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AN SIT DEUS?

AN SIT DEUS?

Edwin Leonel Córdova Reto

INTRODUCCIÓN

 

El ser humano se realiza múltiples preguntas. Entre esas interrogantes está la existencia e importancia de un Dios, un Dios que tanto se necesita en un mundo caótico como el actual, un mundo de violencia y carente de valores. Pero recordemos que Dios es la luz de nuestro existir y entre cuanto más poderoso sea Él – creador y luz nuestra- más poderosas serán nuestras capacidades. Y como su poder es infinito, eso quiere decir que si bien nuestras capacidades no son infinitas por lo menos son de dimensiones considerables por lo tanto con nuestra fe aceptamos la revelación y con nuestra razón también buscamos al ser supremo: Dios.

Este escrito se basa en una profunda interrogante –justificada por la naturaleza humana de querer encontrar respuesta a todo- sobre la verdad del Ser Supremo: Dios. El objetivo es explicar y demostrar la importancia y existencia de Dios –y sus atributos-. El autor clave es Santo Tomás de Aquino, por su autoridad en la materia y brillante raciocinio metafísico. También nos guiamos por las sagradas escrituras y por documentos publicados por el Vaticano. Nos preguntamos sobre la existencia de Dios y la importancia que tiene para nosotros. ¿Cómo responder estas nobles interrogantes humanas?

FIDES ET RATIO binae quasi pennae videntur quibus veritatis ad contemplationem hominis attollitur animus. Deus autem ipse est qui veritatis cognoscendae studium hominum mentibus insevit, suique tandem etiam cognoscendi ut, cognoscentes Eum diligentesque, ad plenam pariter de se ipsis pertingere possint veritatem -La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo-.[1] Con estas palabras comienza nuestro recordado Juan Pablo II, el Papa peregrino, su encíclica Fides et ratio enseñándole al ser humano que tiene la capacidad de acercarse al ser supremo tanto por la revelación –fe-, como por la razón.

Plantearemos la verdad cognoscible de Dios por el hombre. Aclarando que la verdad que mostraremos, es la verdad cognoscible por nuestra razón y también incluimos la de la revelación. Pero no es la verdad absoluta, una verdad imposible de conocer para el ser humano porque es limitado temporal e intelectualmente –solo tenemos una vida y nuestra mirada no puede abarcar más que un solo sector-. Además somos seres contingentes, no necesarios. Pero que tendemos a buscar a Dios. Así como lo expresaba San Agustín: “Grande eres, Señor, y laudable sobre manera; grande es tu poder, y tu sabiduría no tiene número. ¿Y pretende alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación, y precisamente el hombre, que, revestido de su mortalidad, lleva consigo el testimonio de su pecado y el testimonio de que resistes a los soberbios? Con todo, quiere alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación. Tú mismo le excitas a ello, haciendo que se deleite en alabarte, porque nos has hecho para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Ti”.[2] En esta oración San Agustín –eterno buscador de verdad y sabiduría- nos muestra la tendencia de todo hombre de ir hacia Dios. Tendencia seguida de diversas maneras, pero que en este la seguiremos por el camino antes señalado: el de la fe y la razón.

Pero qué valor tiene la revelación para nosotros. Cuando Dios revela, debemos prestar “la obediencia de la fe”, por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios prestando “a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad”, y asistiendo voluntariamente a la revelación hecha por Él. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios -favor sobrenatural y gratuito concedido al hombre para ponerlo en el camino de la salvación-, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da “a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad”. Y para que la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones.[3]

Cómo conocemos a Dios por medio de la razón. Todo lo que conocemos de Dios lo tenemos ante nuestros ojos “Lo que es y que no podemos ver ha pasado a ser visible gracias a la creación del universo, y por sus obras captamos algo de su eternidad, de su poder, de su divinidad”.[4]

Para reforzar la posición anterior y comprender que tampoco la razón del hombre es ilimitada viene la siguiente explicación “La incapacidad natural del hombre se revela en su ignorancia de Dios. Todo lo que admiran por su valor no los llevo a conocer al Que Es. ¡Se quedaron con las obras y no reconocieron al Artesano! Consideraron como dioses que gobiernan el mundo tanto al fuego como al viento, a la brisa, al firmamento estrellado, al agua impetuosa o a las luminarias del cielo. Fascinados por tanta belleza, los consideraron como dioses, pero entonces, ¿No debieron haber sabido que su soberano es todavía más grande? Porque solo son criaturas del que hace que aparezca toda esa belleza. Si estaban impresionados por su fuerza y su actividad, debieron haber comprendido que su creador es más poderoso aún. Porque la grandeza y la belleza de las criaturas dan alguna idea del que les dio el ser. Pero, quizás no haya que criticar tanto a esa gente: tal vez se extraviaron cuando buscaban a Dios y querían encontrarlo. Reflexionando sobre las criaturas que los rodeaban, y lo que veían era tan hermoso que se quedaron con lo exterior. Pero ni aun así están libres de culpa: si fueron capaces de escudriñar el universo, ¿Cómo no descubrieron en primer lugar al que es su Dueño?”[5]

La Revelación divina constituye de hecho la base de la fe: del “creo” del hombre. Al mismo tiempo, los pasajes de la Sagrada Escritura en que está consignada esta Revelación, nos enseñan que el hombre es capaz de conocer a Dios con su sola razón, es capaz de una cierta “ciencia” sobre Dios, si bien de modo indirecto y no inmediato. Por tanto, al lado del “yo creo” se encuentra un cierto “yo sé”. Este “yo sé” hace relación a la existencia de Dios e incluso a su esencia hasta un cierto grado. Este conocimiento intelectual de Dios se trata de modo sistemático en una ciencia llamada “teología natural”, que tiene carácter filosófico y que surge en el terreno de la metafísica, o sea, de la filosofía del ser. Se concentra sobre el conocimiento de Dios en cuanto Causa primera y también en cuanto Fin último del universo.

Estos problemas y toda la amplia discusión filosófica vinculada a ellos, no pueden tratarse a fondo en el marco de una breve introducción. Tampoco nos ocuparemos con detenimiento de las “vías” que conducen a la mente humana en la búsqueda de Dios –pertenecientes a Santo Tomás de Aquino-. Para este escrito es suficiente explicar que noción tenemos de Dios, si podemos conocer a Dios, Cómo lo podemos conocer y sus atributos. Por ello y según la Iglesia todo nuestro pensar acerca de Dios sobre la base de la fe, tiene también carácter “racional” e “intelectivo”. E incluso el ateísmo queda en el círculo de una cierta referencia al concepto de Dios. Pues si de hecho niega la existencia de Dios, debe saber ciertamente de Quién niega la existencia.

Claro está que el conocimiento mediante la fe es diferente del conocimiento por la razón. Sin embargo, Dios no podía haberse revelado al hombre si éste no fuera ya capaz por naturaleza de conocer algo verdadero a su respecto. Por consiguiente, junto y más allá de un “yo sé”, que es propio de la inteligencia del hombre, se sitúa un “yo creo”, propio del cristiano: en efecto, con la fe el creyente tiene acceso, si bien sea en la oscuridad, al misterio de la vida íntima de Dios que se revela.[6]

Sin más que decir, agradecemos su interés por este escrito y esperamos que tengan su mente abierta para poderlo entender y criticar. Les deseamos una buena lectura y que Dios los ilumine y puedan extraer brillantes conclusiones de las próximas publicaciones relacionadas a este tema que estaré publicando en este blog.


[1]     FIDES ET RATIO

[2]     “Confesiones” de San Agustín.

[3]     DEI VERBUM

[4]     BIBLIA (ROM. 1, 20)

[5]  BIBLIA (SAB 13, 1-9)

[6] S.S. Juan Pablo II, Audiencia general. Miércoles 20 de marzo de 1985. El hombre puede llegar con la razón al conocimiento de Dios.

ADOLFO HITLER: SU ODIO A LOS JUDÍOS, Y EL PROGRAMA NAZI.

ADOLFO HITLER:
SU ODIO A LOS JUDÍOS, Y EL PROGRAMA NAZI

Edwin Leonel Córdova Reto.

I.          INTRODUCCIÓN

Este escrito se origina en el libro de Edith Stein[1] llamado “Páginas Amarillas” durante las sesiones de la Especialidad de Filosofía de la Universidad de Piura, ya que en su prólogo menciona varios temas de gran importancia, como lo es el contexto en que vivió ella, el cual estuvo marcado por ADOLFO HITLER: SU ODIO A LOS JUDÍOS, Y EL PROGRAMA NAZI. No nos centraremos en la vida de Edith Stein, sino en su época.

Periódicamente aparecen en la historia algunos personajes que, dotados de una personalidad avasalladora y un vigoroso e indomable espíritu, toman las riendas de su destino y se convierten en caudillos de una nación –y esto puede ser para bien o para mal de esa nación, y como es en este caso de la humanidad-. Ningún líder en el mundo ha podido ejercer una fascinación tan subyugante como Adolfo Hitler pero… ¿Cómo es posible que un hombre, en apariencia de tan escasas condiciones, pobre, huérfano y sin alto rango militar haya podido desencadenar tamaña hecatombe?

El secreto estuvo en la fuerza de su pensamiento y en la firmeza de sus convicciones, sean estas erradas o no. Más tarde, como el ave fénix, la nación alemana renació de las cenizas del desastre, pero fue necesario, para iniciar el resurgimiento, que las fuerzas del odio se aniquilaran a sí mismas.

En el caso de Hitler, el juicio de la historia tiene que ser necesariamente severo. El exterminio cruel, insensato e injustificable de millones de seres humanos, es imposible de soslayar. Nadie nos podrá borrar de la memoria los horrores del indigno holocausto llevado a cabo por la demencia Nazi, como radical solución del problema judío. Pero creemos necesario analizar la figura de Adolfo Hitler desde el germen de su pensamiento, de manera tal que nos permita comprender los sucesos que transformaron al ideólogo y analista político aparentemente sensato, en un despiadado e insaciable “ángel de muerte”.

La distancia establecida por décadas nos permitirá una observación más cuidadosa de Hitler, por eso conozcamos desde el Mein Kampf (Mi Lucha), de su propia mano, la trayectoria de este hombre que marcó una de las épocas más decisivas de la historia de la humanidad, y tal vez podamos comprender los intrincados mecanismos  que hundieron al mundo en el violento torbellino de  la más cruenta de sus guerras, y entendamos el odio que Hitler tenia hacia los judíos, hacia los comunistas, y hacia los eslavos, aunque este trabajo se centre principalmente en los primeros[2].

II.        ANTECEDENTES

 A pesar de las múltiples teorías que se inventa sobre la verdad de la hecatombe, muchas de ellas con el ánimo de levantar polémicas presentando diversos e interesantes asuntos por profundizar, esas cosas que dicen no están demostradas, no son  un hecho, no es algo comprobado, así que en este trabajo solo nos dedicaremos a lo realmente razonable. Y aquello realmente razonable solo son los hechos, y estos son que en Europa había un marcado sentir antisemita, y que en la nación Alemana, caída y dolida por la primera guerra mundial, nace un agresivo partido político que cautivo a los alemanes con sus discursos, el partido Nazi.

i.          La Cuestión Judía.

¿Quiénes son los judíos? ¿Qué es el antisemitismo? Los judíos son los que profesan la religión del judaísmo, son una raza o una cultura. Quizás sean las tres, pero que es lo que hace que este grupo de personas hayan sido tan cruelmente perseguidas.

Es preciso saber que el racismo antijudío (el antisemitismo) es muy antiguo. Ni Hitler ni los alemanes lo inventaron. El odio contra los judíos tiene orígenes religiosos. Al comienzo solo era un asunto religioso. Los cristianos no admitían que los judíos rechazasen creer que Jesús era el “hijo de Dios”, el Mesías. Cuando el cristianismo se convirtió en la religión mayoritaria de Europa, los judíos fueron perseguidos regularmente. Hubo periodos de calma en que se los toleró, y periodos de persecución como durante las Cruzadas, en la Edad Media. En 1096, los judíos de Spira, Worms, Maguncia y Colonia, en Alemania, fueron masacrados a comienzos de la Cruzada. Otro ejemplo: El rey Felipe el Hermoso expulsó a los judíos de Francia en julio de 1336, sin olvidar confiscar sus bienes.

Los judíos fueron acusados entonces de crímenes contra los cristianos: por ejemplo, se contaba que los judíos, el día de Pascua, debían raptar y sacrificar un bebé cristiano. Se decía también que los judíos envenenaban los pozos y, en caso de epidemia, se decía que era culpa suya. Cuando algo marchaba mal, se acusaba a los judíos por ser diferentes del resto de la población.

Nacimiento del antisemitismo en el siglo XIX:

Más tarde, en el siglo XIX, desde que los judíos fueron equiparados al resto de los ciudadanos (desde 1791 en Francia), ciertos sectores católicos y de la derecha reprocharon a los judíos su excesiva fidelidad a la República. Varios periódicos antisemitas vieron la luz en esta época, en particular los publicados por Drumont[3].

¿De qué se acusaba a los judíos? De todo y de lo contrario al mismo tiempo: Si eran pobres, eran parásitos, sucios, piojosos… Si eran ricos, eran usureros que adoraban el dinero y arruinaban a los cristianos.

Antisemitismo, los judíos y el mito del dominio mundial.

El antisemitismo es la forma de ir en contra de los judíos, originalmente fue de origen religioso, pero luego se fue ampliando; paso desde ideas como la del deicidio, la traición de judas, el libelo de sangre, y luego con el mito del dominio mundial.

Ya en 1807 el canónigo jesuita de la Catedral de Notre-Dame, Agustín Barruel, alertó al gobierno francés acerca de un supuesto complot judío internacional “que transformaría iglesias en sinagogas”. No obstante, la plasmación más conocida de este mito son Los protocolos de los sabios de Sión, un escrito del año 1902 que, pese a que se sabe falso de forma fehaciente, sigue siendo reeditado sin descanso, especialmente en los países árabes. Hay otras variantes muy extendidas del mito del dominio mundial como son la “conspiración judeomasónica” -utilizada de forma recurrente por el régimen franquista- o la del “lobby judío” -la pretensión de que “los judíos” son un ente homogéneo que actúa coordinadamente a nivel mundial-, esta última especialmente vigente entre la izquierda política y, en general, entre los partidarios de las teorías de la conspiración.

ii.         El Nazismo

El nacionalsocialismo (nazismo) es fundado por Adolfo Hitler a inicios de la década de 1920, en gran medida como consecuencia de la humillante situación en que había sido puesta Alemania tras la firma del Tratado de Versalles. Este Tratado impuso a Alemania unas condiciones tan drásticas que hacían que el país tuviese que destinar un enorme porcentaje de sus ingresos nacionales al pago de daños e indemnizaciones con lo cual le resultaba imposible recuperarse económicamente después del desastre que la guerra había significado. Por causa de lo anterior, el gobierno de centro-izquierda que se implantó en Alemania después de finalizada la guerra -República de Weimar- fue absolutamente incapaz de lidiar con el desprestigio que supuso aceptar las condiciones impuestas por el Tratado de Versalles, lo que lo hizo blanco de los ataques de los sectores más ultraderechistas de la población que clamaban por regresar a un estado de cosas similar al que el Imperio prusiano había impuesto tras la Batalla de Sedan en 1870, en la cual derrotaron y humillaron a Francia. Así las cosas, una doctrina que abogase por el regreso de la antigua gloria imperial y del perdido orgullo que había construido la historia reciente de Alemania tenía todo el terreno abonado para germinar y florecer, como efectivamente sucedió con el nazismo.

Hacia mediados de la década de 1920 el nazismo ya era una fuerza política reconocida aunque minoritaria, pero día a día contaba con más simpatizantes que veían en ella y en su líder la salida ideal al estado de postración en que vivía Alemania por ese entonces. La oportunidad de triunfo para los nazis se presentó tras la crisis económica desatada el año 1929. La población estaba angustiada por la falta de trabajo y muchos capitalistas veían con temor el avance de los comunistas, que se habían hecho más fuertes después de la Revolución Rusa. Además, había en el ejército un deseo revanchista, provocado por la dura humillación que Alemania había sufrido en la Primera Guerra Mundial. Por todo esto, la idea nazi comenzó a ser captada con simpatía por parte de las masas alemanas, que quería recuperar su orgullo nacional. Ya en la década de 1930, el nazismo era una fuerza poderosa, y tan sólo esperaba el momento propicio para asumir el poder, momento que se dio en 1933, primero con la renuncia del canciller Hindenburg y la asunción del cargo por parte de Hitler y luego con el incendio intencional por parte de los nazis del Reichstag -el edificio del Parlamento-, del cual acusaron a los comunistas, con lo cual se dio el pretexto ideal para que el partido nazi pudiese hacerse con el poder absoluto en Alemania.

III.       NAZISMO Y ANTISEMITISMO: EL PROGRAMA NAZI.

Las ideas del partido Nazi fueron capturando más adeptos y se plasmaron en diversos documentos tanto en su camino al poder, como cuando ya se instalaron en él. El Nazismo toma de la teoría del superhombre de Nietzsche y la aplican incorrectamente hacia el pueblo Alemán considerándose una raza de elegidos y una raza superior que debía imponerse sobre las demás, una de las primeras razas con las que se confrontaron era la judía con la cual compartían territorio y en base a sus programas de carácter antisemita atacaron a esta raza considerándola inferior, y también responsable de todos los hechos que en esa época se daban en Alemania. Los nazis llegaron a afirmar que todo lo malo del pueblo alemán era provocado por los judíos

Programa Nazi que propugnaba retirar todos sus derechos a los judíos:

“Programa del Partido Nazi (1.920)”:

El programa del Partido Obrero Alemán es un programa a término. Cuando sean conseguidos los objetivos aquí fijados, sus dirigentes no determinarán otros con el sólo objeto de permitir, a través de un mantenimiento artificial de la insatisfacción de las masas, la permanencia del partido.

1. Pedimos la construcción de una Gran Alemania que reúna a todos los alemanes en función del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos.

2. Pedimos la igualdad de derechos del pueblo alemán respecto a las otras naciones, la abrogación de los tratados de Versalles y Saint-Germain.

3. Pedimos tierra y colonias para alimentar a nuestro pueblo y reabsorber nuestro exceso demográfico.

4. Únicamente los ciudadanos disfrutarán de los derechos civiles. Para ser ciudadano hay que ser de sangre alemana, la confesión religiosa importa poco. Ningún judío puede, sin embargo, ser ciudadano.

5. Los no ciudadanos no pueden vivir en Alemania más que como huéspedes, y deben someterse a la jurisdicción sobre extranjeros.

6. El derecho a fijar la dirección y las leyes del Estado se halla reservado únicamente a los ciudadanos. Pedimos pues que toda función pública, de cualquier naturaleza que sea, quede vetada a los no-ciudadanos. Combatimos la práctica parlamentaria, generadora de corrupciones, de concesión de cargos por relaciones de partido, sin preocuparse ni del carácter ni de las capacidades.

7. Pedimos que el Estado se comprometa a procurar medios de existencia a todos los ciudadanos. Si este país no puede alimentar a toda la población, los no ciudadanos habrán de ser expulsados del Reich.

8. Hay que impedir cualquier nueva emigración de no-alemanes. Pedimos que todos los no – alemanes establecidos en Alemania después del 2 de agosto de 1914 sean obligados inmediatamente a abandonar el Reich.

9. Todos los ciudadanos tienen los mismos derechos y los mismos deberes.

10. El primer deber de todo ciudadano es trabajar, física o intelectualmente. La actividad del individuo no debe de ser perjudicial a los intereses de la colectividad sino inscribirse en el marco de ésta y en beneficio de todos. Por eso pedimos:

11. La supresión de la renta de los ociosos y los que tienen la vida fácil, la supresión de la esclavitud de los intereses.

12. Considerando los enormes sacrificios de sangre y de dinero que toda guerra exige del pueblo, el enriquecimiento personal por razones de guerra debe de ser estigmatizado con un crimen contra el pueblo. Pedimos, pues, la confiscación de todos los beneficios de guerra sin excepción.

13. Pedimos la nacionalización de todas las empresas que, hoy en día, pertenecen a los monopolios.

14. Pedimos la participación en los beneficios de las grandes empresas.

15. Pedimos un aumento sustancial en las pensiones de los retirados.

16. Pedimos la creación y la protección de una clase media sana, la entrega inmediata de los grandes almacenes a la administración comunal y su alquiler, a bajo precio, a los pequeños comerciantes. Debe concederse prioridad a los pequeños comerciantes e industriales para cualquier contrata con el Estado, los Lander o los ayuntamientos.

17. Pedimos una reforma agraria adaptada a nuestras necesidades nacionales, la promulgación de una ley que permita la expropiación, sin indemnizaciones, de la tierra, con destino a fines de utilidad pública, la supresión de la contribución territorial, y el freno de toda especulación agraria.

18. Pedimos una lucha sin cuartel contra aquellos que, con sus actividades, perjudican el interés público. Criminales de derecho común, traficantes, usureros, etc., deben de ser castigados a la pena capital, sin consideración de su confesión o de su raza.

19. Pedimos que un Derecho Público Alemán sustituya al Derecho Romano, servidor de una concepción materialista del mundo.

20. La extensión de nuestra infraestructura escolar debe permitir a todos los alemanes bien dotados y a los trabajadores el acceso a una educación superior, y, a través de ella, el acceso a puestos de dirección. Los programas de todos los establecimientos de enseñanza deben ser adaptados a las exigencias de la vida práctica. El espíritu nacional debe de ser inculcado en la escuela desde el uso de razón. Pedimos que el Estado cubra los gastos de instrucción superior a los hijos de padres pobres, cualquiera que sea la clase social o la profesión de éstos.

21. El Estado debe preocuparse de mejorar la salud pública a través de la protección del madre y del niño, de la prohibición del trabajo de los menores, de la introducción de medios específicos para desarrollar las aptitudes físicas a través de la obligación legal de practicar el deporte y la gimnasia, y a través de un poderoso sostén a todas las asociaciones que se ocupen de la educación física de la juventud.

22. Pedimos la supresión del ejército de mercenarios y la creación de un ejército nacional.

23. Pedimos la lucha legal contra la falsedad política consciente y su propagación por la prensa. Para permitir la creación de una prensa alemana, pedimos que:

a. Todos los directores y colaboradores de periódicos que aparezcan en lengua alemana sean ciudadanos alemanes.

b. La difusión de los periódicos no alemanes quede sometida a una autorización expresa.

c. Quede prohibida por la ley toda participación financiera o toda influencia de no-alemanes en los periódicos alemanes. Pedimos que toda infracción de estas medidas sea sancionada con el cierre de las empresas periodísticas culpables, así como con la expulsión inmediata del Reich de todos los no – alemanes responsables.

Los periódicos que van contra el interés público deben ser prohibidos. Pedimos una ley que combata las enseñanzas artísticas generadoras de la disolución de nuestra vida nacional, así como la clausura de las organizaciones que contravengan lo que se expone más arriba.

24. Pedimos la libertad en el seno del Estado de todas las confesiones religiosas, en la medida en que ellas no pongan en peligro su propia existencia o no ofendan el sentimiento moral de la raza germánica. El Partido, en tanto que tal, defiende el punto de vista de un cristianismo positivo, sin ligarse a ninguna denominación determinada. Combate el espíritu materialista en el interior y en el exterior y está convencido de que una recuperación duradera de nuestro pueblo no puede tener éxito más que desde el interior, sobre la base del principio siguiente: el interés general prima sobre el interés particular.

25. Para llevar todo esto a buen término, pedimos la creación de un poder central poderoso, la autoridad absoluta del Comité Político sobre el conjunto del Reich y sus organizaciones, así como la creación de Cámaras Profesionales y de oficinas municipales encargadas del cumplimiento, en los distintos Lander, de las leyes marco promulgadas por el Reich.

Los dirigentes del Partido prometen hacer todo lo posible por la realización de los puntos arriba enumerados, entregando su propia vida por ellos si fuera necesario. Múnich, 24 de febrero de 1920.

El programa del Partido Nazi no dejaba lugar a dudas si se lee el artículo cuatro: Se retiraban sus derechos de ciudadanía a los judíos que vivían desde hacía siglos en Alemania. A partir de ahí, poco más se les podía quitar: la persecución podía comenzar. Pero también otro punto a destacar es el sentir de colectivismo tal y como lo deja aun más claramente expresado en el punto veinticuatro al decir “el interés general prima sobre el interés particular.”

Este programa tomo fuerza con las leyes de Núremberg publicadas en 1935:

Ley de ciudadanía del Reich y Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes del 15 de setiembre de 1935.

El Reichstag ha sancionado por unanimidad la siguiente ley, que queda promulgada por la presente;

Artículo 1° 1) Será considerado ciudadano con todas las responsabilidades inherentes todo aquel que disfrute de la protección del Reich alemán y que por ello esté en especial deuda con él. 2) La ciudadanía se adquiere de acuerdo con las normas que establecen las leyes del Reich y de ciudadanía nacional.

Artículo 2° 1) La ciudadanía del Reich se limitará a los connacionales de sangre alemana o afín que hayan dado debida prueba, a través de sus acciones, de su voluntad y disposición de servir al pueblo y al Reich alemán con lealtad. 2) Los derechos de ciudadanía del Reich se adquieren mediante la obtención de la carta de ciudadanía del Reich. 3) El ciudadano del Reich es el único titular de todos los derechos políticos de acuerdo con lo establecido por la ley.

Artículo 3° El Ministro del Interior sancionará, previo acuerdo del representante del Führer, los reglamentos jurídicos y administrativos necesarios para hacer cumplir y

Complementar la ley de ciudadanía del Reich.

Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes del 15 de septiembre de 1935

Imbuidos de la conciencia de que la pureza de la sangre alemana constituye la condición imprescindible para la continuidad del pueblo alemán y animados por la voluntad indeclinable de asegurar el futuro de la nación alemana por todos los tiempos, el Reichstag ha sancionado por unanimidad la siguiente ley, que queda promulgada por la presente:

Artículo 1°

(1) Quedan prohibidos los matrimonios entre judíos y ciudadanos de sangre alemana o afín. Los matrimonios celebrados en estas condiciones son nulos aun si hubieren sido celebrados en el extranjero a fin de evitar ser alcanzados por la presente ley. .N° 100 -Fecha de edición: Berlín, 16 de septiembre de 1935 1147 N° 100 – Fecha de edición: Berlín, 16 de septiembre de 1935

(2) Únicamente el representante del ministerio público podrá elevar una demanda de nulidad.

Artículo 2° Queda prohibido el comercio carnal extramatrimonial entre judíos y ciudadanos de sangre alemana o afín.

Artículo 3° Los judíos no podrán emplear en su hogar a ciudadanas de sangre alemana o afín menores a los 45 años.

Artículo 4°

(1) Queda prohibido a los judíos izar la bandera del Reich o la enseña nacional como así también exhibir los colores patrios.

(2) En cambio quedan autorizados a exhibir los colores judíos. El ejercicio de

esta autorización queda sometida a protección estatal.

Artículo 5°

(1) Quien infrinja la prohibición establecida en el artículo 1° será castigado con pena de presidio.

(2) Todo hombre que infrinja la prohibición establecida en el artículo 2° será castigado con pena de prisión o presidio

(3) Quien infrinja las disposiciones de los artículos 3° o 4° será castigado con arresto en cárcel de hasta un año y/o el pago de una multa.

Artículo 6° El Ministro del Interior sancionará, previo acuerdo del representante del Führer, los reglamentos jurídicos y administrativos necesarios para hacer cumplir y complementar la ley de ciudadanía del Reich.

Artículo 7° La ley entrará en vigor el día siguiente a su promulgación; el artículo 3 sólo entrará en vigor a partir del 1° de enero de 1936.

Me resulta increíble como una nación que siempre demuestra una gran cultura y que es la cuna de grandes pensadores haya aceptado estas teorías, cómo es posible que estos programas y estas leyes hayan sido aceptados.

La tragedia Nazi parte de considerar a la humanidad como un conjunto o una masa esto se nota con expresiones como “el pueblo judío”, “la raza aria”; hay un completo abandono y despersonalización del ser humano, un abandono de la noción de persona, se le considera como parte de otro conjunto, como un simple elemento que su existencia o su desaparición no perjudicaría en nada a la colectividad

Este odio, esta visión del hombre se encuentra explicada inicialmente en el abandono de una verdadera metafísica, en el desprecio a lo divino y la búsqueda de poder y gloria en la tierra. Una vez que el hombre pierde la noción por lo trascendente, no le queda mucho camino para perder la noción de sí mismo y del mundo que le rodea. Sin una verdadera metafísica, dirigida a lo divino, no podría sustentarse una verdadera antropología, y es este el origen de esas creencias absurdas que una raza es superior, que un tipo de hombre es mejor a otro. Sin una verdadera antropología, no queda un camino correcto que seguir en este mundo, nos conformamos con una ética mediocre, una ética que no se fundamente en el ser humano no tiene un camino que recorrer y prefiere inventárselo, sin tener en cuenta todos los daños que pueda causar, por ejemplo la muerte de más de seis millones de personas.

Hitler y los alemanes dolidos por las consecuencias de la guerra y por la forma en que vivían se encontraban en una constante angustia por volver a un pasado o a un futuro ideal, no sé daban cuenta que las elecciones hechas en el pasado no eran para arrepentirse[4] o vengarse sino para saber afrontarlas y superarlas; los judíos – aunque no todos-, lo habían intentado, habían sabido sobresalir de esa situación y esto genero un odio que termino en tan desastrosa hecatombe. La mayoría de estas personas –los judíos- buscaban obtener ganancias, no lamentarse por esa situación, los otros –los alemanes- miraban con angustia el pasado y no soportaban la forma de vida de los judíos, esta falta de tolerancia y de valoración individual –pues observaban todo como una colectividad- alimento el odio y llevo al propio infierno a una culta nación, que después de volver a caer –al finalizar la segunda guerra mundial-, comprendió que habían otras formas de salir de esas situaciones y ha llegado a ser una gran potencia.

IV.       HITLER: SU VIDA Y EL ODIO A LOS JUDÍOS.

Hitler retomó el antiguo antisemitismo y le añadió el “racismo biológico” a través de oscuras teorías autodenominadas “científicas” que probaban la superioridad de la “raza aria” (y con ella, de todos los alemanes) sobre la “raza judía”. Para ello se apoyaba en las teorías, bastante confusas, enunciadas en particular por el francés Gobineau, en el siglo XIX. Hitler entró en contacto con el antisemitismo existente en Viena cuando era joven: Hitler, sin oficio, sin alojamiento, vagabundo, deberá en aquellos tiempos refugiarse en un asilo para transeúntes. Es en esta época cuando entrará en contacto con periódicos antisemitas. Todo su odio se proyectará desde entonces contra los judíos. En “Mein Kampf” (“Mi lucha”), Hitler compara continuamente a los judíos con “parásitos” de los que hay que desembarazarse. Afirma que hay una “sangre alemana” y una “sangre judía” (lo que científicamente es absurdo) y que es necesario purificar a Alemania del judaísmo.

Adolf Hitler postulaba que según las leyes naturales, los más fuertes debían imponerse a los más débiles. También consideraba que existía una tendencia natural hacia la duración de las razas, idea en la que se basó para luchar por la pureza de la raza aria, tronco étnico de los germanos.

Según Hitler, los arios eran una raza privilegiada “forjadora de cultura”. Los judíos, en cambio, representaban para él un pueblo destructor de esa cultura –de la cultura alemana-. Hitler veía en el antisemitismo un fundamento de su misión histórica –llevar a la raza Aria a una posición privilegiada sobre otras y exterminar a los judíos que eran responsables del decaimiento de la raza alemana-. Esto le llevó a desencadenar una implacable persecución, que comenzó por despojar a los judíos de sus bienes, continuó con su discriminación en todos los aspectos y culminó con aproximadamente cinco millones de víctimas en los campos de concentración. 

CONCLUSIONES

Edith Stein sufrió el antisemitismo nazi, el cual la llevo hasta la tumba. Pero ella no fue la única víctima de esta locura nazi que tiene como principal protagonista a un ser que se caracterizo por la fuerza en su oratoria y en sus convicciones, pero al mismo tiempo con una decadencia espiritual y un profundo odio a los judíos, acompañado de un enfermo pensamiento, el cual quería probar por diversos medios, el de la superioridad de la raza Aria, de los alemanes.

Hitler al igual que los alemanes nazis, tal como lo confirman en sus programas y leyes tenían un sentido revanchista contra las personas que no fueran de la raza aria, pues ellos se creían superiores y no podían soportar estar viviendo en esas condiciones originadas por la derrota de la primera guerra mundial, por lo cual tenían que culpar a alguien por esa situación y culparon a la raza judía, a quien consideraban inferior, quitándole sus derechos, para luego intentar llevarla al exterminio.

Solo nos queda una profunda enseñanza de esta época; esta es que cualquier despersonalización que se haga – al comenzar hablar de masas y olvidarse que todos somos personas, seres iguales- puede llevar a profundas tragedias. Debemos ver este ejemplo y aprender a valorar a cada ser humano, pues todos somos realmente valiosos. Nuestras decisiones nos guardaran un lugar en la historia, ¿Qué lugar queremos para nosotros? ¿Buscamos un lugar parecido al de Hitler o tal vez al de Edith Stein?


[1] Edith Stein, llamada Santa Teresa Benedicta de la Cruz O.C.D. (Breslavia, Alemania (hoy Polonia) 12 de octubre de 1891 – Auschwitz, 9 de agosto de 1942), filósofa, mística, religiosa carmelita, mártir y santa alemana de origen judío. Es copatrona de Europa. Beatificada en 1987 y canonizada en 1998 por el Papa Juan Pablo II.

[2] Cfr. Adolf Hitler. Mi Lucha. Editorial EBISA; Lima: 2006. Págs. 5-7.

[3] Édouard Drumont (3 de mayo de 1844 – 5 de febrero de 1917) fue un periodista y escritor católico, antisemita, antimasónico y nacionalista francés.

[4] Las decisiones a las que hago referencia, son la elección alemana de entrar a la guerra –primera guerra mundial-.