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Superando el concepto clásico de División del Trabajo

Superando el concepto clásico de División del Trabajo

Reseña del libro “Más allá de la división del trabajo”

Leonel Córdova

GONZÁLEZ, Agustín [Ed.]. Más allá de la división del trabajo. [1era ed.]. Pamplona: EUNSA, 2007. 300p. ISBN: 9788431324698.

Agustín Gonzáles Enciso es catedrático de Historia Moderna y de Historia Económica en la Universidad de Navarra y, actualmente es subdirector del Instituto Empresa y Humanismo. En este libro reúne los trabajos que son fruto del proyecto de investigación llevado a cabo por el Seminario de Investigación del Instituto de Empresa y Humanismo, titulado “La moderna división del trabajo”, orientado a proponer reflexiones interdisciplinarias sobre la división del trabajo en sus relaciones con el uso del tiempo y la búsqueda de la eficacia individual y social. Es decir, busca profundizar en las consecuencias que sobre las personas y organizaciones puede tener un concepto demasiado funcional y rígido, y si estas tareas sociales, que son ineludibles, tienen un contenido más allá de lo funcional.

El concepto de “división del trabajo” existe desde hace mucho tiempo, pero empieza a usarse con Adam Smith, vinculado a una visión materialista refiriéndose ante todo a la división de las tareas materiales a realizar en un proceso productivo. En este libro, no solo se pretende repasar el concepto, sino obtener una visión más compleja de la realidad donde la multiplicidad de aspectos nos permita superar un concepto limitado de la división del trabajo.

Es una pregunta válida, si es que finalmente la división del trabajo no termina repartiendo a las personas en roles, alejándolas de la perspectiva del sentido de la vida, de la visión global y condenándolas a un individualismo. Por ello, deben buscarse vías de solución a las consecuencias negativas de una mala comprensión de la división del trabajo, y así, poder entenderlo de una manera menos mecanicista y más humanizadora. En ese sentido, “la división del trabajo se nos muestra, pues, como necesaria. Es impensable una sociedad si no se ha producido en ella un reparto de funciones, nadie es capaz de hacerlo todo” (Gonzáles, 2007, p.13). Pero lo que debía ser la asignación de una función social que permita interactuar al ser humano termina generando una sociedad individualista en la que el individuo considerado de forma aislada no puede satisfacer sus demandas personales.

Las consecuencias económicas de la división del trabajo son en realidad “poco” en comparación con los efectos morales que produce. Lo positivo es que la división del trabajo se sustenta en la naturaleza social del ser humano cuyas tareas están repartidas desde el propio seno familiar en modo natural. Lo que permitirá el crecimiento de la solidaridad y el desarrollo de la personalidad, esto es porque se crean lazos entre los individuos, y porque la persona en la labor asignada encuentra un camino para desarrollarse. Entre lo negativo, está la especialización que lleva a un individualismo que termina en una incomprensión social que genera opresión y revoluciones cíclicas porque el ser humano deja de ser capaz de comprender al otro. En ese sentido, el ser humano se vuelve irresponsable, debido a que desde su esfera mínima no se puede manejar el conjunto, y en el ámbito social, aunque nadie haya querido los efectos que se viven, todos los han producido, y esto genera una sensación de anonimato (Gonzáles, 2007, p.16).

Esto nos lleva al inmovilismo, pues cada cual con sus roles sociales rígidos no pretenderá cambiar lo global, y se termina generando un conservadurismo social en donde la decisión se ha dejado en las manos de los políticos, especialmente del gobierno controlado por “partidos” y mediatizados por los medios de comunicación. La consecuencia es una fuerte sensación de desamparo y manipulación que lleva a pensar que el avance material se ha pagado con un alto precio moral (Gonzáles, 2007, p.16), y se hace necesario el buscar un nuevo elemento integrador que una la sociedad y haga retroceder al individualismo.

La teoría de la división del trabajo de Adam Smith no se refiere a la integración y coordinación de las relaciones sociales, sino más bien al aspecto mecánico de separación de fuerzas naturales, siendo que la teoría de Smith no ayuda a dar sentido o racionalidad a las conductas individuales en el seno de la sociedad, sino lo que hace es anular la subjetividad del individuo mediante su aislamiento en lugar de su integración social (Gonzáles, 2007, p.17).

El trabajo es “riqueza económica solamente si se organiza al modo humano; es decir, respetando los aspectos esenciales de la antropología humana. Es desde el estudio de las raíces antropológicas del trabajo humano como se puede ofrecer una visión más profunda del mismo y como, a la vez, se puede descubrir la auténtica riqueza” (Gonzáles, 2007, p.21). No se puede separar la riqueza económica de la humanidad de la persona, por lo que resulta necesario que la acción humana, y con ello el trabajo, se oriente al servicio de las personas.

PARTE PRIMERA

Comenzando con Adam Smith: La división del trabajo y sus límites

Adam Smith se da cuenta que el excedente generado por la división del trabajo, no se liga a la propiedad de la tierra, sino a la propiedad del dinero. El mismo que se concibe no como símbolo de integración social, sino como expresión ultima de la labor, del individualismo que aprovecha la riqueza que brota de la tierra. Asimismo, se plantea que la finalidad de la Economía Política de Smith era dar solución al problema de los pobres, y por ello busca maneras de cómo obtener o ganar riquezas. Se ve al individuo como productivo por sí mismo, es decir, en primer lugar, que se permite su propia subsistencia, y, en segundo lugar, que produce más que lo que necesita para la misma. En el primer supuesto se vive en un estado de naturaleza en el cual el individuo puede permanecer aislado, en el segundo, se entiende al individuo como integrado en una sociedad.

Se considera al trabajo como una secuencia de tareas, donde desparece la singularidad y se observa un conjunto de actividades impersonales que pueden ser realizadas por una fuerza impersonal, como lo es la labor; y en ese sentido, lejos de aumentar la labor, Smith terminaría desapareciéndola, por medio de máquinas movidas con energías no humanas. Así, resulta necesario que se vaya imponiendo la especialización flexible como una nueva forma de ver la división del trabajo.

Esto es porque la mano que era un órgano no especializado que denotaba inteligencia con la división del trabajo se especializa. Pero, aun así, poco a poco el ser humano se va viendo reemplazado por la máquina. Y con ese aumento considerable de producción, aumenta también el trueque y el comercio, esto debido a que se intercambia lo que se sobreabunda, de esta manera el hombre fiel a su naturaleza se hace comerciante. Por lo que debe tenerse claro que la división del trabajo no acaba en la producción sino en el comercio y consumo. Y una vez cubiertas las necesidades básicas, uno puede comerciar y consumir otras que no son tan básicas, tantas como el ingenio humano, por lo que pueden ser infinitas.

Cuando el trabajo no está abierto a la trascendencia solo se busca la obtención de capital y no construir sociedades. El hombre es visto solo como un ejecutor y no diseñador de su trabajo, de esta forma el ejecutor no puede interferir o superar el diseño; la consecuencia de la especialización está en que el ser humano no logra ejercitar su inteligencia; y es el Estado el que debe preocuparse por la educación de los ciudadanos. Si la técnica favorece el trabajo, entonces vale preguntarse qué hacer con el tiempo libre, pero Smith no favorece al ocio, y en ese sentido, los trabajos serán tan constantes y severos, lo que dejará poco tiempo para pensar o hacer alguna otra cosa. Pero, cuando la gran mayoría deja de trabajar no se dedica al ocio sino a la diversión y entretenimiento. El hombre se encuentra tan desarraigado en su trabajo que no participa en la elaboración del argumento de su propia vida, y esto es preocupante.

Se nos indica que ante la crisis del modelo fordista surge una alternativa que es la llamada especialización flexible. Y este sistema se apoya en cuatro pilares (Martín, 2007, p.61): 1. El retorno a la producción artesanal por medio del ordenador; 2. La organización de la producción debe ser lo suficientemente flexible para poder enfrentar la variabilidad de la demanda; 3. Las relaciones laborales se fundamentan en la cooperación en lugar del conflicto, lo que favorece la introducción de flexibilidades; y 4. Las relaciones inter-empresariales dejan de estar caracterizadas por el principio de control y pasan a regirse por la cooperación, que descansa en el principio de confianza.

El afirmar que la especialización flexible se basa en la colaboración de todos los actores en el proceso productivo, plantea, cuando menos, algunos problemas de comprensión. Se afirma que la especialización flexible no solo se basa en la colaboración sino también la genera. Pero, las relaciones sociales dentro de la empresa pueden producir colaboración y conflicto simultáneamente (Martín, 2007, p.65). No obstante, estos conflictos suelen paliarse mediante incentivos económicos que acompañen los cambios, o por el efecto gratificante de la responsabilidad y de la eventual participación en las decisiones (Martín, 2007, p.65). Además, la mayoría de estos conflictos discurren a través de relaciones informales y no son sindicalizados. Y, asimismo, se pone de relieve por la especialización flexible la importancia de la formación continua, que poco a poco aproximaran las tareas de diseño y las de ejecución. No debe olvidarse que es crucial la colaboración y entendimiento de los empresarios que forman parte de una misma red o unidad geográfica, siendo que debe existir una comunicación fluida entre ellos que permita consolidar la estructura de grupo y su funcionamiento, y así, poder alcanzar mejores resultados económicos.

PARTE SEGUNDA

Política, sociedad, trabajo. Las dimensiones personales de la división del trabajo

Para comprender la división del trabajo se debe entender las dimensiones personales de la misma, por lo que resulta necesario conocer el concepto de trabajo. En ese sentido, se puede hablar de trabajo en sentido estricto y en sentido amplio; en el primero se refiere a toda acción humana consciente que se realiza para alcanzar un fin aún no poseído, y en el segundo, a la acción humana realizada desde un fin ya poseído. Además, debe tenerse en cuenta que, de acuerdo a la realidad, las diferencias entre trabajo físico e intelectual van desapareciendo. “Todo trabajo humano, si es verdaderamente humano, por muy físico y material que sea, implica uso de la inteligencia y de la voluntad” (Alvira, 2007, p.72). En cuanto más físico sea el trabajo menos humano es, y por ello, resulta paradójico que en la sociedad del conocimiento en la que debería desaparecer el esclavo por naturaleza, que solo hace trabajo físico, somos capaces de percibir una sociedad llena de esclavitud (Alvira, 2007, p.73).

Actualmente, “no son pocos los que no tienen verdadero amor por su trabajo o profesión, lo cual significa, sin lugar a dudas, que no la conocen bien, pues solo se conoce bien lo que de verdad se ama. Sin amor a la propia tarea, esta se convierte en un peso continuo en el que el aprendizaje es escaso y lento”. El tema del trabajo es económico en el sentido antiguo de la economía, pero no en el moderno. El sentido antiguo es la familia; pero el moderno no tiene en cuenta la casa, sino que es individualista, y por lo tanto, tiene una visión superficial del trabajo que no va dirigido a la casa ni a la comunidad política. La dimensión económica del ser humano solo tiene sentido si hay con quien compartir.

El trabajo no se divide sino solo las tareas. No fue el trabajo industrial lo que produjo una “división”, sino que fue el espíritu individualista con el que se desarrolló la industria el que convirtió la “división del trabajo” en un problema económico que se transformó en político.  Si nos damos cuenta, realmente la sociedad no ha cambiado, en la democracia siguen existiendo los mismos estamentos que en el Antiguo Régimen. Han cambiado los matices, las formas externas, pero en lo esencial no ha cambiado nada. Sigue habiendo estamentos, vasallaje, y casi siempre los mismos apellidos en escena (Alvira, 2007, pp.76-77).

Durkheim nos planteará que la división del trabajo tiene un valor civilizatorio en cuanto su carácter de ley moral, la cual crea instituciones con condiciones estructurales de acuerdo al espíritu del individualismo moral de la modernidad. Se observa que la solución a la crisis de la sociedad no está en normas técnicas sino en reglas morales, las cuales se deben construir. Y, asimismo, se debe construir un organismo cuya función especial sería la de conservar la unidad de las funciones, este organismo es el Estado.

La conciencia colectiva disminuye a medida que el trabajo se divide, lo cual es un fenómeno normal. Lo colectivo ha perdido terreno y no podrá recuperarlo. La división del trabajo empequeñece al hombre reduciéndola al papel de la máquina, que no observa finalidad en lo que se le exige, y solo las llevaría a cabo por rutina. Pero, la “división del trabajo supone que el trabajador, bien lejos de quedar “curvado” sobre su tarea, no pierda de vista a sus colaboradores, actué sobre ellos y reciba su acción” (Múgica, 2007, p.95).

No es posible hablar de división del trabajo sin intercambio, cuya forma jurídica es el contrato. El equilibrio de voluntades que constata y consagra el contrato es una consecuencia y una forma diferente del equilibrio entre las cosas. Una regla de equidad es que todo intercambio en el que el precio de un objeto no guarde relación con lo que ha costado hacerlo y los servicios que presta, es un intercambio injusto. Si esto es así, el contrato no es plenamente consentido más que si los servicios intercambiados tienen un valor social equivalente. El principio que debe regir la igualdad es este: “la distribución de las cosas entre los individuos no puede ser justa más que en la medida en que está hecha proporcionalmente al mérito de cada uno. La propiedad de los particulares debe ser la contrapartida de los servicios sociales que presta” (Múgica, 2007, p.103).

El nuevo título de propiedad es el mérito: el reconocimiento efectivo de la capacidad y aptitudes para la función que uno ejerce. La mayor flexibilidad organizadora es afín al cambio social. La economía política ha partido de una suposición falsa: que la acción social es contraria a la libertad, al contrario, lejos de ser antagonistas, debe entenderse que toda libertad parte de una reglamentación, en ese sentido, la libertad es resultado de la acción social. Y, en consecuencia, la tarea de las sociedades avanzadas es crear condiciones progresivas de equidad, la que facilita el libre despliegue de la totalidad de fuerzas socialmente útiles. No estamos, sino ante una mezcla de liberalismo y socialismo que tienen como punto de partida el individualismo moral (Múgica, 2007, p.111).

Nos señalan que, “Durkheim percibe con claridad que el problema radica no solo en que el hombre moderno ligue su existencia al carácter efímero y caprichoso del deseo, sino, lo que es más importante, en que dicha existencia, atravesada por una temporalidad de vértigo, se oriente toda ella a un futuro sin término. Vivir en la perpetua impaciencia, en el continuo desasosiego, en el vértigo de la insatisfacción, siempre deseante de la novedad, fatiga y, a la larga, provoca un desencanto con las cosas y el mundo como totalidad, pues ese mundo se experimenta como lo carente de significación, de relevancia personal, ya que no hay vínculos que lo liguen al propio vivir” (Múgica, 2007, pp.129-130). 

“El hombre es un ser constitutivamente en relación con otros, de manera que su conducta y su misma estructura psíquica o afectiva no es desvinculable de su condición social” (García, 2007, p.95). En ese sentido, se va desarrollando un progresivo aumento de las auto-coacciones, por medio de las cuales las personas generan hábitos para su desarrollo en la sociedad. El ser humano será a su vez un ser-para-sí-mismo, y de manera simultánea se nos mostrará como un ser-para-la-sociedad (García, 2007, p.144). La vida individual ha nacido desde la vida colectiva, no se ha dado al revés, no es que a partir del individuo se forma la sociedad, sino que el individuo poco a poco ha ido obteniendo una mayor relevancia. Y debido al tema de la división del trabajo y a la diferenciación social que genera, el individuo ha ido intensificando sus deseos de felicidad, y como consecuencia de su difícil acceso individual se han ido incrementando los casos de suicidio en la sociedad individual y patológica en la que vivimos. Además, se ha llegado a creer que la sociedad humana en cuanto más civilizada ofrece un mayor ámbito para la individualidad (García, 2007, p.162).

Adicionalmente, se puede hablar de una antigua y una moderna división del trabajo; lo que pone de manifiesto que no estamos ante algo estable y acabado sino ante algo que cambia junto a la propia historia del ser humano (Falgueras, 2007, p.165). Lo principal no es la división sino el trabajo, por lo que se entiende que lo que cambia a lo largo de la historia es el trabajo y su forma de ser concebido. El trabajo no solo puede ser entendido como la elaboración de producto físicos, esta no es su característica principal, sino que del mismo se derive el sustento del sujeto que lo realiza; y además, el trabajo no tiene por qué estar asociado al sufrimiento sino que debe asociarse al disfrute (Falgueras, 2007, pp.173-174). El trabajo debe garantizarnos el doble bienestar de permitirnos ganar el sustento y divertirnos en la acción de trabajar, y no debe verse reducido a una visión errónea de generación de riqueza, entendida esta, solo como la acumulación de bienes materiales, es decir, se alcanza un bienestar material.

Para Adam Smith la riqueza es producida como fruto del trabajo, a partir, de los productos físicos resultantes del mismo (Falgueras, 2007, p.177). Es de esta manera que se entiende a los bienes físicos como medios para obtener la riqueza. Para Smith solo será considerado un trabajo verdadero el que consiste en la producción de un bien físico, y el mismo trabajo es visto como un medio que nunca puede ser un fin, y esto termina despojando al trabajo de toda su posible dignidad (Falgueras, 2007, pp.178-181).

La visión smithiana del trabajo posee dos características que perviven en el modelo renta-ocio: Primero, los trabajadores valoran positivamente el tiempo de ocio y negativamente el tiempo de trabajo; segundo, la función del trabajo es la de ser solo un medio para adquirir bienes de consumo, una acción no deseada que solo se realizaría para obtener los ingresos necesarios para el consumo. No obstante, queda la interrogante de cómo poder motivar al trabajador para que aproveche el tiempo que debe dedicar al trabajo, debido a que posee una inclinación natural a no trabajar; es decir, se pasa de la aversión al trabajo a la aversión al esfuerzo. La máquina nos lleva a pensar que la división del trabajo se da por ella, y el trabajador solo es su apéndice. En ese sentido, el trabajo es una actividad penosa y no deseada que solo se entiende como un medio de acumulación de riqueza y consumo, siendo la riqueza el fin último del consumo, debido a que se trata de una mera acumulación de bienes (Falgueras, 2007, p.198).

En consecuencia, se intentará comprender la organización desde una perspectiva aristotélica. En ese sentido, se entiende al gobierno corporativo como la relación entre los accionistas, los directivos y los miembros del consejo de administración en la medida en que determine la dirección y la actividad de las empresas. Y así el gobierno corporativo puede entenderse como  el modo en que el poder y la autoridad se ejercen dentro de una empresa. El poder significa la capacidad de efectuar un cambio, mientras que la autoridad se refiere a la validez del motivo del cambio. El gobierno corporativo quiere decir gobernar adecuadamente la empresa como una institución social.

Se puede encontrar similitudes entre el estado y la empresa en cuanto ambas son instituciones sociales. En general, las personas se dividen en el estado entre ciudadanos y no-ciudadanos, mientras que en la empresa, se dividen en accionistas y no-accionistas. Un ciudadano es el que participa en la administración de justicia y en los cargos; la ciudadanía implica una jerarquía, que unos manden y otros obedezcan, lo cual es necesario. Se puede realizar una analogía con los accionistas como ciudadanos, y también otra, como los “stakeholder”, es decir, cualquier individuo o grupo que puede afectar o afectarse por la organización, pero el único grupo de “stakeholder” que cumple con los criterios de “ciudadanía corporativa” es el de directivos-accionistas (Sison, 2007, p.201).

La analogía se sigue en que el estado y la empresa necesitan un gobierno, la diferencia está en que el estado es soberano, y el gobierno corporativo no lo es. Hay dos regímenes uno que mira por el bien de los gobernantes, o despótico, y el otro que mira por el bien de los gobernados que es un gobierno libre o constitucional. Este segundo es un régimen verdadero, y entre los que pueden darse tenemos la monarquía, la aristocracia y los regímenes constitucionales. Entre los regímenes perversos están las tiranías, las oligarquías y las democracias. Y estos tipos de gobiernos pueden darse en las diferentes empresas.

Una tercera parte de la analogía se encuentra en la finalidad que tiene el estado y que tienen las empresas. El primero tiene una finalidad política que les permitirá a las personas alcanzar su pleno desarrollo o perfección de la vida humana. En cambio, la empresa es una sociedad artificial porque no surge de la naturaleza humana, y es imperfecta porque no es autosuficiente, sino que es una asociación intermedia entre la familia y el estado. No obstante, los fines económicos que buscan las empresas son medios para el fin político que buscan los estados. El objetivo de la economía es proporcionar las condiciones materiales para la vida buena, que es el objetivo de la política. La economía moderna simboliza el triunfo de la crematística no-natural que no tiene reparo alguno en la obtención de bienes materiales, sobre el fin político, y la sustitución del estado por el mercado como contexto del florecimiento humano (Sison, 2007, pp.210-215).

PARTE TERCERA

Trabajo, empleo y uso del tiempo: Algunos problemas actuales

El sistema económico pide a todos que hagan un esfuerzo para triunfar en el camino de su vida, aun sabiendo, que uno de cada 100 o 20 lo logrará y el resto son perdedores que deben entender que de una forma u otra se han beneficiado con el esfuerzo de todos los demás. La igualdad de condiciones de la democracia puede llevar al espejismo de la “igualdad extrema” y, en ese caso, “quieren la igualdad en la libertad, pero si no pueden obtenerla, la quieren aunque sea en la esclavitud. Hay que tener cuidado del hombre de la masa, cuyo modo de ser es la inercia, que no quiere dar razones ni quiere tener razón porque defiende el derecho a no tener razón (García-Durán, 2007, pp.225-229).  

Se plantea que las sociedades más avanzadas no se han transformado en ociosas, sino en más productivas. El problema es que los niveles de bienestar personal y colectivo no son una referencia fija e inmutable, sino que evolucionan, crecen (Martínez-Val, 2007, p.244). No obstante, en ciertos países para que ese futuro exista se necesita que haya población, pero recurrir a la inmigración como aporte poblacional es una práctica tan antinatural que resulta inaceptable desde el punto de vista humano (Martínez-Val, 2007, pp.252-254).

Una de las novedades más recientes es la incorporación masiva de la mujer al mundo del trabajo. Y las naturales diferencias que pueden darse entre el hombre y la mujer se han interpretado bajo el prisma de dominación, y que por lo tanto, en nuestras sociedades democráticas e igualitarias, debe desaparecer. Pero, debe valorarse que no todas las diferencias entre hombres y mujeres son intrínsecamente negativas, ni deben ser interpretadas como una relación dominante-dominado.

CONCLUSIONES

La “división del trabajo” no es una idea novedosa de Adam Smith, sino que es una idea tan antigua en cuanto entendida como natural división de roles en la sociedad, lo que sucede con Smith es que le da un nuevo sentido materialista y funcional a la división de los roles sociales. Y, en ese sentido, la división del trabajo genera un aislamiento que sitúa a la persona en un cómodo individualismo que lo coloca incómodamente como irresponsable ante la sociedad.

Si se valora correctamente la división del trabajo, se puede repensar que hacer con la organización estatal-empresarial, el uso del tiempo libre y el desarrollo de las personas. Esto es solo si se entiende a los roles asignados como elementos constituyentes de algo superior y podemos observar la vida con un sentido de globalidad, por lo que debe superarse la visión del trabajo como tareas intrascendentes, debido a que eso termina aislando a los seres humanos en una esfera privada de la que es difícil salir para relacionarse con las demás personas.

Si el trabajo no está abierto a la trascendencia solo se busca la obtención de capital y no construir sociedades. El trabajo debe garantizarnos el doble bienestar de permitirnos ganar el sustento y divertirnos en la acción de trabajar, y no debe verse reducido a una visión errónea de generación de riqueza, entendida esta, solo como la acumulación de bienes materiales, es decir, se alcanza un bienestar material. Y no dejar que el ser humano en búsqueda de igualdad termine perdiendo su libertad en medio de la masa que solo se dedica al consumo.

Breve comentario del “Discurso en el Politeama” de Manuel Gonzales Prada

Breve comentario del “Discurso en el Politeama” de Manuel Gonzales Prada

INTRODUCCIÓN

El presente trabajo es para abordar de manera breve el pensamiento de uno de los intelectuales peruanos más ilustres que ha dado nuestro país, como es el caso de Manuel Gonzales Prada, y al mismo tiempo poder hacer un corto comentario respecto de su discurso de inicio en la vida política, como lo es el discurso en el Politeama, en el cual ya muestra su estilo característico, que es el confrontacional de protesta reclamando por un Perú que no se da.

Manuel Gonzáles Prada es ante todo un reaccionario, en el sentido no de oponerse a la innovación, sino de actuar en reacción por la acción de otro. Y su reacción fue violenta por la descomposición y postración nacional, por la corrupción y la podré del país[1]. Y por esto, por la fuerza de su pensamiento, nos encontramos ante “el más egregio pensador progresista peruano de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, [él cual] tiene un lugar prominente en la historia literaria latinoamericana. Sus escritos nutrieron e inspiraron a varias generaciones de sus discípulos deseosos de democratizar y modernizar el Perú”[2].

En ese sentido, resulta necesario estudiar a Manuel Gonzáles Prada, debido a que serán sus discípulos quienes constituyan el Perú que nos toca vivir actualmente, por lo que resulta necesario estudiar la labor del maestro y cuales han sido sus aportes. De esta manera, debemos tener claro que Gonzales Prada es un “[a]utor, venerado y temido en el Perú, pero casi desconocido en el ámbito latinoamericano a pesar de la recepción que llegó a tener en el primer tercio del siglo XX. A partir de 1918, fecha de su muerte, se convirtió en un ícono laico, […] un honor que margina a la vez que deifica”[3].

Y debido a ese desconocimiento en que se va profundizando su figura, previo a la tarea que nos ocupa que es comentar brevemente el “Discurso en el Politeama”, por medio del cual, según algunos estudiosos de su pensamiento, nuestro autor inicia su actividad de pensador político en el Perú; debemos repasar de manera corta, pero precisa su contexto, su vida y su pensamiento, para ubicarnos en el autor que estudiamos, así como para ubicarnos luego en el texto analizado que será el punto de partida y germen de su pensamiento que resulta ser muy variado, y por lo tanto difícil de clasificar. 

En ese sentido, sin decir más, los dejamos, primero con las cuestiones previas que nos servirán de ubicación en el autor para luego pasar a comentar el “Discurso en el Politeama”, esperando que la lectura del presente documento contribuya pequeña pero significativamente para ayudar a conocer nuestra realidad nacional, a partir de sus pensadores.

Piura, 12 de septiembre de 2017

CUESTIONES PREVIAS

Contexto histórico

Nuestro país ha tenido problemas institucionales aún antes de alcanzar la independencia, y si vale exagerar, desde antes de la conquista. Ya el Incanato era una subyugación de culturas por parte de los Incas, culturas que vieron su oportunidad de oro para independizarse cuando llegaron los españoles.

Desde la corona española se plantearon una serie de medidas de protección del nativo americano que debía cuidarse hasta que sea un súbdito más del reino español. No obstante, una realidad diferente se dio en la Metrópoli y otra muy diferente en el virreinato, donde un grupo de poder subyugo a los demás. Se había reemplazado a los Incas, primero por los españoles conquistadores y luego por los españoles americanos o criollos.

Será ya en la independencia americana, que le toco independizarse al Perú, y su independencia no fue producto de los peruanos, sino de corrientes libertadoras que llegaron desde Argentina y Venezuela, produciéndose con ello una ruptura en la identidad del país, especialmente, para varios españoles americanos que no deseaban la independencia. Pero, a partir de la misma se encuentran en una nueva situación, ya no tendrá que responder el criollo ante la corona española, sino que ahora estará a cargo del nuevo país, debido a que se concibe como la clase dirigente que buscará conducirnos al progreso.

Pero, no hubo progreso, ni hubo estructuras políticas sólidas. Debido que, al verse libres de la corona española, y al no haber deseado inicialmente la independencia, ahora se encuentran con el botín destapado y todos queriendo poseerlo, es decir, se iniciaran una serie de luchas de caudillos por ostentar el poder, retrasando con ello el progreso del Perú, y manteniendo a las clases sociales bajas en igual o peor condición, dada que la independencia fue hecha por extranjeros favoreciendo la burguesía peruana conformado por varios criollos.

Sin embargo, el país se recuperará y tendrá la ilusión de crecimiento en base a recursos que la naturaleza había depositado en nuestro territorio, estamos hablando del guano y posteriormente del salitre. Y será gracias al guano, recurso bastante apreciado en otros países que se “propiciará el nacimiento del primer partido político, en el sentido estricto del término, y que fue el Partido Civil, [el mismo que] se forma con lo más graneado de la oligarquía limeña”[4]. El exitoso negocio del guano enriqueció a comerciantes peruanos de una manera espectacular, “formando una nueva elite adinerada que emparentada en ventajosos e interesados matrimonios y enlaces con las antiguas y señoriales familias capitalinas, formarían la llamada oligarquía nacional”[5].

Pero, será en el gobierno del presidente Balta, que, debido a una aguda crisis fiscal originada por la deuda externa, que el recién nombrado Ministro de Hacienda, Nicolás de Piérola firmará el contrato Dreyfus, permitiendo que la firma francesa reemplace a los empresarios peruanos que explotaban este recurso. Por lo que, “[e]l escandalo no se hizo esperar y los consignatarios [nacionales] como reacción apasionada y a la vez de cálculo, terminarían por formar un partido político que los represente: el cual toma por nombre Partido Civil, mostrándose dicha agrupación entonces, como un claro y notorio defensor de los intereses de la mayoría de la alta clase limeña. Su líder natural, candidato en las siguientes elecciones y luego elegido presidente del Perú en 1872, Don Manuel Pardo y Lavalle, era un rico consignatario de guano, el más importante.[6]

Al entrarse en una crisis del guano, se buscan nuevos recursos que explotar, y se encuentra el salitre del sur que no estaba siendo aprovechado, lo que unido a un pacto secreto de mutua protección firmado con el vecino país de Bolivia, y los desencuentros producidos con Chile, nos llevará inexorablemente a una catástrofe nacional, llamada la Guerra del Pacífica, que si bien da lugar a demostrar la línea de héroes que tienen el Perú, será una guerra que se pierda con nefastas consecuencias. Recordemos que Bolivia, quien nos metió en el conflicto se retira pronto de la guerra dejando a Perú enfrentarse a Chile, y si bien se guardaba un optimismo fundado en el pasado se comprobaría con dolor que no se había sabido fortalecer nuestro ejército, no habiendo aprovechado la “prosperidad falaz” que nos garantizó el guano.

La guerra del pacifico, encontró en el Perú un país débil, dividido que no había mejorado sus infraestructuras evitando con ello su desarrollo. Y será la perdida de esta guerra, la destrucción del país, la continua lucha por el poder que recae en pocos y que no permiten crecer al Perú, caldo de cultivo del cual emergerá la figura de Manuel Gonzales Prada e iniciará el desarrollo de su pensamiento a partir del “discurso en el Politeama”.

Biografía

Manuel Gonzales Prada nació en Lima el 05 de enero de 1844, siendo sus padres Don Francisco González de Prada y Marrón de Lombera (1815-1863) y Josefa (Pepa) de Ulloa y Rodríguez de la Rosa (1820-1887), ambos de destacadas familias aristocráticas y religiosas; lo que para algunos será el primer detonante, quizás por una mala relación con los mismos, de su problema existencial que terminará haciéndolo acercar al obrero y alejarse de la aristocracia, lo que significativamente hace al renunciar al “de” de su apellido; y también terminara alejándose de la religión y hablando abiertamente contra la misma[7].

Desde joven se inició en la literatura, escribiendo poemas de influencia romántica, pero pronto pasaría al modernismo. Logrará ser admitido “como socio de la Sección Artes y Letras del Círculo Literario, presidido por Francisco García Calderón[8]“, futuro presidente del Perú; siendo luego crítico con el mismo.

En el ámbito del romance, “Manuel se enamoró de Verónica Calvet de Bolívar, de unos veinticinco años de edad, cuando don Manuel frisaba los treinta. De sus vínculos amorosos nació Mercedes, en 1878. ¿Por qué no se casaron? Tal vez porque el año anterior Manuel había conocido a Adriana de Vernehuil y Conches, agraciada adolescente francesa, con quien se casaría en 1887”[9].

Ante la guerra del pacifico, Manuel Gonzales Prada decidió defender su país y unirse a la resistencia, por lo que “en 1880, cuando los chilenos triunfantes se acercaban a Lima, don Manuel combatió defendiendo el cerro del Pino (a unos dos kilómetros al sur de Lima), vecino a Chorrillos, donde los invasores dos días antes habían prendido fuego a la ciudad. Después de cumplir el deber de defender a la patria, el entristecido Manuel se encerró en la casa materna durante la mayor parte del cuatrienio de la ocupación de Lima. La catástrofe nacional fue definitoria para González Prada y su generación. La estela de pesimismo y revanchismo frustrado lo afectaron profundamente”[10].

Será en 1884, cuando Chile se retira de Lima, que surge de su retiro voluntario para combatir el desbarajuste moral y a los responsables que nos habían llevado a la derrota, siendo este el punto de partida del pensamiento político en Gonzales Prada. Y será en este período donde se inicia por parte de este pensador el uso de su literatura como medio de protesta para acusar las deficiencias y errores cometidos por quienes ostentaban el poder para enriquecerse a si mismos, perjudicando a todo un país, especialmente a los más necesitados que no habían podido fugar del enfrentamiento.

En 1885 entra al Ateneo, nuevo nombre del Club Literario, pero será decepcionado por el conocido conservadurismo de dicha agrupación. Debido a esto, fundará e integrará el Círculo Literario, siendo posteriormente su presidente, considerando a este grupo como “el partido radical de nuestra literatura”[11]. Y será para fiestas patrias de 1888, cuando, “el ecuatoriano Miguel Urbina, con voz límpida, leyó en el Teatro Politeama de Lima la famosa disertación de González Prada, Discurso en el Politeama. Las felicitaciones por tan polémica pieza de oratoria, especialmente procedentes de provincias, fueron difundidas por Abelardo Gamarra en La Integridad, para disgusto de los periódicos gubernamentales, que lo atacaban, condenaban y apoyaban su excomunión”[12].

“En mayo de 1891 González Prada, Germán Leguía Martínez, Víctor Maúrtua, Luis Ulloa, Carlos Rey de Castro, el trujillano Wenceslao Cuadra y cuadros del Círculo Literario fundaron la Unión Nacional, cuya “Declaración de principios”, redactada por don Manuel y publicada el 16 de mayo de 1891 en La Integridad, expresa objetivos reformistas para establecer un gobierno parlamentario dedicado a un programa de reformas sociales y medidas en defensa del indígena. Poco después, el nuevo partido político lo nombró su presidente”[13]. No obstante, sumido en un pesimismo, por la pérdida de dos hijos con su esposa decidirá viajar a Francia dónde el contacto con los intelectuales europeos moldeará su pensamiento. Es preciso señalar, que en Francia nacerá su hijo Alfredo (1891), y que de esa ciudad también verá la luz “Pájinas Libres” (1894).

Luego de Francia inicia un recorrido por Europa que terminará con dos años por España, luego de los cuales, regresa al Perú el 2 de mayo de 1898, volviendo a combatir la corrupción y mal gobierno que ostentaba nuestra patria. Pero, como muestra del anarquismo creciente en su persona, rechazará ser candidato presidencial por su partido, ni acepta ser candidato a la vicepresidencia.

En cambio, publicará en 1901 “Minúsculas”, en 1908 “Horas de Lucha”, en 1909 “Presbiterianas”, y en 1911 “Exóticas”. Y en 1912 acepta ser director de la biblioteca nacional, lo cual reanimará los conflictos contra los escritores conservadores, que lo llamaron “convenido por el poder”, a los cuales responderá con un balance de la biblioteca en el que se muestra varias críticas a las gestiones anteriores que califica de desastrosas[14].

Para “Manuel, 1918 fue un año de hondas preocupaciones, como lo revelaron los escritos inéditos que arrumaba en su escritorio de casa mientras desempeñaba la dirección de la Biblioteca Nacional. Presintiendo la aproximación de la muerte, escribió composiciones contra las crueldades encontradas en la vida. Murió de un infarto cardiaco a las 12:40 de la tarde del 22 de julio de 1918. Así partió el maestro, dejando su obra inconclusa. Por suerte, había plantado semillas cuyos frutos cosecharían sus numerosos discípulos”[15].

Luego de su muerte se han publicado varias obras póstumas entra las que encontramos “Libertarias (1938), Baladas peruanas (1939), Letrillas (1975) y Cantos de otro siglo (1878), o que permanecen inéditos en la Biblioteca Nacional del Perú”[16]. Y “[e]ntre las obras publicadas por su hijo Alfredo, destaca Nuevas pájinas libres, impresa en Santiago de Chile en 1937, con una “Advertencia del editor”. Dividida igualmente en cinco partes, la obra contiene quince ensayos y seis prólogos a diferentes libros de escritores amigos. La calidad estética del gran escritor se confirma en esta publicación”[17].

El pensamiento

Manuel Gonzales Prada es recordado por expresiones lapidarias en frases famosas, como: “Los viejos a la tumba los jóvenes a la obra” (Discurso en el Politeama), “rompamos ese pacto infame y tácito de hablar a media voz” (Discurso del Teatro Olimpo), “el Perú es un órgano enfermo, donde se aplica el dedo brota la pus” (Propaganda y ataque), “En el Perú, los militares piensan que el último galón de su carrera es ser Presidente de la República” (Horas de Lucha), “no forman el Perú, las agrupaciones de criollos y extranjeros que habitan la faja de tierra situada entre el Pacífico y los andes; la nación está formada por la muchedumbre de indios discriminados en la banda oriental de la cordillera” (Horas de Lucha).[18]

Las ideas que influyen en el pensamiento de Manuel Gonzales Prada no son tan fáciles de ubicar. En sus escritos él se declara un “libre pensador”, al mismo tiempo que aparecen muestras de un profundo radicalismo que busca la revolución. Posteriormente, se concebirá como un anarquista por lo que ubicarlo en un espectro ideológico es una tarea muy ardua[19].

Hasta llegado 1860, el panorama en el tema de las ideas y la filosofía en el Perú era copado por un eclecticismo dentro de un pensamiento escolástico, que a definición de Gonzales Prada se encontraba ajeno por completo al progreso del conocimiento moderno”[20]. Si bien a partir de 1860, el positivismo empieza sus andanzas en las universidades, será Manuel Gonzales Prada el mayor exponente de un “positivismo no universitario”, sin que esta visión signifique una mirada peyorativa ni discriminadora. Esto es porque “[l]os estrechos límites sociales en que se movían los intelectuales hispanoamericanos jugaron un papel decisivo tanto en los motivos y asuntos tratados en sus obras como en los medios –prensa, principalmente- ante un público por construir[21].

Durante su instancia en París, asiste asiduamente a las clases de Ernest Renan y Louis-Nicolas Ménard en el Collège de France, y a las salas de lectura de la Biblioteca Nacional. Allá hizo pesquisas sobre métrica, rítmica. Además, leyó tanto las obras de antropólogos sociales (Le Bon, Gumplowicz y Tarde), como de los anarquistas Bakunin y Kropotkin. En La Sorbona, escuchó las charlas del egiptólogo Henri Maspero (1846-1916) y concurrió a charlas sobre literatura china. Se matriculó como alumno libre de esa venerable institución de alta cultura, alternando su asistencia con visitas a los museos y concurrencia a la Comédie Française y a la ópera[22]. En los museos que frecuentaba se encontraba el Museo del Louvre y asistía a diversos auditorios donde se pronunciaban conferencias sobre el positivismo de Comte. Estuvo presente en los sepelios de varias personalidades de renombre internacional: Renan, Maupassant, Leconte de Lisle y Louis Pasteur. En los funerales de Maupassant escuchó a Émile Zola su apología al amigo y correligionario de la escuela realista. Y concurrió a representaciones de obras teatrales clásicas y se entusiasmó con las conferencias sobre positivismo.[23]

Por lo que podemos ubicar a González Prada como un intelectual del ochocientos que abraza el positivismo de la ciencia, sobre todo aquel proveniente de Augusto Comte, que renuncia a toda explicación trascendente y metafísica del universo para atenerse exclusivamente al conocimiento de los hechos a través de la observación y de la experiencia[24].

Un positivista que pasara a ser radical, cuando vea que el positivismo por si solo no puede implantarse y dar respuestas a las realidades del país, cuando descubra que el positivismo se une más a las personas que mantienen el poder, y queda lejos del pueblo que necesita el cambio. Y en ese sentido, el González Prada radical solo fue una simple etapa en su marcha al anarquismo[25].

Un anarquismo del que da señales claras cuando renuncia a ser candidato a la presidencia del Perú. Y que sigue mostrando al censurar la organización política y social del país. Un anarquismo que reclama igualdad, y que inicia su búsqueda en la defensa de los derechos de los indios maltratados. Un anarquismo que en muchos casos se tiñe de tintes de socialismo, y que por lo general es herético[26].

Un anarquismo que desarrollará el individualismo presente en él. Y que será el paradigma que supere un positivismo estático. Estableciendo en el proceso la base de una ontología individualista, basada en el orden individual en vez del colectivo, para preparar el camino hacia una etapa anarquista”[27].

Es necesario tener en cuenta que el recorrido que hace Gonzales Prada es sui generis, dado que si bien, “[e]s evidente que el énfasis de los radicales peruanos estuvo más bien en la reordenación y casi se podría decir que en la refundación del Perú político y social desde sus cimientos al nivel de un ideal que nunca se alcanzó de acuerdo con sus expectativas. Los radicales peruanos tuvieron una orientación hacia los temas del trabajo y los grupos artesanales. Pero, los radicales no llegaron a ser, sin embargo, anarquistas o socialistas (democráticos o marxistas)”[28].

La anarquía de Gonzales Prada busca desligar al individuo de la Iglesia, y del estado, siendo su única meta que el sujeto sea capaz de crear su destino. Manuel, “[s]e pone al lado de la plebe porque se ha frustrado con la corrupción de la oligarquía, [y aquí encontramos] […] su fuerza motriz […]: la protesta”[29]. Será por esto, que reclame originalidad en la soledad del individuo, que no solo se extienda al ámbito político, moral, sino también en el ámbito literario.

Por lo que será en base a este anarquismo e individualismo, que logrará crear una literatura nacional moderna, y propondrá modificar tanto la ortografía como el contenido cognoscitivo del castellano[30]. Siguiendo a Andrés Bello y Domingo Faustino Sarmiento, en el “Discurso en el Ateneo” y “Notas sobre el idioma”, don Manuel discrepó de la ortografía oficial y propuso el uso del apóstrofe, las contracciones clásicas del, della y desa, el uso de la vocal i en vez de la conjunción y, la sustitución de la g por la j delante de las vocales e e i, etc. y otras reformas. [31]  

De “Pájinas libres”, Unamuno dirá: “Es […] de los muy pocos libros latinoamericanos, que he leído más de una vez; y […] de los cuales tengo un recuerdo vivo”.[32] En este libro, González Prada resalta “como idealista imaginativo, apóstol perfeccionista, predicador ético y sembrador de ideas. Su inclaudicable oposición a los déspotas le hizo a veces excederse en la denuncia, no obstante, su permanente esfuerzo para afirmar y negar respaldándose en la verdad […][33].

Después de retornar de Europa, se acercó al proletariado y publicó ensayos progresistas, convirtiéndose en el más importante pensador radical hispanoamericano. En 1908, publicó “Horas de lucha”, su segundo libro en prosa sobre la realidad nacional, donde destacan “Los partidos y la Unión Nacional”, “Nuestro periodismo”, “Nuestros conservadores”, “Nuestros liberales”. “Nuestros magistrados”, “Nuestros legisladores”, “Nuestra aristocracia” y otros ensayos que radiografían la sociedad peruana, y con metáforas cargadas de ironía y sarcasmo, critica implacablemente las instituciones del país[34].

COMENTARIO AL DISCURSO EN EL POLITEAMA

Este discurso inicia la vida política de Manuel Gonzales Prada, y es recordado a través de generaciones como un llamado constante a la juventud. Y en el que se muestran los primeros esbozos de las corrientes filosóficas que ya están de boga por el viejo mundo y que nuestro autor adoptará en su totalidad cuando haga su estancia en Francia y posterior recorrido por Europa.

Si existe una expresión que vuelve a menudo bajo la pluma de González Prada, de hecho, es la fórmula “ciencia positiva”, porque buscará reconstruir el país conforme a un plan matemático[35]. Lo que entra en relación con esa fe ciega en el progreso indefinido de la humanidad que caracteriza a la ilustración, y sobre todo al final del siglo XIX. “El cientificismo de González Prada tiene sus raíces profundas que lo convierten en una figura representativa del siglo XIX y en el continuador, a principios del siguiente de varias generaciones de […] progresistas, herederos ellos mismos de las Luces y de la Revolución Francesa”.[36]

En este Discurso convoca de manera directa a la ciudadanía a luchar por un cambio social contra los males que aquejaban a la sociedad peruana y se habían incrementado luego de la tragedia de la derrota en la reciente guerra. Desplaza toda su artillería contra la vieja herencia colonial española a la cual trata de manera feroz y la acusa de ser el origen de todos los males de la nación. Agrega que su innegable representante es la oligarquía limeña que condensa en ella la responsabilidad de un país sumido en la miseria, el prejuicio y la desolación.

 “El organizador de la velada en que se leyó este discurso fue el profesor de música José Benigno Ugarte, director del Colegio de Lima y representante de los Colegios particulares de la capital peruana para dicha organización. Debe llamarse la atención sobre la época y las circunstancias en que fue pronunciado el discurso. Su objeto fue iniciar la colecta nacional para reunir un millón de soles que el Perú debía pagar a Chile en el caso de que el Plebiscito a realizarse, para determinar la suerte definitiva de las provincias de Tacna y Arica-entregadas por diez años a Chile- favoreciera al Perú. Esto fue establecido por el Tratado de Ancón del 20 de octubre de 1883. A la velada asistieron el presidente de la República y sus ministros. Manuel González Prada emblema del revanchismo fue invitado a hablar; él redacto el discurso y lo hizo leer por un joven estudiante, él concurrió de incognito”[37].

Gonzales Prada insiste en un llamado generacional, donde las nuevas generaciones alzaran la mirada y con el dedo señalando juzgaran los fracasos de los mayores que ostentaban el poder. Busca el pensador joven que salga acusador y lleno de energía para cambiar una realidad, censura a los viejos a quien les acusa de una actuación irresponsable que nos ha llevado a una guerra civil de medio siglo, a la quiebra fraudulenta y a una mutilación del territorio[38].

Loa actores que han llevado la vida política del país se les acusa de despilfarro irresponsable, y de mediocres. Nos dice que la ocasión, el reunir el dinero es la intención de los niños de rescatar con el oro lo que sus padres, nuestros padres, no han sabido proteger con el hierro, con las armas. Aclama una y otra vez que los mayores deben temblar ante las acusaciones históricas que les plantearan los jóvenes que no reciben un país rico, sino un país en crisis por su responsabilidad, por sus peleas, por sus ambiciones puestas por encima de la realidad nacional. Los verdaderos enemigos no han sido los chilenos invasores, sino nuestra ignorancia, nuestro espíritu de servidumbre, nuestro país feudal y caudillista, y por lo mismo dividido en sectores, personas que no se reconocen como parte del Perú.

Nos dirá, que “aunque sea duro y hasta cruel repetirlo aquí, no imaginéis señores que el espíritu de servidumbre sea peculiar a sólo el indio de la puna, también los mestizos de la costa recordamos tener en nuestras venas sangre de los súbditos de Felipe II mezclada con sangre de los súbditos de Huayna Cápac. Nuestra columna vertebral tiende a inclinarse”[39].

Acusa a los que han ostentado el poder de haber convertido al país en un lugar dirigido por aficionados, en un país retrogrado, retrasado, en un país de ignorantes. Y acá nos muestra Gonzales Prada la Solución, el darle lugar a una nueva ciencia, y dejar de lado esa ciencia momificada que socaba nuestras universidades, nos está hablando que dejemos los estadios teológicos y filosóficos para llegar a un estadio científico, al positivismo de Comte.

. Niega la existencia de un verdadero partido liberal y de un verdadero partido conservador. Solo muestra tres grandes divisiones en el país: los gobiernistas, los conspiradores y los indiferentes por egoísmo, imbecilidad o desengaño. Pero, si damos lugar a esa Ciencia nueva, a la nueva diosa, nos hará libres, hombres fuertes. Manuel nos muestra un pensamiento positivista que rescata esa fe en el progreso indefinido, visión ilustrada que promete escatologías secularizadas, es decir, la salvación ya no en el más allá sino en la tierra misma.

Luego hará una descripción de la realidad nacional, tan certera como extraña hasta ese momento, nos dirá que “[n]o forman el verdadero Perú las agrupaciones de criollos y extranjeros que habitan la faja de tierra situada entre el Pacífico y los andes; la nación está formada por la muchedumbre de indios diseminadas en la banda oriental de la cordillera”[40]. Y de esa manera extiende el proceso de independencia, que hasta ese momento solo se había concebido para burguesía acomodada, mientras que el indio y las clases pobres habían seguido viviendo como si nada hubiera cambiado. El Perú se extiende y se abren caminos ignorados.

Gonzales Prada muestra su pesimismo respecto a la generación actual de gobernantes, es por ello por lo que hace un llamado a una nueva generación que se encargue del país. En ese sentido nos dirá: “que vengan arboles nuevos a dar flores nuevas y frutas nuevas. ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!”[41].

Nos pide que no nos silenciemos, que nuestro odio justo ante las personas que han arruinado el país se pronuncie que los despierte de su corrupción, que como hombres libres actuemos mostrando el camino que se debe seguir. Nos reconoce como un país rico, pero cuya riqueza principal seria la acción libre del hombre, obviamente guiada por una nueva ciencia, la ciencia positiva. Somos mejor que el gobierno, somo el pueblo que camina, que no se encorva, que no es siervo, en ese sentido nos afirma: “[l]a historia de muchos gobiernos del Perú cabe en tres palabras: imbecilidad en acción; pero la vida de todo el pueblo se resume en otras tres: versatilidad en movimiento”[42].

Tenemos todos los peruanos sentimientos que nos pueden permitir recuperar lo grandioso de nuestro país, que son capaces de regenerarnos y salvarnos, estos serían el amor a la patria y el odio a Chile[43]. Un discurso confrontacional, entendido en el contexto de la Guerra, de un Chile que había destruido el Perú, de un gobierno que el pueblo siente como responsable, y en ese sentido sienten que los gobernantes no aman al país que les toca gobernar, un creciente llamado de atención que hace que cada joven se levante para trabajar, eso si, conjuntamente, no por un interés personal, sino por el interés de la sociedad.

Un llamado que sigue estando vigente en la actualidad, pero no de forma tan radical, no con los tintes anarquistas respecto al gobierno, pero sigue siendo un llamado a que cada generación se preocupe por su país, ame a su país, y que ya no sean los puntos de partida el odio a otro país, que no se pierda el tiempo en ello, sino que nos concentremos en nosotros. Ni una ciencia positiva, que se mostró como un fracaso a lo largo de la historia, pero que, si sea nuestra tarea, identificar las necesidades concretas del país y de los peruanos y buscar satisfacerlas para alcanzar un bien común que se asocie del bien personal de cada ciudadano.

CONCLUSIONES

  1. El aporte de Manuel Gonzales Prada consiste en innovar en el ambiente cultural-político limeño que no se había movido desde la independencia. Y no solo lo logra en el plano de las letras, debido a que su radicalismo quiere cambiar la sociedad peruana que aún conserva tintes coloniales. En ese sentido, se constituye como el primer gran modernizador del Perú, que intenta corregir los males de la sociedad desde sus raíces.
  2. Manuel Gonzales Prada pertenece a un período eclético en el que encuentra diversas influencias: romanticismo, positivismo, anarquismo, entre otros. Por esto se puede describir como eclético, si entendemos al modernismo como una realidad eclética, entonces también lo podemos describir y clasificar como un pensador modernista.
  3. La crítica de Manuel Gonzales Prada responsabiliza a tres actores de la política nacional: a) La Oligarquía Nacional. b) La alta jerarquía del Ejército Peruano y c) La Iglesia Católica. Y por ello, someterá a estas tres instituciones, que vienen a conforman una especie de “antiguo régimen” en su mentalidad a una furibunda critica, en el marco de un despiadado análisis de la realidad nacional post guerra del pacifico.
  4. Manuel González Prada estuvo convencido de encontrarse en el umbral de una gran transformación histórica nacional, en el inicio de la revolución, en la cual lo viejo y lo nuevo colisionan en circunstancias en que las glorias del pasado sirven de lanzas para forjar el futuro. En esta coyuntura, entiende al escrito como un medio de propaganda y ataque.
  5. Manuel González Prada también marcó profundamente la política peruana. Su pensamiento ha influido en la redacción de programas para modernizar y democratizar el país. Su aversión a las limitaciones y prejuicios sociales, al colonialismo estético y a la sociedad retrógrada lo empujó a producir una literatura política sobre los males del país y la transformación social. Su defensa de los desamparados del mundo le ganó adeptos y admiradores en muchas partes.
  6. Manuel González Prada intentó ser a la vez ecuménico y local. Se esforzó por interpretar al peruano y lo peruano como parte de su esfuerzo de identificación continental. Su espíritu innovador no se riñe ni con el clasicismo ni con la erudición internacional. Eso sí, adapta siempre las ideas foráneas, clásicas o modernas, a la realidad americana. Del liberalismo positivista evolucionó al anarquismo. De la literatura objetiva y social, impregnada de cientificismo y regida por el ideario del progreso, llegó a la literatura de propaganda y ataque a favor de la creación de una sociedad ácrata. Constituyéndose por su innovadora literatura política, tan rica en ideas, en un adelantado del pensamiento contestatario, un “precursor del nuevo Perú”.
  7. El Discurso en el Politeama se constituye como el punto de partida de Manuel Gonzales Prada, donde ataca el pasado identificándolo con los estadios religiosos y filosóficos, proponiendo que los “viejos” y lo “viejo” del lugar a los “jóvenes” y a lo “nuevo”, una nueva ciencia que encuentre las respuestas que el Perú necesita para el progreso. Y guarda, un voluntarismo creciente en ese positivismo, que luego derivará en escritos posteriores en radicalismo para convertirse en anarquismo, la voluntad individual de llamar a todos para cambiar en base a la ciencia, a pesar que un país no desarrollado no podría recibirla con los brazos abiertos. Y se adelanta en su vida, al pesimismo post guerra mundial, que nos enseña que la ciencia no es la solución; derivando primero por lo radical para volverse luego el anarquista que conocemos.

BIBLIOGRAFÍA

Alarco, Luis F. Pensadores Peruanos 7. Santa Rosa, 1952.

Cateriano, Pedro, ed. Veinte peruanos del siglo XX: Manuel González Prada, Francisco García Calderón, Víctor Andrés Belaunde, José de la Riva-Agüero y Osma, César Vallejo, Honorio Delgado, José Luis Bustamante y Rivero, Pedro G. Beltrán, José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre, Raúl Porras Barrenechea, Luis Alberto Sánchez, Jorge Basadre, José María Arguedas, Fernando Belaunde Terry, Luis Bedoya Reyes, Fernando de Szyszlo, Blanca Varela, Luis Banchero Rossi, Mario Vargas Llosa. 1ª ed., 1ª reimp. Lima: Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, 2009.

González Prada, Manuel, and David Sobrevilla. Manuel González Prada: ¡los jóvenes a la obra! textos esenciales. 1. ed. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2009.

Leguía, Jorge G. Hombres e Ideas en el Perú. Lima: Asociación Cultural de Integración, 1989.

Olivari Ortega, Walter R. Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis. Bogotá; [TESIS] (accessed 2015).

Sánchez, Luis A. Elogio de don Manuel González Prada: Mito y realidad de González Prada. Serie obras escogidas. Jesús Maria: Universidad Inca Garcilaso de la Vega Fondo Editorial, 2016.

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[1] Luis A. Sánchez, Elogio de don Manuel González Prada: Mito y realidad de González Prada, Serie obras escogidas (Jesús Maria: Universidad Inca Garcilaso de la Vega Fondo Editorial, 2016), 14

[2] Pedro Cateriano, ed., Veinte peruanos del siglo XX: Manuel González Prada, Francisco García Calderón, Víctor Andrés Belaunde, José de la Riva-Agüero y Osma, César Vallejo, Honorio Delgado, José Luis Bustamante y Rivero, Pedro G. Beltrán, José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre, Raúl Porras Barrenechea, Luis Alberto Sánchez, Jorge Basadre, José María Arguedas, Fernando Belaunde Terry, Luis Bedoya Reyes, Fernando de Szyszlo, Blanca Varela, Luis Banchero Rossi, Mario Vargas Llosa, 1ª ed., 1ª reimp (Lima: Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, 2009), 15

[3] Walter R. Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis (Bogotá); [TESIS] (accessed 2015), 6

[4] Ibid., 13

[5] Ibid., 14

[6] Ibid.

[7] Luis F. Alarco, Pensadores Peruanos 7 (Santa Rosa, 1952). 53

[8] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 17–18

[9] Ibid., 18

[10] Ibid., 18–19

[11] Ibid., 19

[12] Ibid., 20

[13] Ibid., 20–21

[14] Manuel González Prada and David Sobrevilla, Manuel González Prada: ¡los jóvenes a la obra! textos esenciales, 1. ed. (Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2009). 106

[15] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 26

[16] Ibid., 27

[17] Ibid., 32

[18] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 7

[19] Ibid.

[20] Ibid., 18

[21] Ibid., 19

[22] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 21

[23] Ibid., 22

[24] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 73

[25] Ibid., 77

[26] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 23–24

[27] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 83

[28] Ibid., 77

[29] Ibid., 87

[30] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 28–29

[31] Ibid., 31–32

[32] Ibid., 29

[33] Ibid., 31

[34] Ibid., 29

[35] Jorge G. Leguía, Hombres e Ideas en el Perú (Lima: Asociación Cultural de Integración, 1989)

[36] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 21

[37] Ibid., 32–33

[38] González Prada and Sobrevilla, Manuel González Prada. 238

[39] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis. 33

[40] González Prada and Sobrevilla, Manuel González Prada. 239-240

[41] Ibid. 240

[42] Ibid. 241

[43] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 32–35