19], hacia unos fines que han sido previamente vistos como verdaderos y buenos por nuestra inteligencia y voluntad, respectivamente. La naturaleza humana es libre[20]: naturaleza y libertad se co-implican en el hombre, no pueden separarse. La naturaleza humana radica en alcanzar libremente la verdad y el bien, es decir, el objeto de sus facultades superiores. Esto es lo que la persona puede y debe hacer, para poder seguir siendo lo que es, para no dañar su naturaleza, para aceptarse a sí mismo y aceptar a los demás, alcanzando una vida lograda tanto personal y social.

En ese sentido, se es más libre cuando nos auto-determinamos hacia aquello que más nos perfecciona, es decir, las acciones humanas libres nos llevan al desarrollo personal y social, pero no podrían lograrlo si no están correctamente medidas en base a la ley natural. Por lo que se afirma que “la ley es una regla y medida de nuestros actos según la cual uno es inducido a obrar o dejar de obrar […]. Ahora bien, la regla y medida de nuestros actos es la razón, que […] constituye el primer principio de los actos humanos, […]. Se sigue […] que la ley es algo que pertenece a la razón[21].” y su origen se encuentra en ella. Por ello, Tomás de Aquino reunió los conceptos de racionalidad, bien común y procedimiento legítimo para definir a la ley como “una ordenación de la razón, en vista del bien común y promulgada por el que tiene al cuidado la comunidad[22].”.

Pero, no existe una sola clase de ley, sino cuatro tipos de leyes; cada una con una amplitud, un alcance y unas características que las hacen diferentes y coherentes entre sí mismas. La primera es la ley divina que direcciona la vida humana; se conoce sólo por revelación, no le corresponde al ser humano captarla por sí mismo, sino a Dios mismo entregarla. La segunda es la ley eterna que es promulgada por Dios y dirigida al gobierno del mundo, es eterna porque es a Dios a quien le corresponde la eternidad. No puede ser conocida por las personas, no obstante, la ley eterna “[e]s el fundamento de toda ley”[23]. Pero, si esta ley no puede ser conocida, ¿cómo fundamentar en ella a la ley humana?

Esto es posible porque dicha adecuación tiene que ser en orden a la razón y a la naturaleza de las cosas. Por ello, entendemos que existe una tercera clase de ley, la cual es la ley natural, la misma que consiste en un conjunto de prescripciones inscritas en la razón de toda persona humana que ordena hacer el bien y evitar el mal. La ley natural es una participación de la ley eterna. La ley eterna es la misma ley natural, pero se diferencia en que la segunda es la misma ley eterna, pero participando en la razón humana. La ley natural es ante todo y en sí misma un complejo objetivo de juicios racionales sobre la conducta humana, que puede ser conocida por todos. Hay que distinguirla, pues, de su manifestación habitual en la conciencia[24]. Es decir, nos permite descubrir la naturaleza de las cosas relacionadas al ser y obrar humano; esto es así, debido a que la ley natural es cognoscible, universal, inmutable e indeleble[25].

La cuarta clase es la ley humana positiva, la misma que es promulgada por la persona humana que ocupa el lugar de legislador, descansa en su propia razón, y tiene como objetivo el bien de la sociedad y se aplica a los seres humanos. Por ello debe partir de los preceptos de la ley natural para que al momento de la positivización sigan respetando la dignidad. No obstante, el conocimiento y formulación de las leyes, es obra de la razón humana que puede equivocarse en algunos casos porque es falible en concreto, aunque en general el conocimiento tiende a la verdad.

El contenido de la ley positiva representa una decisión política, una elección del legislador que si no se fundamenta en la ley natural da como resultado una ley injusta[26], la cual al no respetar la dignidad no debe permanecer en el ordenamiento jurídico en la que se ha dictado. Por ello, es coherente la fórmula agustiniana: “la ley injusta no es ley, sino violencia”[27], por lo que tenemos que la ley injusta no es ley en el mismo sentido y con la misma intensidad que la ley justa, dado que no cumple con la finalidad que se supone debe tener una ley, es decir, regular la convivencia humana para poder garantizar la perfección de la persona y de su sociedad.

LAS RELACIONES INTERPERSONALES

La persona como ser libre se desarrolla en sociedad, y ese desarrollo puede estar medido por la justicia, el amor y el odio. Son las relaciones interpersonales el verdadero escenario de la existencia humana y por eso constituye quizá uno de los núcleos centrales del estudio antropológico[28]. La libertad significa apertura hacia las demás personas; de las cuales también se espera una respuesta[29]. Por ello, si no hubiese otro alguien que nos reconociera, nos escuchara y aceptara el don que ofrecemos la vida sería un fracaso[30].

Si las relaciones interpersonales son de odio buscan destruir a las otras personas, si son de justicia buscan otorgarle lo que le corresponde, pero sin son de amor se busca por medio de la benevolencia reconocer el sentido del otro y apoyarlo en su perfección, esto se dirige especialmente a la persona humana teniendo en cuenta su dignidad. Y siendo que el amor no se da sin la belleza, es en este descubrir el sentido de las otras personas que se les observa como bellas y de nuestra interrelación con ellas queremos trascender a lo divino[31], impulsados por el amor de paso en paso hasta conocer la belleza en sí[32].

Antes de seguir hablando del amor humano, esbozaremos una doble clasificación del mismo. La primera clasificación se da “según el modo de amar” y la segunda “según a quien va dirigido el amor”. En la primera se encuentra el amor de necesidad y el amor de benevolencia. El amor necesidad, o amor de concupiscencia[33], va dirigido principalmente a las cosas materiales que se desea tener para perfeccionarse, no es algo negativo en sí mismo, dado que toda persona desea alcanzar la perfección. No obstante, si se produce un exceso de este tipo de amor se puede caer en el consumismo, la crematística o el utilitarismo, en los cuales observaríamos a las personas como medios en lugar de observarlas como fines en sí mismas.

En cambio, el amor benevolencia, o amor dádiva, se dirige a descubrir el sentido del ser amado y buscar su perfección. La benevolencia va dirigida a todo lo existente, y constituye el modo de amar más idóneo con el que se ama a las personas humanas[34]. El amor benevolencia tiene su origen en el descubrir el sentido de la propia vida y desear perfeccionarse; por ello, se puede afirmar que el amor humano inicia en el amor hacia uno mismo, dado que nadie da lo que no tiene, sino se ama a sí mismo no podrá amar a otra persona. Esto es porque el amarse a uno mismo es amar al ser que nos dio la vida[35].

La segunda clasificación nos muestra tres clases de amor: el amor familiar, la amistad y el amor de amantes o amor eros, muchas veces llamado incorrectamente amor de pareja. Podemos empezar indicando que en esta trilogía se puede formar un circulo virtuoso o un círculo vicioso, dado que según como son criados en casa se relacionan con los amigos y encuentran y tratan a su ser amado con el que formaran una familia donde en la mayoría de los casos se repetirán las conductas de nuestros padres hacia nosotros en la forma en que podamos tratar a nuestros hijos. Pero en caso de que nuestra crianza no haya sido la más idónea, recordemos que podemos evitar un círculo vicioso, dado que el ser humano puede levantarse con una mirada de esperanza y romperlo para poder formar una familia que busque la felicidad y puede interaccionar adecuadamente con la sociedad.

El amor familiar se desarrolla como resulta obvio en la familia, por lo que podemos empezar indicando que es la familia. La cual puede ser definida como la unión de dos amantes que se prometen entre sí el seguirse amando, por lo cual están dispuestos a hacer público su amor y aceptar las consecuencias del mismo, es decir, dan la bienvenida a los hijos como un don recibido, dado que no se les reclama como un derecho. Y al recibirlos como un don se realiza el primer acogimiento necesario en el desarrollo personal del nuevo ser humano que nace inadaptado en el mundo.

La familia es la primera propiedad del ser humano, es el lugar donde nos guardamos a nosotros mismos con nuestras posesiones, donde se guarda a la persona amándola[36]. El deseo de volver a la casa –luego de un viaje o de un día de trabajo- es porque el hogar es el lugar donde habita la familia, y en donde se crea una intimidad común-familiar[37]. En donde se comparte de manera plena una vida, y en donde los hijos reciben la formación necesaria para que puedan buscar su propia perfección, la que empiezan a buscar en el hogar y seguirán buscándola toda su vida en la sociedad, recordemos en ese sentido que la familia puede ser entendida como una pequeña sociedad.

No obstante, en la familia reinan las relaciones asimétricas, dado que siempre los hijos tendrán una deuda enorme con sus padres, que es el haber recibido el ser, deuda que toda persona tiene, dado que todos somos constitutivamente hijos. Y formamos parte de una comunidad intergeneracional, lo cual se puede ver en el apellido de la familia, somos parte de una estirpe que perdura en el tiempo y nos da identidad, por ello en la familia se concretan las formas de superación del tiempo, se recuerda el pasado: los antecesores; se deja una permanencia en el mundo: el hijo y su formación; y se proyecta al futuro: se trabaja en la familia para obtener una serie de bienes, para apoyar a que los hijos logren y formulen sus proyectos vitales, y se busca de manera conjunta alcanzar a Dios, dado que la familia es el medio adecuado para lograr la perfección, y encaminar la búsqueda que los hijos harán de ella siendo adultos.

En ese sentido, debe cuidarse a la familia como institución social. Por ello, para evitar cualquier deterioro entre los cónyuges, debe evitarse en la familia todo tipo de actitudes machistas y feministas. El feminismo busca que la mujer salga del hogar y cometa el mismo error que cometió el varón hace mucho, el cual consistió en abandonar la casa familiar convirtiéndose solo en un proveedor. En ese sentido, no debe permitirse que la mujer salga del hogar a convertirse en proveedora, sino que lo que debe buscarse es que el varón regrese al hogar para ser verdadero padre, recordemos que los padres crían y no solo engendran. Y será cuando el padre regrese al hogar que el varón y mujer, que dirigen una familia, podrán atender a los hijos y desarrollarse profesionalmente[38], sin tener que elegir entre estas dos opciones como si fueran totalmente opuestas e irreconciliables.

Del hogar salen los hijos a la sociedad, y es en la sociedad donde se encuentran con nuevos “hijos” de otras familias con los que entablará relaciones, algunas serán solo de convivencia social, y otros se convertirán en sus amigos y querrán estar constantemente dialogando con ellos. En ese sentido, se define a la amistad como la benevolencia reciproca dialogada[39], esto es porque debe desearse el bien del amigo por el amigo mismo, porque el amigo es otro yo[40]. Existen dos sentidos de la palabra amistad: El primero es aquel que designa una relación estable personal y privada. El segundo es la amistad cívica, sociabilidad o actitud amistosa, que lleva a establecer unas relaciones interpersonales basadas en la benevolencia para mantener una pacífica y fructifica convivencia.

Debemos tener claro que no es amistad, sino interés la relación que se establece con otra persona buscando obtener algún beneficio, dado que después de obtenerlo la relación formada se extinguiría; el primer rasgo de la verdadera amistad es el desinterés. La amistad requiere compañerismo, dado que es en el compartir una tarea o un trabajo que las personas se empiezan a conocer[41]. Asimismo, la amistad busca la compañía del amigo y encuentra satisfacción en ella, dado que un amigo se atreve a hablar con el otro como consigo mismo, es una discusión dialogada de las discrepancias, que sabe obtener un enriquecimiento de los propios puntos de vista en base a integrar los de los demás[42].

La amistad no nace inmediatamente, sino que tarda en crecer debido a que la amistad necesita tiempo; esto es porque la amistad no empieza a crecer hasta que abrimos el mundo interior al que empieza a ser nuestro amigo, para poder empezar a conocernos.  Una sociedad sin amistad sólo puede resolver sus conflictos mediante los tribunales de justicia y no mediante el diálogo, se judicializa la vida social y se tiende a la violencia[43].

En este conocer personas en la sociedad, debemos recordar que actuamos según nuestro modo de ser, el cual es o ser varón o ser mujer; lo que no es lo mismo que ser macho o hembra, las cuales son categorías animales[44]. En ese sentido, la sexualidad humana afecta al cuerpo y al espíritu manifestándose en diferentes modos de “estar” en el mundo. Por lo que debemos respetar la diferencia entre varón y mujer buscando la complementariedad, y no la oposición o incompatibilidad, entre ambos[45].

La sexualidad es aquella dimensión humana en virtud de la cual la persona es capaz de una donación interpersonal específica[46]. La sexualidad es condición de toda la persona, pero es también una capacidad física y psíquica de realizar un gesto: el acto sexual. Ese gesto significa que dos personas se dan una a la otra, se destinan recíprocamente. Esta entrega amorosa solo tiene sentido si es una forma más del compartir, de la entrega realizada en el matrimonio por loa amantes: esposo y esposa[47].

El gesto del acto sexual es la manifestación de un tipo de amor especial, distinto de todos los demás, el que se da entre un varón y una mujer. No se puede entender la sexualidad si no se considera ese “amor especial”, dentro del cual ella encuentra su sentido humano. Es más, fuera de ese amor la sexualidad deja de ser algo bello y bueno, y se convierte en algo simplemente útil. Esto sucede cuando no se toma el sexo suficientemente en serio[48]. Si en ese amor “especial” que es el eros no se da, la sexualidad no alcanza su plenitud, y se degrada.

La peculiaridad del eros o amor de amantes le viene dada de ser un amor-dádiva que, sin dejar de serlo se transforma en amor-necesidad. Estar enamorado es un amor-dádiva-necesario. Enamorarse es “caer en el amor”, algo que ocurre sin previo aviso. Es algo gratuito, la persona amada es un regalo, el enamorado ve al otro como un don. Enamorarse es gratuidad inmerecida: se me da el otro, pero yo me doy a él porque lo amo con este amor “especial”[49]. El enamorarse nos hace ver la vida y el mundo de otra manera, todo tiene un sentido nuevo. Por ello, cuando se está enamorado la persona amada es la fuente de sentido de todo lo que hacemos o dejamos de hacer.

Ahora, nos preguntamos cómo se produce ese enamoramiento. Lo primero que debemos decir es que la persona humana al estar instalada en espacio-tiempo se desarrolla socialmente y es en ese desarrollo donde al hombre le puede atraer la sensualidad de una mujer, su feminidad; o a la mujer le puede atraer la sensualidad de un varón, su masculinidad, y se ha producido lo que llamamos atracción[50], que es el primer elemento del amor eros y que consiste en un conocimiento sensible de una persona a la que nuestras tendencias y sentimientos nos inclinan. Y es luego de las debidas presentaciones iniciales y un primer conocimiento de la otra persona que se da la declaración que en caso de recibir una respuesta positiva da apertura al enamoramiento.

En esta segunda etapa que es el enamoramiento[51], existe un sentimiento que se llama apego, el cual es positivo si es concebido en su correcta medida, es decir, mientras el sentimiento este gobernado políticamente por la razón será muy provechoso dado que permitirá pasar tiempo junto con la persona de la que se está enamorado, momentos en los que la inteligencia podrá descubrir –no en su totalidad- lo verdadero de la otra persona respecto a el camino conjunto del cual se están dando los primeros pasos. No obstante, si el sentimiento no es gobernado por la razón, se caerá en un sentimentalismo que no nos permitirá conocer a la otra persona, sino que configuraremos una imagen según nuestras necesidades y la usaremos como un medio que evita que podamos sentirnos solos.

En la tercera etapa, si la inteligencia a conocido a la persona como verdadera, la voluntad podrá quererla como un bien en si misma –y para nosotros-, es por ello que afirmamos que el amor no es un sentimiento sino un acto de la voluntad[52]. Y en este momento, cuando la voluntad quiere a la otra persona es que se da el amor eros, lo que nos lleva a ir construyendo un proyecto vital común. Este amor eros alcanza su madurez mediante la boda, que es la promesa publica de amar para siempre, sin condiciones y aceptando todas las consecuencias positivas -los hijos- y negativas, esto diferencia a los amantes de las parejas que solo son temporales, vinculadas por intereses, con proyectos vitales independientes en los cuales un hijo es un estorbo que complica la posterior separación y es planificado lo mismo que la compra de algún bien material[53].

Es en el matrimonio, en el amor eros maduro que se configura como amor conyugal, donde se desarrolla de forma plena la donación interpersonal, el dar nuestra intimidad a la otra persona, una intimidad que incluye la intimidad corporal, es decir, el acto sexual –y con él la sexualidad- adquiere su verdadero sentido en el don amoroso de sí misma que hace la persona. Ese donarse a uno mismo forma parte de las diferentes formas de compartir que tiene el ser humano, en ese sentido el acto sexual entre varón y mujer en el matrimonio es una de las muchas formas que tienen los cónyuges de compartir su vida.

El acto sexual incluye el cuerpo, y para ser precisos incluye unos órganos reproductores por lo que se entiende que la finalidad del acto sexual –y una de las finalidades del matrimonio- es la procreación de nueva vida en ese compartir de intimidades. No obstante, actualmente se vive en un mundo donde se ha perdido el sentido de la sexualidad, lo que ha conllevado que el acto sexual se haya separado erróneamente del amor eros, pretendiendo que el acto sexual es una actividad física cuya única finalidad es la de provocar placer en el ser humano, y en ese sentido se ha inflado[54] tanto el tema de la sexualidad que se vende constantemente –a poco valor- por todos los medios en la sociedad, instrumentalizando con ello a la persona.

CONCLUSIÓN

La persona humana vive actualmente caída en el mundo al tener un desconocimiento de lo que ella misma es, y de lo que le podría ayudar a perfeccionarse, es decir, del amor. Por eso, resulta necesario preguntarnos por nuestra naturaleza humana, la cual nos permite orientarnos a la perfección en un espacio y tiempo determinado, es decir habitando el mundo. Por ello, la persona debe formularse un proyecto vital en que recuerde su pasado, reconozca su presente y se proyecte al futuro. Sin embargo, a pesar de la búsqueda de felicidad se da cuenta que del límite de la muerte humana que se le plantea como destino. Por ello, se pregunta por el alma y el cuerpo, los que forman una unidad que constituyen a la persona en sí, dado que individualmente ninguno es la persona humana. No obstante, esa unidad no es tan fuerte para evitar la muerte que es la separación del cuerpo y el alma, pero al ser el alma inmortal, después de la muerte, colocada fuera del tiempo y del espacio estará esperando la necesaria resurrección del cuerpo.

Pero, mientras la persona humana siga instalada en el espacio y tiempo, actuará en base a la libertad para perfeccionar su naturaleza, por lo que se comprende que libertad y naturaleza no son realidades opuestas o contradictorias. Sino que a partir de la autodeterminación que nos permite la libertad, nos dirigimos a la búsqueda de bienes que perfeccionan a la naturaleza humana. Y para garantiza un efectivo perfeccionamiento debe preferirse el bien y evitar el mal, lo que lograremos de modo general teniendo en cuenta la ley natural. Pero, al ser el ser humano un ser imperfecto puede equivocarse al momento de concretizar la ley natural, por lo que, si este error se dio en la formulación de una ley humana, esta es calificada como injusta y lo justo es desobedecerla buscando, según el caso concreto, su eliminación del ordenamiento.

Esto es relevante, dado que al ser la justicia un modo de manejar las relaciones interpersonales brindándole a cada quien lo que le corresponde es justo oponerse a una ley que vulnera la dignidad. Esto se entiende mejor, cuando se concibe a la ley injusta como producto de del odio voluntario o involuntario que intenta conducir las relaciones interpersonales, a lo que debemos oponernos para cuidar la pacífica convivencia humana. Por otro lado, el modo pleno de las relaciones interpersonales es el amor; las personas son lo que son en base al amor –o por la carencia del mismo- que los ha formado en la familia. Por lo que la familia constituye un elemento primordial de la sociedad que dirige el desarrollo de la humanidad, o en su defecto, dada la crisis de la familia que se vive actualmente, vemos que esta crisis familiar dirige el deterioro de la sociedad.

Y es de la familia de donde brotan las personas a la sociedad, y nos vinculamos con otras personas que brotan de otras familias formando amigos y nos hacemos semejantes a esos amigos, enriqueciéndonos como personas por el compartir, dar y dialogar benevolente que se produce en esa relación. Sin embargo, al existir una crisis en la familia nos encontramos en la sociedad con más de un tropiezo dado que algunas personas entran en sociedad buscando aprovecharse de las personas e instrumentalizarlas, por ello es realmente una gran tarea encontrar amigos que podamos ayudar a perfeccionarlos, pero que al mismo tiempo no nos lleven a corromper nuestro camino a la perfección.

Es en este andar con los amigos en sociedad que conocemos a una persona del sexo opuesto, que luego de la atracción, el enamoramiento y el eros se decide de manera conjunta formar un proyecto común por el cual se continúe en la búsqueda de la perfección.  Pero, dado que nos debemos a lo que ocurre en la familia, según como hemos sido educados nos comportamos en una relación eros, siendo que muchas personas al momento de sentir la atracción se dejan llevar por ella, es decir, se concentran en lo físico y buscan de manera desmesurada usar a la otra persona para sentir placer, o se cae en un sentimentalismo que usa a la otra persona para encubrir la soledad que mantiene en su ser y se formula una dependencia que puede resultar en extremo peligrosa.

Por ello, es importante entender que del conocimiento de lo qué es la persona y del conocimiento del papel que juega el amor en el desarrollo personal se puede generar un cambio en el manejo de las relaciones sociales y de la búsqueda personal –siendo que lo personal en la persona humana es interpersonal- de la perfección humana, es decir, de la felicidad. Mientras que la persona no se descubra como un ser destinado a buscar la perfección de su propia naturaleza, la que le reclama constantemente esa perfección seguirá caído en el mundo dejándose llevar por lo material y su vida carecerá de sentido y solo podrá formularse un proyecto vital mediocre e impersonal.

Necesitamos cuidar a la familia, y, entender que el ser padre y ser madre es el modo natural de prolongar el ser varón y el ser mujer. Mientras que no se tenga una noción de la persona, no se descubra el papel del amor, no nos entendamos como hijos que tienen una deuda impagable a nuestros padres, no nos comprendamos como varón o mujer; no se podrá dar esperanza a la vida humana que le permita llegar a la felicidad interactuando benevolentemente con otros en sociedad.

Esto significa que solo rescatando el verdadero sentido de la vida humana a partir de un conocimiento de lo qué es la persona humana y de las relaciones que establece a lo largo de su vida, las cuales deben estar guiadas por el amor, se podrá tomar esperanzadamente una mano que nos libere de esa naturaleza caída, no perfecta, pero deseosa de perfeccionarse, y podremos alcanzar la felicidad en cada peldaño de la escalera de la vida humana y en cada una de nuestras dimensiones, dado que para alcanzar dicha felicidad, no debemos nunca de renunciar a la tarea de buscar la verdad, es decir, de buscar saber lo que las cosas son, lo que es la persona humana y en qué consiste y cómo alcanza su felicidad o perfección plena.

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[1] Cfr. TOMÁS DE AQUINO. De ente et essentia, Prólogo.

[2] Wojtyla considera como experiencia a todo aquello que produce un conocimiento, por ello, afirma que el hombre “actúa”. Y de la reflexión de su propia acción se capta a sí mismo. (Cfr. WOJTYLA, K. Persona y acción. [2ª ed.]. Madrid: Ediciones Palabra S.A., 2014. pp.39-41.).

[3] Cfr. DESCARTES, R. Meditaciones metafísicas. Madrid: Gredos, 1987. p.25.

[4] Cfr. CASTILLO, L. Los derechos constitucionales: elementos para una teoría general. [3ª ed.] Lima: Palestra Editores, 2007. pp.29-33.

[5] Cfr. SPAEMANN, R. Personas. Acerca de la distinción entre “algo” y “alguien”. [2ª ed.]. Pamplona: EUNSA, 2010. p.28.

[6] Cfr. Ibíd. p.228.

[7] Cfr. WOJTYLA, K. Persona y acción…, ob. cit., p.42.

[8] Cfr. YEPES. R. Fundamentos de antropología. Un ideal de la excelencia humana. Pamplona: EUNSA, 1996. p.87.

[9] Cfr. ARISTÓTELES. De Anima, 412 a20.

[10] Cfr. YEPES. R. Fundamentos de antropología…, ob. cit., p.33.

[11] Cfr. PLATÓN. Fedón 64c.

[12] Cfr. YEPES. R. Fundamentos de antropología…, ob. cit., pp.34-36.

[13] Cfr. MARTÍ, G. Naturaleza y ser del alma: a la luz de los principios aristotélico-tomistas. Pamplona: EUNSA, c2014. pp.189-195.

[14] Cfr. TOMÁS DE AQUINO, Compendio de Teología, Madrid: RIALP, 1980. Cap. 227, n° 477.

[15] Cfr. YEPES. R. Fundamentos de antropología…, ob. cit., p.471.

[16] Cfr. GARCÍA. J. Antropología Filosófica. Una Introducción a la Filosofía del Hombre. [5ta ed. – 1ª reimpresión]. Pamplona: EUNSA,2011. pp.244-245.

[17] Cfr. Ibíd. pp.248-254.

[18] Cfr. REALE, G. Storia della Filosofía Antica. Platone e Aristotele. Tomo II. Milano: VITA E PENSIERO, 1984. Pág. 150.

[19] Cfr. BURGOS, J. La antropología personalista de persona y acción. pp.117-143. En: BURGOS, J. (Ed.). La filosofía personalista de Karol Wojtyla. [2ª ed.]. Madrid: Ediciones Palabra, 2011. pp.132-134.

[20] Cfr. SELLÉS, J. Antropología para inconformes. Una antropología abierta al futuro.  Navarra: RIALP, 2006. pp.541-546.

[21] SANTO TOMÁS, Suma Teológica I-II, q.90, a.1.

[22] Cfr. SANTO TOMÁS, Suma Teológica I-II, q.91, a.4.

[23] Cfr. LOPÉZ, J. Historia de la Filosofía del derecho clásica y moderna. Valencia: Tirant lo Blanch, 1998. p.189-190.

[24] Cfr. DEL VECCHIO, G. Filosofía del Derecho. [Trad.: RECASENS SICHES, L.] México: Editorial Hispano-americana: 1946. p.34. La conciencia separa al hombre del individualismo y lo relaciona con todo su entorno a través de unos determinados criterios internos en cada persona, pero no subjetivos sino objetivos o universales, comunes o aplicables a toda la realidad, los cuales deberían estar regulados por la ley natural. (Cfr. SPAEMANN, R. Personas…, ob. cit., p.165.).

[25] Cfr. LOPÉZ, J. Historia de la Filosofía, ob. cit., p.193.

[26] La justicia para Santo Tomás es definida como la “constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho -lo justo, lo suyo-.”. (Cfr. SANTO TOMÁS, Suma Teológica II-II, q.58, a.1.).

[27] SAN AGUSTÍN. De libero arbitrio, libro I, c. 5.

[28] Cfr. YEPES. R. Fundamentos de antropología…, ob. cit., p.183.

[29] Cfr. SELLÉS, J. Antropología para inconformes…, ob. cit., pp.613-619.

[30] Cfr. YEPES. R. Fundamentos de antropología…, ob. cit., pp.81-84.

[31] Cfr. MARTÍNEZ, F. Ser y diálogo; Leer a Platón. Madrid: Istmo, 1996. p.129.

[32] Cfr. ÁLVAREZ, A. El amor: de Platón a hoy. Madrid: Palabra, 2006. pp.21-22.

[33] Cfr. GARCÍA. J. Antropología Filosófica…, ob. cit., p.174.

[34] Cfr. Ibíd. p.176.

[35] Cfr. JUAN PABLO II. Carta Encíclica Deus Caritas Est. Numeral 16.

[36] Cfr. YEPES. R. Fundamentos de antropología…, ob. cit., pp.110-112.

[37] Cfr. Ibíd. p.111.

[38] Ante un padre-proveedor el otro progenitor no podrá actuar en el ámbito laboral. Y el abandono del hijo por parte de ambos padres-proveedores, es el inicio de una serie de carencias vitales.

[39] Cfr. YEPES. R. Fundamentos de antropología…, ob. cit., p.205.

[40] Cfr. GARCÍA. J. Antropología Filosófica…, ob. cit., p.178.

[41] Cfr. Ibíd. p.174-179.

[42] Cfr. YEPES. R. Fundamentos de antropología…, ob. cit., p.207.

[43] Cfr. Ibíd. pp.208-209.

[44] Cfr. GARCÍA. J. Antropología Filosófica…, ob. cit., p.1183-184.

[45] Cfr. YEPES. R. Fundamentos de antropología…, ob. cit., pp.269-273.

[46] Cfr. SELLÉS, J. Antropología para inconformes…, ob. cit., p.333.

[47] Cfr. SANTAMARÍA, M. Saber amar con el cuerpo: ecología sexual: (versión 2.0). [6ª ed.]. Madrid: Ediciones Palabra, 2001. p.53.

[48] Cfr. WOJTYLA, K. Amor y responsabilidad. [12ª ed.]. Madrid: Editorial Razón y Fe, S.A., 1978. p.84.

[49] Cfr. YEPES. R. Fundamentos de antropología…, ob. cit., pp.269-274.

[50] Cfr. SANTAMARÍA, M. Saber amar con el cuerpo…, ob. cit., p.15.

[51] Cfr. Ibid. pp.15-16.

[52] Cfr. YEPES. R. Fundamentos de antropología…, ob. cit., p.190.

[53] Cfr. Ibíd. pp.195-196.

[54] Cfr. Ibíd. p.287.