Inicio > Filosofía, Historia, Historia de la Filosofía, Mitos > El ser humano en el mito griego

El ser humano en el mito griego

El ser humano en el mito griego

Edwin Leonel Córdova Reto

El ser humano se asombra de la realidad que observa y formula unas interrogantes, las que inicialmente son respondidas mediante mitos. Por lo que se realizará un breve recorrido a través de los mitos griegos, que son el inicio de la civilización occidental, en los que reside una noción pre-filosófica del ser humano. No esperamos encontrar una definición completa de la persona en los mitos griegos, pero si unos indicios que nos permitan captar esa noción y cuestionarnos sobre su actualidad.

La realidad de la persona es experiencial  (WOJTYLA, 2014, págs. 39-41), por ello, conoce diferentes realidades y se pregunta por ellas y por su propio ser personal. Y es a partir de ese elemento experiencial y de la reflexión del mismo, que el ser humano se auto-descubre como un ser pensante (DESCARTES, 1987, pág. 25), y da una serie de respuestas al mundo que experimenta, las primeras son respuestas míticas, y luego se da el paso del mito al logos (razón), lo que dio nacimiento a la filosofía.

No debe pensarse que la explicación mitológica era irracional. No se puede pretender creer que, de un momento a otro, griegos irracionales abrazaron la razón, esto es porque el mito en sí mismo es racional e intenta justificar la realidad. Por ello, primero debemos tener en cuenta que las tierras griegas sufrieron una serie de invasiones que derivaron en el cambio del contexto religioso primitivo, es decir, la antigua religión fue reemplazada por los dioses olímpicos. No me refiero a las guerras mitológicas que los mismos dioses olímpicos llevaron a cabo, sino del cambio de toda una concepción de la realidad, dado que se pasó de un estado dionisiaco a un estado olímpico dirigido por Zeus.

Esto es importante debido a que es el pensamiento religioso-mitológico el que identifica al pueblo griego, y de esta manera se sienten pertenecientes a un mismo espacio y tiempo, es decir, a una misma comunidad (SPAEMANN, 2000, pág. 228) que se ve fundamentada y representada por medio de su mitología. Y así como la persona humana se explica por sus acciones (WOJTYLA, 2014, pág. 42), los griegos se explicarán como comunidad por las acciones de sus dioses y héroes.

El dios primitivo de los territorios griegos era Dionisio, representante de la exuberancia y de la embriaguez, a quien se ofrecían sacrificios humanos. Este dios fue incorporado al panteón de los dioses griegos luego de las conquistas, quedando bajo el dominio de Zeus, como su hijo, lo que significaba un cambio en el orden del mundo, lo que incluía la erradicación de los sacrificios humanos. Pero, debe señalarse que la religión dionisiaca sobrevive y se supera a si misma intelectualizándose, convirtiéndose en el Orfismo, al cual llega Pitágoras quien propone un sistema filosófico-religioso en el cual el alma es más importante, y al morir la persona esta se transmigra a otro cuerpo.

Esto influirá a Platón, quien nos dirá que el cuerpo es la cárcel del alma  (PLATÓN, pág. 64c.), y que el alma tiene que purificarse para poder alcanzar el mundo de las ideas, por lo que de ser necesario se transmigrara hasta alcanzar la debida purificación. Pero el alma humana no puede hacerlo sola, necesita apoyo para realizar esa elevación, lo que significa que el ser humano debe encontrar un sentido para su vida que le permita alcanzar la perfección que buscan. Lo que es un gran aporte, que luego será superado por Aristóteles y desarrollado de modo pleno por la filosofía cristiana, en la que el cuerpo también tendrá un valor en el perfeccionamiento humano.

Por lo que en este largo camino del pensamiento no podemos ignorar el sendero iniciado por los mitos, los cuales en un inicio fueron utilizados para justificar diferentes tipos de hechos, incluyendo en ellos las acciones políticas, por ejemplo, si se quería mostrar un especial linaje para ocupar determinado cargo se explicaba que la familia provenía de un ascendiente divino. Asimismo, los Dorios justifican la invasión de los pueblos Aqueos, dado que se creían descendientes de Heracles, quien hubiera sido el legítimo rey de los territorios aqueos si no hubiera intervenido Hera, quien deseaba vengarse de la infidelidad de Zeus con la mortal Alcmena, lo que los justificaba como herederos de Heracles para ocupar dichos territorios.

Heracles dará sentido a su vida en cuanto acepta las tareas, las supera y tiene un propósito que alcanzar, es decir, su divinidad en el Olimpo. Heracles asumió sus doce tareas y acepto participar en la gigantomaquia, lo que nos muestra la obediencia que debe tener todo ser a la ley natural, a un orden en el mundo dado por Zeus. Un orden o ley natural que Antígona citará cuando pretenda enterrar el cuerpo de su hermano, y que Santo Tomás, a partir de la definición de ley (“una ordenación de la razón, en vista del bien común y promulgada por el que tiene al cuidado la comunidad” (TOMÁS DE AQUINO, Suma Teologica, 1485, págs. I-II, q.91, a.4.)) nos dirá que la ley natural consiste en un conjunto de prescripciones inscritas en la razón de toda persona humana que ordena hacer el bien y evitar el mal, para de esa manera alcanzar la perfección.

Cuando se da el paso del mito al logos surgen los primeros filósofos, a los que se les denomina naturalistas, dado que intentan encontrar un argé que explique el origen de todo lo real, y van poniendo sus razonamientos en elementos de la naturaleza que los entienden como los primeros principios y también en realidades indeterminadas, como el ápeiron. De igual manera, el mito griego explica que en el origen del mundo a partir de una realidad indeterminada que no tiene origen, el Caos. Luego, y de ningún padre o madre, nace la Gea, la madre tierra, y pone un poco de orden en el caos original. Posteriormente nace en las profundidades de la tierra el Tártaro, una deidad sin padres que puede ser entendido como el infierno. Finalmente aparece Eros que representa la generación, y que no debe ser confundido con el eros-cupido hijo de Afrodita y Ares.

Así se entiende que el mundo va adquiriendo un sentido, y de Gea, la gran madre, aparece pontos (los grandes mares) y Urano (el cielo), lo que no deja de ser una gran intuición en el mito griego, dado que los estudios sobre el origen del universo en sus teorías más aceptadas derivan todo a partir de un primera realidad que explosiono (La teoría del Big Bang), y que luego a través de una serie de procesos aparecieron los planetas entre los que se encuentra la Tierra (Gea), en la cual con el pasar de millones de años se desarrolló una atmosfera que apoyaba a la tierra en la historia del origen de la vida, el mismo que se produjo en los grandes mares que rodeaban la tierra primigenia, una sola masa de tierra a la que se acostumbra llamar Pangea.

La tierra por sí misma no era estable para originar la vida, lo que de cierta manera se entiende al señalarse que en el mito Gea tiene unos hijos llamados ciclopes y hecatonquiros, los cuales son encerrados por Urano, quien se ha puesto en la supremacía de las deidades y tiene una serie de hijos con Gea que van adquiriendo un mayor orden, es decir, se convierten en las fuerzas naturales, que en si misma son irracionales, en el sentido, que aún no son personificaciones, es decir, no son como las personas, y que serán reemplazados por los Dioses olímpicos que significan el triunfo de la persona, debido a que son personificaciones potenciadas de los seres humanos, con sus defectos y virtudes, pero sobretodo con un orden en el mundo, el cual lo brindaba Zeus.

Resulta interesante que de las guerras generacionales se note como el mundo se va ordenando poco a poco, el mundo se va convirtiendo en un lugar más humano donde la persona humana se desarrollara. En la primera guerra Urano a encerrado a los hijos deformes de Gea y evita que nazcan los Titanes, es decir, hay una serie de fuerzas encerradas en la tierra, que cuando logran liberarse cambiaran la configuración de Urano. Esto debido a que Cronos, con apoyo de Gea, castra a Urano, los cuales caen en la superficie del Mar originando a la diosa Afrodita, la urania. La belleza celestial a la que todos aspiran, y que permanece incólume, casta. A diferencia de la hija de Zeus, la afrodita Pandemia, que tuvo una vida promiscua, y que cuya elección como la más bella da inicio al fin de la era mitológica, la última gran guerra de los héroes, la guerra de Troya.

Regresando a las guerras generacionales notamos que la primera guerra ayudo a la configuración del mundo liberando unas fuerzas incontrolables en las que aún no era posible la vida humana. Pero, la segunda guerra generacional, configura definitivamente el mundo y en ese nuevo orden aparece el ser humano. La segunda guerra, la llamada titanomaquia, enfrenta a las fuerzas irracionales (los titanes) al nuevo orden (los dioses olímpicos) que habían sido tragados por Cronos, a excepción de Zeus que había sido salvado por su madre y que vence a su padre liberando a sus hermanos, en esta guerra se da un exterminio de lo irracional y el mundo queda configurado para la vida con una nueva atmosfera, dado que el cielo ha variado y ahora Urano necesita ser sostenido por Atlas como castigo por apoyar en la guerra.

Pero, esa configuración se completa con la otra gran guerra, la gigantomaquia en la que el mundo termina por ordenarse, dado que los gigantes, recién creados por Gea, se enfrentan por el poder ante los Dioses, en los cuales se lanzan pedazos de tierra que originarían las islas, y si recordamos que Grecia se caracteriza por ser un conjunto de islas, entendemos que no solo se puede entender la explicación de la deriva continental dejando de lado a la gran masa de tierra llamada Pangea. Sino que los griegos especialmente quieren señalar la importancia de su territorio donde se desarrollará la historia de la Grecia clásica, y en donde se originará el pensamiento occidental.

Para entender el sentido del hombre griego en la mitología hemos repasado la recreación del mundo, según la mitología griega. No obstante, hasta lo relatado, el hombre griego histórico aún no ha nacido. No podemos pedir una conexión histórica, es decir, un relato perfectamente cronológico dentro del mito griego, y muchas veces los relatos se entrecruzan y nos parecen que se contradicen bajo una concepción histórica que no conserva el mito griego cuyo tiempo es circular.

Es importante señalar que pueden señalarse hasta cinco edades o generaciones de hombres, la primera es la de los hombres de oro, mortales pero similares a los dioses que se convirtieron en daimones, seres espirituales de naturaleza intermedia que comunican a los dioses y a los mortales; posteriormente aparece la edad de plata que ya no son similares a los dioses, se ha empobrecido el ser humano y abandono el culto de los dioses, terminan después de muertos en la isla de los bienaventurados ocupando un rango inferior. Una tercera clase es la de los hombres de bronce, en ellas se da un aumento de la violencia, y terminan exterminándose a sí mismos.

Luego viene la raza de los semidioses o héroes, esta generación era justa y virtuosa, y perecen en su mayoría en las guerras de Tebas y Troya, quienes viven ahora en la isla de los bienaventurados. La guerra de Troya es la última gran guerra de los héroes, y la puerta de inicio a la Historia, dado que a partir de allí surge la generación de los hombres de hierro, nuestra generación. La cual será destruida cuando se degenere perdiendo el honor, el amor y la justicia quedando el ser humano aislado, sufriendo.

El ser humano recibe de Prometeo el fuego sagrado que se lo robo a Zeus, a partir de ese acto el ser humano es capaz de forjar herramientas en base al conocimiento iluminado, las cuales las uso para la guerra (hombres de bronce). Zeus molesto con el robo, y con el uso que le daban a la inteligencia recibida decidió castigar tanto al titán como al ser humano, por lo cual condeno al primero a un castigo de tiempo circular en la que encadenado un ave devoraba sus vísceras, mientras se recuperaba por las noches, y a los seres humanos les mando un diluvio que los extermino, excepto a Filemón y Baucis quienes fueron salvados por acoger a Zeus y Hermes, lo que nos muestra una característica de los griegos, la cual era acoger al extraño -porque podría ser un dios-.

Al mismo tiempo, mando a Pandora, quien se casó con Epimeteo (hermano de Prometeo), y desobedeciendo las indicaciones de este Titán, que no era tan listo como su hermano, abrió la vasija que le habían encomendado a su cuidado (la caja de Pandora), liberando con ello todos los males posibles. Pero, Deucalión (hijo de Prometeo) y Pirra (hija de Epimeteo), que se sentían solos en la tierra luego del gran diluvio pidieron consejo al oráculo, quien les indico que debían arrojar los huesos de su madre a sus espaldas, siendo que de las piedras arrojadas por Deucalión nacieron los varones y de las piedras arrojadas por Pirra nacieron las mujeres que forman el inicio de la generación actual.

El mito ha intentado explicar: la generación de seres humanos; como llega la inteligencia a nosotros, la que ha permanecido a pesar de haber llegado a una raza anterior de hombres; los castigos que recibimos, es decir, la debilidad y flaqueza de los seres humanos, los limites que nos agobian a todos, es decir, nos muestra que los seres humanos son limitados, y a pesar de esas limitaciones sigue buscando un sentido a su vida para superarse a sí mismo, es decir, para perfeccionarse o como diríamos con otros términos, alcanzar la felicidad. Y sobre este camino a la felicidad, es decir, sobre nuestro futuro más allá de este mundo, podemos encontrar tres mitos bastante interesantes como lo son: el de Heracles, el de Orfeo y Eurídice, y el de Eros y Psique.

En el mito de Heracles, al quien ya hemos mencionado, hijo de Zeus y de la mortal Almecna, odiado por Hera -y debido a ella se cambia el nombre de Alceo por el que lo haría famoso, el cual significa “siervo de Hera”- es el héroe griego por excelencia, el bisnieto de Perseo, un destinado a ser rey cuyo destino se le vuelve adverso y tiene que cumplir una serie de pruebas (doce tareas) para purificarse, el mismo que participo de varias guerras entre hombres, y sobretodo en la Gigantomaquia donde fue decisivo para terminar la guerra a favor de Zeus. Además, libero de las cadenas de Prometeo con el permiso de Zeus, lo que simboliza un perdón a Prometeo y también a la humanidad que había sido beneficiada con el fuego sagrado robado por nuestro benefactor. Y a su muerte es convertido en dios, siendo aceptado en el Olimpo, y casándose con una diosa. La metáfora del mito nos muestra como debe ser el ciudadano griego para divinizar su alma: servir a los dioses, obedecer a las leyes divinas y humanas, resarcir sus “pecados”.

La persona busca su felicidad de manera libre y la encuentra finalmente en Dios (REALE, 1984, pág. 150), que satisface todas nuestras exigencias y necesidades, es decir, plenifica toda nuestra vida. Esa búsqueda de la felicidad se pone de manifiesto al momento de elaborar un proyecto vital, y al destinarse al ser amado. A diferencia del mito griego, no estamos atados al destino, el ser humano tiene la capacidad de elegir, de autodeterminarse (BURGOS, 2011, págs. 132-134), hacia unos fines que han sido previamente vistos como verdaderos y buenos por nuestra inteligencia y voluntad, la naturaleza humana es libre (SELLÉS, 2006, págs. 541-546).

En el segundo mito nos encontramos a Orfeo, un músico talentoso, pero humano. Él se había casado o comprometido con la bella ninfa Eurídice. Pero un día Eurídice es mordida por una serpiente y muere. Orfeo no acepta ese suceso, lo cual puede ser visto como la peor de las cobardías en comparación a Aquiles que si muere por encontrarse con su amigo-primo Patroclo. Orfeo encanta con su música a Caronte y a Cerbero, emociona al mismo Hades, quien le permite sacar a Eurídice del infierno siempre y cuando no voltee a verla. Pero la impaciencia de Orfeo hace que faltándole un poco para salir del infierno voltee y pierda a Eurídice para siempre; el mensaje de este mito es que la muerte es insuperable para el ser humano. El ser humano se encuentra irremediablemente perdido a terminar muerto y a no poder hacer nada para divinizarse, los límites del hombre siguen al hombre hasta su muerte, porque más allá de la muerte no hay nada para el ser humano.

Pero, en la muerte no muere ni el cuerpo del hombre ni su alma por separados, sino que muere el hombre en sí mismo, es decir, la persona en su totalidad (YEPES, 1996, pág. 471). La muerte no es otra cosa que la separación del alma y del cuerpo, es decir, la separación de la materia y de su principio vital, que convierte el cuerpo en un cadáver. La muerte nos permite observar, que por muy unitario que sea el hombre, la unión alma-cuerpo no es suficientemente fuerte; si lo fuera, el hombre no moriría. Es precisa alguna debilitación para que pueda acontecer la muerte, pues en otro caso, siendo el alma inmortal el transito seria eterno (GARCÍA, 2011, págs. 244-245).

Asimismo, si nada contra la naturaleza puede ser perpetuo. Se puede concluir que el alma no estará separada del cuerpo por siempre. Por otra parte, como ella es inmortal, es preciso que de nuevo se una al cuerpo, lo cual es resucitar. La inmortalidad de las almas exige la futura resurrección de los cuerpos (GARCÍA, 2011, págs. 248-254). Se opone al mito de Eurídice en que no hay nada más allá de la muerte. Se concibe a la muerte como un trance, un momento en que el alma se separa del cuerpo, pero la persona no es su alma, es decir, no se dirige a un mundo suprasensible, sino que espera unirse a su cuerpo.

Pero, el ser humano sin ser un semidios podrá superar a la muerte, eso nos lo brinda el mito de Eros y Psique. En el cual Afrodita celosa de la belleza de Psique manda a su hijo Eros para que la mate. Pero Eros se enamora y la visita continuamente en la oscuridad, Psique agobiada por la preocupación al no conocer el rostro de su amante sigue los consejos de sus amistades y enciende una lámpara con cuyo aceite quema a Eros, el cual regresa al Olimpo. Esta situación es aprovechada por la diosa Afrodita para mandar a Psique al hades (inframundo). Al enterarse Eros, pide permiso a Zeus para rescatar a Psique del hades, lo cual consigue hacer y la lleva consigo al Olimpo junto a su madre.

En el mito vemos que el amor (Eros) es el único capaz de rescatar el alma humana (Psique) de cualquier caída, de las más oscuras profundidades, y llevarla a lo más alto posible, es decir, rescatar el alma y llevarla a lo divino junto a la belleza (Afrodita), que también puede ser entendida como bondad, verdad, es decir, alcanza lo divino. Este rescate del alma, lleva al ser humano a la inmortalidad, no es un camino que el ser humano pueda seguir solo, este darle sentido a la vida este cuidar el alma y dirigirla a su perfección es el camino que todo ser humano debe recorrer, un camino que no puede recorrerse solo dado que el ser humano es relacional, es decir, necesita del amor para vincularse a otros, entre ellos a Dios, en quien reside el bien supremo, la felicidad.

Psique sube en su totalidad, no como espíritu, porque si entendemos que vivirá con Eros en el Olimpo debemos entender que tiene un cuerpo, que va unido junto a su alma a la salvación, si bien esa es una intuición que no puede derivarse en estricto del mito, aunque debemos recordar que el alma es la forma del cuerpo (Aristóteles, pág. 412 a20.), y la forma no se entiende estando sola sino que necesita estar dando estructura a una realidad, estar formando un cuerpo. Por lo que debe entenderse que Eros no salvo solo el alma de Psique sino junto a su cuerpo, a toda su persona.

La corporalidad manifiesta lo limitado que es el ser humano, y siendo que el alma por sí sola no es la persona y el cuerpo por sí solo no es la persona, dado que ambos se encuentran intrínsecamente unidos en la vida, también compartirán un mismo destino en la muerte (MARTÍ, 2014, págs. 189-195). No se trata de dos mitades irreconciliables (YEPES, 1996, pág. 33), al contrario, esa felicidad se disfruta en cuerpo-alma al frente de la belleza divina, lo que es parte del proyecto vital en el cual debemos dotar a nuestra vida de sentido, llevándonos a una felicidad trascendente (YEPES, 1996, pág. 87).

De los tres mitos debemos destacar que la ley natural universal dada por el orden divino, por Zeus, debe ser siempre respetada. Es por eso que Heracles que obtiene el permiso para liberar a Prometeo y Eros que obtuvo el permiso para rescatar a Psique pudieron lograr su hazaña. Mientras que Orfeo no obtuvo ese permiso, quiso por su propia voluntad y por sus propios medios ir en contra de la ley natural. Si a eso le sumamos que desobedeció el mandato del dios Hades, al voltear a ver a Eurídice antes de lo permitido.

El amor permite relacionar a las personas, y para que esa relación se desarrolle con éxito se debe tener una idea de quien es cada uno, es decir, el ser humano debe conocerse a uno mismo para poder “dar” algo a los demás. Son las relaciones interpersonales el verdadero escenario de la existencia humana y por eso constituye quizá uno de los núcleos centrales del estudio antropológico (YEPES, 1996, pág. 183). La libertad significa apertura hacia los demás; de los cuales también se espera una respuesta (SELLÉS, 2006, págs. 613-619). Por ello, si no hubiese otro alguien que nos reconociera, nos escuchara y aceptara el don que ofrecemos la vida sería un fracaso (YEPES, 1996, págs. 81-84).

Si las relaciones interpersonales son de odio buscan destruir a las otras personas, si son de justicia buscan otorgarle lo que le corresponde, pero sin son de amor se busca por medio de la benevolencia reconocer el sentido del otro y apoyarlo en su perfección, esto se dirige especialmente a la persona humana teniendo en cuenta su dignidad. Y siendo que el amor no se da sin la belleza, es en este descubrir el sentido de las otras personas que se les observa como bellas y de nuestra interrelación con ellas queremos trascender a lo divino (MARTÍNEZ, 1996, pág. 129), impulsados por el amor de paso en paso hasta conocer la belleza en sí (ÁLVAREZ, 2006, págs. 21-22).

El amor benevolente se dirige a descubrir el sentido del ser amado y buscar su perfección. La benevolencia va dirigida a todo lo existente, y constituye el modo de amar más idóneo con el que se ama a las personas (GARCÍA, 2011, pág. 176). El amor benevolente tiene su origen en el descubrir el sentido de la propia vida y desear perfeccionarse; por ello, se puede afirmar que el amor humano inicia en el amor hacia uno mismo, dado que nadie da lo que no tiene, sino se ama a sí mismo no podrá amar a otra persona. Esto es porque el amarse a uno mismo es amar al ser que nos dio la vida (Juan Pablo II, pág. Numeral 16), a nuestros padres (piedad), a nuestros amigos y a Dios.

Los griegos han comprendido que el ser humano tiene una naturaleza particular, y desde sus propios mitos han descubierto su ser racional, las limitaciones de los hombres, la inmortalidad del alma, y en ese sentido se han cuestionado sobre si hay algo después de la muerte. Somos seres que pretendemos entender y descubrir un orden en el cosmos, la verdadera justicia que, si bien es entendida por Ulpiano como “darle a cada quien lo que le corresponde”, los griegos la entienden en un sentido cósmico, un orden universal que debe respetarse, y que si se respeta nos acercará a alcanzar la perfección.

Los mitos griegos cumplen la finalidad de su sociedad, es decir, dar unas tenencias éticas a los ciudadanos de las polis. Las personas buscan ser mejores, por ello, están los mitos, son explicaciones metafóricas no solo de las cosas sino de las decisiones que deben orientar la vida del griego, las que deben ser dirigidas a la verdad y al bien para evitar la irracionalidad de una vida guiada por la justicia cósmica dada por los dioses. Sin estas primeras explicaciones de la realidad, las explicaciones filosóficas, las leyes políticas y el desarrollo de las ciencias hubiera sido difícil. El mundo de los mitos nos guarda en sus historias el modelo del hombre griego, el modelo ético a seguir, y los errores que deben evitarse, siendo prevenidos de volar muy cerca al sol porque podríamos quemarnos.

El gran tema de la filosofía de la persona es el amar, la iniciativa para alcanzar a Dios no es humana, sino que es divina. Somos felices porque somos amados, el ser personal se abre a otros seres, y siempre se debe ser fiel a nuestra condición de personas. Es el individualismo moderno el que nos ha llevado a huir del amor, el hombre solo se centra en si mismo hasta desaparecer, al igual que Narciso que contemplándose a sí mismo, sin ser capaz de relacionarse ni de amar a los demás abandona su condición de humano. El ser humano esta irremediablemente lanzado a los demás, dado que su libertad siempre está dirigida a su perfección, y la perfección humana no es individual, sino que es una comunión entre personas.

El mito no debe ignorarse sino rescatarse como un medio adicional que nos permita encontrar el verdadero sentido de la vida humana a partir de un conocimiento de lo qué es la persona y de las relaciones que establece a lo largo de su vida, las cuales deben estar guiadas por el amor, se podrá tomar esperanzadamente una mano que nos libere de esa naturaleza caída, no perfecta, pero deseosa de perfeccionarse, y podremos alcanzar la felicidad en cada peldaño de la escalera de la vida humana y en cada una de nuestras dimensiones, dado que para alcanzar dicha felicidad, no debemos nunca de renunciar a la tarea de buscar la verdad, es decir, de buscar saber lo que las cosas son, lo que es la persona humana, en qué consiste y cómo alcanza su felicidad o perfección.

BIBLIOGRAFÍA

ÁLVAREZ, A. (2006). El amor: de Platón a hoy. . Madrid: Palabra .
Aristóteles. (s.f.). De Anima.
ARISTÓTELES. (s.f.). De Anima.
BURGOS, J. (2011). La filosofía personalista de Karol Wojtyla (2 ed.). Madrid: Ediciones Palabra.
CASTILLO, L. (2003). Los derechos constitucionales. Elementos para una teoría general. (3 ed.). Lima, Perú: Palestra Editores.
DEL VECCHIO, G. (1946). Filosofía del Derecho. (L. RECASENS, Trad.) México: Editorial Hispano-americana.
DESCARTES, R. (1987). Meditaciones metafísicas y otros textos (1 ed.). (E. López, & M. Graña, Trads.) Madrid, España: Gredos.
GARCÍA, J. (2011). Antropología Filosófica. Una Introducción a la Filosofía del Hombre. (5 ed.). Pamplona: EUNSA.
Juan Pablo II. (s.f.). Carta Encíclica Deus Caritas Est.
LOPÉZ, J. (1998). Historia de la Filosofía del Derecho clásica y moderna. Valencia, España: Tirant lo Blanch.
MARTÍ, G. (2014). Naturaleza y ser del alma: a la luz de los principios aristotélico-tomistas. . Pamplona: EUNSA.
MARTÍNEZ, F. (1996). Ser y diálogo; Leer a Platón. . Madrid: Istmo.
PLATÓN. (s.f.). Fedón.
REALE, G. (1984). Storia della Filosofía Antica. Platone e Aristotele. (Vol. II). Milano: VITA E PENSIERO.
SAN AGUSTÍN. (395). De libero arbitrio.
SANTAMARÍA, M. (2001). Saber amar con el cuerpo: ecología sexual: (versión 2.0). (6 ed.). Madrid: Ediciones Palabra.
SELLÉS, J. (2006). Antropología para inconformes. Una antropología abierta al futuro. . Navarra: RIALP.
SPAEMANN, R. (2000). Personas. Acerca de la distinción entre “algo” y “alguien”. Pamplona, España: EUNSA.
TOMÁS DE AQUINO. (1475). De ente et essentia.
TOMÁS DE AQUINO. (1485). Suma Teologica.
TOMÁS DE AQUINO. (1980). Compendio de Teología. Madrid: RIALP.
WOJTYLA, K. (1978). Amor y responsabilidad. . Madrid: Editorial Razón y Fe, S.A.
WOJTYLA, K. (2014). Persona y acción (2 ed.). Madrid: Ediciones Palabra S.A.
YEPES, R. (1996). Fundamentos de antropología. Un ideal de la excelencia humana. Pamplona: EUNSA.

  1. gas
    02/05/2018 de 04:13

    Spot on with this write-up, I seriously believe that this website needs a great deal more attention. I’ll probably be returning to see more, thanks for the info!

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: