Archivo

Posts Tagged ‘Edith Stein’

ADOLFO HITLER: SU ODIO A LOS JUDÍOS, Y EL PROGRAMA NAZI.

ADOLFO HITLER:
SU ODIO A LOS JUDÍOS, Y EL PROGRAMA NAZI

Edwin Leonel Córdova Reto.

I.          INTRODUCCIÓN

Este escrito se origina en el libro de Edith Stein[1] llamado “Páginas Amarillas” durante las sesiones de la Especialidad de Filosofía de la Universidad de Piura, ya que en su prólogo menciona varios temas de gran importancia, como lo es el contexto en que vivió ella, el cual estuvo marcado por ADOLFO HITLER: SU ODIO A LOS JUDÍOS, Y EL PROGRAMA NAZI. No nos centraremos en la vida de Edith Stein, sino en su época.

Periódicamente aparecen en la historia algunos personajes que, dotados de una personalidad avasalladora y un vigoroso e indomable espíritu, toman las riendas de su destino y se convierten en caudillos de una nación –y esto puede ser para bien o para mal de esa nación, y como es en este caso de la humanidad-. Ningún líder en el mundo ha podido ejercer una fascinación tan subyugante como Adolfo Hitler pero… ¿Cómo es posible que un hombre, en apariencia de tan escasas condiciones, pobre, huérfano y sin alto rango militar haya podido desencadenar tamaña hecatombe?

El secreto estuvo en la fuerza de su pensamiento y en la firmeza de sus convicciones, sean estas erradas o no. Más tarde, como el ave fénix, la nación alemana renació de las cenizas del desastre, pero fue necesario, para iniciar el resurgimiento, que las fuerzas del odio se aniquilaran a sí mismas.

En el caso de Hitler, el juicio de la historia tiene que ser necesariamente severo. El exterminio cruel, insensato e injustificable de millones de seres humanos, es imposible de soslayar. Nadie nos podrá borrar de la memoria los horrores del indigno holocausto llevado a cabo por la demencia Nazi, como radical solución del problema judío. Pero creemos necesario analizar la figura de Adolfo Hitler desde el germen de su pensamiento, de manera tal que nos permita comprender los sucesos que transformaron al ideólogo y analista político aparentemente sensato, en un despiadado e insaciable “ángel de muerte”.

La distancia establecida por décadas nos permitirá una observación más cuidadosa de Hitler, por eso conozcamos desde el Mein Kampf (Mi Lucha), de su propia mano, la trayectoria de este hombre que marcó una de las épocas más decisivas de la historia de la humanidad, y tal vez podamos comprender los intrincados mecanismos  que hundieron al mundo en el violento torbellino de  la más cruenta de sus guerras, y entendamos el odio que Hitler tenia hacia los judíos, hacia los comunistas, y hacia los eslavos, aunque este trabajo se centre principalmente en los primeros[2].

II.        ANTECEDENTES

 A pesar de las múltiples teorías que se inventa sobre la verdad de la hecatombe, muchas de ellas con el ánimo de levantar polémicas presentando diversos e interesantes asuntos por profundizar, esas cosas que dicen no están demostradas, no son  un hecho, no es algo comprobado, así que en este trabajo solo nos dedicaremos a lo realmente razonable. Y aquello realmente razonable solo son los hechos, y estos son que en Europa había un marcado sentir antisemita, y que en la nación Alemana, caída y dolida por la primera guerra mundial, nace un agresivo partido político que cautivo a los alemanes con sus discursos, el partido Nazi.

i.          La Cuestión Judía.

¿Quiénes son los judíos? ¿Qué es el antisemitismo? Los judíos son los que profesan la religión del judaísmo, son una raza o una cultura. Quizás sean las tres, pero que es lo que hace que este grupo de personas hayan sido tan cruelmente perseguidas.

Es preciso saber que el racismo antijudío (el antisemitismo) es muy antiguo. Ni Hitler ni los alemanes lo inventaron. El odio contra los judíos tiene orígenes religiosos. Al comienzo solo era un asunto religioso. Los cristianos no admitían que los judíos rechazasen creer que Jesús era el “hijo de Dios”, el Mesías. Cuando el cristianismo se convirtió en la religión mayoritaria de Europa, los judíos fueron perseguidos regularmente. Hubo periodos de calma en que se los toleró, y periodos de persecución como durante las Cruzadas, en la Edad Media. En 1096, los judíos de Spira, Worms, Maguncia y Colonia, en Alemania, fueron masacrados a comienzos de la Cruzada. Otro ejemplo: El rey Felipe el Hermoso expulsó a los judíos de Francia en julio de 1336, sin olvidar confiscar sus bienes.

Los judíos fueron acusados entonces de crímenes contra los cristianos: por ejemplo, se contaba que los judíos, el día de Pascua, debían raptar y sacrificar un bebé cristiano. Se decía también que los judíos envenenaban los pozos y, en caso de epidemia, se decía que era culpa suya. Cuando algo marchaba mal, se acusaba a los judíos por ser diferentes del resto de la población.

Nacimiento del antisemitismo en el siglo XIX:

Más tarde, en el siglo XIX, desde que los judíos fueron equiparados al resto de los ciudadanos (desde 1791 en Francia), ciertos sectores católicos y de la derecha reprocharon a los judíos su excesiva fidelidad a la República. Varios periódicos antisemitas vieron la luz en esta época, en particular los publicados por Drumont[3].

¿De qué se acusaba a los judíos? De todo y de lo contrario al mismo tiempo: Si eran pobres, eran parásitos, sucios, piojosos… Si eran ricos, eran usureros que adoraban el dinero y arruinaban a los cristianos.

Antisemitismo, los judíos y el mito del dominio mundial.

El antisemitismo es la forma de ir en contra de los judíos, originalmente fue de origen religioso, pero luego se fue ampliando; paso desde ideas como la del deicidio, la traición de judas, el libelo de sangre, y luego con el mito del dominio mundial.

Ya en 1807 el canónigo jesuita de la Catedral de Notre-Dame, Agustín Barruel, alertó al gobierno francés acerca de un supuesto complot judío internacional “que transformaría iglesias en sinagogas”. No obstante, la plasmación más conocida de este mito son Los protocolos de los sabios de Sión, un escrito del año 1902 que, pese a que se sabe falso de forma fehaciente, sigue siendo reeditado sin descanso, especialmente en los países árabes. Hay otras variantes muy extendidas del mito del dominio mundial como son la “conspiración judeomasónica” -utilizada de forma recurrente por el régimen franquista- o la del “lobby judío” -la pretensión de que “los judíos” son un ente homogéneo que actúa coordinadamente a nivel mundial-, esta última especialmente vigente entre la izquierda política y, en general, entre los partidarios de las teorías de la conspiración.

ii.         El Nazismo

El nacionalsocialismo (nazismo) es fundado por Adolfo Hitler a inicios de la década de 1920, en gran medida como consecuencia de la humillante situación en que había sido puesta Alemania tras la firma del Tratado de Versalles. Este Tratado impuso a Alemania unas condiciones tan drásticas que hacían que el país tuviese que destinar un enorme porcentaje de sus ingresos nacionales al pago de daños e indemnizaciones con lo cual le resultaba imposible recuperarse económicamente después del desastre que la guerra había significado. Por causa de lo anterior, el gobierno de centro-izquierda que se implantó en Alemania después de finalizada la guerra -República de Weimar- fue absolutamente incapaz de lidiar con el desprestigio que supuso aceptar las condiciones impuestas por el Tratado de Versalles, lo que lo hizo blanco de los ataques de los sectores más ultraderechistas de la población que clamaban por regresar a un estado de cosas similar al que el Imperio prusiano había impuesto tras la Batalla de Sedan en 1870, en la cual derrotaron y humillaron a Francia. Así las cosas, una doctrina que abogase por el regreso de la antigua gloria imperial y del perdido orgullo que había construido la historia reciente de Alemania tenía todo el terreno abonado para germinar y florecer, como efectivamente sucedió con el nazismo.

Hacia mediados de la década de 1920 el nazismo ya era una fuerza política reconocida aunque minoritaria, pero día a día contaba con más simpatizantes que veían en ella y en su líder la salida ideal al estado de postración en que vivía Alemania por ese entonces. La oportunidad de triunfo para los nazis se presentó tras la crisis económica desatada el año 1929. La población estaba angustiada por la falta de trabajo y muchos capitalistas veían con temor el avance de los comunistas, que se habían hecho más fuertes después de la Revolución Rusa. Además, había en el ejército un deseo revanchista, provocado por la dura humillación que Alemania había sufrido en la Primera Guerra Mundial. Por todo esto, la idea nazi comenzó a ser captada con simpatía por parte de las masas alemanas, que quería recuperar su orgullo nacional. Ya en la década de 1930, el nazismo era una fuerza poderosa, y tan sólo esperaba el momento propicio para asumir el poder, momento que se dio en 1933, primero con la renuncia del canciller Hindenburg y la asunción del cargo por parte de Hitler y luego con el incendio intencional por parte de los nazis del Reichstag -el edificio del Parlamento-, del cual acusaron a los comunistas, con lo cual se dio el pretexto ideal para que el partido nazi pudiese hacerse con el poder absoluto en Alemania.

III.       NAZISMO Y ANTISEMITISMO: EL PROGRAMA NAZI.

Las ideas del partido Nazi fueron capturando más adeptos y se plasmaron en diversos documentos tanto en su camino al poder, como cuando ya se instalaron en él. El Nazismo toma de la teoría del superhombre de Nietzsche y la aplican incorrectamente hacia el pueblo Alemán considerándose una raza de elegidos y una raza superior que debía imponerse sobre las demás, una de las primeras razas con las que se confrontaron era la judía con la cual compartían territorio y en base a sus programas de carácter antisemita atacaron a esta raza considerándola inferior, y también responsable de todos los hechos que en esa época se daban en Alemania. Los nazis llegaron a afirmar que todo lo malo del pueblo alemán era provocado por los judíos

Programa Nazi que propugnaba retirar todos sus derechos a los judíos:

“Programa del Partido Nazi (1.920)”:

El programa del Partido Obrero Alemán es un programa a término. Cuando sean conseguidos los objetivos aquí fijados, sus dirigentes no determinarán otros con el sólo objeto de permitir, a través de un mantenimiento artificial de la insatisfacción de las masas, la permanencia del partido.

1. Pedimos la construcción de una Gran Alemania que reúna a todos los alemanes en función del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos.

2. Pedimos la igualdad de derechos del pueblo alemán respecto a las otras naciones, la abrogación de los tratados de Versalles y Saint-Germain.

3. Pedimos tierra y colonias para alimentar a nuestro pueblo y reabsorber nuestro exceso demográfico.

4. Únicamente los ciudadanos disfrutarán de los derechos civiles. Para ser ciudadano hay que ser de sangre alemana, la confesión religiosa importa poco. Ningún judío puede, sin embargo, ser ciudadano.

5. Los no ciudadanos no pueden vivir en Alemania más que como huéspedes, y deben someterse a la jurisdicción sobre extranjeros.

6. El derecho a fijar la dirección y las leyes del Estado se halla reservado únicamente a los ciudadanos. Pedimos pues que toda función pública, de cualquier naturaleza que sea, quede vetada a los no-ciudadanos. Combatimos la práctica parlamentaria, generadora de corrupciones, de concesión de cargos por relaciones de partido, sin preocuparse ni del carácter ni de las capacidades.

7. Pedimos que el Estado se comprometa a procurar medios de existencia a todos los ciudadanos. Si este país no puede alimentar a toda la población, los no ciudadanos habrán de ser expulsados del Reich.

8. Hay que impedir cualquier nueva emigración de no-alemanes. Pedimos que todos los no – alemanes establecidos en Alemania después del 2 de agosto de 1914 sean obligados inmediatamente a abandonar el Reich.

9. Todos los ciudadanos tienen los mismos derechos y los mismos deberes.

10. El primer deber de todo ciudadano es trabajar, física o intelectualmente. La actividad del individuo no debe de ser perjudicial a los intereses de la colectividad sino inscribirse en el marco de ésta y en beneficio de todos. Por eso pedimos:

11. La supresión de la renta de los ociosos y los que tienen la vida fácil, la supresión de la esclavitud de los intereses.

12. Considerando los enormes sacrificios de sangre y de dinero que toda guerra exige del pueblo, el enriquecimiento personal por razones de guerra debe de ser estigmatizado con un crimen contra el pueblo. Pedimos, pues, la confiscación de todos los beneficios de guerra sin excepción.

13. Pedimos la nacionalización de todas las empresas que, hoy en día, pertenecen a los monopolios.

14. Pedimos la participación en los beneficios de las grandes empresas.

15. Pedimos un aumento sustancial en las pensiones de los retirados.

16. Pedimos la creación y la protección de una clase media sana, la entrega inmediata de los grandes almacenes a la administración comunal y su alquiler, a bajo precio, a los pequeños comerciantes. Debe concederse prioridad a los pequeños comerciantes e industriales para cualquier contrata con el Estado, los Lander o los ayuntamientos.

17. Pedimos una reforma agraria adaptada a nuestras necesidades nacionales, la promulgación de una ley que permita la expropiación, sin indemnizaciones, de la tierra, con destino a fines de utilidad pública, la supresión de la contribución territorial, y el freno de toda especulación agraria.

18. Pedimos una lucha sin cuartel contra aquellos que, con sus actividades, perjudican el interés público. Criminales de derecho común, traficantes, usureros, etc., deben de ser castigados a la pena capital, sin consideración de su confesión o de su raza.

19. Pedimos que un Derecho Público Alemán sustituya al Derecho Romano, servidor de una concepción materialista del mundo.

20. La extensión de nuestra infraestructura escolar debe permitir a todos los alemanes bien dotados y a los trabajadores el acceso a una educación superior, y, a través de ella, el acceso a puestos de dirección. Los programas de todos los establecimientos de enseñanza deben ser adaptados a las exigencias de la vida práctica. El espíritu nacional debe de ser inculcado en la escuela desde el uso de razón. Pedimos que el Estado cubra los gastos de instrucción superior a los hijos de padres pobres, cualquiera que sea la clase social o la profesión de éstos.

21. El Estado debe preocuparse de mejorar la salud pública a través de la protección del madre y del niño, de la prohibición del trabajo de los menores, de la introducción de medios específicos para desarrollar las aptitudes físicas a través de la obligación legal de practicar el deporte y la gimnasia, y a través de un poderoso sostén a todas las asociaciones que se ocupen de la educación física de la juventud.

22. Pedimos la supresión del ejército de mercenarios y la creación de un ejército nacional.

23. Pedimos la lucha legal contra la falsedad política consciente y su propagación por la prensa. Para permitir la creación de una prensa alemana, pedimos que:

a. Todos los directores y colaboradores de periódicos que aparezcan en lengua alemana sean ciudadanos alemanes.

b. La difusión de los periódicos no alemanes quede sometida a una autorización expresa.

c. Quede prohibida por la ley toda participación financiera o toda influencia de no-alemanes en los periódicos alemanes. Pedimos que toda infracción de estas medidas sea sancionada con el cierre de las empresas periodísticas culpables, así como con la expulsión inmediata del Reich de todos los no – alemanes responsables.

Los periódicos que van contra el interés público deben ser prohibidos. Pedimos una ley que combata las enseñanzas artísticas generadoras de la disolución de nuestra vida nacional, así como la clausura de las organizaciones que contravengan lo que se expone más arriba.

24. Pedimos la libertad en el seno del Estado de todas las confesiones religiosas, en la medida en que ellas no pongan en peligro su propia existencia o no ofendan el sentimiento moral de la raza germánica. El Partido, en tanto que tal, defiende el punto de vista de un cristianismo positivo, sin ligarse a ninguna denominación determinada. Combate el espíritu materialista en el interior y en el exterior y está convencido de que una recuperación duradera de nuestro pueblo no puede tener éxito más que desde el interior, sobre la base del principio siguiente: el interés general prima sobre el interés particular.

25. Para llevar todo esto a buen término, pedimos la creación de un poder central poderoso, la autoridad absoluta del Comité Político sobre el conjunto del Reich y sus organizaciones, así como la creación de Cámaras Profesionales y de oficinas municipales encargadas del cumplimiento, en los distintos Lander, de las leyes marco promulgadas por el Reich.

Los dirigentes del Partido prometen hacer todo lo posible por la realización de los puntos arriba enumerados, entregando su propia vida por ellos si fuera necesario. Múnich, 24 de febrero de 1920.

El programa del Partido Nazi no dejaba lugar a dudas si se lee el artículo cuatro: Se retiraban sus derechos de ciudadanía a los judíos que vivían desde hacía siglos en Alemania. A partir de ahí, poco más se les podía quitar: la persecución podía comenzar. Pero también otro punto a destacar es el sentir de colectivismo tal y como lo deja aun más claramente expresado en el punto veinticuatro al decir “el interés general prima sobre el interés particular.”

Este programa tomo fuerza con las leyes de Núremberg publicadas en 1935:

Ley de ciudadanía del Reich y Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes del 15 de setiembre de 1935.

El Reichstag ha sancionado por unanimidad la siguiente ley, que queda promulgada por la presente;

Artículo 1° 1) Será considerado ciudadano con todas las responsabilidades inherentes todo aquel que disfrute de la protección del Reich alemán y que por ello esté en especial deuda con él. 2) La ciudadanía se adquiere de acuerdo con las normas que establecen las leyes del Reich y de ciudadanía nacional.

Artículo 2° 1) La ciudadanía del Reich se limitará a los connacionales de sangre alemana o afín que hayan dado debida prueba, a través de sus acciones, de su voluntad y disposición de servir al pueblo y al Reich alemán con lealtad. 2) Los derechos de ciudadanía del Reich se adquieren mediante la obtención de la carta de ciudadanía del Reich. 3) El ciudadano del Reich es el único titular de todos los derechos políticos de acuerdo con lo establecido por la ley.

Artículo 3° El Ministro del Interior sancionará, previo acuerdo del representante del Führer, los reglamentos jurídicos y administrativos necesarios para hacer cumplir y

Complementar la ley de ciudadanía del Reich.

Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes del 15 de septiembre de 1935

Imbuidos de la conciencia de que la pureza de la sangre alemana constituye la condición imprescindible para la continuidad del pueblo alemán y animados por la voluntad indeclinable de asegurar el futuro de la nación alemana por todos los tiempos, el Reichstag ha sancionado por unanimidad la siguiente ley, que queda promulgada por la presente:

Artículo 1°

(1) Quedan prohibidos los matrimonios entre judíos y ciudadanos de sangre alemana o afín. Los matrimonios celebrados en estas condiciones son nulos aun si hubieren sido celebrados en el extranjero a fin de evitar ser alcanzados por la presente ley. .N° 100 -Fecha de edición: Berlín, 16 de septiembre de 1935 1147 N° 100 – Fecha de edición: Berlín, 16 de septiembre de 1935

(2) Únicamente el representante del ministerio público podrá elevar una demanda de nulidad.

Artículo 2° Queda prohibido el comercio carnal extramatrimonial entre judíos y ciudadanos de sangre alemana o afín.

Artículo 3° Los judíos no podrán emplear en su hogar a ciudadanas de sangre alemana o afín menores a los 45 años.

Artículo 4°

(1) Queda prohibido a los judíos izar la bandera del Reich o la enseña nacional como así también exhibir los colores patrios.

(2) En cambio quedan autorizados a exhibir los colores judíos. El ejercicio de

esta autorización queda sometida a protección estatal.

Artículo 5°

(1) Quien infrinja la prohibición establecida en el artículo 1° será castigado con pena de presidio.

(2) Todo hombre que infrinja la prohibición establecida en el artículo 2° será castigado con pena de prisión o presidio

(3) Quien infrinja las disposiciones de los artículos 3° o 4° será castigado con arresto en cárcel de hasta un año y/o el pago de una multa.

Artículo 6° El Ministro del Interior sancionará, previo acuerdo del representante del Führer, los reglamentos jurídicos y administrativos necesarios para hacer cumplir y complementar la ley de ciudadanía del Reich.

Artículo 7° La ley entrará en vigor el día siguiente a su promulgación; el artículo 3 sólo entrará en vigor a partir del 1° de enero de 1936.

Me resulta increíble como una nación que siempre demuestra una gran cultura y que es la cuna de grandes pensadores haya aceptado estas teorías, cómo es posible que estos programas y estas leyes hayan sido aceptados.

La tragedia Nazi parte de considerar a la humanidad como un conjunto o una masa esto se nota con expresiones como “el pueblo judío”, “la raza aria”; hay un completo abandono y despersonalización del ser humano, un abandono de la noción de persona, se le considera como parte de otro conjunto, como un simple elemento que su existencia o su desaparición no perjudicaría en nada a la colectividad

Este odio, esta visión del hombre se encuentra explicada inicialmente en el abandono de una verdadera metafísica, en el desprecio a lo divino y la búsqueda de poder y gloria en la tierra. Una vez que el hombre pierde la noción por lo trascendente, no le queda mucho camino para perder la noción de sí mismo y del mundo que le rodea. Sin una verdadera metafísica, dirigida a lo divino, no podría sustentarse una verdadera antropología, y es este el origen de esas creencias absurdas que una raza es superior, que un tipo de hombre es mejor a otro. Sin una verdadera antropología, no queda un camino correcto que seguir en este mundo, nos conformamos con una ética mediocre, una ética que no se fundamente en el ser humano no tiene un camino que recorrer y prefiere inventárselo, sin tener en cuenta todos los daños que pueda causar, por ejemplo la muerte de más de seis millones de personas.

Hitler y los alemanes dolidos por las consecuencias de la guerra y por la forma en que vivían se encontraban en una constante angustia por volver a un pasado o a un futuro ideal, no sé daban cuenta que las elecciones hechas en el pasado no eran para arrepentirse[4] o vengarse sino para saber afrontarlas y superarlas; los judíos – aunque no todos-, lo habían intentado, habían sabido sobresalir de esa situación y esto genero un odio que termino en tan desastrosa hecatombe. La mayoría de estas personas –los judíos- buscaban obtener ganancias, no lamentarse por esa situación, los otros –los alemanes- miraban con angustia el pasado y no soportaban la forma de vida de los judíos, esta falta de tolerancia y de valoración individual –pues observaban todo como una colectividad- alimento el odio y llevo al propio infierno a una culta nación, que después de volver a caer –al finalizar la segunda guerra mundial-, comprendió que habían otras formas de salir de esas situaciones y ha llegado a ser una gran potencia.

IV.       HITLER: SU VIDA Y EL ODIO A LOS JUDÍOS.

Hitler retomó el antiguo antisemitismo y le añadió el “racismo biológico” a través de oscuras teorías autodenominadas “científicas” que probaban la superioridad de la “raza aria” (y con ella, de todos los alemanes) sobre la “raza judía”. Para ello se apoyaba en las teorías, bastante confusas, enunciadas en particular por el francés Gobineau, en el siglo XIX. Hitler entró en contacto con el antisemitismo existente en Viena cuando era joven: Hitler, sin oficio, sin alojamiento, vagabundo, deberá en aquellos tiempos refugiarse en un asilo para transeúntes. Es en esta época cuando entrará en contacto con periódicos antisemitas. Todo su odio se proyectará desde entonces contra los judíos. En “Mein Kampf” (“Mi lucha”), Hitler compara continuamente a los judíos con “parásitos” de los que hay que desembarazarse. Afirma que hay una “sangre alemana” y una “sangre judía” (lo que científicamente es absurdo) y que es necesario purificar a Alemania del judaísmo.

Adolf Hitler postulaba que según las leyes naturales, los más fuertes debían imponerse a los más débiles. También consideraba que existía una tendencia natural hacia la duración de las razas, idea en la que se basó para luchar por la pureza de la raza aria, tronco étnico de los germanos.

Según Hitler, los arios eran una raza privilegiada “forjadora de cultura”. Los judíos, en cambio, representaban para él un pueblo destructor de esa cultura –de la cultura alemana-. Hitler veía en el antisemitismo un fundamento de su misión histórica –llevar a la raza Aria a una posición privilegiada sobre otras y exterminar a los judíos que eran responsables del decaimiento de la raza alemana-. Esto le llevó a desencadenar una implacable persecución, que comenzó por despojar a los judíos de sus bienes, continuó con su discriminación en todos los aspectos y culminó con aproximadamente cinco millones de víctimas en los campos de concentración. 

CONCLUSIONES

Edith Stein sufrió el antisemitismo nazi, el cual la llevo hasta la tumba. Pero ella no fue la única víctima de esta locura nazi que tiene como principal protagonista a un ser que se caracterizo por la fuerza en su oratoria y en sus convicciones, pero al mismo tiempo con una decadencia espiritual y un profundo odio a los judíos, acompañado de un enfermo pensamiento, el cual quería probar por diversos medios, el de la superioridad de la raza Aria, de los alemanes.

Hitler al igual que los alemanes nazis, tal como lo confirman en sus programas y leyes tenían un sentido revanchista contra las personas que no fueran de la raza aria, pues ellos se creían superiores y no podían soportar estar viviendo en esas condiciones originadas por la derrota de la primera guerra mundial, por lo cual tenían que culpar a alguien por esa situación y culparon a la raza judía, a quien consideraban inferior, quitándole sus derechos, para luego intentar llevarla al exterminio.

Solo nos queda una profunda enseñanza de esta época; esta es que cualquier despersonalización que se haga – al comenzar hablar de masas y olvidarse que todos somos personas, seres iguales- puede llevar a profundas tragedias. Debemos ver este ejemplo y aprender a valorar a cada ser humano, pues todos somos realmente valiosos. Nuestras decisiones nos guardaran un lugar en la historia, ¿Qué lugar queremos para nosotros? ¿Buscamos un lugar parecido al de Hitler o tal vez al de Edith Stein?


[1] Edith Stein, llamada Santa Teresa Benedicta de la Cruz O.C.D. (Breslavia, Alemania (hoy Polonia) 12 de octubre de 1891 – Auschwitz, 9 de agosto de 1942), filósofa, mística, religiosa carmelita, mártir y santa alemana de origen judío. Es copatrona de Europa. Beatificada en 1987 y canonizada en 1998 por el Papa Juan Pablo II.

[2] Cfr. Adolf Hitler. Mi Lucha. Editorial EBISA; Lima: 2006. Págs. 5-7.

[3] Édouard Drumont (3 de mayo de 1844 – 5 de febrero de 1917) fue un periodista y escritor católico, antisemita, antimasónico y nacionalista francés.

[4] Las decisiones a las que hago referencia, son la elección alemana de entrar a la guerra –primera guerra mundial-.

LA EMPATÍA

 

INTRODUCCIÓN

 

Edith Stein nos habla de un acto que es originario como vivencia presente, pero no según su contenido, ese acto es el acto de la empatía. Aquí Stein reafirma el carácter originario de la Empatía. Púes lo que se capta es la vivencia que ha sido originaria en otro, y esa captación, esa vivencia originario en nosotros en cuanto se realiza en este momento, pero no originaria en su contenido, porque ese acto no es propio sino captado.

Y ese contenido del que se hizo referencia en el párrafo anterior también es un vivenciar, que se puede presentar en diversos modos de actuación. Cuando aparece de golpe ante mí, esta como objeto; pero en cuanto me dirijo a las tendencias implícitas, ya no es un objeto en sentido propio sino que me he transferido hacia dentro de sí. Y de esta forma me encuentro envuelto en ella hacia su objeto. Y solo tras la clarificación lograda en la ejecución, me hace frente otra vez la vivencia como objeto.

 

GRADOS O MODALIDES DE LA EMPATIA

 

Entonces existen tres grados o modalidades de actuación, los cuales no son ni excluyentes entre sí, ni necesarios que se recorran todos. A saber:

  1. La aparición de la vivencia. La cual entiendo como captación o conocimiento inicial presentado a mí. Es el aparecer-ahí del objeto, el aparecer-ante-mí; pero la forma como lo logro captar no me es del todo clara[1].
  2. La explicitación plenaria. Es un observar la vivencia y analizarla como si fuera mía, es un co-vivenciar, y desde esta perspectiva adentrarme en cada parte de ella y entenderla de tal forma en su totalidad, es captar la vivencia en cuanto que es, tal cual es.
  3. La objetivación comprehensiva de la vivencia explicitada. Es volver al correlato de que no me pertenece, que no es originaria en mi –esto no quiere decir, que en algún momento lo fue[2]-y se observa y define, tal cual es, comprendiéndola ajena a mí, pero al mismo tiempo captada en su totalidad por mí. Es transformar esa vivencia en objeto de mi conocimiento, sin dejar de conocerla. Es quedarnos solo con la vivencia como idea y dejar la vivencia original que se vio en la explicitación plenaria. Vendría a ser una abstracción de la vivencia, volviéndola objeto de mi conocimiento.

En la primera y tercera modalidad, la presentificación representa el paralelo no originario de la percepción. Mientras que la segunda modalidad corresponde a la actuación de la vivencia. Pero el sujeto de la vivencia empatizada no es el mismo que realiza la empatía, sino otro. El otro sujeto tiene originariedad, aunque yo no la vivencio. Mi vivenciar no originario es conducido en cierto modo por un originario no vivenciado por mí; así la empatía es un tipo sui generis de actos experienciales. Es decir, es un forma sui generis de obtener nuevos conocimientos, es una nueva forma de conocer, otros tipos de realidades.

La empatía viene a ser la experiencia de la conciencia ajena en general; sin tener en cuenta de que tipo es el sujeto que vive la experiencia y de qué tipo es el sujeto cuya conciencia es experimentada. Y nos quedamos con una abstracción de la vivencia. Y esa abstracción ya forma parte de mí. Es decir, vuelvo a esa vivencia objeto de mi conocimiento. De esta forma aparece la experiencia que un yo general tiene de otro yo en general. Así se aprehende la vida anímica del prójimo; pero también y también a Dios. Dios puede aprehender la vida de las personas, y mientras los hombres se engañan entre sí sobre las vivencias, Dios no puede engañarse sobre las vivencias de los otros.

Por lo anterior, vemos que la empatía también serviría para conocer a Dios, y en todo caso que Dios nos conoce por medio de un tipo de empatía, una empatía especial.


[1] Púes mi la inteligencia es la que debe captar todo y luego transmitirlo a la facultad necesaria, pero Edith Stein no afirma ni niega eso, solo deja la posibilidad de otra forma de captar esa realidad, pues es un realidad diferente a los simples objetos –cosas- que se presentan ante mí.

[2] Lo que pasa es que en la explicitación plenaria se trata a esa vivencia como originaria, vendría a ser casi una identificación con el verdadero sujeto que la vivencia originariamente.

UN ACERCAMIENTO A LA FENOMENOLOGÍA DE HUSSERL Y A LA FILOSOFÍA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO. UNA CONSTANTE BÚSQUEDA DE LA VERDAD, DESDE LA CONCEPCIÓN DE LA FILOSOFIA DE EDITH STEIN

I. INTRODUCCIÓN

La verdad no se pierde, solo queda bien escondida. Pero que quede bien escondida no significa que no se pueda encontrar; esa ha sido la tarea de grandes pensadores a través de la historia. Esa constante búsqueda de la verdad podemos encontrarla en personajes como Sócrates, Platón, Aristóteles, San Agustín, Descartes,  Kant, entre otros.

Esa búsqueda de la verdad también podemos encontrarla en los dos pensadores que en este escrito nos interesa: Edmund Husserl y Santo Tomás de Aquino. La vida de estos personajes es ampliamente conocida; lo que interesa en este trabajo es la influencia y la relación de estos pensadores sobre Edith Stein, y la forma como ella los comprendió.

Se debió haber tratado el tema, analizando con una mayor profundidad y amplitud –pero el desarrollo de mi pensamiento actualmente me es insuficiente- el contenido del libro de Edith Stein, titulado “Ser Finito y Ser eterno”, su obra magna, en la que desarrollará toda una metafísica inspirada en la filosofía de Santo Tomás y la fenomenología de Husserl, resultando así, una de las últimas tomistas más originales de la historia de la filosofía. Sin embargo, sería un error encasillar el pensamiento de Stein como mera ‘teología filosófica’: es un pensamiento sumamente original y que, debido a los grandes prejuicios laicistas de los filósofos, no le ha sido dado el lugar que le corresponde en la historia de la filosofía.

Sin embargo, estudiaremos el enlace de la fenomenología y del tomismo que Edith Stein encontró. Esta tarea la trabajaremos haciendo una especie de presentación de cada postura: fenomenología y filosofía de Santo Tomás, para luego explicar brevemente el acercamiento de Stein a cada una de ellas. Para terminar analizando la relación entre estos dos pensamientos.

Ella afirmará: “Hay un hecho esencial que es inherente a todo trabajo filosófico humano: la verdad es una, pero se descompone para nosotros en muchas verdades que debemos conquistar una tras otra. Profundizar en una de ellas nos hará ver más lejos, y cuando descubramos un horizonte más vasto, percibiremos también desde nuestro punto de partida una nueva profundidad”[1]. Así, pues, la filosofía no se contenta con una sola respuesta. Por el contrario, indaga, escruta y vuelve a preguntarse una y otra vez por aquellos cuestionamientos más radicales.

II. LA FENOMENOLOGÍA DE HUSSERL

La intención original de Husserl, nos dice Edith Stein, no se orientaba hacia una metafísica, sino hacia una doctrina acerca del saber. Él, que había sido originariamente matemático, buscaba primeramente los fundamentos de las matemáticas. En todo ello vio las estrechas conexiones que hay entre las matemáticas y la lógica y se sintió inducido a una reflexión fundamental sobre la idea y la tarea de la lógica formal.

Esto lo condujo a la convicción de que la lógica no representa una ciencia acabada, sino una multitud de problemas no resueltos, cuyo tratamiento exige unas exigentes investigaciones particulares. Para ello creó un método especial de investigación, un método del análisis objetivo de la esencia. Según la misma Edith Stein, la orientación hacia las esencias objetivas hizo que la fenomenología apareciera a los contemporáneos como una renovación de las tendencias escolásticas.

Este método resulto útil no solo para la solución de problemas lógicos sino también para el esclarecimiento de los conceptos fundamentales de todos los campos. La fenomenología de Husserl es filosofía de la esencia.

Husserl Para Husserl -así afirma Stein- lo que importaba era el método. Esto era la razón por la cual Husserl no había formado un sistema en el sentido de las filosofías sistemáticas tradicionales. El método fenomenológico se orienta en él a las cosas, no a los métodos de las ciencias particulares. En oposición al empirismo la fenomenología de Husserl se caracterizaría, por tanto, por su vuelta al objeto y, por otro lado, por la investigación de la esencia. Respecto de estos rasgos se observaría un consenso con las posiciones de los fenomenólogos de Gotinga.

El objetivo filosófico-fenomenológico ambicionable lo vio en una investigación de la constitución que no se apoyase en el enfoque metafísico de un idealismo de conciencia. El haber suministrado la base para ello le pareció uno de los logros más importantes de Husserl. En el artículo Die weltanschauliche Bedeutung der Phanomenologie (La importancia de la fenomenología como cosmovisión) subraya expresamente –Edith Stein-“El descubrimiento de la esfera de la conciencia y de la problemática de la constitución es ciertamente un gran mérito de Husserl que hoy en día todavía se aprecia demasiado poco”

El  querer asignar a Husserl un puesto entre las filas de las escuelas filosóficas tradicionales es un empeño inútil. La filosofía de la edad moderna se divide en dos grandes campos: el de la filosofía católica, que es la continuadora de las grandes tradiciones de la escolástica, principalmente de Santo Tomás, y el de la filosofía que enfáticamente se denomina a sí misma la filosofía moderna, que comienza con el renacimiento y culmina en Kant; escribía Edith Stein en su Artículo ¿Qué es fenomenología?

Husserl no se formo en ninguno de esos dos campos, se hizo discípulo de Brentano. Pero cuando comenzó a filosofar de manera independiente, no se dejo guiar por cualquier escrito de tiempos antiguos, sino por los problemas mismos. A los fenomenólogos no le interesan las simples manifestaciones, es decir, los fenómenos; sino las ultimas y objetivas esencialidades. Y el mérito histórico de las “Investigaciones lógicas” de Husserl es que elabora en toda su pureza la idea de la verdad absoluta y el conocimiento objetivo correspondiente a ella.

La filosofía según la concepción de los fenomenólogos no es deductiva, ni tampoco inductiva. Para los fenomenólogos, la filosofía es una ciencia de carácter intuitivo, es un medio de conocimiento natural de las verdades filosóficas las cuales en sí mismas son ciertas. Husserl se decidió, pues, ante el “problema de los universales”, por una determinada variante de la solución “conceptualista”. Lo universal, para él, es el objeto propio de actos peculiares de la conciencia, en los cuales la esencia o “especie” es captada directamente, intuitivamente; de esa manera es alcanzado por la mente el número “cuatro” (que es distinto de “cuatro cosas”), el “triángulo”, en sí, la “igualdad”, el color “rojo”, etc.

El carácter intuitivo del conocimiento de las esencias es el fundamento de la condición apriórica de éste. Si hay, en efecto, proposiciones universales y necesarias es precisamente porque se fundan en esencias y no en hechos: lo que es verdad de una esencia, lo es siempre y en todo lugar, a diferencia de lo que sucede en el plano puramente empírico. “La visión directa, no meramente la visión sensible, empírica, sino la visión en general, como forma de conciencia en que se da algo originariamente, cualquiera que sea esta forma, es el último fundamento de derecho de todas las afirmaciones racionales”

III. EDITH STEIN Y LA FENOMENOLOGÍA

Edith se inscribe en 1910 en la Universidad de Breslau, y será la única mujer que sigue, ese año, los cursos de filosofía. Dijo una vez: “El estudio de la filosofía es un continuo caminar al borde del abismo”, pero ella, intelectual y espiritualmente madura, supo hacer de la misma una vía privilegiada de encuentro con la verdad.

Mientras seguía cierto seminario de estudios, entró en contacto con el pensamiento de Edmund Husserl, profesor de la Universidad de Gotinga. Y nació un interés profundo. Experimentó un gran entusiasmo por el autor, iniciador de la fenomenología, quien le pareció “el filósofo” de su tiempo. Se trasladó a la Universidad de Gotinga y consiguió conocer al filósofo Husserl. Por aquellos tiempos, Edmund Husserl fascinaba al público con un nuevo concepto de verdad: el mundo percibido no solamente existía de forma kantiana, como percepción subjetiva. Sus discípulos entendían su filosofía como un viraje hacia lo concreto. “Retorno al objetivismo”. Sin que él lo pretendiera, la fenomenología condujo a no pocos discípulos y discípulas suyos a la fe cristiana.

Del entusiasmo por la primera obra del maestro, las Investigaciones lógicas, Edith, con otros estudiantes investigadores como ella, pasó a una actitud crítica cuando Husserl, con Ideas para una fenomenología pura, pasó del realismo del estudio de los fenómenos al idealismo trascendental.

Conoció a otro fenomenólogo, Max Scheler, muy distinto de Husserl, que provocaba a su auditorio con intuiciones originales y estimulaba su espíritu. En ella, que se declaraba atea, Scheler consiguió despertar la necesidad religiosa, más adormecida que apagada. Poco tiempo antes, Scheler había retornado a la fe católica, y exponía su credo de manera fascinante. Edith no alcanzó en ese momento la fe, pero vio abrirse ante sí un nuevo ámbito de fenómenos, ante los cuales no podía permanecer insensible. En la escuela de Husserl había aprendido a contemplar las cosas sin prejuicios. Escuchando a Scheler, se le derrumbaban las barreras de los prejuicios racionales entre los que había crecido sin saberlo. Ella misma dice: “El mundo de la fe se me abría de improviso delante”.

Cuando comenzó la primera guerra mundial, en 1914, se sintió espiritualmente atraída por la idea de oponerse al odio con un servicio de amor. Y se hizo voluntaria de la Cruz Roja en un hospital militar de enfermedades infecciosas, situado en una pequeña ciudad de Moravia. Y volvió a la filosofía con una nueva actitud: “¡No la ciencia, sino la dedicación a la vida tiene la última palabra!”

A pesar de sus reservas ante el pensamiento filosófico de Husserl, Edith permaneció a su lado, y en 1916 lo siguió como asistente en la Universidad de Friburgo, donde se licenció con una tesis titulada El problema de la empatía (Einfuhlung). El año después consiguió el doctorado summa cum laude en la misma universidad. Edith trabajó en su tesis de licenciatura sobre el “Problema de la empatía”, concentrándose sobre este tema. Con el término “empatía” se traduce el alemán “Einfuhlung”, y la misma Edith lo explica así: “Es una experiencia sui generis, la experiencia del estado de consciencia de los otros en general… la experiencia que un yo en general tiene de otro yo similar a éste”.

Respecto a otro pensador que se ha ocupado del mismo problema, Theodor Lipps, que sostiene que, entre el yo original y el yo aferrado en la empatía, puede presentarse una perfecta coincidencia, Edith mantiene una posición diferente. Sostiene efectivamente que una empatía perfecta en este sentido es imposible. Si se puede producir una cierta participación en el estado de ánimo del otro, esto no significa que se pueda aferrar perfectamente su situación, sus impulsos y sus motivaciones.

Si el otro, con quien el sujeto realiza un contacto, es persona espiritual, comprenderlo significa para Edith penetrar en ese mundo de valores que constituye el fundamento más íntimo de su ser. Por eso puede bastar un solo gesto, un solo movimiento o una sola palabra, porque todo está caracterizado por la personalidad.

En su ensayo Causalidad psíquica, Edith Stein, que aprendió de su maestro Husserl la fenomenología como ciencia de la consciencia, sostiene la autonomía, y por ende el carácter personal de la fuerza vital espiritual de cada uno. Ésa es la causa por la que no todos se abren a determinados valores con el mismo ímpetu y la misma capacidad receptiva.

Existen también fenómenos únicos, como son los del santo y el místico. Este ensayo se remonta a la época de su conversión, y en él Edith, basándose en su propia experiencia, escribe una célebre página sobre el “estado de reposo en Dios”, que regenera profundamente a la persona. En dicha página se siente vibrar el acento de quien, percibiendo interiormente una presencia misteriosa, la actividad que procede de la fuerza superior de Dios, se abandona libremente a un sentimiento de íntima seguridad y experimenta un nuevo sentimiento de libertad, una fuerza, un renacimiento. Edith alcanza de este modo la unidad de vida entre el camino intelectual y el camino religioso:

“Existe un estado de reposo en Dios, de total suspensión de todas las actividades de la mente, en el cual ya no se pueden hacer planes, ni tomar decisiones, ni hacer nada, pero en el cual, entregado el propio porvenir a la voluntad divina, uno se abandona al propio destino. Yo he experimentado un poco este estado, como consecuencia de una experiencia que, sobrepasando mis fuerzas, consumó totalmente mis energías espirituales y me quitó cualquier posibilidad de acción. Comparado con la suspensión de actividad propia de la falta de vigor vital, el reposo en Dios es algo completamente nuevo e irreductible. Antes era el silencio de la muerte. En su lugar se experimenta un sentimiento de íntima seguridad, de liberación de todo lo que es preocupación, obligación, responsabilidad en lo que se refiere a la acción. Y mientras me abandono a este sentimiento, poco a poco una vida nueva empieza a colmarme y – sin tensión alguna de mi voluntad – a invitarme a nuevas realizaciones. Este flujo vital parece brotar de una actividad y una fuerza que no son las mías, y que, sin ejercer sobre ellas violencia alguna, se hacen activas en mí. El único presupuesto necesario para un renacimiento espiritual de esta índole parece ser esa capacidad pasiva de recepción que se encuentra en el fondo de la estructura de la persona.”

La fenomenología presenta, en principio, los siguientes rasgos fundamentales:

  1. En primer lugar, la fenomenología es un esfuerzo por alcanzar las cosas mismas, en línea con la conocida exclamación de Husserl: “¡Volvamos a las cosas mismas!”. Hay en este esfuerzo un deseo de llegar a la realidad, a toda la realidad y a nada más que a la realidad, y hasta tal punto es ello así, que Husserl reivindicó para sí la condición de positivista. Esta tendencia hacia la realidad en su integridad y en su pureza exige la eliminación de todos los ídolos, de todos los prejuicios, de todos los condicionamientos.
  2. Pero ir a las cosas significa, dice Husserl, atender a su manifestación, al fenómeno. Fenómeno, para él, no es tanto la apariencia sensible de la cosa como su manifestación a la conciencia; no es lo opuesto a nóumeno, o cosa en sí, al modo kantiano, sino la cosa en cuanto dada al espíritu, presente en él. Por esto, la fenomenología husserliana se desinteresa de las ciencias de la naturaleza y se enfrenta con el empirismo, el psicologismo, el nominalismo, el positivismo  (Este último en cuanto escuela concreta del pensamiento decimonónico). Esta atención primordial al dato de la conciencia es, en cierto modo, un punto de conexión con el pensamiento de Bergson, y a la vez una manifestación de distanciamiento respecto del idealismo, ya que falta en la fenomenología la primacía concedida por éste a la gnoseología. La fenomenología como metodología presenta, pues, un radical enfrentamiento con muchos filósofos del s. XIX, y propugna una primordial atención a “los datos inmediatos de la conciencia”.
  3. El fenómeno en cuanto manifestación de la cosa a la conciencia es, añade Husserl, constitutivamente eidos, “esencia”. La fenomenología se funda, por tanto, en la intuición eidética, que alcanza, dice, de manera inmediata el contenido inteligible ideal del fenómeno, y consiste, como su propio nombre indica, en la lectura, la descripción, la ciencia del fenómeno, es decir, en la comprensión del ser en cuanto manifiesto a la conciencia.
  4. La esencia así intuida es correlato real de la conciencia. El análisis del conocimiento nos presenta, pues, una polaridad o correlación entre la conciencia como conciencia-de y el objeto como fenómeno, como ser-dado-para la conciencia. La conciencia es, por tanto, constitutivamente intencional. Hay aquí, sin duda, en principio, un intento de superación tanto de todo fenomenismo  como de la alternativa realismo -idealismo.
  5. En el esfuerzo por llegar hasta el eidos en toda su pureza, es indispensable, continúa Husserl, la epojé, la “puesta entre paréntesis” de todo lo que no sea la esencia misma. No basta la suspensión del juicio respecto de todo lo que han pensado otros sobre un objeto determinado; es preciso además prescindir en principio aun de la misma existencia e individualidad del objeto. Sólo así, piensa Husserl, puede tener éxito el intento de comprender y describir el fenómeno

IV. EL MÉTODO FENÓMENOLOGICO

La reducción fenomenológica. Cuando Husserl publica sus Investigaciones lógicas considera su obra como una labor de psicología descriptiva; más tarde la llamará fenomenología, en cuanto que la significación universal o “eidos” objeto de la intuición, es constitutivamente fenómeno. Pero para llegar a la esencia o “eidos”- es preciso primeramente superar la actitud ingenua característica del hombre medio, y sustituirla por una actitud crítica. Tal postura no debe confundirse con el escepticismo, ni siquiera propiamente con la duda cartesiana. Se trata más bien de dejar de vivir la experiencia tal como ordinariamente nos es dada. Ni se rechaza ni se niega dicha experiencia, sino que se la “pone entre paréntesis”. La reducción o “epojé” comienza por la suspensión del juicio sobre todo lo que, en relación con un determinado objeto, han dicho otros pensadores. Esta epojé histórica, que nos deja ante las cosas mismas, debe ir seguida de la reducción eidética, que consiste en poner entre paréntesis la posible realidad del eidos. Se elimina así -provisionalmente al menos- la individualidad y la existencia del objeto estudiado y con ello todo lo que sobre él afirmen las ciencias de la naturaleza y del espíritu. Dios mismo, en cuanto posible fundamentación última del objeto, debe ser también puesto entre paréntesis.

En las obras posteriores, Husserl añadirá una tercera reducción, a la que llamará trascendental. Con ella quedará eliminado en el objeto lo que no sea su condición de correlato de la conciencia pura. Si la conciencia era mero centro de referencia de la intencionalidad, el objeto es sólo fenómeno, ser-dado, presencia intencional en la conciencia. En la búsqueda de la evidencia absoluta, apodíctica, Husserl lleva su progresiva reducción hasta extremos inicialmente insospechados. Fuera de la duda no quedará sino la pura correlación entre conciencia y fenómeno.

La tarea de la fenomenología es colocar sobre un fundamento seguro todo procedimiento científico. La clave para conseguir esta meta fue el desarrollo del método fenomenológico, un nuevo modo filosófico de acercarse a la realidad. El contexto de este método, surge a partir de la concepción de hombre que Husserl poseía por la influencia de Descartes, entendiendo al hombre primordialmente como conciencia, como sujeto capaz de conocer y como ente teorizante que sabe siempre en alguna medida acerca de sí mismo y de lo que pasa a su alrededor: toda la variedad del mundo ocurre frente a su conciencia. Considerar estas presencias, examinarlas, reflexionar sobre lo que muestran, en esto consiste la verdadera vida humana: en el plano del saber se realiza aquello que distingue al hombre de los demás seres con los que comparte la existencia terrenal. Este poder de darse cuenta que señala a los hombres admite, por cierto, muchas diferencias internas; diferencias de claridad y grados de elaboración, niveles de mayor y menor generalidad, coherencia, rigor. Dicha concepción será ampliada por algunos discípulos (sobre todo personalistas) de Husserl principalmente por Max Scheler.

Ahora bien, el método fenomenológico consistía en ponerse frente a la realidad eliminando todos los prejuicios y visiones preconcebidas para intentar ver lo que la realidad presentaba. Esto implicaba, por un lado, que el conocimiento era intencional y objetivo, y, por otro, que era esencialmente similar para todos.

Este método que se conforma estaba ligado además, a lo que Husserl llamó intuición de las esencias (intuición eidética) y consistía en eliminar todos los aspectos irrelevantes del fenómeno que se presentaba en la conciencia hasta llegar a la esencia, y como esa esencia no es era el producto de ninguna elucubración o deducción, sino el resultado de mirar atentamente, tenía que ser necesariamente la misma para todos y, por tanto, podía constituir el fundamento para un conocimiento científico y universal.

Aunado a esto, también ve a la fenomenología como una ciencia fundamental y filosofía primera, en donde toda la estructura de la ciencia descansa sobre el mundo de la vida, todas las ciencias se asentarían sobre este mundo cotidiano que tiene ese carácter primigenio, puesto que es donde la ciencia tiene su origen, y que es el único a partir del cual se puede obtener un inteligibilidad última. Es ciencia fundamental, en cuanto que trata de dar los fundamentos del quehacer científico y de la racionalidad de la historia y de la humanidad; y filosofía primera, en la medida en que pretende ofrecer los principios puros desde los que se lleve a cabo la referida fundamentación. La fenomenología ofrece el principio puro y el fundamento de la revelación del sentido esencial y originario, de lo que las cosas son en su configuración y presencia originaria. Y en cuanto que la fenomenología lleva a cabo esta función de principiar y fundar, Husserl la denomina fenomenología trascendental.

Así mismo, considera a la fenomenología como una autorreflexión de la humanidad ya que es la concepción de la filosofía la función de humanización del hombre puesto que la persona permitiendo y colaborando a que ésta se desarrolle, alcance esa razón con la que el hombre se descubre responsable de su propio ser.

V. LA FILOSOFÍA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

Santo Tomás de Aquino fue un hombre de fe. Su pensamiento especulativo se inicia desde el conocimiento de las realidades reveladas por Dios: de una fe nunca puesta en duda. En su estudio de la filosofía, que realizó en textos tanto filosóficos como teológicos, juzga esa filosofía, sin limitarse a una asimilación pasiva: en su proceso la juzga con la razón, y en sus conclusiones la juzga también a la luz de la fe. Santo Tomás de Aquino comienza su Teología con el estudio detenido de las fuentes de la Revelación y de la teología elaborada anteriormente. A lo largo de su elaboración siente la necesidad de una filosofía todavía no hecha y que ha de desarrollar él mismo. En la medida que va disponiendo de ese instrumento, su teología alcanza vértices supremos; y de esos vértices se sigue también una mayor altura y perfección de su filosofía; se puede decir, en general, que en Santo Tomás de Aquino filosofía y teología aparecen unidas -no confundidas- en una armonía cuya finalidad última es teológica. La importancia y lo original de su base filosófica, y la altura a que llevó la especulación teológica hace conveniente comenzar la exposición de su doctrina analizando lo que nos dice sobre la armonía entre fe y razón; entre filosofía y teología.

Existe un doble orden de conocimiento: natural y sobrenatural. El hombre, con su propia capacidad intelectual, puede llegar a un cierto conocimiento del mundo y de Dios; por la elevación sobrenatural, el mismo Dios le infunde una capacidad superior (la fe), por la que puede conocer realidades reveladas por Dios, que exceden por completo su capacidad natural. En el creyente, esos dos conocimientos están unidos sin confusión: la fe da sobrenaturalmente un conocimiento cierto de realidades, que se integra con otros conocimientos naturalmente alcanzados, mediante la noción misma de realidad. La fe realiza una elevación del entendimiento, llevándole a conocer verdades a las que solo no podría llegar. Pero, junto a esto, la fe opera además -respecto al entendimiento que la posee- una obra de sanación: como consecuencia del pecado original, la razón humana se encuentra oscurecida, por debajo de su propia capacidad natural; oscurecimiento que se manifiesta especialmente en relación a las verdades sobre Dios, a las que el hombre puede llegar con la sola razón natural, pero a las que de hecho sólo llega con gran dificultad e imperfección; la fe nos da a conocer también esas verdades naturales que se refieren a las relaciones del hombre con Dios y restituye a la inteligencia parte de la luz perdida, sanando de algún modo la oscuridad infranatural.

La unión -sin confusión- entre fe y razón en el creyente significa, entre otras cosas, que la fe se edifica sobre la razón; hay entre ellas una cierta continuidad: para creer es necesario un conocimiento previo; no sería posible, p. ej., creer que Dios es eterno, si la razón natural no pudiese captar naturalmente, al menos en cierta medida, qué es Dios y qué es la eternidad. De ahí que para el ejercicio de la fe sea necesario el ejercicio de la razón natural, y que, aunque la razón no pueda alcanzar por sí misma la fe -que es don de Dios-, sí pueda impedirla.

La relación entre la razón y la fe:

  1. La relación del cristianismo con la filosofía viene determinada, ya desde sus inicios, por el predominio de la fe sobre la razón. Esta actitud queda reflejada en el “Credo ut intelligam” de San Agustín, tributario en este aspecto del “Credo quia absurdum est” de Tertuliano, y que se transmitirá a lo largo de toda la tradición filosófica hasta Santo Tomás de Aquino, quien replanteará la relación entre la fe y la razón, dotando a ésta de una mayor autonomía.
  2. No obstante, también santo Tomás será, en este sentido, deudor de la tradición filosófica cristiana, de carácter fundamentalmente agustiniano, aceptando el predominio de lo teológico sobre cualquier otra cuestión filosófica, así como los elementos de la fe que deben ser considerados como imprescindibles en la reflexión filosófica cristiana: el creacionismo, la inmortalidad del alma, las verdades reveladas de la Biblia y los evangelios, y otros no menos importantes que derivan de ellos, como la concepción de una historia lineal y trascendente, en oposición a la concepción cíclica de la temporalidad típica del pensamiento clásico.
  3. Sin embargo, esa relación de dependencia de la razón con respecto a la fe será modificada sustancialmente por santo Tomás de Aquino. A lo largo del siglo trece, el desarrollo de la averroísmo latino había insistido, entre otras, en la teoría de la “doble verdad”, según la cual habría una verdad para la teología y una verdad para la filosofía, independientes una de otra, y cada una con su propio ámbito de aplicación y de conocimiento. La verdad de la razón puede coincidir con la verdad de la fe, o no. En todo caso, siendo independientes, no debe interferir una en el terreno de la otra. Santo Tomás rechazará esta teoría, insistiendo en la existencia de una única verdad, que puede ser conocida desde la razón y desde la fe.
  4. Sin embargo, reconoce la particularidad y la independencia de esos dos campos, por lo que cada una de ellas tendrá su objeto y método propio de conocimiento. La filosofía se ocupará del conocimiento de las verdades naturales, que pueden ser alcanzadas por la luz natural de la razón; y la teología se ocupará del conocimiento de las verdades reveladas, de las verdades que sólo puede ser conocidas mediante la luz de la revelación divina. Ello supone una modificación sustancial de la concepción tradicional (agustiniana) de las relaciones entre la razón y la fe. La filosofía, el ámbito propio de aplicación de la razón deja, en cierto sentido, de ser la “sierva” de la teología, al reconocerle un objeto y un método propio de conocimiento. No obstante, santo Tomás acepta la existencia de un terreno “común” a la filosofía y a la teología, que vendría representado por los llamados “preámbulos” de la fe (la existencia y unidad de Dios, por ejemplo). En ese terreno, la filosofía seguiría siendo un auxiliar útil a la teología y, en ese sentido, Sto. Tomás se refiere a ella todavía como la “criada” de la teología.
  5. Pero, estrictamente hablando, la posición de santo Tomás supondrá el fin de la sumisión de lo filosófico a lo teológico. Esta distinción e independencia entre ellas se irá aceptando en los siglos posteriores, en el mismo seno de la Escolástica, constituyéndose en uno de los elementos fundamentales para comprender el surgimiento de la filosofía moderna.

VI. EDITH STEIN Y SU ACERCAMIENTO AL MUNDO CRISTIANO

Alrededor de 1916 aproximadamente le ocurrió un hecho importante: observó cómo una aldeana entraba en la Catedral de Frankfurt con la cesta de la compra, quedándose un rato para rezar. “Esto fue para mí algo completamente nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes que he frecuentado los creyentes acuden a las funciones. Aquí, sin embargo, una persona entró en la iglesia desierta, come si fuera a conversar en la intimidad. No he podido olvidar lo ocurrido”

En otoño de 1918, Edith Stein dejó la actividad de asistente de Edmund Husserl porque deseaba trabajar independientemente. La primera vez que volvió a visitar a Husserl después de su conversión fue en 1930. Tuvo con él una discusión sobre la nueva fe de la que la hubiera gustado que participara también él. Tras ello escribió una frase sorprendente: “Después de cada encuentro que me hace sentir la imposibilidad de influenciar directamente, se agudiza en mí el impulso hacia mi propio holocausto”.

Edith Stein; por las necesidades propias de sus estudios, en primer lugar, y por las exigencias de la amistad, después, transcurrió largos períodos estivales en Bergzabern, en el Palatinado, en casa del matrimonio Conrad-Martius. Fue en el verano de 1921, durante uno de estas estancias cuando Edith leyó – en una sola noche – el Libro de la vida de Santa Teresa de Ávila. Al cerrar el libro, con las primeras luces del alba, tuvo que confesarse a sí misma: “¡Esta es la Verdad!”. Considerando retrospectivamente su vida, escribía más tarde: “mi anhelo por la verdad era ya una oración”.

Recibió el bautismo en Bergzabern algunos meses después, el 1 de enero de 1922. Quiso y consiguió que fuese su madrina su amiga Hedwig Conrad-Martius, la cual era cristiana, pero de confesión protestante. Añadió a Edith los nombres de Teresa y Edvige.

Fue después a visitar a su familia, a casa de la anciana madre Augusta, para contarles lo que había hecho. Se puso de rodillas y le dijo: “¡Mamá, soy católica!”. La madre, firme creyente de la fe de Israel, lloró. Y lloró también Edith. Ambas sentían que, a pesar de seguirse amando intensamente, sus vidas se separaban para siempre. Cada una de las dos encontró a su manera, en la propia fe, el valor de ofrecer a Dios el sacrificio solicitado.

En Friburgo Edith empezaba a sentirse a disgusto. Advertía las primeras llamadas interiores de la vocación a la consagración total al Dios de Jesucristo. Así pues dejó su trabajo como asistente de Husserl, y decidió pasar a la enseñanza en el Instituto de las Dominicas de Spira.

“Fue Santo Tomás – escribe – el que me enseñó que se pueden complementar perfectamente el estudio y una vida dedicada a la oración. Sólo después de comprenderlo me atreví a entregarme de nuevo a mis estudios con seria aplicación. Es más, creo que, cuanto más profundamente nos sentimos atraídos por Dios, más debemos salir de nosotros mismos, también en este sentido. Esto es: debemos volver al mundo para traer la vida divina”.

Se dedicó entonces a confrontar la corriente filosófica en la que se había formado, la fenomenología, con la filosofía cristiana de Santo Tomás de Aquino, en la que siguió profundizando. Resultado de esta investigación fue el estudio que dedicó a su viejo maestro Husserl en su 70º cumpleaños: La fenomenología de Husserl y la filosofía de Santo Tomás. Era el año 1929. El mismo año daba inicio a los ciclos de Conferencias culturales para la promoción de la mujer.

Tres años después, en 1932, dejó Spira para dedicarse totalmente a los estudios filosóficos, y entró como profesora en la Academia pedagógica de Münster. Permaneció solamente un año: con la llegada al poder de Hitler, se promulgaron las leyes de discriminación racial, y Edith Stein tuvo que abandonar la enseñanza. El 30 de abril de 1933, durante la adoración del Santísimo Sacramento sintió con claridad su vocación a la vida religiosa monástica del Carmelo, que había empezado a intuir el día del bautismo, y tomó interiormente su decisión. ¡Para la madre supuso otro golpe! “También siendo hebreo se puede ser religioso”, le había dicho para disuadirla. “Claro – le había respondido Edith -, si no se ha conocido otra cosa”.

Dios la llamaba para conducirla al desierto, le hablaba en su corazón para invitarla a compartir la infinita sed de Jesús por la salvación de los hombres. Libre y alegremente dejaba un mundo lleno de amigos y admiradores, para entrar en el silencio de una vida desnuda y silenciosa, atraída sólo por el amor a Jesús. El 15 de octubre de 1933 Edith entraba en el Carmelo de Colonia. Tenía 42 años.

El domingo 15 de abril de 1934 tomó los hábitos y se hizo novicia con el nombre de Sor Teresa Benita de la Cruz. Entre tanto, el provincial de los carmelitas insistió para que se dedicara a completar su obra “Ser finito y Ser eterno”, iniciada antes de entrar en el Carmelo. En 1938 culminó su formación carmelita y el 1 de mayo hizo los votos de profesión religiosa carmelita para toda la vida.

“Durante el período inmediatamente precedente y también bastante después de mi conversión… creía que llevar una vida religiosa significaba renunciar a todas las cosas terrenas y vivir solamente con el pensamiento puesto en Dios. Gradualmente, sin embargo, me he dado cuenta de que este mundo exige de nosotros otras muchas cosas…, creo, incluso, que cuanto más se siente uno atraído por Dios, más debe “salir de sí mismo”, en el sentido de dirigirse al mundo para llevar allí una razón divina para vivir”.

Pero el 31 de diciembre de 1938 se cernía sobre Edith el drama de la cruz. Para huir de las leyes raciales contra los judíos, tuvo que dejar el Carmelo de Colonia. Se refugió en Holanda, en el Carmelo de Echt. Era un momento trágico para toda Europa y especialmente para los ciudadanos de origen judía, perseguidos por los nazis. El 23 de marzo se ofreció a Dios como víctima de expiación. El 9 de junio redactó su testamento espiritual, en el que declaraba su aceptación de la muerte en una hora tan funesta, mientras arreciaba la segunda guerra mundial.

En 1941, por encargo de la Priora del monasterio de Echt, dio inicio a una nueva obra y la continuó mientras pudo, esta vez sobre la teología mística de San Juan de la Cruz. La tituló Scientia Crucis. La obra quedó incompleta, porque también en Echt los nazis terminaron por alcanzarla. Las escuadras de las SS la deportaron al campo de concentración de Amersfort, y de ahí al de Auschwitz. “¡Vamos! – dijo mientras salía con su pobre equipaje a su hermana Rose, que vivía en la hospedería del monasterio y que fue capturada junto a ella – ¡Vamos a morir por nuestro pueblo!” Había pasado de la cátedra de docente universitaria al Carmelo. Y ahora, de la paz del claustro, espacio del amor contemplativo, pasaba a los horrores nazis. Edith Stein, Sor Teresa Benita de la Cruz, murió en las cámaras de gas de Auschwitz el 9 de agosto de 1942.

Fue beatificada por Juan Pablo II en Colonia, en el aniversario de su consagración definitiva, el 1 de mayo de 1987. Fue proclamada Santa por el mismo pontífice en la Plaza de San Pedro de Roma el 11 de octubre de 1998.

VII. LA RELACIÓN SOBRE LA VERDAD: HUSSERL Y SANTO TOMÁS

Los intensísimos elementos comunes que existen entre la fenomenología y el tomismo residen en el análisis objetivo de la esencia. A la cuestión acerca de la procedencia del material perteneciente al yo y, no obstante, ajeno al yo, él seguirá siendo deudor de una respuesta, agrega Edith Stein; que él no hace justicia a los fenómenos: la plenitud de esencia y de existencia, que en toda genuina experiencia irrumpe en el sujeto experimentante y sobrepasa en la conciencia todas las posibilidades de captación, contradice a la reducción de la misma a una simple donación de sentido procedente del sujeto. Y, así,  parece que el fiel análisis de los Datos de la realidad conduce a descartar la reducción trascendental y a regresar a la actitud de la aceptación del mundo de la fe.

El modo en que Husserl encaminaba las cosas mismas y educaba para poner en ella la mirada intelectual con todo rigor, y para describirlas sobria, fiel y concienzudamente, liberó de la arbitrariedad y la arrogancia en el conocimiento y condujo a una actitud cognoscitiva escueta, obediente al asunto y en ello humilde. Condujo también a una liberación respecto de los perjuicios, a una disposición a aceptar conocimientos abierta y sin ataduras previas. Y esa actitud, a la que educaba conscientemente, ha hecho a muchos de sus discípulos libres y desprejuiciados también para la verdad católica, de modo que toda una serie de discípulos le deben a él, junto a otros factores, haber encontrado el camino a la Iglesia, un camino que él mismo no ha encontrado.

San Pablo dice ¡Examinadlo todo y quedaos con lo bueno! Pero solo se puede examinar teniendo un criterio. Y ese criterio es la fe y la rica herencia de nuestros grandes pensadores católicos: Padres y Doctores de la Iglesia. Quien haya hecho totalmente suya la imagen del mundo y la concepción del mundo de nuestra dogmatica y de nuestra filosofía clásica podrá abordar sin peligro los resultados y los método de la investigación de los pensadores modernos y aprender de ellos. Sin esta preparación, su estudio no podría ser considerado como exento de peligros.

Dice Juan Pablo II: La renovación tomista y neo-tomista no ha sido el único signo de restablecimiento del pensamiento filosófico en la cultura de inspiración cristiana. Ya antes, y paralelamente a la propuesta de León XIII, habían surgido no pocos filósofos católicos que elaboraron obras filosóficas de gran influjo y de valor perdurable, enlazando con corrientes de pensamiento más recientes, de acuerdo con una metodología propia. Hubo quienes lograron síntesis de tan alto nivel que no tienen nada que envidiar a los grandes sistemas del idealismo; quienes, además, pusieron las bases epistemológicas para una nueva reflexión sobre la fe a la luz de una renovada comprensión de la conciencia moral; quienes, además, crearon una filosofía que, partiendo del análisis de la inmanencia, abría el camino hacia la trascendencia; y quienes, por último, intentaron conjugar las exigencias de la fe en el horizonte de la metodología fenomenológica. En definitiva, desde diversas perspectivas se han seguido elaborando formas de especulación filosófica que han buscado mantener viva la gran tradición del pensamiento cristiano en la unidad de la fe y la razón.[2] Y esta síntesis es la que buscaba Edith Stein, en su búsqueda por la verdad, por Dios.

VIII. CONCLUSIÓN

Estudiando la filosofía de Santo Tomás de Aquino, Edith Stein realizó una comparación con la teoría fenomenológica de Husserl. Este estudio la llevó a desarrollar su pensamiento desde perspectivas e implicaciones de un carácter cada vez más religioso.

Descubrirá poco a poco que también para Santo Tomás el verdadero fundamento del conocimiento es el encuentro con la realidad creada, es decir, con el mundo de las cosas. Desde este fundamento, la inteligencia humana se eleva para comprender la necesidad del Dios creador, y el corazón se abre a la recepción de su misterio, que es el amor infinito.

En su camino apasionado de búsqueda de la Verdad, ya no le bastaba la teoría de la esencia de las cosas, por la cual Husserl ponía el ser de las cosas mismas como “entre paréntesis”. Según Edith Stein, el ser es anterior al espíritu que se sitúa ante él. De Husserl no admitía la doctrina que propone una trascendencia sin Dios. Y tampoco estaba de acuerdo con Heidegger, que ponía todo el peso en la existencia, como si ésta pudiera “explicarse a sí misma” y construir un sistema de certezas, anulando de hecho la trascendencia.

Buscó entonces, y halló, la claridad para su construcción filosófica; situar en el punto de partida el ser que contiene la esencia en sí mismo, pero también el existir concreto. Edith realizó este proyecto de síntesis en su obra máxima que, iniciada antes de entrar en el Carmelo de Colonia, completó después de su primera profesión religiosa, por obediencia a sus superiores. Se titula Ser finito y Ser eterno. Es una obra en la que se armonizan los problemas de la filosofía y los problemas de la teología.

En la paz contemplativa de su celda de carmelita, Edith experimenta personalmente lo que puede significar asir a Dios en la fe, sin verlo ni poseerlo, en la medida en que ya hemos sido asidos por la gracia. Esta profunda “oscuridad de la fe” la lleva a intuir, más allá de los sentidos y de la razón, la claridad de Dios hacia la cual se ha encaminado.

Es la experiencia de la noche, de la que trata el doctor místico San Juan de la Cruz. “Pero puesto que el camino en las tinieblas se nos hace difícil, cualquier rayo de luz que descienda en la noche, como primer mensajero de la claridad futura, constituye una ayuda inestimable para no extraviarse. Y también la pequeña luz de la razón natural puede realizar servicios apreciables.”

Aclarada la función de la filosofía, Edith Stein se interroga sobre el ser del yo, esto es, el ser finito, en relación con el Ser eterno:

“¿De dónde viene este ser que la persona experimenta como recibido? Mi ser, en lo que se refiere al modo en que lo encuentro ya dado y por cómo me hallo en él a mí mismo, es un ser inconsistente. ¡Yo no soy por mí mismo! Por mí mismo no soy nada, cada instante me encuentro de frente a la nada y tengo que recibir como don, instante tras instante, de nuevo el ser. Y sin embargo este ser inconsistente es ser, y yo en cada instante estoy en contacto con la plenitud del ser.

El devenir y el pasar revelan la idea del ser verdadero, eternamente inmutable. […] En este ser mío mutable percibo algo duradero. […] Es la dulce y feliz seguridad del niño sostenido por un brazo robusto, seguridad que, considerada objetivamente no es menos razonable. ¿O sería razonable el niño que viviera en el temor continuo que la madre lo dejara caer?…

Dios, por boca de los profetas, me dice que me es más fiel que mi padre y que mi madre, que él es el mismo amor. Entonces reconozco lo razonable de mi confianza en el brazo que me sostiene, y la estupidez de mi temor de caer al vacío, a menos que yo mismo no me suelte del brazo que me sostiene.”

Al tratar la imagen de la Trinidad en la creación, hacia el final de esta obra, Edith, ya carmelita profesa, habla del alma en la cual el yo personal se encuentra en su propia casa, como de un espacio en el centro de esa totalidad que se compone del cuerpo, la psique y el espíritu.

“El alma como ‘castillo interior’, como la ha denominado nuestra Santa Teresa de Ávila, no es puntiforme como el yo puro, sino que es un espacio, un castillo con muchas habitaciones, donde el yo se puede mover libremente, bien yendo hacia el exterior, bien retirándose cada vez más hacia el interior. […] El alma no puede vivir sin recibir. Se nutre de los contenidos que acoge espiritualmente, viviéndolos.”


[1] STEIN, EDITH; Ser finito y ser eterno: ensayo de una ascensión del ser, (Endliches und Ewiges Sein) Traducción de Alberto Pérez Monroy, Fondo de Cultura Económica, México, 1996, p.19.

[2] Juan Pablo II, Fides et Ratio. §59

Análisis de la cantata BWV 147 N°10 de Johann Sebastian Bach, JESUS BLEIBET MEINE FREUDE, a la luz de la tesis de Edith Stein, “Sobre el problema de la empatía”

CANTATA BWV 147 – 10

JESUS BLEIBET MEINE FREUDE

Johann Sebastian Bach

“…Jesus bleibet meine Freude,
Meines Herzens Trost und Saft,
Jesus wehret allem Leide,
Er ist meines Lebens Kraft,
Meiner Augen Lust und Sonne,
Meiner Seele Schatz und Wonne;
Darum lass ich Jesum nicht
Aus dem Herzen und Gesicht.

Traducción:

“…Jesús sigue siendo mi alegría,
consuelo y savia de mi corazón,
Jesús me defiende de toda pena,
Él es la fuerza de mi vida,
el gozo y el sol de mis ojos,
el tesoro y el prodigio de mi alma;
por eso no quiero a Jesús
fuera de mi corazón y mi vista.

INTRODUCCIÓN

Este trabajo surge alrededor de una determinada pregunta ¿Es aplicable el método fenomenológico – empático, expuesto por Edith Stein, en una obra de Arte? Ante esa disyuntiva y ante la inmensidad de arte existente en nuestro entorno, preferí reducir la cuestión y referirme a las obras musicales. ¿Es aplicable el método fenomenológico – empático, expuesto por Edith Stein, en una obra musical?

Pero en toda esa enorme historia musical, no tenía claro que obra escoger, así que el primer criterio para escoger la música fue el de amplia aceptación como obra de arte, así como ocurría en este caso con las obras de Bach. Y por ello acepte una brillante recomendación, primero por la gran fama del autor. Segundo, porque al no conocer –no haber escuchado antes- la obra musical de este autor, la apreciación y reducción fenomenológica – empática seria más transparente y lucida, sin perjuicios previos.

Por ello la pregunta a solucionar en este escrito es ¿Es aplicable el método fenomenológico – empático, expuesto por Edith Stein, en la cantata 147 N° 10 de Johann Sebastian Bach? Y si es aplicable, ¿Cómo se realiza y cuáles son las conclusiones a las que se llega?

El presente trabajo lo he dividido en dos partes seguido de unas conclusiones. La primera parte trata de explicar el método que se va a aplicar, para ello se va a dar una breve explicación a lo que Edith Stein explica en su libro “Sobre el problema de la Empatía.” La segunda parte, es la aplicación del método fenomenológico en un caso concreto, es decir en la decima parte de la cantata 147 de Bach; en dicho apartado presento primero un boceto del entorno de Bach para luego recién pasar a la reducción fenomenológica – empática.

I. EL MÉTODO DE INVESTIGACIÓN

En la base de toda controversia sobre la empatía subyace un presupuesto tácito: nos están dados sujetos ajenos y sus vivencias. Y tenemos que conocer el contenido de ese darse, es decir, la esencia.[1] Lo que en este caso nos correspondería conocer es la esencia de lo que se quiere transmitir mediante esta canción y también parte del “ser” del compositor de este tema, Johann Sebastian Bach.

Puedo dudar de la existencia de las cosas, lo que no se pone en duda en ningún momento es mi vivencia de las mismas, y que puede ser hechas objeto de mi consideración.[2] La fenomenología de la percepción no se conforma con describir la percepción singular, sino que quiere indagar, lo que es la “percepción en general”, según su esencia y obtiene ese conocimiento del caso singular en abstracción ideante.[3]

Lo que no se puede dudar es que “Yo”, el sujeto que vivencia, que contempla el mundo y la propia persona como fenómeno, “yo” estoy en el vivenciar y solo en él, y tan indubitable e incancelable como el vivenciar mismo.[4] El fenómeno de la vida psíquica ajena también está ahí, y es indubitable, y queremos considerarlo ahora más de cerca, y ese fenómeno pertenece a un “Yo” que no está meramente incorporado a mi mundo fenomenal,  sino que es centro de su propio mundo fenomenal.[5] Todos esos datos del vivenciar ajeno remiten a un tipo fundamental de actos en los que este vivenciar es aprehendido. Y la empatía es describir y comprender esos actos”[6]

Edith Stein nos habla de un acto que es originario como vivencia presente, pero no según su contenido, ese acto es el acto de la empatía. Aquí Stein reafirma el carácter originario de la Empatía. Púes lo que se capta es la vivencia que ha sido originaria en otro, y esa captación, esa vivencia originario en nosotros en cuanto se realiza en este momento, pero no originaria en su contenido, porque ese acto no es propio sino captado. Existen tres grados o modalidades de actuación, los cuales no son ni excluyentes entre sí, ni necesarios que se recorran todos. A saber:

  1. La aparición de la vivencia. La cual entiendo como captación o conocimiento inicial presentado a mí. Es el aparecer-ahí del objeto, el aparecer-ante-mí; pero la forma como lo logro captar no me es del todo clara[7].
  2. La explicitación plenaria. Es un observar la vivencia y analizarla como si fuera mía, es un co-vivenciar, y desde esta perspectiva adentrarme en cada parte de ella y entenderla de tal forma en su totalidad, es captar la vivencia en cuanto que es, tal cual es.
  3. La objetivación comprehensiva de la vivencia explicitada. Es volver al correlato de que no me pertenece, que no es originaria en mi –esto no quiere decir, que en algún momento lo fue[8]-y se observa y define, tal cual es, comprendiéndola ajena a mí, pero al mismo tiempo captada en su totalidad por mí. Es transformar esa vivencia en objeto de mi conocimiento, sin dejar de conocerla. Es quedarnos solo con la vivencia como idea y dejar la vivencia original que se vio en la explicitación plenaria. Vendría a ser una abstracción de la vivencia, volviéndola objeto de mi conocimiento.

La empatía viene a ser la experiencia de la conciencia ajena en general; sin tener en cuenta de que tipo es el sujeto que vive la experiencia y de qué tipo es el sujeto cuya conciencia es experimentada. Y nos quedamos con una abstracción de la vivencia. Y esa abstracción ya forma parte de mí. Es decir, vuelvo a esa vivencia objeto de mi conocimiento. De esta forma aparece la experiencia que un yo general tiene de otro yo en general. Así se aprehende la vida anímica del prójimo, y es de esta forma como intentaremos captar la vida anímica o parte de esta y de su expresión de Johann Sebastian Bach a partir de su cantata BWV 147 – 10.

II. ANÁLISIS EMPÁTICO

Para realizar esta reducción fenomenológica empática primero debemos conocer al sujeto al cual reconocemos como centro de vivencias, y luego vamos a conocer una expresión de él, es decir, una de sus vivencias.

El sujeto a conocer es Johann Sebastian Bach y la vivencia que de él se va a conocer es la Cantata BWV 147 -10, es decir, la décima sección del número Schmieder 147. Se le llama número Schemieder debido a que este es el nombre de la persona que ideo este catalogo para las obras de Bach, en ellas las ordeno según sus temas a diferencia de otros que las ordenaban cronológicamente, actualmente es el más usado. La cantata BWV 147 -10 pertenece a las cantatas religiosas de Bach.

a. CONOCIMIENTO PREVIO: CONTEXTO DEL AUTOR[9]

A partir de la reforma luterana del culto, culto que como participación necesita de la música, la profesionalidad del músico se extiende hasta las más pequeñas agrupaciones de vida: la familia Bach es una familia de músicos trabajadores, modestos, atados a sus tierras y a sus menesteres de organistas, cantores o compositores.

Bach aparece dentro de esa línea. Nace en Eisenach el 21 marzo de 1685. Huérfano desde los 10 años, vive bajo la tutela de su hermano mayor, organista de Ohrdruf. Allí estudia música y humanidades y empieza a ver las composiciones de Froberger, Pachelbel y otros maestros alemanes; estudios y trabajos de composición que perfecciona durante tres años en Lüneburgo; cantor de la iglesia de San Miguel, lee en su archivo la música más importante de la época.

Una breve estancia como violinista en Weimar, le sirve para conocer el ambiente de la música cortesana, ambiente que le rodea de 1707 a 1723, como músico de corte en Weimar y en Kóthen. En estos años compone los Conciertos brandeburgueses y el primer libro del Clave bien temperado. El 5 mayo 1723 es nombrado cantor de Santo Tomás en Leipzig para suceder a Kuhnau y después de renunciar Telemann  al puesto. Desde esta fecha hasta su muerte el 28 julio de 1750, Bach permanece en Leipzig.

Patriarca en su casa, malhumorado casi siempre fuera de ella por las intemperancias e incomprensiones de sus áuperiores en Santo Tomás, tiene sólo un paréntesis de gloria dichosa y mundana: en 1747 toca ante Federico II en Potsdam.

Se casó dos veces: con María Bárbara Bach y con Ana Magdalena Wülcken. Las sucesivas, frecuentísimas muertes de hijos pequeños, ponen un tinte de continua melancolía en su vida, sencilla en la apariencia, profunda en la realidad. Mientras Haendel triunfa aparatosa y apasionadamente, Bach no era conocido más que en contados círculos alemanes y conocido y admirado mucho más como intérprete que como compositor. Encerrado en Leipzig bregando día a día con un ambiente hostil e impertinente, se nos presenta despojado de toda gloria mundana, una gloria que no sería, como en otros casos, seguidora inmediata de la muerte.

Sólo en pleno s. XIX comenzará a conocerse su grandeza. Es importante recordar que las obras de sus hijos, aun las mejores, no discurren por los caminos de las de su padre: simbólico hecho. Bach es el último músico que, noblemente, perpetúa la tradición artesana de los grandes artistas del Medievo y de la misma familia Bach, junto a la música siempre.

En Gluck y en Haendel se adivina ya lo que será la apoteosis romántica del músico; en Bach se corona y ennoblece esa tarea silenciosa, atenta al menor detalle, al servicio siempre de ese menester cotidiano característico de la artesanía. Al lado de esto, una hermosa vitalidad humana que bien podemos contar por hijos y por obras, da un tinte profundo de fuerza y de sinceridad a una obra cuya importancia no sospechó ni el mismo Bach.

Aunque sea axioma de estética que la obra es separable de la vida y ese axioma suele aplicarse acudiendo a la obra religiosa, en este caso tenemos el raro modelo de que esa obra, religiosa casi siempre, grave siempre, viene de un hombre profundamente piadoso: luterano de muy ortodoxo pensamiento, recogiendo lo mejor de las corrientes pietistas, familiarizado con la mística de los mejores tiempos.

b. ANÁLISIS DE LA CANTATA: REDUCCIÓN EMPÁTICA

Esta cantata lleva el nombre de “El corazón, las palabras, los actos y la vida.” Esta obra inició su curiosa génesis en Weimar. Allí la compuso Bach para el cuarto domingo de Adviento de 1717, con base en cinco estrofas de Salomo Franck. Pero al llegar a Leipzig en 1723 no la pudo utilizar en su forma original, ya que en esta ciudad la iglesia no autorizaba la ejecución de cantatas en los tres últimos domingos de Adviento.

La destinó entonces a la fiesta de la Visitación de la Virgen, y para ello preparó él mismo un nuevo libreto conservando parte del de Franck; le agregó tres recitativos y reemplazó un aria por otra que se ajusta mejor al nuevo marco eclesiástico. Esta nueva versión fue probablemente ejecutada en Leipzig el 3 de febrero de 1723. Sin embrago, debieron pasar más de cinco años para que Bach le diera su forma definitiva. El resultado es una extensa cantata en dos partes, de las cuales la primera se ejecutaba antes y la segunda después del sermón.

Es la parte BWV 147 -10 “Regocíjate, alma mía”, que independientemente de la cantata y con el nombre de “Jesús, alegría del hombre”, se ha popularizado en diversos arreglos. Para analizar esta cantata de Bach vamos a seguir los tres métodos de la reducción empática.

i. La aparición de la vivencia.-

Esta parte de la Cantata tiene una duración aproximada de 3 minutos a menos. Se aprecia la técnica del contrapunto la cual en esta ocasión sirve de base para una presentación polifónica, pues permite que se puntúen dos o más sonidos en un mismo tiempo, en una especie de acompañamiento. En este caso es un coro a cuatro voces.

Las voces aparecen acompañadas, también de unas melodías instrumentales que suben de fuerza junto con voz, para darle mayor notoriedad. La captación de este “objeto” se ha producido vía ondas sonoras, a través de mi sentido auditivo.

El idioma en que aparece es el alemán, pero también he apoyado mi captación de este objeto experimental a través de una traducción al español, la cual me muestra esta bella composición poética fuera de su entorno que es la música y el canto que la transforma en la cantata BWV 147 -10 de Bach. Después de presentarse como una serie de ondas de sonido de altos y bajos tonos, termina con un tono largo descendente.

ii. La explicitación plenaria.-

Es el apropiarse de la vivencia, captarla como si fuera propia. En el presente caso esto viene a ser descrito a continuación.

Me veo en un camino hacia algo realmente valioso, es decir hacia algo trascendente,            es como un sustento en mí ser.[10] Los sonidos bajos hacen descansar mi alma en una sensación de paz, como el suave silencio de una solitaria iglesia. En cambio los tonos altos es como si me despertaran y empezara a llamar, a clamar al cielo un poco de luz en mi corazón. La continuidad de los periodos bajos y altos mantiene una constante simbólica, es decir un entero, podría pensarse en la vida. Por ello entendería esta vivencia como la constante paz y alabanza al cielo pidiendo luz, verdad en mi interior.

Me hace pensar en mi interior, en mis actos y en mi vida, y hacia donde quiero realmente llevarla. Y que si me equivoco siempre podre clamar al cielo por perdón y redención, buscando un consuelo.

iii. La objetivación comprehensiva de la vivencia explicitada.-

Entiendo que la vivencia que me muestra esta cantata es originaria en cierta forma en mí, pero no en el contenido de la misma. En ningún momento fue originaria en mí en su contenido.

Tengo que comprenderla como ajena a mí, pero al mismo tiempo tengo que captarla en su totalidad. Tengo que transformar esa vivencia en un objeto de mi conocimiento de tal forma que siempre pertenezca a mí, sin ser originaria en mí. Ese conocer la vivencia ajena volviéndola objeto de mi conocimiento es la empatía.

Vendría a ser una abstracción de la vivencia, volviéndola objeto de mi conocimiento. Y ese objeto consiste en la redención del ser humano por parte de Jesús, la idea detrás de esta vivencia esta en el amor de Jesús a los seres humanos y la felicidad que se tiene con él en nuestro corazón. Si tengo que quedarme con algo como objeto de mi conocimiento después de esta reducción fenomenológica – empática es que el camino de paz, de redención, para Bach – y también para mí-, se encuentra en Jesús, y en aceptarlo en nuestro interior.

CONCLUSIONES

Si es posible realizar la reducción fenomenológica – empática de las obras musicales, y me arriesgo a decir, que de todas las obras de arte, como consecuencia de ser vivencias de sus artistas y que a partir de ellas se puede conocer algo más del artista, con ello valido la tesis sobre que en cierta forma toda obra de arte es la expresión de una persona, es decir, del artista.

Esta reducción fenomenológica se realiza a través del método fenomenológico – empático que consiste en tres momentos que no necesariamente tienen que darse  todos. Estos tres momentos son: La aparición de la vivencia, la explicitación plenaria y la objetivación comprehensiva de la vivencia explicitada.

De esta cantata BWV 147 -10 de Bach se llega a entender que con su coro a cuatro voces y en un ambiente de serena alegría, se celebra en Jesús “al gran consolador”, redentor de nuestro camino y fuerza de nuestra vida. Se pone la figura de Jesús como el gran premio de nuestra vida, el buscar llegar a conocerlo debería ser en cierta forma el camino que se debe seguir. Pues la felicidad solo se encontraría en Jesús.

Finalmente encontramos en Bach a un ser lleno de esperanza por la redención, pues a pesar que esa música la hizo para una festividad, siempre se pone parte de nosotros en lo que se hace y en nuestras vivencias esta nuestra vida, por ello en esta cantata de esperanza y redención están los deseos de Bach de su propia esperanza y redención, el ser humano es “Una unidad”, jamás podría separar sus anhelos, sus deseos, sus expresiones. Y los que nos muestra es que el camino de paz, de redención se encuentra en Jesús, y en aceptarlo en nuestro interior.


[1] Cfr. Edith Stein. Sobre el Problema de la Empatía. Obras completas. Madrid: El Carmen: Espiritualidad: Monte Carlo, 2002-2007. Pág. 79

[2] Ídem Pág. 80

[3] Ídem Pág. 80

[4] Ídem Pág. 81

[5] Cfr. Ídem Pág. 81

[6] Cfr. Ídem Pág. 82

[7] Púes mi la inteligencia es la que debe captar todo y luego transmitirlo a la facultad necesaria, pero Edith Stein no afirma ni niega eso, solo deja la posibilidad de otra forma de captar esa realidad, pues es un realidad diferente a los simples objetos –cosas- que se presentan ante mí.

[8] Lo que pasa es que en la explicitación plenaria se trata a esa vivencia como originaria, vendría a ser casi una identificación con el verdadero sujeto que la vivencia originariamente.

[9] Enciclopedia GER. Bibliografía de Johann Sebastian Bach.

[10] Por ello no me resulta extraño que esta cantata sea usada en los matrimonios.


La Settima Stanza

La Settima Stanza
(La Séptima Morada)

Edwin Leonel Córdova Reto


Es una interpretación sobre la vida de Edith Stein (Breslavia, 12/10/1891 – Auschwitz 1942)

Edith Stein

Filosofa judía que nace al catolicismo el 01/01/1922 como Teresa Eduviges. Su conversión no es aceptada por su familia -su hermana Rosa también se convertirá al cristianismo-. Busca el amor y afirma encontrarlo en Jesús, siendo este el camino para llegar a Dios, que es donde el ser humano se encuentra a sí mismo y obtiene la fuerza de la vida interior. Edith se encontraba en una búsqueda de la verdad, tanto así que en su recorrido paso del judaísmo al ateísmo y término encontrado un camino más seguro a la verdad en el catolicismo. Ella afirma que Husserl es su maestro espiritual. Y que fue gracias a la lectura de Santa Teresa de Ávila que conoció y comprendió la filosofía cristiana.

Ella rechaza desde el inicio al partido Nazi. Por el cual ella también se ve afectada, pues es despedida de la universidad donde trabaja, hecho que lo toma como parte de la cruz que debe cargar para poder seguir a Cristo. Abandonando poco a poco las cosas de este mundo para servir a un amor más elevado, al amor de Jesús.

Stein, como buena filosofa busca la verdad, por ello también reconoce otras fuentes de está, a decir, la fe. Edith afirma que su se acercamiento a la fe, fue por su intuición. Quien busca la verdad, busca a Dios aún sin saberlo, concluye. En esta búsqueda toma la decisión de entrar en un convento, “El Carmelo” de Colonia, en 1933. No rechaza su origen hebreo, dice que su alma está comprometida con Dios y Jesús; pero que su sangre le pertenece a su pueblo. Al entrar al convento tiene que renunciar a sus investigaciones filosóficas –“la elección más dura es la del silencio”-.

Solo partiendo de Dios se entiende que es el espíritu y cuanto hay de espiritual en la existencia, de Santa Teresa toma que el rezar es establecer un dialogo intimo con Dios. Su vida es una constante búsqueda de amor y de la verdad. Sufre al querer entender esos conceptos y comprende que solo en Jesús los entenderá. Después de cierto tiempo le permiten continuar sus investigaciones filosóficas y la dispensan de los trabajos pesados. Pues se puede servir a Dios de diversos modos. Cuando Edith se consagra recibe el nombre de Sor Teresa Benedicta de la Cruz. El dirigirse a Dios es la decisión última del alma. Y el acto más sublime de nuestra libertad, es nuestra entrega a Dios. Nuestro mundo interior es el lugar de la libertad absoluta.

En 1938 tiene que partir a Holanda, pero luego es apresada y llevada a Auschwistz (1942), donde muere. Ella tenía una postura opuesta al régimen Nazi, considerando que Hitler era un enemigo de Dios y que degradaba al pueblo Alemán, al cual ella tanto apreciaba. Su búsqueda de la verdad la llevo a comprender que “si un recipiente no está vacío, entonces no se puede llenar”, es decir, que lo que ella tanto buscaba se encontraba en su interior, la fuerza misma que Dios da a nuestra alma.

Las Siete Moradas

Son siete instancias que recorre el alma hasta llegar a Cristo, que es lo buscado y que se encontraría en la última morada del alma, la séptima. En la primera morada el alma todavía es prisionera del mundo exterior, es recién en la segunda morada en la que el alma lucha contra el atractivo de ese mundo, sintiendo que todo el mundo es efímero. La meditación forma la vía de purificación de la tercera morada, en la que el alma esta pronta a aceptar el sufrimiento. En la cuarta morada domina la imaginación, el conocimiento y la memoria, las cuales pesan en el alma, y para progresar se debe renunciar a ello. En la quinta morada el mundo profano no influye en el alma, la cual ahora está libre de toda atadura. La penúltima morada, la sexta, es la del sufrimiento, el alma ha dejado las tentaciones del mundo exterior.

¿Esta película, La Settima Stanza, es una obra de arte?

¿El cine es arte?, para ello tenemos que saber que es el arte. Arte, es la expresión de una visión particular del mundo. El término arte deriva del latín ars, que hace referencia a un  determinado orden. En esta película la representación de la realidad no es una simple copia, sino que una interpretación de la misma, una forma de captar el mundo mostrada con orden y armonía entre opuestos: el sufrimiento que se ve y la alegría espiritual que se siente, acompañada de fondos musicales para configurar aun más la tensión de determinadas escenas.

El arte procura a la persona o personas que lo practican y a quienes lo observan una experiencia que puede ser de orden estético, emocional, intelectual o bien combinar todas esas cualidades. El arte debe tener relación con el mundo, esta película si la tiene pues es biográfica, pero no es una simple imitación. Esta película es arte porque intenta restablecer en el alma la templanza, la armonía de los elementos discordes, es decir, el sentido de la concordia, de la mesura, y de la proporción. Tanto en la distribución de las escenas, la estructura de los diálogos y las escenas en sí, pues muestran proporcionalidad en sus medidas; también se aprecia en la película una armonía entre las dudas de su vida y su deseo de seguir a Cristo que se encuentran en la conciencia de la propia Edith Stein.

Edith es el punto armonizador de la película, en ella armoniza: el pueblo alemán y los judíos; Cristo y el sufrimiento terrestre; el amor y el odio de su familia hacia ella. Esta película muestra una armonía que es atrayente a nuestros sentidos, a nuestra mente –entre el sufrimiento terrestre y la satisfacción de la divinidad, a través de la fuerza del amor-.

El cine es arte mientras represente a la realidad no como una simple copia, y que se muestre como un elemento armonizador de la misma. Esto debe entenderse tanto en el aspecto técnico de la película, así como en el mensaje; y esta película si lo logra; por ello es arte, y atrae, por eso es bella.